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12 pasos para andar seguros. Clase 12: Manejar en autopista




link: https://www.youtube.com/watch?v=8MK-y4EIYXM&feature=youtu.be

¿El exceso de velocidad causa accidentes?



Desde los orígenes del automóvil la velocidad de circulación ha sido motivo de controversias. Si bien resulta obvio y hasta elemental considerar que si aumentamos la velocidad, esto conlleva implícito el incremento del riesgo de un suceso accidental, entenderla como causa única nos lleva a caer en una simplificación, perjudicial a los fines de la prevención de accidentes.

Efectivamente, el exceso de velocidad puede representar la causa principal para el aumento del riesgo, pero de ninguna forma es la única. Múltiples factores se conjugan para una estimación con criterios objetivos, que nos permitan definir lo que realmente nos interesa conocer ¿cuáles son las “velocidades seguras”?

10 factores influyentes sobre la seguridad de la circulación por carretera:

- La formación del conductor.

- Los derivados de la construcción y características de la ruta.

- El descontrol y el desconocimiento del sistema de señalización, que dificultan la percepción del riesgo.

- La velocidad de los vehículos como factor cuando sólo se considera conseguir fluidez en el tránsito.

- El desconocimiento de límites personales, los del propio vehículo y del entorno. Cada conductor debe tener en cuenta su capacidad física y psíquica; que no está solo sino que comparte con otros el uso de la vía; las características y el estado de caminos, del vehículo y su carga; las condiciones meteorológicas, ambientales y, en general, cuantas circunstancias concurran en cada situación, todo esto con una finalidad: adecuar la velocidad segura de su vehículo.

- El exceso de confianza también atenta contra la seguridad: desde los patriarcas que piensan “hace más de 20 años que manejo y nunca choqué” o “A mí no me va a pasar” hasta aquellos jóvenes que afirman “maneja bien el que maneja rápido” en un entorno donde ambos se confunden con los que “adivinan” al no considerar los imprevistos y zonas ciegas que produce el incremento de velocidad, restando capacidad de anticipación o descontrol visual.

- Los irrespetuosos de las normas que limitan la velocidad, y aquellos que tampoco entienden la conveniencia de respetarlas.

- La falta de experiencia que nos impide apreciar los factores que nos pueden llevar a errores en los cálculos de la geometría y advertir la peligrosidad del camino.

- En condiciones meteorológicas adversas como la lluvia y la niebla no disminuimos lo suficiente la velocidad para mantener el mismo margen de seguridad.

- La introducción en el mercado de nuevos súper autos con mayores prestaciones, medidas de seguridad con sistemas inteligentes que nos ¿ayudan a la conducción?

En este contexto, algunos estudiosos formulan teorías donde se pone de manifiesto que la relación entre la velocidad y el número de accidentes no es lineal. Mientras en algunos se propone una relación cuadrática, posteriormente se matiza dicha evolución considerando la densidad de tráfico, el tipo de carretera y el tipo de accidente.

Para complicar aún más esto veamos qué dicen otros estudios, pero ahora con enfoques basados en las capacidades del conductor:

- Un accidente es más probable si hay más situaciones potenciales de conflicto, las cuales son mayores indistintamente cuando se circula por encima o por debajo de la velocidad media.

- Un accidente puede acontecer en situaciones en las que la información que deba procesar el conductor sobrepase su capacidad, lo que se encuentra relacionado con el número de conflictos en los que se vea envuelto.

- El crecimiento del riesgo de estar envuelto en un accidente crece notablemente cuanto mayor es la velocidad comparada con la velocidad media.

Todo esto explica la necesidad y complejidad por adoptar medidas efectivas que logren controlar la velocidad. Ya hemos visto que la conveniencia de las acciones de control viene condicionada en su eficacia para establecer límites de velocidad certeros, la aceptación por parte de los conductores, otros usuarios y terceros implicados y la percepción subjetiva de la reducción de la peligrosidad de la circulación en sinergia con otros efectos negativos.


¿Cómo conducir por caminos sinuosos?

