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GP de Italia: Recordando a Juan Pablo Montoya



Talentoso y pasional. Dos adjetivos acompañarían a Juan Pablo Montoya durante toda su carrera automovilística. Corría el año 2001 cuando el flamante vencedor de las 500 millas de Indianápolis daba el salto a la Fórmula 1. 'Juancho' había tenido suerte, el equipo que iba a apostar por él era Williams, una de las escuderías más potentes de la categoría que, pese a todo, ahora mismo no podía plantar batalla a Ferrari, que apenas estaba empezando un largo y duradero ciclo victorioso. En Monza, casa de la escuadra roja, todo se preparaba para una fiesta italiana. Schumacher ya era campeón de pilotos y Ferrari de constructores. Solo el coraje de un chico con talento podía aguarles la fiesta a los de Maranello.

La entrada de Montoya en la Fórmula 1 no fue con el pie derecho. Una avería cuando rodaba tercero en Australia, una salida de pista en Malasia, un accidente en Brasil y otra avería en San Marino. Cuatro abandonos en cuatro carreras. Especialmente hiriente fue lo sucedido en Interlagos. Allí el colombiano rodaba primero después de un espectacular adelantamiento a Michael Schumacher cuando Jos Verstappen, doblado, golpeó con su Arrows en la parte trasera del Williams de Montoya. La primera gran carrera del novato en Fórmula 1 se veía arruinado por un grosero error del veterano ante la decepción de los muchos colombianos desplazados a Brasil. A veces la Fórmula 1 es así.

Primera vez en cruzar la meta

Habría que esperar hasta España, la quinta prueba del mundial, para ver a Juan Pablo cruzar la meta por primera vez, y nada menos que en una gloriosa segunda posición. Después de que la fortuna le robara algunas oportunidades, por fin era el primer colombiano en un podio de Fórmula 1. La temporada continuaría con dificultades: cuando Juan no se estrellaba era el coche el que no aguantaba toda la carrera. Hasta Nurburgring, novena prueba del campeonato, Montoya no volvió a cruzar la meta, y lo hizo de nuevo en segunda posición. Si el Williams número 6 llegaba a la meta era muy difícil apearle del podio. En Alemania saltó la banca con una espectacular pole con 19 milésimas de ventaja, pero cuando dominaba la carrera con mano de hierro el motor volvió a dejarle en la cuneta. En Spa la pole de Montoya fue aún más espectacular, con ocho décimas de ventaja sobre su compañero Ralf, pero un nuevo fallo de motor, esta vez incluso antes de comenzar la carrera, dejó a Juan Pablo desconsolado. Michael Schumacher ganaría en Spa, pero Ferrari ya estaba sobre aviso de que un chico talentoso de Colombia pretendía aguarles el Gran Premio de Italia.



Estamos en Monza y el mundo está en shock. Solo cinco días atrás cayeron las torres gemelas de Nueva York, y se discute sobre la idoneidad de disputar el Gran Premio. Finalmente la prueba se disputa, y el sábado Montoya vuela. Por segunda carrera consecutiva logra la pole, esta vez dejando atrás a los dos Ferrari. Ese mismo día llegan más malas noticias desde Estados Unidos: el ex piloto de Fórmula 1 Alex Zanardi ha sufrido graves lesiones tras un fuerte accidente durante una carrera de la CART. El italiano, ex piloto de Williams, lucha por su vida mientras entre los tiffosi de Monza los pensamientos han mutado dirigiéndose hacia el piloto boloñés. El domingo Montoya y el equipo Williams tienen una victoria que dedicar. Desde la salida se forma un grupo de cuatro formado por los dos Ferrari y los dos Williams. Juancho mantiene la punta, pero tras entrar largo en la segunda chicane pierde la posición frente a Barrichello.


Primera victoria en F1

Comienza el duelo estratégico. Los hermanos parecen más lentos y pelean entre sí por la tercera posición del podio, al frente son Rubens y Montoya quienes se juegan la victoria. Williams alarga su última parada y gracias a un impresionante stint de Juan Pablo consiguen ganarle la posición al Ferrari. Montoya, con 45 millones de colombianos empujándole, cruza la meta y obtiene su primera victoria en Fórmula 1. ¡Ya lo tiene, ya está en lo más alto! Colombia reina en la categoría máxima del automovilismo. La temporada se cierra con una avería en Indianápolis cuando rodaba líder y un segundo puesto en Suzuka. Una temporada brillante que hacía volar las expectativas para 2002.

