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Asombrosa adaptación permite a un lagarto “ver” con su piel



La extraordinaria capacidad para cambiar de color que tienen algunos animales, es un fenómeno muy conocido y admirado por todos. Entre los seres más populares que han desarrollado esta habilidad, sin dudas, los lagartos ocupan un lugar privilegiado, por lo que son foco continuo de investigaciones por parte de los científicos. No solo para comprender como lo hacen, sino también para desarrollar materiales sintéticos basados en los mismo principios.



Detalles del experimento



El experimento fue desarrollado por un equipo de investigadores del zóologo Domenico Fulgione y fue publicado en la revista Journal of Zoology. Allí se emplearon varios ejemplares del Gecko morisco, una especie de salamanquesa cuyo nombre científico es el de Tarentola mauritanica.

Este lagarto, como muchos de sus parientes, tiene una extraordinaria capacidad para cambiar de color y mimetizarse con su entorno, lo cual le evita problemas ante posibles depredadores en su hábitat y enviar señales de advertencia territorial a otros de su misma especie.



Para determinar si la visión era imprescindible para detectar el color del entorno y mimetizarse, en el experimento, los investigadores optaron por vendar los ojos de los lagartos, comprobando que aún así, eran capaces de cambiar de color y camuflarse con la superficie donde se encontraban.

Pero la experiencia fue más allá y esta vez, se repitió el experimento vendando el torso en lugar de la cabeza de los geckos, pudiendo comprobar que de esta manera, el camuflaje sí fallaba. O sea que a pesar de ver perfectamente bien, con sus flancos cubiertos eran menos eficaces al momento de mimetizarse que aquellos que no tenían ninguna venda o que tenían los ojos vendados.



“Ver” con la piel



Obviamente, este resultado desconcertó al equipo de zoólogos, por lo que olbigadamente se investigó a fondo sobre la piel de estos animales. De esta manera, descubrieron que la piel de estos animales estaba repleta de opsinas, proteínas muy sensibles a la luz, esenciales en el proceso de la visión en los animales, pues se activan al recibir luz y mediante reacciones químicas, envían señales al cerebro.

La concentración de opsinas en la piel, sobre todo en los melanóforos, células llenas de pigmentos oscuros encargadas de los cambios de coloración, puede provocar una respuesta a los niveles de iluminación del entorno y ajustar el color del lagarto, incluso si este es incapaz de ver con sus ojos, ya que, como bien se podría decir, también “ven” con su piel.

Cómo es que ésto ocurre o si se trata de un proceso independiente o no del cerebro, entre otras preguntas, aún son misterios que quedan pendientes de resolver. No obstante, lo que sí parece quedar claro es que la “visión” de la piel de estos lagartos es más importante que la propia visión a través de los ojos a la hora de desplegar un camuflaje efectivo.










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