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El V8 que amenazo al TC



Para quienes peinan canas, o para los más memoriosos, la marca Studebaker fue en nuestro país sinónimo de camionetas potentes, veloces y dueñas de una estética inigualable. Sus componentes eran importados desde USA por la firma Los Cedros S.A., y se ensamblaban en las instalaciones que la empresa poseía en General Pacheco. En 1960 comenzó comercializando la pick-up Transtar, utilitario que luego fue reemplazado por las más modernas camionetas Champ en sus dos versiones de carga: 7E9 (500 kilos) y 7E7 (1000 kilos).

Pero lo que realmente destacaba a estos vehículos era su performance: el compacto motor V8 de 4200 cc erogaba la nada despreciable cifra de 176 hp lo que, hacia principios de los años 60, era una barbaridad. Ford fabricaba la F100 con el motor V8 Fase 1 de 4800 cc y 180 hp, pero era más tosco, antiguo y pesado. La Studebaker se convirtió así en una verdadera aplanadora, incluso superando ampliamente las prestaciones de los autos de gran turismo de aquella época, como los Valiant, Rambler, Falcon y Chevrolet 400.

Entonces, con semejante potencial por desarrollar, ¿cómo no pensar en competir con ese impulsor? Algunos pilotos habían participado con un vehículo de la marca -el Lark- en el Gran Premio de Turismo Standard de 1961, aunque no lograron terminar la competencia. El Turismo Carretera de aquellos años ofrecía un reglamento bastante amplio pero, aún así, Ford y Chevrolet eran las marcas más tradicionales. A ellas se les sumarían después Dodge y Torino. Aprovechando las libertades técnicas reglamentarias, en 1966 se presentó en el Autódromo de Buenos Aires un aparato verdaderamente extraño. Se trataba de un Studebaker Champion de 1951, cuya carrocería había sido modificada mediante la eliminación de los guardabarros y la adopción de una trompa más perfilada. Su piloto, Nobel Biglieri, le había montado el mismo motor V8 que equipaba a las camionetas, lo cual abría un gran interrogante respecto de sus prestaciones en pista.

Sin embargo, y pese a que el vehículo fue inscripto, no fue habilitado para largar la competencia. ¿Qué fue lo que pasó? El reglamento establecía que el block motor debía ser de fabricación nacional o, en su defecto, similar a uno importado pero armado en el país. El impulsor Studebaker se importaba desde USA y no se fabricaba por estas latitudes. Pese a que Biglieri aseguró que las pick-up Champ poseían un certificado de fabricación nacional -lo cual era una verdad a medias, ya que acá sólo se ensamblaban con unos pocos componentes nacionales-, dicho documento especificaba muy claramente que el motor no se fabricaba en Argentina. No obstante, existió el rumor de que le impidieron participar debido al pedido de algunos pilotos que vieron en el motor Studebaker un rival de temer…

Así fue como, lamentablemente, nunca pudieron medirse frente a frente en el TC dos de los tres motores V8 que se fabricaron en nuestro país. El tercero en discordia, el Chrysler V8 318” (5200 cc) que equiparía a las Dodge GTX entre 1970 y 1979, nunca compitió en el Turismo Carretera, aunque sí lo hizo en Mecánica Argentina Fórmula 1, donde obtuvo los campeonatos de 1972, 1976, 1977 y 1979.










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