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Batalla de Saipán [Segunda Guerra Mundial]





La batalla de Saipán fue un combate situado dentro del marco de la Guerra del Pacífico, correspondiente a la Segunda Guerra Mundial, librado en la isla de Saipán entre el 15 de junio y el 9 de julio de 1944.

La 2° y la 4° División de Marines, junto con la 27° División de Infantería, constituían las fuerzas militares puestas bajo el mando del teniente general Holland Smith. Éstas conseguirían derrotar a la 43° División del Ejército Imperial Japonés, bajo el mando del teniente general Yoshitsugu Saito.



Los bombardeos sobre Saipán, en los que participaron quince acorazados, comenzaron el 13 de junio de 1944. Se dispararon, aproximadamente, un total de 165 000 proyectiles.

En un principio, siete acorazados rápidos modernos lanzaron 2400 disparos con cañones de 16 pulgadas (400 mm.), aunque tuvieron que permanecer a casi 11 km de la costa para evitar los previsibles campos de minas dispuestos por Japón. Además, la tripulación de los buques no poseía experiencia en el bombardeo costero.

Al día siguiente, ocho acorazados anteriores a Pearl Harbor y once cruceros bajo el mando del almirante Jesse B. Oldendorf reemplazaron a los acorazados rápidos. No obstante, la escasez de suministros y municiones comprometieron la eficiencia de su tarea.



El día 15 de junio de 1944, a las 09:00 horas, más de 300 LTV tomaron tierra, dejando a 8000 marines en la costa occidental de la isla de Saipán. De esta manera, la operación que había comenzado un par de horas antes, y que había costado la destrucción de 20 tanques anfibios gracias a la preparadísimas baterías de artillería japonesa, empezaba a dar sus frutos. A la caída de la noche, las divisiones 2.ª y 4.ª de Marines habían conseguido establecer una cabeza de playa de aproximadamente 10 km que penetraba hasta 1 km hacia el interior insular.

El contraataque japonés se produjo cuando ya había entrado la noche, aunque sería repelido, sufriendo, eso sí, muchas bajas. El 16 de junio, unidades de la 27.ª división de infantería de Estados Unidos desembarcarían en la isla, y comenzarían el avance sobre el aeropuerto Aslito. Nuevamente se produciría un contraataque nocturno, que de nuevo fracasaría. Finalmente, el 18 de junio, Yoshitsugu Saito, el comandante japonés, abandonaría el aeropuerto.

La invasión de Saipán sorprendió a los japoneses, que esperaban que el ataque se produjera mucho más al Sur. El almirante Soemu Toyoda, comandante en jefe de la Armada Imperial Japonesa, vio una oportunidad para poner en acción su fuerza aeronaval y atacar a la Armada de los Estados Unidos, poniendo en marcha la llamada Operación A-Go, que se llevaría a cabo el 15 de junio.



El resultado sería la batalla del Mar de Filipinas, un auténtico desastre para los japoneses, que perdieron tres portaaviones y cientos de aeronaves. Como consecuencia, las guarniciones que defendían las islas Marianas perderían toda esperanza de recibir refuerzos y suministros, con lo que Japón perdía toda esperanza de vencer en Saipán.

Pese a la desesperada situación, los japoneses estaban decididos a luchar hasta el último hombre, de manera que Saito reorganizó sus tropas, disponiéndolas en una línea defensiva a lo largo del monte Tapotchau, confiando en la desventaja ofensiva que supone el terreno montañoso del interior de la isla. Los apodos que los estadounidenses pusieron a los puntos calientes del combate ("Hell's Pocket",3 "Purple Heart Ridge"4 o "Death Valley"5 ) muestran la crudeza de la batalla que tuvo lugar.

Los japoneses trataron por todos los medios de retrasar el avance estadounidense, valiéndose para ello de la multitud de cavernas y cuevas que ofrecía la orografía volcánica, y que servían de escondite diurno donde esperar a la caída de la noche, momento que aprovechaban para realizar incursiones y desgastar al enemigo. Esto provocaría que el ejército estadounidense cambiara de estrategia, desarrollando tácticas que contrarrestasen la guerra planteada por Japón. De esta manera, utilizarían unidades dotadas de lanzallamas apoyadas por la artillería y cubiertas por ametralladoras para despejar los escondites enemigos. Cabe destacar la utilización del Código Navajo por los operadores de radio, que posibilitaron la impermeabilidad de las comunicaciones del ejército de Estados Unidos, pues no podían ser interpretadas por los japoneses.



Cuando la derrota japonesa ya era inminente, multitud de civiles se suicidaron, fruto de la propaganda que el gobierno nipón había hecho y que mostraba a los estadounidenses como bárbaros y salvajes que torturarían, violarían y asesinarían a la población no beligerante. Los esfuerzos de los estadounidenses para detener los suicidios masivos fue, en su mayor parte, inútil. Destaca la intervención del Guy L. Gabaldon, soldado de origen mexicano, que consiguió convencer y capturar a más de 1000 japoneses de que los estadounidenses no eran bárbaros, evitando así muchos suicidios. Por sus acciones Gabaldon fue condecorado con la Cruz de la Armada.

El capitán nipón Sakae Ōba resistiría en las montañas, junto con 46 hombres, hasta el 1 de diciembre de 1945, fecha en la que se rindieron por la orden expresa del antiguo general de división Umahachi Amo, comandante de la 9.ª Brigada Mixta Independiente durante la batalla de Saipan.



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