Sin embargo la temporada 2002 iba a ser un golpe de bruces contra la realidad. Ferrari iba a volver a la competición en una versión más competitiva y arrasadora que nunca. Solo en Malasia Michael Schumacher no quedó entre las dos primeras posiciones, y fue tercero. Un paseo sin igual en la historia de la Fórmula 1. Montoya solo pudo ser el mejor del resto. Consiguió siete podios en toda la temporada, superando a Ralf Schumacher y siendo tercero del mundial, detrás de los inalcanzables Ferrari. Pero lo más increíble de Montoya fue la descomunal racha de cinco poles consecutivas que encadenó entre el Gran Premio de Mónaco y el de Francia, aunque por distintos problemas solo una de ellas pudo concluir en podio. Al final fueron hasta siete las poles, tantas como podios, que consiguió Montoya en una temporada que sobre todo sirvió como inicio de una guerra interna con su compañero, Ralf Schumacher, especialmente tras el accidente que ambos protagonizaron en la penúltima prueba del campeonato, en Indianápolis.

Los sueños, sueños son. 2003 era la temporada del sueño. Por primera vez en años Ferrari daba síntomas de flaqueza. Incluso era McLaren el coche que parecía dominar el arranque de la temporada. Las fuerzas entre Ferrari, Williams y McLaren estaban igualadas. Las primeras carreras mandaron los de Woking, y Raikkonen aprovechó para tomar una buena ventaja al frente del campeonato. Cuando el mundial llegó a Europa Ferrari dio un paso al frente, encadenando Schumacher tres victorias consecutivas. Y llegaba el turno de Williams.



Llegada a Williams

En Mónaco Juancho arrasó. Pese a salir tercero consiguió arrebatarle la segunda posición a Raikkonen y ponerse detrás de su compañero Ralf. En la estrategia, una tempranera parada condenó al alemán y otorgó a Montoya una primera posición que ya no perdería hasta la línea de meta, pese a los feroces ataques de Raikkonen. Comenzaba la parte de la temporada en la que Williams debía reinar, pero la bicefalia en el equipo le iba a pasar factura a Juancho. En Nurburgring y Francia Williams iba a arrasar, pero esta vez era Ralf Schumacher quien se llevaba las victorias relegando a Montoya a la segunda plaza. En Hockenheim otra vez la primera fila era copada por Williams, que sin un claro líder de filas veía como esta vez era Montoya quien lograba su tercera victoria en la Fórmula 1.

Mientras Ferrari y McLaren habían concentrado sus puntos en un solo piloto, Williams acudía con dos balas a la resolución del campeonato. Después de una carrera de tregua en Hungría donde reinó el Renault de Alonso, el asalto final por el título se iba a decidir en las tres últimas pruebas: Monza, Indianápolis y Suzuka. Al frente del campeonato estaba Michael Schumacher, con solo un punto de ventaja sobre Montoya y dos sobre Raikkonen. Algo más descolgado, a catorce puntos de su hermano, aparecía Ralf Schumacher, que para colmo se iba a perder el Gran Premio de Italia por un accidente sufrido en unos test previos. Después de restar muchos valiosos puntos a su compañero, quien se subiría al segundo de los Williams en Monza sería Marc Gené, quedando Ralf sin opciones de campeonato.

En Monza, por poco, la pole fue para Schumacher, que desde el arranque sintió en el cogote el aliento de Montoya. El colombiano lanzó un ataque explosivo sobre Michael durante el primer giro, pero el de Ferrari logró mantener la cabeza y acabar ganando el Gran Premio con cinco segundos de ventaja sobre Montoya. Schumacher se quedaba con tres puntos de ventaja al frente del campeonato sobre Juancho y siete sobre Raikkonen. La próxima cita en Indianápolis iba a ser decisiva.

