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6 cosas "imposibles" que la ciencia puede lograr





“Los imposibles de hoy serán posibles mañana”, sentenció el físico ruso Konstantin Tsiolkovski, un pionero de la astronáutica que a principios del siglo XXI vislumbró vuelos espaciales y viajes interplanetarios. Gracias a las teorías de este defensor de la vida extraplanetaria, el astronauta Yuri Gagarin se convirtió en 1961 en el primer hombre en orbitar la Tierra.

También gracias a la imaginación es que Sigfrido, en El cantar de los nibelungos, se pone una capa que lo vuelve invisible; que H.G. Wells pudo recrear en La máquina del tiempo un viaje al futuro, o que Charles Xavier, el profesor mutante de X Men, puede leer la mente de sus enemigos.

La imaginación crea imposibles que perviven en los cuentos o la ciencia ficción, pero es también ella la que los coloca en la arena del pensamiento y el camino para hacerlos realidad. Muy pronto será posible pasar desapercibido poniéndose una mantilla encima, predecir los estímulos de la mente de un individuo, o detener o revertir el envejecimiento de manera indefinida. Los imposibles de ayer serán posibles hoy, gracias a la ciencia.

Para muestra traemos 6 imposibles que la ciencia puede lograr:


  • 1. Invisibilidad




Griffin, el científico que protagoniza la novela de ciencia ficción de H. G. Wells El hombre invisible, dedica parte de su vida a encontrar la fórmula de la invisibilidad, pagando el precio de la locura. Otros, como Susan Storm, la rubia despampanante de Los cuatro fantásticos, la encuentra por casualidad al quedar expuesta a una radiación cósmica que la hizo capaz de desviar la luz y ser imperceptible ante los ojos.

Para entender la invisibilidad, primero hay que entender cómo vemos. Todo lo que nuestros ojos perciben no es más que la luz que los objetos reflejan. Lo explica mejor Erick Ulin, ingeniero mexicano que forma parte del grupo de Xiang Zhang, uno de los principales desarrolladores de metamateriales de la Universidad de California en Berkeley, Estados Unidos: “El color verde, los edificios, los colores, todo es una especie de respuesta a la luz que ha interactuado con un objeto, pero si no interactúa, no lo vas a ver”.

Las nubes, las paredes, los árboles; todo interviene la reducción de velocidad que toma la luz cuando choca contra ese objeto, es decir, el índice de refracción. Cada material conocido tiene un índice de refracción positivo y diferente, y por él, vemos lo que vemos.

Del material que la luz toque dependerá la velocidad con la que ésta se propagará. Por ejemplo, en el agua –y en los líquidos y gases en general, porque los átomos están más separados y es más sencillo que entre la luz– los objetos sumergidos parecen distorsionarse. O al mirar a lo lejos la orilla de la carretera, el horizonte parece que “humea” porque el aire al estar cerca del pavimento se calienta, disminuye su densidad, cambia su índice de refracción y crea un efecto diferente al pasar la luz. En realidad, ni el objeto sumergido en el agua se curvea ni la carretera se evapora: lo que estamos viendo es el trayecto de la luz.


  • 2. Viajar en el tiempo

A pesar de las paradojas, el diseño de la máquina que nos podría llevar al pasado o al futuro ya está en la cabeza de los científicos. ¿Quién no querría regresar al pasado o conocer el futuro? Más de un científico defiende que tarde o temprano encontraremos la solución para viajar en el tiempo, asegurando que se trata sólo de un sencillo problema de ingeniería que puede atacarse desde dos vías: construyendo una máquina, o reconstruyendo el espacio- tiempo. La primera pregunta que debe hacerse todo aspirante a turista del tiempo es: ¿a dónde quiero dirigirme: al pasado o al futuro?

Digamos que nos gustaría viajar al pasado. Hasta principios del siglo XX, los físicos, fieles a las leyes de Newton, pensaban que el tiempo se movía rígidamente como una flecha, a lo largo de una trayectoria recta y constante. Pero llegó Albert Einstein y demostró que el tiempo se parece más al fluir de un río. En su teoría de la relatividad general expuso que el tejido del espacio-tiempo puede distorsionarse por la gravedad que producen materia y energía.

