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texto: "faso a faso"

Cuando busqué información del cannabis hace muchos años, cuando ni siquiera la había probado, me encontré con lo mismo que ahora: Es una droga psicoactiva, es decir, actua sobre el sistema nervioso central alterando la percepción, animo, consciencia y actitud. Me chupa un huevo eso, quiero saber exactamente como pega. Lógicamente también quería conocer sus contras, y hay varias páginas que detallan las mismas con mayor o menor entusiasmo. Para el caso, si buscan un poco pueden caer en páginas donde se culpa al faso de la violencia en el fútbol, el calentamiento global y que Marley siga viajando por el mundo. Pero un simple “pasa todo esto cuando estás reloco”, no encontré.

Es así que durante mi período cannábico, me esforcé por entender y analizar todos los puntos de esta planta, para que aquellos que no sepan de que se trata puedan vivirlo, aún si no tienen ganas de probar nunca en su vida. Cuando en el 2000 leía las anécdotas de Tucker Max (TuckerMax.com), me deleitaba con las aventuras de este turro que se pasó años en pedo, volteándose a todo el mundo y siendo el borracho más divertido que leí. Yo podría haber hecho esa vida y me hubiese divertido, pero la verdad es que no soy así. No puedo ponerme un pedo, ir a un bar y ponerme a chamuyar minas. No me sale, no está en mi naturaleza. Pero disfruté de sus anécdotas y las viví a través de sus palabras. Esto es similar. Los fumones ya saben de que se trata pero todavía están leyendo la enumeración del primer párrafo. Gente sana, esto es para ustedes.





Efecto Uno: Estoy del ojete.

Lo primero que pasa al fumar un faso se da a los pocos minutos. A veces 5, a veces 10, incluso a veces a los 20. Viene todo de la misma manera que siempre, incluso nunca falta el que sentencia “che, no me pegó”. Pero de repente, el cambio no puede ser ignorado. Casi siempre tiene que ver con lo último que venías haciendo. Si estabas charlando, te das cuenta que estás contando cosas que no decís ni en terapia. Si estabas leyendo, te das cuenta que hace 3 páginas que en vez de leer estás tarareando “Funky Town” en tu cabeza. Si te estabas riendo, nunca frenaste. No importa como haya pasado: Lo cierto es que siempre pensás “uh estoy del culo”.Es como una mini fiesta sorpresa en tu mente. De repente saltan todos detrás del sofa y te reís pensando “Como son chicos eh, siempre me agarran desprevenido”.

Una vez sabiendo que por las próximas 4 horas no vas a poder manejar maquinaria pesada, empiezan a florecer los otros efectos. Voy a presentarlos en ningún orden en particular, por más que siga numerándolos.

Efecto Dos: Reordenamiento absoluto de las prioridades.

Supongamos que por ejemplo, el ‘Para hacer’ del día consiste en:
- Armar la nueva mesa de la computadora,
- Ver si le digo al “Tucu” de pasar a visitar,
- Hablar con mi novia para ver que hace esta noche
- Pegarme una ducha.

Una tuca más tarde pasa a ser:

- Conseguir algo salado, en preferencia crocante
- Conseguir algo dulce, en preferencia con dulce de leche casero
- Echarme un nonito con el pulgar en la boca a propósito, como para ver si el sueño “pega mejor”.

¿Notaron un patrón al principio? El bajón es un tirano. No conoce piedad. No toma substitutos. Yo no sabía por que veía gente con gafas oscuras en un supermercado. Ahora lo se muy bien.

Efecto Tres: Hambre voraz de cosas ricas, o El Bajón.

Para el fumón, una góndola de supermercado es como tomar a un decano de la facultad de letras y hacerlo viajar en el tiempo para que conozca la Biblioteca de Alejandría. Nunca me quedé tanto tiempo, y me refiero a 6 o 7 minutos enteros, leyendo los ingredientes de cada una de las galletitas en frente mio. Visualizando como los chips de chocolate se meten en la masa de vainilla. Pudiendo palpar la mousse. Resolviendo a una escala atómica como se combinan los diferentes elementos y como van a afectar cada papila. Imaginándolo. Como la lista de Schindler, en ese momento no hay nada más importante que poder salvar a una marca más, a un gusto más, del confinamiento del sector Almacén.

