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Renault Clio ST 0.9 TCe, a prueba




Renault Clio ST 0.9 TCe, a prueba. ¿Es su tricilíndrico turbo suficiente?




Tras una primera parte en la que hemos investigado a fondo en el habitáculo del Renault Clio ST nos toca aventurarnos un poco más en sus entresijos, analizando su dinámica, consumos y comportamiento en todo tipo de carreteras. El Renault Clio Sport Tourer mide 4,26 metros de largo, 20 cm más que un Clio convencional, con unas cotas de anchura y altura casi iguales, de 1,73 metros y 1,44 metros respectivamente. La unidad que hemos probado monta un muy interesante 0.9 TCe, un motor tricilíndrico de gasolina, turboalimentado y con unos consumos que hacen que el diésel sea casi una alternativa inútil. En serio.

Eficiencia extrema, sonidos espaciales

¿Me he vuelto loco? No, todo tiene su explicación. El propulsor 0.9 TCe es el turbo más pequeño de Renault, con apenas 900 centímetros cúbicos de cilindrada, inyección indirecta y un turbo de baja inercia y contenido tamaño. Es un motor en el fondo muy sencillo, pero no por ello poco eficiente. Su potencia de 90 CV se alcanza a 5.250 rpm y su par máximo de 135 Nm a 2.500 rpm es equivalente al de un gasolina de 1.6 litros atmosférico, con la ventaja de ser entregado a un régimen de diésel. El consumo medio homologado es ridículo, de sólo 4,5 l/100 km. Sólo puedo asociar este motor a una caja de cambios manual de cinco relaciones.



Está exento del Impuesto de Matriculación al emitir 105 g/km de dióxido de carbono y sobre el papel es uno de los gasolina no híbridos más eficientes del mercado. Con un peso de 1.130 kg, es capaz de acelerar hasta los 100 km/h en 12,2 segundos, con una velocidad máxima de 182 km/h. Todas las prestaciones y consumos hay que verlos en condiciones reales, por lo que nos reservamos el veredicto de momento. No hay nada destacable en lo tocante a chasis, con suspensión independiente delantera, eje rígido trasero. Los frenos son de tambor en el eje trasero, una solución barata que aún se ve en el segmento B.

¿A qué viene lo de los sonidos espaciales? Un pequeño gadget que el Renault Clio nos ofrece es un simulador de sonidos, que acompasados al régimen del motor, camuflan el sonido del tricilíndrico y lo reemplazan por una biblioteca de sonidos entre los que podemos escoger el sedoso sonido de un Laguna Coupé, el sonido de un Clio V6, un Mégane de competición, una moto clásica, un coche de los años 30 o… una nave espacial. Un detalle muy curioso con el que yo y mis amigos pasamos un rato muy divertido. ¿Cómo suena una nave espacial a 6.000 rpm? Una batidora cósmica es una buena aproximación, si lo lográis imaginar.




Con el ahorro en el ADN

Me subo al coche y arranco el propulsor. Se despierta malhumorado, rumoroso y con vibraciones en frío bastante perceptibles. Emprendo marchas y me encuentro con la típica caja de cambios Renault, de accionamiento duro y relativamente preciso, pero con un tacto artificial. Detalles de quemado que poco deberían preocupar a un usuario estándar. En el tráfico urbano el motor 0.9 TCe va cogiendo temperatura, y en su óptimo no vibra de manera ostensiblemente superior a un cuatro cilindros al ralentí, a pesar de percibirse su carácter tricilíndrico.

El tacto de un tricilíndrico siempre es un poco más rudo, debido a las vibraciones causadas por el cigüeñal, inherentemente superiores por la arquitectura de estos motores. Al acelerar se percibe una vibración, pero que no resulta molesta en absoluto. Curiosamente, el sonido de este tricilíndrico está bastante logrado, y haciendo una – fuerte – abstracción podemos imaginar que hay un número doble de cilindros bajo el capó. El motor es progresivo por encima de las 1.500 rpm, con un empuje decente a bajo régimen, que evita que tengamos que hacer una conducción agresiva, beneficiando al consumo.




Este propulsor lleva de serie un sistema Stop&Start de excelente funcionamiento. Su desconexión es silenciosa e imperceptible, su arranque muy rápido. Veo mucho más interesante un S&S en un utilitario de gasolina que en un diésel, con complicados sistemas anticontaminación que se dañan fácilmente en ciudad. A poco que seamos sensatos con el acelerador, lograremos medias urbanas de entre 6,5 y 7 litros a los 100 kilómetros. Medias que realizaremos en un coche de dirección muy asistida y muy ágil en tráfico urbano, aunque pecando de una suspensión un tanto seca, sin tener en un tarado firme su causa.

El Renault Clio ST 0.9 TCe tiene un modo ECO que podemos activar junto a la palanca de cambios. Suaviza la respuesta del acelerador, percibiremos que el coche “camina menos”, pero ahorraremos combustible. Un asistente en el sistema R-Link nos califica anticipación, aceleración y cambios de marcha, e incluso nos da notas. No he conseguido nunca más de un 90 sobre 100, y eso que siempre he sido un buen estudiante. Una luz verde sobre la instrumentación también nos indica si estamos conduciendo de manera eficiente, tornándose amarilla o naranja si nos pesa el pie más de la cuenta.

Lo que no me convence tanto es la visibilidad trasera, perjudicada por unos pilares no precisamente estrechos y una línea deportiva que no sienta bien a la ventana trasera, que no es tan grande como debiera.




































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