En 1949, al examinar las ecuaciones de Einstein, el matemático Kurt Gödel discurrió que el río del tiempo siempre sí podría desviarse hacia un mar, llamado “curva temporal cerrada”. Otros científicos, como Kip Thorne, del Instituto Tecnológico de California, también dedujeron de estas ecuaciones la posibilidad de “doblar” el espacio-tiempo para crear “agujeros de gusano”, portales que teóricamente permitirían trasladarse en dos sentidos a través del tiempo y el espacio, e incluso llegar antes de haber salido. Hoy resulta que los agujeros de gusano teóricamente existen en la escala cuántica y, de acuerdo con el físico Stephen Hawking, algún día sería posible “inflarlos” de manera que quepa un humano, o una nave.

Además de las dificultades técnicas –como requerir una gran cantidad de materia y energía negativas, que forman parte de la hipotética “materia exótica”–, los viajes al pasado plantean algunas contradicciones o paradojas. Sumadas a la más conocida –la “paradoja del abuelo”, que en cualquiera de sus versiones implica el riesgo de impedir el nacimiento de nuestro padre (con lo que estaríamos anulando la posibilidad de nuestra existencia)–, hay otras paradojas no menos extravagantes. Supongamos que Hawking viaja al año 1899, conoce a Einstein seis años antes de la publicación de su teoría de la relatividad especial y le muestra las ecuaciones que lo harían famoso, antes de que él siquiera estuviera trabajando en la velocidad de la luz. O todavía peor, que revelara ese trabajo al matemático Henri Poincaré, que estuvo cerca de descifrar el problema...

Ante tales inconsistencias, el propio Hawking ha argumentado que, en principio, “las leyes de la física conspiran para evitar los viajes en el tiempo, en una escala macroscópica”. Otros investigadores piensan diferente; como Ronald Mallett, de la Universidad de Connecticut, quien sostiene que incluso existiendo la posibilidad de cambiar el pasado, “uno no cambiaría el pasado de nuestro universo, sino el de algún universo paralelo”. Esta teoría de los universos múltiples, con fuerte sustento en la física cuántica y la teoría de cuerdas –en que las partículas o puntos son en realidad filamentos–, es muy relevante para Mallett, quien ya tiene el diseño e una “máquina del tiempo” cuya construcción tardaría un decenio.


  • 3. Telepatía


La decodificación neuronal abre las puertas para leer el pensamiento. En general, los investigadores en neurociencias y tecnologías de cómputo coinciden en que la verdadera forma de “leer la mente” es interpretando las señales de nuestro cerebro, y en los últimos años se han realizado interesantes avances desde una perspectiva llamada “telepatía sintética”.

Hoy, con ayuda de aparatos de electroencefalografía, resonancia magnética funcional, programas de cómputo, e incluso electrodos y chips, los científicos han observado los cambios que produce la comunicación en la actividad neuronal de sus voluntarios, para traducirlos en señales. Esto ha permitido la telepatía mediada por computadora.

Un ejemplo ahora clásico es el del sistema Audeo, presentado hace un par de años por la compañía Ambient. Este sistema tiene una interfaz humano-computadora para comunicarse sin hablar. Un sensor inhalambrico colocado en el cuello captura la actividad neurológica que envía el cerebro a las cuerdas vocales y luego la digitaliza para convertirla en habla, o bien, la evía a un teléfono celular mediante tecnología bluetooth. Aunque su vocabulario todavía es limitado, los investigadores esperan ampliarlo hasta que sea capaz de decodificar y transmitir una conversación estándar.


