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[PP] Malvinas, ataque al HMS Invincible



Día 30 de Mayo de 1982:

En los ataques del día 25 de mayo, la Fuerza Aérea Argentina hundió al destructor tipo CL 42 HMS Coventry, dejando además, un saldo de varios buques averiados y otros tantos fuera de combate .
Por su parte, la Armada Argentina hizo lo propio cuando hundió al portacontenedores Atlantic Conveyor con un misil MM39 Exocet. Ese día, sin dudas, la intención de la Armada era dispararle los misiles al portaaviones HMS Invincible, que había sido detectado previamente. Sin embargo, por esas cuestiones del “destino” los británicos lograron desviar la trayectoria de los misiles al arrojar chaff (especie de chapitas incandescentes que se arrojan al aire como papel picado para desviar misiles que buscan calor para impactar en sus blancos”). La zona donde se encontraba el Invincible estaba rodeada de buques de guerra que poseían el sistema de defensa chaff. La fragata HMS Ambuscade, que pertenecía al grupo de tareas de la Task Force dio alerta acerca de dos misiles que se aproximaban rápidamente a la flota, de manera que todos los buques, incluido el portaaviones, comenzaron a arrojar chaff para defenderse. Pero el Atlantic Conveyor no poseía chaff porque se trataba de un buque mercante; por tal motivo, los Exocet pasaron entre medio de la flota de guerra y uno de ellos se desvió hacia el portacontenedores e hizo impacto directo. El otro misil, según fuentes británicas, se perdió en la inmensidad del océano.
El Invincible no había sido alcanzado, pero el Atlantic Conveyor no era un blanco despreciable. Aparte de llevar en sus entrañas una carga valorada, los ingleses le habían adaptado la cubierta para operar con aviones Harriers y Sea Harriers de despegue vertical, utilizándolo como “tercer portaaviones”. Ese día, los británicos movieron la posición de toda la flota por temor a nuevos ataques, poniéndola a mayor resguardo...