Dependiendo de las circunstancias, la carga que soportan los neumáticos no es algo constante ni parejo entre ellos y que la fuerza de tracción depende directamente de eso.



Entrando apenas un poco más en detalles, podemos afirmar que eso puede ocurrir cuando se aplica una fuerza sobre el centro de gravedad de un vehículo, así mientras unas ruedas pasan a soportar más peso a otras le ocurrirá lo contrario, llegando en condiciones extremas a despegarse del piso.

Aprovechemos para incluir otro concepto, el de composición de fuerzas. Este nos dice que cuando sobre un mismo punto actúan simultáneamente varias fuerzas, el efecto que producen todas ellas es idéntico al que produciría una sola fuerza equivalente a la suma vectorial de las anteriores.

Sabemos entonces que todas las fuerzas que actúan sobre un vehículo pueden ser agrupadas en una sola que producirá el mismo efecto. (En realidad esto es bastante más complejo, en próximas entregas iremos profundizando estos temas) También estamos al tanto que la aceleración, freno y el giro, sin olvidarnos de la siempre presente gravedad, están relacionados con fuerzas.

Llevándolo al tema que nos ocupa, al transitar por un camino sinuoso, y con ello nos referimos a aquel que presenta curvas y contracurvas constantes, incluso con radios cambiantes y frecuentemente muy cerrados, el vehículo requiere de un continuo cambio de fuerzas para poder mantener la trayectoria. Mientras que frenar en línea recta descarga las ruedas traseras y sobrecarga las delanteras, hacerlo en combinación con un giro, por la composición de fuerzas, dará una distribución de cargas que se aparta de lo fácilmente predecible. Peor aún, como la fuerza de rozamiento depende de la carga involucrada, tendremos que cada rueda ejercerá una fuerza distinta, lo que de alguna manera retroalimentará esa compleja situación, hecho que de por sí atenta contra la estabilidad y la adherencia.



Nos enfrentamos de esta manera con hechos complicados, donde las fuerzas actuantes varían contantemente y de forma muy notoria por lo que nuestra única respuesta inteligente será acotar al máximo posible el margen de error. Si sabemos que frenar o acelerar agregan cierto grado de esfuerzo, lo ideal será que ingresemos a la curva siempre con la velocidad adecuada, tratando de evitar las variaciones cuando ya estemos en ella. Recurriremos a los pedales sólo en caso extremo, como puede ser cuando la maniobra resulta subvirante o sobrevirante. De esta manera, dependiendo del tipo de tracción que posea el vehículo, podremos ganar adherencia y retomar la trayectoria necesaria (más sobre este tema en la próxima entrega). En cuanto a la dirección busque movimientos suaves y progresivos, los volantazos casi siempre tienden a desestabilizar.

¿Qué hacer?

1) Frene siempre antes de llegar a la curva, hacerlo sobre un tramo recto y con las ruedas derechas siempre resulta más seguro y eficiente que hacerlo girando. La velocidad al comenzar a girar debe ser la correcta para poder girar sin perder estabilidad o adherencia por lo que deberá anticiparse la distancia suficiente que le permita cumplir con este objetivo.

2) Comience a acelerar suavemente solo cuando se ha logrado la segura estabilización del vehículo y tiene completa seguridad de que el avance no se verá entorpecido por ejemplo con un cambio en el radio de giro o una nueva curva. Anticípese al camino, no se enfoque únicamente en el punto en el que se encuentra, trate de ver todo lo lejos que le resulte posible.

En resumen, cuando transitemos por caminos sinuosos, tratemos de utilizar movimientos suaves y mantener una velocidad que nos permita tomar todas las curvas de manera controlada, si bien esto suele ser difícil de evaluar en primera instancia, permanecer dentro de un margen seguro, aún en demasía, nunca es una exageración. Los cambios de dirección constantes en conjunto con freno o acelerador, a los que se pueden agregar pendientes o condiciones de calzada desfavorables, producen situaciones no siempre fáciles de superar, incluso para conductores con experiencia, por lo que la prevención y anticipación son nuestras mejores aliadas.




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