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¿De dónde proviene la energía con la que recargas tu coche?




¿De dónde proviene la energía con la que recargas tu coche eléctrico? ¿Existen las “Cero Emisiones”?




A diario vemos como la publicidad intenta vendernos toda una serie de vehículos que se anuncian bajo el sello de “cero emisiones”, un lema que para muchas marcas figura incluso en su eslogan. Aún con el riesgo de poder resultar pedante, prefiero huir de tales afirmaciones, puesto que no es menos cierto que la energía con la que recargas tu coche eléctrico también ha sido generada, en menor o mayor medida, con fuentes que generan gases contaminantes. Mi objetivo con este artículo, por lo tanto, no es dilucidar a ciencia cierta las emisiones producidas en la generación de esa energía, pero sí que entiendas mejor la naturaleza del sistema energético español. ¿Me acompañas?

Aunque el sistema energético español siempre esté de actualidad por cuestiones que ahora no vienen al caso, podemos congratularnos de las buenas cifras que cada año, cada mes, nos ofrece la generación eléctrica. En lo que llevamos de año, prácticamente la mitad de la energía producida provenía de fuentes renovables. Digamos que España, en cierta medida, es un país afortunado por su situación geográfica, su climatología, o incluso por la política llevada a cabo por el régimen anterior al advenimiento de la democracia, por una política hídrica y de grandes obras demencial, que permite que la hidráulica siga siendo una de las fuentes más importantes en nuestro país, junto con las nuevas renovables, eólica y solar.

Pero, nos guste o no, una de las fuentes energéticas unitarias más importantes sigue siendo la nuclear, la ofrecida por esas centrales que nadie quiere tener cerca de casa pero ayudan a que la altísima dependencia que tenemos de la energía exterior se reduzca.




En esta línea empezaremos a asumir algunas cuestiones que no son del todo ciertas, o nada ciertas. Hablaremos de la energía de España, aún siendo conscientes de que un 73,3% (según las estadísticas de febrero de Eurostat), proviene del extranjero. Son unas cifras complicadas para un país, aunque cada vez más positivas. Pensemos que en plena burbuja inmobiliaria la dependencia de España era superior al 82%. Volvemos al tema nuclear. No queremos tener una central cerca de casa, pero compramos energía a países, como Francia, con nada más y nada menos que 59 reactores nucleares. Huelga decir que si tu temor, tu fobia nuclear, se debe a la posibilidad de un accidente como el de Chernobyl o Fukushima, no querrás tener una al lado de casa, pero el peligro en última instancia sigue siendo global, y las consecuencias igualmente graves para los países vecinos. Pero en fin, no nos desviemos del tema que nos ocupa…

Las renovables ya satisfacen cerca de la mitad de la generación eléctrica en España



Otra de las falsas verdades que vamos a asumir es que el sistema energético español es un inmenso bloque, un concentrador al que todas las centrales vuelcan su energía, que a su vez se reparte equitativamente a demanda de los consumidores. Evidentemente esto tampoco es cierto y existen comunidades y ciudades más o menos dependientes de las renovables, pero intentaremos dar una visión global del panorama energético.

Según las estadísticas de Red Eléctrica de España (REE), las diferentes fuentes de energía renovables llegaron a suponer un 43% de la producción eléctrica española en 2013. Las plantas térmicas de carbón y ciclo combinado van perdiendo importancia a favor de las renovables. En lo que llevamos de año, la eólica ha satisfecho un 22,2% de la demanda, superando incluso a la nuclear, que ha satisfecho un 21,6%. La hidráulica sigue estando en el 18,8%, y la solar fotovoltaica y solar térmica, que gana importancia por cuestiones obvias en los meses de verano, ha supuesto un 3,3% y un 7,3% respectivamente.

Pero, si queremos ir más allá, tampoco tenemos que obviar otro hecho, el de que la demanda energética en España y el reparto que se realiza entre las diferentes fuentes con que cuenta la red eléctrica, también varía según el momento de la carga.


Si recargamos por la noche, ¿cómo se genera energía en horario nocturno?



Vamos a asumir que por su naturaleza y el uso que hacen los clientes de ellos, los coches eléctricos se recargan generalmente en horario nocturno. Baste un vistazo a las estadísticas históricas y en tiempo real publicadas por Red Eléctrica de España, para comprobar que la distribución de la energía producida varía en el tiempo. Durante el día se producen diferentes picos de consumo, que durante la noche se convierten en grandes valles. La red eléctrica tiene que adaptarse a esas grandes variaciones, puesto que lo ideal sería una distribución homogénea de la demanda en el tiempo, algo que con el suficiente número de coches eléctricos recargándose simultáneamente de madrugada podría solucionar. Pero una vez más, no nos salgamos del tema que nos ocupa.

Según estas estadísticas de REE, la energía nuclear suministra a la red una potencia constante en torno a los 6 GW. Las centrales nucleares solo pueden detener su funcionamiento por mantenimiento o recarga del combustible, el uranio 235 que se emplea en las centrales españolas. En horario nocturno, las nucleares pueden llegar a cubrir más de un 30% de la demanda energética, mientras que las solares, que durante el día pueden llegar a suministrar una quinta parte de la demanda, suministran un porcentaje realmente muy bajo con los remanentes de la energía acumulada durante el día.

A la luz de las estadísticas también podemos llegar a otra conclusión. Por la noche, evidentemente, con un consumo energético menor, el CO2 generado por las plantas españolas también se reduce. Pero sin la energía solar, las toneladas de CO2 emitidas por GW generado, también crecen. Por lo que, en definitiva, recargar las baterías del coche eléctrico por la noche es más sostenible para la red energética, pero también ligeramente más contaminante.




En fin, ya ves que ahora sí podemos decir que afirmar que un coche eléctrico no emite CO2 no es del todo exacto. Y eso que tampoco hemos considerado las emisiones que se producen en el proceso de fabricación, en la producción de la energía que requiere esa fabricación o en los traslados de los suministros y piezas necesarias. También estamos dando por sentado que la energía que se produce en origen llega sin pérdidas hasta el punto de recarga y que del punto de recarga, a la batería del coche, tampoco se producen pérdidas, algo que por supuesto no es cierto.

Aún así, tampoco pretendíamos hacer de este un artículo para desmitificar al coche eléctrico. De hecho creo firmemente en que esta y otras alternativas, como el hidrógeno, son necesarias para el reto al que se enfrenta la humanidad. Según el Banco Mundial, la población de nuestro planeta crece en torno a un 1,2% cada año y el número de coches por habitante crece en un porcentaje aún mayor, gracias sobre todo al crecimiento de los llamados países emergentes. A todo ello se suma el reto energético, y otras dificultades añadidas, como el temor ante el agotamiento de los pozos petrolíferos.

Tal vez lo que no sea sostenible es que cada persona, cada familia, tenga uno o varios coches en el garaje. Tal vez el ser humano, por su naturaleza, no sea sostenible. Pero de todo esto tendremos ocasión de hablar, seguro, en otros artículos.
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