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Algo increíble del ser humano.

En algún momento de la evolución humana, nuestros antepasados más lejanos empezaron a perder el pelo que cubría la mayor parte de su cuerpo, característica que hasta entonces tenían en común con la mayoría de los mamíferos. Y por irrelevante que pueda parecer millones de años después, este hecho nos dio una ventaja ante otros depredadores.



En las horas centrales del día, cuando más calor hace, los animales que no encuentran un refugio sólo pueden refrescarse de una forma: jadeando. Esta es una manera de rebajar la temperatura corporal, como bien sabe cualquiera que comparta su vida con un perro.



Sin embargo, los cuadrúpedos no pueden jadear cuando corren rápido, de manera que en condiciones de mucho calor su rendimiento se limita a distancias muy cortas. Por eso los sprints fabulosos de los grandes felinos actuales en la savana africana, por ejemplo…

Un animal cuadrúpedo puede correr a gran velocidad sus buenos 10-15 minutos. A más tiempo, su organismo empieza a acusar un exceso de calor del que no pueden desprenderse en movimiento. Los homínidos, en cambio, sí, a través de otro mecanismo fisiológico para refrescarse: sudar.



Al carecer de pelaje, el aire recorre libremente nuestra piel y hace que el agua que expulsamos se evapore, llevándose consigo parte de nuestro calor corporal, percibiéndose como una sensación refrescante. Algunos antropólogos evolutivos piensan que esta característica le dio a nuestros antepasados la posibilidad de batir sus presas de una forma que podría describirse al menos de peculiar: hablamos de la caza por persistencia. O correr tras la presa hasta que ésta muera de agotamiento. Porque… en el Reino Animal, somos los campeones absolutos en carreras de larga distancia.

Ilustremos esta teoría con un vídeo que muestra una escena de caza de los bosquimanos actuales en el Kalahari. No es cualquier vídeo, es un extracto de un documental que en su versión original está narrado nada más y nada menos que por David Attenborough (voz y figura inconfundible) y es una joya de siete minutos de duración. Muestra a un grupo de hombres que durante ocho horas persiguen un antílope. Son un grupo de cazadores, seguramente los más fuertes de su tribu, pero no por ello de condiciones atléticas equiparables. Uno de ellos es "El Corredor”, que se distingue de sus compañeros por su resistencia física. Este hombre, en un momento dado, se descuelga del grupo y toma la delantera, confiando la alimentación de su clan, sin él saberlo, en la ventaja evolutiva de su bipedismo y su piel sin pelo. El vídeo resume perfectamente las condiciones que aquí explicamos: día caluroso, espacios abiertos en los cuales es difícil refugiarse, hombre sudando copiosamente y muchísimos kilómetros recorridos (demasiados para un cuadrúpedo).



"Correr en dos patas es mucho más eficiente en las distancias largas que correr sobre cuatro."

Además...

"El hombre tiene las manos libres para llevar consigo agua y reponer los líquidos que pierda en la transpiración."

Correr nos hizo humanos; correr hizo del Homo Sapiens (hombre inteligente) lo que es hoy. Corriendo pudimos dar caza a presas que de otra forma serían muy difíciles de conseguir y así, hace dos millones de años, los homínidos tuvimos acceso a otras fuentes de alimentación que ayudarían a modelar nuestra fisonomía y la fisiología de nuestro cuerpo, incluyendo el cerebro.

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