Luego de guardar toda clase de golosinas y lácteos (que por alguna razón son a la putza como la manteca a la tostada) en la canastita como si fuera una ardilla gigante juntando para el fin de los tiempos, y luego aún de imaginarme que era una ardilla gigante y preguntándome por que mi risa es humana, llegaba el momento de la caja. Un buen momento para hablar de otro efecto.





Efecto Cuatro: Paranoia.

Hoy en día es difícil encontrar a alguien que no haya fumado en su vida, e incluso entre los que nunca lo hicieron, ya casi nadie lo juzga como antes. Encontrar un tipo fumado da el mismo asco/pena/risa/indiferencia que encontrar uno borracho, y la mayoría de las veces tenés que prestar atención para darte cuenta que está del culo. Sin embargo, cuando uno está en un estado en el cual lo más importante que te pasó en la vida es encontrar pan tostado recién hecho, se da cuenta que para alguien que no comparte esta particular visión, uno es un pelotudo que se cuelga mirando una panadería por 20 minutos.

Esa vergüenza a veces se transforma en la llamada paranoia. Pasás a estar seguro de que si alguien se da cuenta, va a caer el grupo GEO a cagarte a trompadas y llamar a tu vieja para decirle “Su hijo es un drogadicto. Tiene drogadicción. A las drogas”. Por eso es que uno cuando está del culo, no quiere que nadie más lo note. Esto se hace bastante complicado dado que por más que uno pueda actuar con total naturalidad, esos ojitos dicen que enrollaste la alfombra del baño y te la fumaste con un embudo. Es así que uno empieza a pasar los productos como si nada pasara, porque no pasa nada. Ponés los lacteos al mismo tiempo, separás los comestibles según su categoría, notás que estás exagerando, no hacés mas nada, mirás a la cajera y te acordás que tenés varices en los ojos entonces mirás para otro lado, son 16 con 70 ¿tengo cambio? Creo que tengo cambio a ver me fijo, no, no tengo nada, jaja, de que te reís boludo, ¿eso lo dije o lo pensé? Dale, que sos, Homero, careta, ah ya estoy afuera del super AJJAJAJAJA BOLUDO NO PASABA MÁS EL TIEMPO.

Efecto Cinco: El tiempo no pasa más.

En realidad todo ocurre como siempre. Un picaflor hace la misma cantidad de aleteos, vos te movés a la velocidad usual, y todo accionar tiene la misma duración. Pero hay una razón por la cual el fumón tiene esa tranquilidad solemne en todo lo que hace. Todos podemos recordar como ese minuto antes de que toque el timbre, o ese último semáforo antes de agarrar la onda verde que te lleva a tu casa, tardan más. Es lo mismo, pero tarda más. Bueno. Estar del ojete es como varias horas de esa clase de segundos.

¿Vieron como en las novelas dicen “Desearía que este momento no terminase nunca”? Bueno, a los dos minutos se estaban armando un churro. Así nomás.

Esto es tanto positivo como negativo. Todo fumón vivió esta escena: estás con amigos, llega la pizza, bajás a buscarla y cuando volves alguien te grita “MAN TE FUISTE HACE MEDIA HORA”. Ahí le decís “Nunca baje… no encontré el ascensor” y todos estallan en carcajada. Pasaron 15 segundos seguramente. Pero los que estaban adentro ya estaban llamando a la policía porque no volvías.

Ni hablar de cuando realmente bajas a buscarla. Yo he envejecido dentro de ascensores. Ir hasta la puerta de entrada, abrirla, saludar al pibe del delivery, esperar que saque las pizzas de la moto (cosa que tarda, aproximadamente, 63 segundos) darle la plata, recibir el vuelto y cerrar la puerta, es una cadena de acciones con tal peso de responsabilidad que al terminar, te sentís agotado y orgulloso. Es como dar el último final de tu carrera, aprobarlo, y contemplar todo el tiempo y esfuerzo que invertiste en esa meta. Bah, exagero, recibirte no es tan groso como eso.