La sesión de clasificación del Gran Premio de Estados Unidos vaticinaba que la última carrera sería movida. Raikkonen se hizo con la pole, Montoya fue cuarto y Schumacher séptimo. Ese resultado repetido el domingo nos dejaría a los tres pilotos prácticamente empatados para Suzuka, pero la carrera iría por otros derroteros. En la salida Montoya pierde puesto y Schumacher los gana. Las primeras gotas comienzan a caer sobre Indianápolis. Juan Pablo viene recuperando posiciones cuando se encuentra con Barrichello, el segundo Ferrari, el hombre que menos tenía a perder y más a ganar de toda la parrilla. Cuando Juan le ataca en la primera chicane, Rubens no le concede ni un metro, ni un centímetro, nada. La colisión es inevitable. Barrichello queda fuera de carrera, pero Montoya puede continuar. Pronto Juancho se deshace de los Renault de Trulli y Alonso, y pasa a Schumacher sin despeinarse hasta colocarse segundo tras Raikkonen. Y entonces llega la sanción. Montoya recibe un drive through por el toque con el Ferrari número 2. Las opciones de título se esfuman justo ahí. El colombiano solo puede cruzar la meta sexto bajo la lluvia, y para colmo el Ferrari ha volado bajo la lluvia y Schumacher es el ganador. En Suzuka solo un milagro podía dar el título a Kimi, pero pese a que estuvo cercano finalmente fue Michael quien se adjudicó su sexto entorchado. El sueño se había acabado, estaba roto.

Montoya firma con McLaren



2004 iba a ser el último. El intento desesperado de Williams para asaltar el campeonato era el famoso morro de morsa del FW26, que terminaría siendo un fracaso. Ferrari iba a volver por el camino de 2002, arrasando en el campeonato y consiguiendo quince de las dieciocho victorias. Una de las que se les escapó a los de Maranello fue la última, en Interlagos. Montoya ya había firmado por McLaren, por lo que era sabido que el Gran Premio de Brasil serviría como despedida del colombiano de Williams. Con las nubes amenazantes y las gotas mojando el piso, Montoya aceleró a fondo desde la segunda plaza. La salida fue titubeante, bajando al quinto puesto, pero en pocas vueltas Juancho tomó la segunda posición, y poco después se aupó al liderato, allá por la vuelta veinte.

Ahí comenzó un duelo sin fin con Kimi Raikkonen, su próximo compañero de equipo en McLaren. Más que la última carrera de 2004 parecía la primera de 2005. Ambos querían comenzar a marcar desde ya el territorio. El punto álgido del enfrentamiento llegó a la salida de boxes. Después de que ambos repostasen en la misma vuelta, Raikkonen enfiló la salida del revirado pit lane brasileño justo por delante de Montoya. Al desconectar el limitador de velocidad y salir del carril de aceleración el colombiano salió del rebufo del finés y con una espectacular apurada de frenada rebasó al rápido piloto de McLaren sobre el resbaladizo asfalto de Interlagos. Era la última victoria de Montoya con Williams, su última gran tarde de gloria antes de afrontar un reto que se presentaba ilusionante y acabó en pesadilla.

Llegar a un equipo nuevo que tiene un gran líder establecido no es nada fácil, y menos aún si tú eres colombiano y ese nuevo equipo es inglés, y no solo en el pasaporte sino que también en la mentalidad. Adrian Newey había diseñado un cohete frágil para 2005, el MP4-20, un coche que si llegaba a meta difícilmente lo haría fuera de la primera plaza, pero que muy a menudo no llegaba a meta. La temporada además comenzó de la peor manera para Juan Pablo: antes de Bahrein sufría una lesión en el hombro mientras practicaba tenis que le haría perderse dos carreras, Bahrein y San Marino, y correr una tercera mermado físicamente, España. Para colmo, en los libres de Mónaco provocó una escabechina en la que se vieron implicados cuatro pilotos y que le acarreó una sanción de diez puestos en parrilla. Era un inicio horrible. En Canadá vio la bandera negra por saltarse el semáforo de boxes y en Francia sufrió su primera avería en carrera. Después de tanta desgracia seguida tenía que llegar la redención, y ahí estaba Silverstone para ello.

Una vez más, Raikkonen salía muy atrás, penalizado. La pole era de Alonso, segundo partía Button y tercero Juancho. Tras una salida estelar, el colombiano rebasó a al líder del campeonato y al piloto local, tomando la punta de la carrera. Tras ello, Montoya solo tuvo que cruzar los dedos para que su poderoso McLaren cruzase la meta intacto. Por detrás los Renault no podían competir con el MP4-20, y Raikkonen remontaba a la desesperada pero sin poder llegar más arriba de la tercera posición. Montoya cruzaba la meta y conquistaba otro gran templo del automovilismo, el circuito de Silverstone. Después de un inicio turbio, que mejor manera que encarrilar el camino que regalándole a McLaren una victoria ante su afición. Le había costado arrancar, pero Montoya estaba de nuevo en la pelea.