En los días posteriores, el estado mayor de la Fuerza Aérea Sur (FAS) planificaba de que manera podría inflingirle el mayor daño a los buques de la reina.
Por entonces, el Brigadier Ernesto Crespo, comandante de la FAS, junto con su grupo de colaboradores estudiaban minuciosamente la manera de ubicar los blancos más rentables, es decir, los portaaviones...
La tarea de hundir un buque de ciento treinta metros de eslora no era tarea sencilla, y para empeorar las cosas, en los arsenales argentinos quedaba el último Exocet disponible. Un solo misil no provocaría grandes daños en la superestructura del portaaeronaves, de manera que no quedaba otra alternativa que la de bombardearlo. Eso no garantizaba el hundimiento, pero sí le inflingiría daños considerables como para dejarlo inoperativo durante un tiempo.
Ahora el Brigadier Crespo debía resolver no sólo el problema de la ubicación de las naves, sino también con qué atacarlas. La intención de organizar un ataque en conjunto con aviones Súper Etendart de la Armada y aeronaves de la Fuerza Aérea resultaba ser una idea que, desde hacía ya varios días, le rondaba en su cabeza.
No obstante, a la hora tomar una decisión, el principal inconveniente se centraba en decidir cuál sería el avión elegido de la Fuerza Aérea que pudiese cumplir con la misión. Los Mirage III estaban descartados por ser Interceptores y no tener reabastecimiento en vuelo; los Mirage V Dagger poseían la velocidad de penetración correcta y la capacidad de bombardeo, pero también carecían de reabastecimiento en vuelo.
Los Pucará que operaban en las islas fueron descartados por ser aviones que no están concebidos para dicho fin. Sólo quedaba la opción del noble A4 Skyhawk, que a pesar de ser el más antiguo y no tener radares de ningún clase para ubicar la flota, cumplía con los requisitos técnicos, de bombardeo y reabastecimiento en vuelo.
La idea consistía, entonces, en enviar dos Súper Etendart con el último Exocet pendiendo del ala de uno de ellos; el otro avión sólo actuaría como enlace magnético en el momento de disparar el misil. Acompañados por una escuadrilla de cuatro Skyhawk A4C que pertenecían a la 4º Brigada Aérea armados con tres bombas BRP con espoleta de retardo de 250 kilogramos cada una.
La misión era tan riesgosa que la única manera de llegar hasta el portaaviones era en vuelo rasante y en absoluto silencio de radio. Solamente los Súper Etendart, a unos 25 kilómetros del buque, se elevarían apenas por encima del techo máximo para encender su radar, ubicar el blanco y lanzar el Exocet. La estela que dejaría el misil les marcaría el camino a los pilotos de los viejos Skyhawk para que se guiasen hasta la nave insignia.
Pero muchas eran las dudas que surgieron en el estado mayor de la FAS respecto a la efectividad de la misión y la suerte que correrían los pilotos de los A4. El riesgo de no llegar hasta el blanco era altísimo y la probabilidad de supervivencia en caso de ser derribados y caer al mar, significaba morir, seguramente. Cualquier especialista en temas de guerra aeronaval catalogaría la idea de este ataque con el rotulo de “misión suicida”. Sin embargo, el Brigadier Crespo, en cuanto ubicó la posición de uno de los portaaviones, determinó llevar adelante lo que habían planificado. El buque designado para atacar era nuevamente el portaaviones HMS Invincible, y el tiempo disponible para efectuar la operación resultaba muy escaso. La orden fragmentaria 1268 llegó rápidamente a la base aeronaval de Río Grande en Tierra del Fuego, aeródromo elegido para llevar a cabo la misión. De modo que, de inmediato, comenzaron los preparativos. Técnicos, mecánicos y armeros pusieron a punto las aeronaves. Los “A4” habían llegado desde la base de San Julián el día anterior. En la sala de pilotos se notaba la tensión y el nerviosismo que se vivía, los aviadores navales no correrían tanto riesgo teniendo en cuenta que dispararían el misil a 25 kilómetros de distancia y pondrían rumbo al continente; no así, los cuatro pilotos de Skyhawk que deberían llegar y procurar bombardear la cubierta del Invincible.
A las 12.30, la sección de Súper Etendart con el indicativo “Ala”, compuesta por el Capitán de corbeta Alejandro Francisco y el Teniente de Navío Luis Collavino, y la escuadrilla de A4C Skyhawk con el Indicativo “Zeus”, liderada por el Primer Teniente José Daniel Vázquez, el Teniente Omar Jesús Castillo como numeral 2, el Primer Teniente Ernesto Rubén Ureta como numeral 3, y el Alférez Gerardo Guillermo Isaac como numeral 4, pusieron rumbo al portaaviones. En la cabecera de pista, el jefe de la escuadrilla de Skyhawk (Vásquez), le comunicó por radio a sus numerales, que antes de la partida rezaran juntos una oración a la Virgen para que velara por sus vidas... De los cuatro pilotos de Skyhawk, dos se habían ofrecido voluntariamente para realizar la misión; el Primer Teniente Vásquez y el Primer Teniente Ureta, ambos eligieron por decisión propia a sus numerales. El primero, al Primer Teniente Castillo, y el segundo, al Alférez Isaac.
Ya en el aire, volando durante un tiempo con rumbo Sudeste, llegaron al punto de encuentro donde los esperaban dos aviones KC 130 Hércules de reaprovisionamiento en vuelo con el indicativo Ranquel 1 y Ranquel 2, respectivamente; los que de inmediato hicieron contacto con la formación. Los Súper Etendart reabastecieron combustible en el primer Hércules piloteado por el Vicecomodoro Luis Litrenta y el Capitán Guillermo Destéfanis y los Skyhawk lo hicieron en el segundo avión piloteado por el Mayor Roberto Briend y el Vicecomodoro Roberto Noé. Los A4 debieron alternarse constantemente (de a dos) para recibir el preciado jugo. Posterior al reabastecimiento, las seis aeronaves pusieron rumbo al blanco. Minutos más tarde, en vuelo rasante, en absoluto silencio de radio y en el lugar indicado, los dos Súper Etendart se elevaron hasta la altura fijada, encendieron sus radares, ubicaron al Invincible, lo engancharon y el Capitán de Corbeta Alejandro Francisco apretó el disparador de misiles...
El Exocet se desprendió del ala derecha del avión portador en caída libre. En fracciones de segundo encendió su motor propulsante e inició un brusco ascenso hacia los cielos del Sur; cuando ganó unos metros de altura, bajo su nariz y a toda velocidad, en franca picada se zambulló pegándose rasante al mar...
109 segundos lo separaban del blanco... eran las 14:24.
Mientras ambos pilotos navales giraban buscando poner proa al continente, la escuadrilla de Skyhawk seguía con atención y a toda velocidad la estela del misil, pero los aviadores navales talvez no se percataron que al tomar altura para encender sus radares y disparar el misil, alertaron a los sistemas de defensa del portaaviones y a algunas naves que merodeaban en los alrededores.
76 segundos quedaban para el momento supremo de entrar en combate; sobre el horizonte, comenzaron a divisar la silueta (de popa) del enorme navío, cuando ante sus ojos, los cuatro pilotos vieron una bola de fuego anaranjada seguida de espeso humo negro...