Y todavía falta toda la vuelta en ascensor. Con las pizzas en la mano. Te sentis Papá Noel, Santa Claus, o Toti Ciliberto, como se le conoce en otros paises de habla hispana. Después de esa cruzada, cuando finalmente entrás al depto y algún boludo te grita “TE FUISTE HACE MEDIA HORA”, no podés dejar de decirle “Creo que hace más. Lo importante es que la pizza llegó, y después del primer bocado, querés besar al cocinero.

Efecto Seis: Exaltación de los sentidos.

Me va a costar explicarles esto si no lo vivieron. Lo intentaré, sin embargo. El THC por alguna razón mágica, no por ciencia, por pura magia, le da un ascenso a los sentidos más ignorados. ¿Qué digo ascenso? Les sube el sueldo, les da un plan de vacaciones en el exterior y les construye su propio despacho.

La vista y el oído siempre fueron los sentidos más populares, son los que después salen en MTV mostrando la casa. El olfato está ahí, es como Brendan Fraser, nunca va a ganar un oscar pero todos lo conocen y a nadie le cae mal. El gusto y el tacto sin embargo no gozan de mucha mención. Fumado sos Daredevil, siempre y cuando Daredevil sea un superhéroe que combate al mal palpando cosas y comiendo tostados.

Los que estén atentos notarán que existen unas sinergias del carajo en este asunto. Sabiendo que el faso te da hambre, te hace pensar que todo es más rico, y te hace creer que todo tarda más, comerte una torta brownie de chocolate te convierte, por unos 5 minutos que parecen 10, en la persona más feliz del mundo. Si, ya se que tengo que estudiar para el parcial, y que mañana tengo que ir a laburar y me quiero matar. Pero… ¿vos probaste esta milhojas?

La otra sinergia obvia es el sexo. Sabiendo que el gusto se potencia, está claro que vas a comerte tu plato favorito. Pero en cuanto al tacto, ¿como podés aprovecharlo? Bueno, tratar de mirarte la cara con los dedos como un no-vidente no era la respuesta. Era el contacto con otro ser humano. Agregale lo de que todo tarda más, y no importa con quien estés cojiendo, al final le vas a querer poner un anillo de compromiso en el dedo. Lectores masculinos: ¿Alguna vez leyeron una novela erótica para mujeres, de las que venden en los supermercados, con tipos musculosos con pelo largo en la tapa que parece que acaban de salir de un lavacoches? ¿Les parecieron aburridas las extensas descripciones de caricias, mimos, roces y besos? Es así, pero en vez de aburrido es increíble. Si la mujer siente las cosas así por default, tengo una nueva admiración por el sexo opuesto.

Y no me hagan hablar de lo que es hacer el amor. No es un eufemismo, hablo de cojer completamente enamorado de la persona con la que estás. Fumados. ¿Que tiene de especial? Tiene que ver con el próximo punto.

Efecto Siete: Exaltación de los sentimientos.

Este es un punto debatible. Lo analicé por mucho tiempo y llegué a la siguiente conclusión: El faso le pone sal a todos los sentimientos conocidos, pero uno como está fumado, inconscientemente aprovecha y saca al exterior los más placenteros. ¿Para que vas a estar deprimido si podés ver bloopers del 93 y cagarte de risa como un nene? La cabeza ni se hace esa pregunta, cuando te querés dar cuenta te estás mirando las manos y pensando “Son ENORMES”.

Es así que si estás con amigos, te das cuenta que los re querés. Si estás con tu pareja, te preguntás como no están casados todavía. Si te pide la luna, le ofrecés el firmamento, pero no te podés parar, mucho menos subirte a un cohete. Che hablando de cohete, ¿armamos otro? ¿Si? ¿Te dije cuanto te quiero? Esto no significa que no potencie cosas negativas. Si ves una película triste, probablemente te cagó la tarde. Si se te murió un familiar, yo diría que no te prendas ese churro porque vas a llorar más que el marido de Adriana Aguirre. Es difícil encontrar un fumón agresivo porque como dije, en vez de calentarte preferís ir a comer algo o colgarte mirando tele. Pero de vez en cuando pasa, y tengo por suerte un excelente ejemplo a mano.