En la siguiente carrera, en Alemania, Juan Pablo falló en la qualy quedándose en la última posición de salida, pero desde allí remontó enrabietado hasta el segundo lugar en la carrera, solo por detrás de Alonso. Montoya estaba de vuelta. En Hungría la victoria era suya, pero esta vez la mala suerte le tocó a él. Un palier del MP4-20 se rompía dejando tirado al colombiano. Si quedaba alguna esperanza de pelear el campeonato se estaba quebrando a la vez que ese maldito palier. En Turquía y Bélgica todavía quedaba más mala suerte con los doblados. Primero Monteiro y luego Pizzonia dejaban a Montoya sin la segunda posición. El colombiano tenía que volver a donde empezó todo para reencontrarse.

Fracaso en Monza años después de su primera victoria

Monza, donde empezó todo. Solo cuatro años atrás Montoya había conseguido aquí su primera victoria, y ahora ya parecía todo un veterano, en lugar de un piloto en su quinta temporada de Fórmula 1. En el circuito italiano la enésima sanción castiga a Raikkonen, quedando la pole en poder del segundo McLaren. Desde la salida el ritmo de Montoya es incontestable para un Alonso que ni puede ni quiere seguir al McLaren. Raikkonen en su remontada vuelve a ser la única amenaza, pero un problema en los neumáticos y un trompo le quitan cualquier opción de éxito. Pese a que el problema de gomas parece reproducirse en las últimas vueltas en el McLaren de Juan, el colombiano cruza la meta con éxito y logra la sexta victoria de su carrera. Y esta vez solo la vuelta rápida marcada por Kimi impide que Juancho se adjudique uno de los prestigiosos Grand Chelem.



En Brasil, con el título en juego, Montoya se disputa la victoria con su compañero Raikkonen a un ritmo inalcanzable para el resto. Por primera vez ninguno de los dos McLaren desfallece ni sufre ningún percance. Allí podemos ver a los dos gallos, peleando la victoria de tu a tu. La tercera posición que ocupa Alonso le otorga automáticamente el campeonato, y por lo tanto permite que los pilotos de McLaren pueden pelear sin órdenes de equipo de por medio. Tras 71 intensas vueltas en Interlagos quien gana es Montoya por apenas 2,5 segundos de ventaja. Era su séptima y última victoria en la Fórmula 1. La temporada 2005 se iba a cerrar con un fuerte accidente en Japón y un percance desafortunado con un piano en China. Y el título de constructores se iba directo a las vitrinas de Renault.

La temporada 2006 iba a ser el fin. Ya antes de empezar el equipo había anunciado el fichaje de Fernando Alonso para la siguiente temporada, con lo que al menos uno de los pilotos estaba claro que abandonaría Woking, y en un principio todo apuntaba a Montoya. Además, el coche MP4-21 no era precisamente una máquina con la que poder reivindicarse: había bajado su rendimiento en cuanto a velocidad y prácticamente seguía igual de fiable. Dos podios, uno en San Marino y el otro en Mónaco, fueron el bagaje. Tras la gira americana Montoya no iba a volver. En Canadá un accidente con Rosberg y en Estados Unidos uno con el propio Raikkonen que provocó una montonera en la salida acabaron con la paciencia de Ron Dennis, que aupó a Pedro de la Rosa al coche para el resto de la temporada. Pese a la infinidad de rumores que apuntaron a su regreso, nunca más se volvió a ver a Juan Pablo Montoya por la Fórmula 1. Un piloto pasional como ninguno. Capaz de lo mejor y lo peor.

En su día más acertado, podía mirar a la cara al mismísimo Schumacher, en su día más turbio era capaz de bajarse del coche en pleno proceso de salida provocando el caos en el circuito. Famoso por su rivalidad con los Schumacher, para los aficionados a la Fórmula 1 siempre quedará como aquel piloto talentoso al que nada le salió bien para ser campeón en 2003. Para muchos, el percusor de la gran hornada de pilotos latinoamericanos de los que ahora disfrutamos en la Fórmula 1. Como él mismo dijo, "yo vine a la Fórmula 1 a ganar, no a ser parte de la procesión". Y cuando se fueron los éxitos, se fue Juan Pablo Montoya, uno de los mayores talentos perdidos de nuestros tiempos.

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