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Volkswagen: el alemán que conquistó al mundo




Automóviles existen de todo tipo, desde los más elementales hasta los más sofisticados, de diseño conservador hasta los más revolucionarios y futuristas. A diario los vemos pasar por las carreteras de todos los rincones del planeta, su presencia no sólo es algo familiar sino, sobre todo, necesaria. El cambio de época se traduce en la evolución de los diseños industriales y sus cualidades técnicas, haciendo que muchos automóviles se vuelvan obsoletos a medida que pasa el tiempo. Sin embargo, siempre existen excepciones a la regla; este es el caso del Volkswagen Sedán, modelo que resistió estoicamente el cambio de modas y tendencias desde 1938, y por más de seis décadas, convirtiéndose en un automóvil icónico de la industria automotriz, por ser el auto que más tiempo de producción ha tenido en la historia.




Conocido también, y sobre todo, por distintos apodos como Escarabajo, Congorocho, Pichirilo, Peta, Fusca, Volocho, Kupla, Coccinelle, Cucaracha, Maggiolino, Poncho, Vocho, Garbus, Bolillo, Volky, Cepillo, etc. este pequeño automóvil cuenta con un origen peculiar, que, incluso, la marca preferiría olvidar.




Antes de que estallara la Segunda Guerra Mundial, Hitler soñaba con tener una extensa red de autopistas que comunicaran a todo el país de forma rápida y eficiente, mas al momento de examinar los detalles del proyecto, cayó en la cuenta de que la mayoría de la población no contaba con los recursos suficientes para adquirir un automóvil.
Para solucionar este problema, Hitler encomendó a Ferdinand Porsche el diseño de un automóvil que, sin olvidar la belleza estética, resultara económico, resistente, de fácil mantenimiento y reparación, además de ser capaz de transportar a un promedio de cinco personas, en resumen: un auto para el pueblo.





Ferdinand ya contaba con un diseño que respondía a estas necesidades y ahora, bajo el amparo del régimen Nazi, por fin pondría en marcha aquel proyecto, al que el mismo Hitler aportó algunos detalles finales para su ulterior diseño.
Con el inicio de la Segunda Guerra Mundial, Hitler encaminó todos sus esfuerzos para lograr la victoria; por esta razón, el Volkswagen popular quedó relegado para dar prioridad a otro tipo de autos que, siguiendo la línea estética de éste, serán utilizados en el campo de batalla, pues su estructura mostró ser eficiente incluso en condiciones extremas.





Al concluir el conflicto bélico, y con un panorama de zozobra para Alemania, la fábrica del Volkswagen, pese a los distintos daños sufridos por los ataques de los aliados, se encontraba en condiciones de operar y fue ofrecida a distintos fabricantes de autos de Inglaterra, mas estos la rechazaron por considerar al Volkswagen inferior no sólo a nivel estético, sino también en lo referente a sus componentes técnicos. Al ponerse a prueba frente a expertos, el Volkswagen echa por tierra todos estos prejuicios y de esta forma se le encomienda al Mayor Ivan Hirst hacerse cargo de la planta de producción: El Volkswagen estaba listo para salir a conquistar al mundo.




En 1945 los primeros automóviles de este tipo iniciaron su comercialización y muy pronto fueron exportados fuera de Alemania; este hecho fue el primer paso para que el pequeño auto comenzara su inmenso recorrido a través de muchos países y épocas.
También marcó un hito dentro de la industria publicitaria; en 1959 apareció la campaña “Think Small” de la agencia DDB y dio un giro completamente radical a la manera en que se vendían los automóviles en esa época: otorgó al Volkswagen una personalidad única, con lo que inmediatamente se posicionó en el gusto de las personas.




La cultura popular adoptó al Volkswagen Sedán, haciéndolo protagonista de películas y series como Herbie, incluso, este modelo se puede ver en la portada del álbum Abbey Road de The Beatles.




Sin embargo, después de tantos años de incesante camino, el Volkswagen Sedán, poco a poco, fue disminuyendo su producción debido a la baja demanda en el mercado, razón por la que distintas fábricas existentes en el mundo detuvieron su producción, la última que continuó con el ensamble se encontraba en México, en la periferia de la ciudad de Puebla. Y así, en 2003, fue producido el último Volkswagen Sedán de la historia, el número 21.529.464, que fue enviado al museo de Wolfsburg, en Alemania.




Con esto dio por finalizado el largo camino de uno de los automóviles más icónicos y queridos de la historia. A varios años de haber cesado su producción, es muy común verlos por las carreteras, infatigable y fiel, demostrando que no tiene intenciones de frenar su historia.




















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