Como un individuo que tiene que mantenerse al tanto de lo último, o sea lo que va a salir en la sección Tecnología de Clarín en 18 meses, hace tiempo me cree una cuenta en Facebook. Como no lo utilizo para lo que está (cojer), paso mis días ignorando “pedidos de amistad” de gente que nunca vi en mi vida, y jugando al Packrat. Para ponerlo en términos simples, el Packrat es un juego en el que básicamente juntas figuritas. Tiene un poco más de complejidad, pero en esencia es eso, solo que acá los trueques de cartas son forzados: si alguien quiere, sin mencionar detalles, puede sacarte una figurita y dejarte otra de menos valor.

Vean una típica reacción a este evento:

Lupine Wolf dice:
Che maraca no me robes los arbolitos que tengo que juntar un montón
Alucard dice:
kb
Lupine Wolf dice:
Dale pene, después te ayudo a vos y es mejor así.
Alucard dice:
ok

El 80% del público que juega Packrat son señoras de cuarentipico o más, que juntan las cartitas como si de muñecas de porcelana se tratase, y son las personas más divinas que me encontré en el mundo. Recordemos que podés cambiar cartas con tus amigos en solo un par de clicks, quieran ellos o no. Estas señoras, antes de hacerlo, se mandan mensajes del estilo “Cariño, ¿te molesta si te cambio tu delfín por mi regadera? Y las respuestas son variaciones de “¡Claro que sí cielo! Ni preguntes, avisame si necesitás cualquier otra cosa.”

Ahora vean que pasó cuando, luego de clavarme un faisán, noté que el mismo amigo de antes me había robado otra figurita.

Lupine Wolf dice:
QUE HACÉS LA CONCHA DE TU MADRE
Lupine Wolf dice:
LOS GOGGLES SON "FIGU DIFICIL"
Lupine Wolf dice:
ME LOS ROBASTE PORQUE SÍ Y LOS PERDISTE COMO UN IMBECIL
Alucard dice:
no los perdi, los guarde en un set
Lupine Wolf dice:
METETE EL SET EN EL ORTO SORETE
Alucard dice:
xD

O a los 10 minutos, luego de robarme la figurita de un conejito motoquero:

Lupine Wolf dice:
DALE
Lupine Wolf dice:
DALE
Lupine Wolf dice:
OTRA VEZ
Lupine Wolf dice:
QUE SOS PELOTUDO
Lupine Wolf dice:
ME CAGO EN TUS MUERTOS
Lupine Wolf dice:
TE QUIERO CAGAR A TROMPADAS
Alucard dice:
L2 Game IMO
Lupine Wolf dice:
HABLAME EN CASTELLANO CONCHUDO

Si no me tomé un taxi para ir a la casa y gritarle en persona es porque sabía que al toque me iba a olvidar por que fui.

Efecto Ocho: Perdida de memoria a muy corto plazo.

Imaginen que la vida es una película, y que todo lo que vivimos pasa al celuloide como si hubiese una cámara omnipotente que fija todas nuestras vivencias. Ahora imaginen que un duende picarón de repente te roba los últimos cuadros de dicho film. Es así como de repente estás yendo al baño, llegás, y te preguntas “¿A que vine?”. Y no fuiste a mear. Fuiste a buscar un cotonete. Esa pregunta anterior es tan habitual como “¿Como llegué a esta fiesta?” o “¿Por que me saqué los pantalones?”

Un día estaba caminando por la calle, reloco, seguramente yendo al super, y vi en una esquina a un yanqui. No se como supe que era yanqui, pero estaba seguro que había nacido en el US of A. Me acerqué a el pensando que estaría bueno charlarle porque. Me paré en frente, sonreí, y le dije (en inglés):

-Hey, ¿sos norteamericano, no?
-Si, estás en lo cierto.
-¡Lo sabía! ¡Yo soy Argentino!
-¡Ya veo!
-Era eso nomas.

¿Vieron lo que puse más arriba? Lo de “estaría bueno charlarle porque”. No es que me equivoqué al escribir. Es que para cuando me terminé de decir esa frase en la cabeza, ya me había olvidado porque carajo le quería hablar. Me di cuenta unos segundos después de que me dijo “Aha”. Imagino que el tipo habrá pensado que yo era un idiota… y hablando de imaginar…

Efecto Nueve: Imaginación del carajo.

