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5 argumentos de quienes se oponen a las vacunas desmentidos








  • Para muchos, las vacunas han sido uno de los mayores avances en materia de salud de los últimos años. Han ayudado a erradicar enfermedades que en un pasado parecían imparables y juegan un papel importante en el aumento de nuestra expectativa de vida.

  • Para otros, sin embargo, las vacunas son nocivas. No sabemos si se debe a una mayor exposición en los medios, o si la cantidad de gente que sigue esta línea de pensamiento realmente está en aumento, pero cada vez más este argumento se repite.

  • Para estas personas, las vacunas no solo no son tan efectivas para curar enfermedades, sino que las causan. Quienes adhieren a este movimiento, que incluso cuenta con el apoyo de muchas celebridades, se niegan a vacunar a sus hijos y es allí que la controversia se dispara.

  • Veamos cuáles son los argumentos que los «antivacunas» esgrimen en contra de esta práctica... Y por qué la ciencia asegura que no tienen la razón.



5. «Las vacunas provocan autismo»



  • Este es uno de los argumentos más populares en el movimiento antivacunas. Sus miembros aseguran que, cuando se introdujo en Estados Unidos la vacuna conocida como triple viral (o SPR) los casos de autismo aumentaron. Sin embargo, para esta afirmación solo se basan en estos dos datos y no toman en consideración otros factores (como el aumento de la población o la edad promedio de diagnóstico).

  • Varios estudios científicos, que sí consideran estos factores, no han podido encontrar una relación entre el autismo y las vacunas. Quizás el argumento más terminante sean los números observables en Japón, donde la triple viral se eliminó del cronograma de vacunación y luego se volvió a introducir, sin observarse una relación entre este hecho y los casos de autismo.



4. «Las vacunas ya no son necesarias»



  • Hay quienes sostienen que, como muchas de estas enfermedades ya han sido erradicadas en algunos de los países más desarrollados, sus habitantes no necesitan vacunarse. Este argumento, sin embargo, refleja un conocimiento muy escaso de cómo funcionan las epidemias y las vacunas.

  • Si la población no estuviera vacunada, bastaría con un solo caso para revivir una epidemia y, en un mundo tan conectado como el nuestro, las fronteras no significan nada para las enfermedades. De hecho, en los últimos años se han dado en Estados Unidos brotes de sarampión que muchos atribuyen al crecimiento del movimiento antivacunas.

  • Más allá de si esta es realmente la razón de estos brotes epidémicos, su aparición es prueba de que ningún país está a salvo de estas enfermedades mientras no se hayan erradicado completamente.



3. «Las vacunas no son efectivas y la reducción de estas enfermedades responde a mejores condiciones sanitarias»



  • No vamos a negarlo, la mejora en las condiciones sanitarias, así como el avance en la calidad del tratamiento médico proporcionado, han ayudado muchísimo en la erradicación y reducción de la incidencia de muchas enfermedades en las últimas décadas.

  • Sin embargo, ese reconocimiento no niega la efectividad de las vacunas. Basta observar la evolución de la tasa de morbilidad (proporción de personas que enferman en un sitio y tiempo determinado) de estas enfermedades y compararla con la introducción de sus respectivas vacunas para hacerse una idea de la verdadera importancia de este tratamiento.



2. «Las vacunas contienen sustancias tóxicas»



  • Los detractores de las vacunas sostienen que estas contienen productos tóxicos como mercurio, sodio o formaldehído. Aunque es verdad que las vacunas contienen estas sustancias, se están obviando algunos hechos importantes.

  • Principalmente, la toxicidad de un elemento está muy relacionada a su dosis. La leche (incluyendo la materna) suele incluir bajos niveles de mercurio y no por eso deja de consumirse. El formaldehído, por su parte, está presente en alimentos como bananas, peras, hongos y papas. La clave está en las cantidades ingeridas y las contenidas en las vacunas están muy por debajo de los niveles que serían considerados tóxicos.



1. «Los efectos secundarios de las vacunas son peores que las enfermedades que dicen prevenir»



  • Este es otro argumento muy popular. Sostiene que los efectos secundarios de las vacunas son de tal magnitud e incidencia que es preferible arriesgarse a la ínfima posibilidad de contraer una de las enfermedades de las que se supone te protegen.

  • No negaremos que algunos tipos de vacunas (aunque no todos) pueden causar efectos secundarios. Sin embargo, en la abrumante mayoría de los casos estos efectos secundarios no solo no son graves, sino que pueden ser una señal de que la vacuna está funcionando.

  • Una excepción a la regla es la vacuna oral del polio que, en muy pocos casos, puede terminar en efectos secundarios graves. Sin embargo, esto sucede en solo 1 en 2.5 millones de casos y, gracias a esta vacuna, el polio ha pasado de ser una de las enfermedades más temidas y responsable por la parálisis de cientos de miles de niños al año, a estar presente en tan solo 2 países y extremadamente cerca de la erradicación.



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