  • 4. Teletransportación



A pesar de las paradojas, el diseño de la máquina que nos podría llevar al futuro ya está en la cabeza de los científicos. En Star Trek, teletransportarse implicaba desmaterializar un objeto o persona en un lugar para enviarlo y reconstruirlo en otro. Esta tecnología se convirtió en una realidad teórica en 1993, cuando un equipo dirigido por el físico Charles Bennett confirmó su posibilidad. Conocida como “transporte del estado cuántico”, es hasta hoy la opción más viable de teletransportación. Consiste en desmaterializar un objeto en un punto, y enviar la información de su configuración atómica precisa a otro lugar, donde se reconstruye. Se basa en un notable fenómeno cuántico llamado “entrelazamiento”, que sólo se produce en la escala atómica y subatómica. Una vez que dos objetos están en este estado, sus propiedades son las mismas, y medir cualquiera de los objetos determina instantáneamente las características del otro sin importar cuán lejos esté.

Desde entonces, los avances han sido asombrosos. Los primeros experimentos, realizados por físicos del Instituto Tecnológico de California en 1998, consiguieron apenas teletransportar un fotón (la partícula que transporta la luz). En 2002, otro equipo de físicos de la Universidad Nacional Australiana pudo teletransportar todo un haz de láser. Para 2004, investigadores austriacos y estadounidenses lograron hacer lo mismo con un átomo, y en 2006, en el Instituto Niels Böhr de Dinamarca teletransportaron información almacenada en un rayo láser hacia una nube de átomos.


  • 5. Telequinesis


Mover objetos con la mente es sólo cuestión de neurotecnología. Mediante la lectura de las señales neuronales, y el uso de chips y programas para traducirlas en acción, los científicos ya han conseguido que se pueda controlar, con el pensamiento, aparatos sencillos o una extremidad protésica.

Así funciona: se insertan electrodos en el cerebro que registran la actividad neuronal y transmiten la señal a una computadora, que la traduce en el movimiento de un mecanismo externo. Así, los pacientes aprenden a controlar, por ejemplo, el cursor de una pantalla.

En 2004, la compañía Cyberkinetics Neurotechnology Systems, surgida de la Universidad de Brown, en Estados Unidos, enroló a su primer paciente en una prueba clínica para su sistema Brain Gate. Hoy, este hombre que quedó paralizado tras recibir una puñalada en el cuello puede revisar su correo electrónico, cambiar de canal al televisor, encender la luz, jugar videojuegos e incluso mover una mano robótica. Todo con el poder de su mente y un chip (en esencia, una placa de dos por dos milímetros con cien electrodos, conectada por un cable a una conexión que sale de la parte superior de su cabeza).

  • 6. Inmortalidad


Mientras aprendemos a administrar la vejez, ya se pueden cultivar órganos de repuesto. En 2002 concluyó un estudio en Islandia con un anuncio asombroso: la identificación de un gen responsable de favorecer una vida larga y saludable en 1,200 personas mayores de 90 años. El llamado “gen Matusalén” se investiga hoy para imitar su funcionamiento en fármacos para extender la vida. Los humanos han soñado con la inmortalidad desde tiempos inmemoriales; ahora, con el avance del conocimiento biológico algunos científicos piensan que podría estar al alcance.

El más famoso es el doctor Aubrey de Grey, investigador independiente de Cambridge, Inglaterra, quien afirma que la tecnología antienvejecimiento podría ser atestiguada por muchos de nosotros. él sugiere dos maneras de enfrentar el proceso de deterioro: administrarlo, para reducir su avance y compensar sus consecuencias; o bien, aceptar que es inevitable y llevar nuestro cuerpo regularmente a servicio para reemplazar las piezas desgastadas.

Una forma de reemplazo es creando órganos de repuesto, como hace el médico Anthony Atala, pionero en una técnica casi novelesca. Utiliza unas pocas células de un órgano enfermo, las cultiva y coloca por capas en una matriz tridimensional. La multiplica en una incubadora y listo: un órgano para trasplantarse. Hacia 2006, su equipo ya había implantado con éxito vejigas cultivadas de este modo, y ahora experimenta con la posibilidad de construir órganos más complejos como riñones o corazones.

Si bien es difícil pronosticar una fecha para que esto se haga realidad, el director del Instituto para la Medicina Regenerativa de la Universidad de Wake Forest ha expresado que espera poder tener avances significativos en 10 o 20 años, aunque “siempre es importante que estas tecnologías se realicen con calma, cuidado y conciencia”.

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