El cannabis no es alucinógeno, no importa cuantos fasos te fumes, nunca vas a ver cosas, a menos que estés comiendo con cuchillo y tenedor una planta entera. Y la bajes con LSD. Lo que si tiene, sin embargo, es que la imaginación se multiplica. En un lugar lleno de fumones, los que no están comiendo, charlando o cagándose de risa, están con la mirada fija en un punto perdido, como si fuesen voluntarios de modelo vivo en un instituto de retardados. Si les decis “Che”, seguramente peguen un salto, te miren, y puedan continuar preparando el asado o cerrándole el pecho al paciente, pero lo importante es que si les preguntás en que pensaban, seguramente te dicen “No, nada”. Es mentira.

Una vez, en el subte, en el transcurso de 3 estaciones desarrolle un recurso literario. Hablo de algo tan avanzado que con solo escribir un update así, seguro que al toque vendría Saramago a casa a decirme “Me encantó lo que escribiste, Lupine” y yo le diría “Gracias, Saramago” y el me diría “No sabés quien soy, ¿no?” y yo le diría “Si, el mago malo del Señor de los Anillos” y ahí nos reiríamos y me dejaría tocar la orbe adivinadora con la que puede mirar a toda Tierra Media, o como la llama él, el “Premio Nobel de Literatura”.

¿Por qué no estoy haciendo eso? Simple. Me bajé del subte y me olvidé como era el recurso. De la misma manera me olvidé varios updates que escribí en mi mente tirado en la cama, tres proyectos con salida financiera inmediata y desarrollé la constante de Planck sin saber que ya existía. Esta, amigos mios, es la razón por la cual más allá de la música, no podemos adjudicarle a la marihuana algún avance en cualquier campo. Se te ocurren cosas discutiblemente geniales, pero o te las olvidás o nunca las llevas a cabo porque al rato…

Efecto diez: La weed nap.

Disculpen el anglicismo. Weed significa hierba y Nap significa siesta. “Siestita herbórea” no es tan cómodo como el ya mencionado término, así que lo seguiré llamando así. La Weed Nap ataca como un ninja en un eclipse. Afecta más a unos que a otros, pero todos la sentimos alguna vez. Conozco mucha gente que solo fuma para dormir mejor, es una lástima que no aprovechen todo lo demás, pero no deja dudas ante su efectividad al respecto.

La Weed Nap es parecida al bajón en el sentido que de repente, lo único que te importa es clavarte una siestita. Podés estar sentado en un sillón, tranquilo, charlando, y de repente se rompe el cielorraso y te cae en la pieza Mr. Sandman (Que es como el San Cayetano del nonito), pero que en vez de soplar de su mano arena que forma simpáticas letras Z en el aire, toma carrera y te parte un saco de arena en la cara. Desde ese instante solo tenés tiempo para pararte, decir “Chicos, no la hago” y buscar posición horizontal en los próximos segundos. La duración de la siesta es aleatoria. Capaz con media horita estás fresco como una lechuga que recién sale de la ducha. El otro día un amigo me dijo “Che, pintó la weed nap, me tiro un toque en tu cama”. Esto fue anteayer. Ahí se levantó y se fue a mear. Ahí se acostó de nuevo.





Estudio de caso:El fumón ante la vida cotidiana.

A veces, por como son las cosas de la vida, estás del ojete y te avisan que tenés que ir al correo a buscar un paquete, u alguna otra cosa que requiere cancelar tu plan de mirar Animal Planet como nunca lo habías visto antes. ¿Cómo reacciona el rastafario urbano?

Primero, te querés matar. La sensación es de infantil capricho, te recordás que en una hora van a pasar “Pocoyo aprende jugando” y ya habías separado unos bizcochos para la ocasión. Pero tomás coraje, ya que no todo está perdido. El fumón tiene en la nuca, muchas veces oculto por el cuello de la camisa o el pelo largo, un switch de Activo/Pasivo. Normalmente dicho interruptor está en Pasivo, se pasa solo cuando te sentás, acostás, o te hablan de laburo. Pero por momentos, si hacés las cosas sin pensar (que suele ser el caso) el switch se Activa y te encontrás haciendo un montón de cosas. La razón es simple: Como estás tan colgado para hasta pensar “Uh, que fiaca lavar los platos”, para cuando lo pensaste, ya los estás secando. Así que con la palanquita para arriba, agarrás las llaves de tu casa, vas a la puerta, salís, llaveas, te tomás el ascensor y de repente no sabés como estás en el subte. ¿Cuando pasó? Pero más importante… ¿Cómo carajo no me pasó algo en el camino?