El último Exocet había cumplido su cometido, el buque comandado por el segundo hijo de la Reina Isabel mostraba una herida de guerra irreversible...
A tan solo 8 kilómetros del blanco, con el portaaviones en sus miras, un misil Sea Dart disparado desde algún buque impactó en la parte posterior del avión del Primer Teniente Vázquez, destruyendo parte del ala izquierda y, casi de inmediato, su motor estalló partiendo la aeronave en dos, precipitándose en el mar sin que su piloto lograra eyectarse.
Los tres pilotos restantes avanzaron sin vacilar hacia el blanco a pesar de ver cómo habían derribado al líder...
Castillo, Ureta e Isaac activaron sus paneles de armas para disparar con cañones y soltar sus bombas sobre el Invincible, pero cuando faltaban cinco segundos para llegar al blanco un misil, aparentemente “Sea Wolf”, hizo impacto sobre el avión del Primer Teniente Castillo, a quien lo desintegró al explotar en una inmensa bola de color naranja, pereciendo su piloto en forma instantánea...
Pero la muerte de éstos bravos no sería en vano, por la propia inercia que traía el avión del Primer Teniente Castillo; al explotar, el motor de su avión siguió la trayectoria hacia el portaaviones, impactando en llamas sobre la cubierta del buque y resbalando por uno de los huecos de los ascensores de aviones; donde al caer, incendió su interior...
Ahora sólo dos “Zeus” quedaban indemnes... El Primer Teniente Ureta se abrió de la formación a la izquierda del Alférez Isaac. Ambos pilotos oprimían el disparador de sus cañones, con desesperación, Ureta recuerda, en esos instantes, que por su mente pasaban un sinnúmero de sensaciones; la imagen de su líder derribado, generó en su interior la necesidad de rezarle nuevamente a la virgen, mientras sus facultades psicomotrices en forma automática ejecutaban los pasos previos a la suelta de bombas. Pero milésimos de segundo después se encontraba sobre el Invincible, y reaccionando se adelantó ligeramente de su compañero, el Alférez Isaac; levantando la nariz de su Skyhawk. Ureta le entró al Invincible por popa, de izquierda a derecha angulado treinta grados. En vuelo rasante, soltó sus tres BRP de 250 kilos sobre la cubierta, y pegando un brinco con su avión, a causa del efecto que provoca la suelta de bombas, puso proa con rumbo al continente. Mientras tanto, por el flanco derecho, el Alférez Isaac hacía lo propio soltando sus bombas sobre el casco de popa del portaaviones; pero la densa columna de humo negro no le permitió ver el producto del impacto.
El joven piloto, al verse en la inminente situación de estrellarse contra el navío, provocó un brusco viraje hacia la derecha pasando lateralmente a estribor del buque al cual lo recorrió en todo su largo. Cuando logró superarlo, giro hacia la izquierda, dio motor a pleno y puso rumbo de escape rasante al mar, mientras hacia maniobras evasivas para disuadir el posible ataque enemigo. Segundos después, al serenarse, el Alférez Isaac echó el último vistazo al majestuoso Invincible y lo vio cubierto de humo negro y espeso. El Primer Teniente Ureta confirmo, a su regreso, haber visto lo mismo.
Minutos después, los dos pilotos se encontraban en la inmensidad del océano, tomaron contacto visual, y cuando estuvieron lado a lado se comunicaron por radio con el fin de poner rumbo a los KC 130 Hércules que los aguardaban para reabastecerse.

En los legendarios Hércules, las tripulaciones esperaban ansiosamente en el punto de encuentro la llegada de los nobles Skyhawk; los dos aviones navales, regresarían al continente sin la necesidad de reabastecerse. Los minutos se estiraban y la espera se transformaba en desesperación.
El suboficial operador de reabastecimiento, a bordo del KC 130, había clavado la mirada, en una ventanilla lateral para dar aviso de la aproximación de los A4. Pasado unos minutos el suboficial hizo contacto visual con el avión del Primer Teniente Ureta y el avión del Alférez Isaac, y le comunicó al comandante de la aeronave la llegada de los Skyhawk. El Vicecomodoro Litrenta, al ver solo dos aviones, pregunto por radio:

- ¿Dónde están los otros dos?...
y el Primer Teniente Ureta le respondió...
- Se quedaron en Malvinas, Señor, no van a regresar...