Dadas anotaciones que hice al respecto en mi época de periodismo verdad, puedo asegurar que lo que ocurre es un proceso que nombré “Llamamelo a Tank”. No me parece absurdo asumir que la mayoría de los lectores vieron The Matrix. Mi padre, quien puede estar leyendo todo esto mientras llama al abogado para sacarme de la herencia, puede que no la recuerde bien y por eso le refresco la memoria. En dicha película, Keanu “Wow” Reeves llamaba al operador Tank y le pedía que le “suba” a la cabeza conocimiento absoluto sobre selectos temas. Cosas que solo especialistas saben hacer como Jiu-Jitsu, manejar helicópteros o abrir un paquete de pilas.

El fumón, cuando no está haciendo algo que requiere su absoluta atención como ponerle manteca al pancito o escribir un update, está colgado. Siempre. Como mecanismo de defensa, si el switch está en Activo, se corre en segundo plano del proceso de pensamiento una conversación constante entre la consciencia y un Tank imaginario, que no es otro que la proyección del individuo lúcido. Dejenme ponerles un ejemplo porque ni yo entendí la explicación.

Siguiendo el caso de llegar desde el depto al subte, lo que pasa en un rincón del cerebro es esto.

Lupine: Che Tank, estoy llegando a la esquina. ¿Que onda los semáforos?
Tank: Es fácil. Rojo es quedate ahí. Verde es cruzá.
Lupine: ¿Seguro? Mirá que los autos pasan y está en rojo.
Tank: Vos tenés que mirar a los hombrecitos, drogón, no al semáforo que está para los autos.
Lupine: Jajaja que boludo. Ta. ¿Cruzo ahora?
Tank: Si, porque cambió.
Lupine: Ok… por ahora todo bien. Para… creo que voy a chocar una vieja.
Tank: Correte.
Lupine: Ahí va… me mandé un poco a la calle pero ya volví a la vereda, ¿ta bien?
Tank: … si.
Lupine: Ok, te llamo en un toque si pasa algo.

Lupine: Tank
Tank: No me llamo Tank. Soy tu versión sobria. Ni me tendrías que “llamar”.
Lupine: Tank
Tank: Que pasa.
Lupine: Está la boca de subte acá, hay UN MONTÓN de escalones. ¿Como decís que la baje?
Tank: Es una caida controlada, asegurate que siempre haya al menos un pie sosteniendo el cuerpo.
Lupine: Te estoy jodiendo Tank.
Tank: ¿Y que hacés en el piso?
Lupine: Me tropecé, pelotudo. ¿Por que nunca me hablaste de estas mierdas que tengo en las zapatillas? ¿Cuanto le doy a la cajera?
Tank: Te dije que te ates los cordones antes de salir. Fijate que tenés un peso en el bolsillo derecho del jean, daselo, agarra el pasaje y la moneda de 10 centavos de vuelto.
Lupine: Ok. En cuanto a lo otro, también me dijiste que la respuesta a “¿Quiénes son esas trolas que agregas a Facebook?” era “Vos sos la mas trola, amor”. Mirá, puse el pasaje en la máquina sin que me digas nada.
Tank: ¡Te entendí “Diosas”, no “Trolas”!
Lupine: …¿En serio?
Tank: …no, imbécil, hablamos en tu cabeza, no te podés malinterpretar. Metete en el subte y escuchá música hasta llegar a combinación con 9 de Julio, haceme el favor.
Lupine: Oki.

Lupine: Tank
Tank: Que querés.
Lupine: Este tema es UNA MASA

Esto sigue hasta llegar al correo, charlar con el empleado, recibir el paquete, pasar por el kiosco para comprar un alfajor, volver a casa, volver al kiosco a buscar el alfajor que te olvidaste, volver al correo a buscar el paquete, y volver a casa, donde el interruptor baja solito a Pasivo y te sentás a ver el weather channel. Nunca abriste el paquete. Después de la siesta lo vas a encontrar y vas a pensar “Que grande el Lupine Fumón del Pasado, siempre dejándome cosas”. Solo que, bueno, con tu nombre.
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