Sin palabras y con un nudo en la garganta, las tripulaciones de ambos Hércules se prepararon como una gallina que recibe a sus polluelos para cobijarlos y darles el preciado combustible...
El Primer teniente Ureta reabasteció en el Ranquel 1, y el Alférez Isaac lo hizo en el Ranquel 2.
En absoluto sincronismo los dos A4 se reabastecieron, desprendiéndose de las mangueras de los pesados tetramotores minutos más tarde... Y poniendo rumbo al continente arribando a Río Grande a las 16:20 donde finalmente lograron distender sus contenidas emociones...
Los británicos negaron rotundamente el ataque al Invincible por causas que no dieron a conocer hasta la actualidad. La primer ministro Margaret Tatcher guardo celosamente los motivos, en su decreto de mantener la historia del conflicto del Atlántico Sur como secreto de estado por el término de 99 años...
La Royal Navy rotuló el caso como secreto militar...

Bryan Wolling, un oficial enfermero embarcado en el Invincible, es el único caso que reconoció los ataques Argentinos realizados al portaaviones en 1982. Bryan, por ese entonces esposo y padre de familia, fue asistente médico en el buque, muy cerca del príncipe Andrés, y hasta recibió una medalla de honor por su actuación en el Atlántico Sur de parte de la Armada Inglesa.
Años más tarde, Wolling fue dado de baja por la Marina Real, por haber cambiado de sexo en 1986. La Royal Navy alegaba que era un peligro para su barco y la tripulación.
Recién en 1999, el marinero transexual llevo su caso a los tribunales y ganó, ya como Linda Cash, y desde entonces cobra una pensión del estado inglés.
En el estrado, Linda aseguró haber sufrido un trauma por haber tenido que tratar, “terribles heridas” en el departamento de enfermería del Invincible debido a los feroces ataques de los aviones Argentinos durante el conflicto...
La prensa británica jamás publicó ni hizo mención sobre el caso Wolling...

Al Primer Teniente José Daniel Vázquez se le otorgó el grado de Capitán post mortem y se lo condecoró con la Cruz de la Nación Argentina al Heroico Valor en Combate, máxima distinción que otorga la República Argentina. Ofrendó su vida en cumplimiento de su deber a los 30 años de edad.

Al Primer Teniente Omar Jesús Castillo se le otorgó el grado de Capitán post mortem, también condecorándolo con la Cruz al Heroico Valor en Combate. Dio la vida por su nación a los 29 años.
Ambas distinciones fueron otorgadas por el Senado y la Cámara de diputados de la Nación por ley 24.229, el 17 de Agosto de 1993 en reconocimiento a la actuación de ciudadanos en el conflicto del Atlántico Sur, por sus relevantes méritos, valor y heroísmo en defensa de la Patria.

El Primer Teniente Ernesto Rubén Ureta en la actualidad a llegado al grado de Brigadier, habiéndose desempeñado en los últimos años como Jefe de Personal y posteriormente como miembro activo del Tribunal de Honor de la Fuerza Aérea Argentina en el edificio Cóndor.
El Alférez Gerardo Guillermo Isaac enfrento la peligrosa misión a los 23 años de edad. Actualmente tiene el grado de Comodoro. Entre los cargos su exitosa carrera militar se a desempeñado como Jefe del grupo VI de caza con asiento en Tandil. Como Jefe del Departamento de Adiestramiento del Comando de Operaciones Aéreas en el edificio Cóndor cede de la Fuerza Aérea Argentina en Buenos Aires, entre otras funciones.

El Brigadier Ernesto Crespo alcanzó el grado de Brigadier General llegando a ocupar el cargo de Jefe de Estado Mayor de la Fuerza Aérea Argentina entre 1985 y 1989, pasando a retiro el mismo año. Por sus grandes conocimientos y amplia experiencia es uno de los más prestigiosos veteranos que conoce con certeza la verdadera historia de la guerra en el Atlántico Sur.

ALGUNAS FOTOS DE LOS PROTAGONISTAS


1º Ten. José Daniel Vásquez


1º Ten. Omar Jesus Castillo


Actual Brig. (R) Ernesto Rubén Ureta


Actual Comodoro Gerardo Guillermo Isaac

GLORIA Y HONOR A LOS HEROES DE MALVINAS A LOS QUE NOS DEJARON Y A LOS QUE ESTAN ENTRE NOSOTROS

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