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Cabezas reducidas: ¿Realidad o ficción?

Seguro que te han llamado la atención alguna vez: cabezas pequeñas y ennegrecidas, rostros espantosos y miniaturizados suspendidos en una mueca de cera, cubiertos a su vez por una espesa mata de pelo… pero ¿Son de verdad o son quizá una leyenda urbana?


Los jíbaros

Si en alguna ocasión decides realizar un viaje realmente exótico, acércate al altiplano de Ecuador, muy cerca de las fuentes del Amazonas. Allí te hablarán del pueblo de los Shuar, y en especial de los Jíbaros, que es el nombre que los españoles dieron a esta tribu feroz y temible. Y sí… reducen cabezas. Cuando un guerrero alcanza la victoria luchando contra su enemigo no duda en cortarle la cabeza para obtener su trofeo, y no solo eso, realizar esta práctica les asegura que el espíritu del fallecido –el muisak- no va a osar volver del mundo de los muertos para vengarse, su oscura alma quedará para siempre encerrada en su propia cabeza.



¿Y cómo conseguirlo? ¿Cómo conseguir que el muisak no salga de su cabeza? Muy sencillo, reduciéndola. Haciéndola más pequeña mediante un proceso llamado “Tsanta”, una receta compleja y extraña que, efectivamente, logra obtener esos rostros diminutos que la cultura popular y el cine ha traído hasta nosotros.




El proceso del Tsantsa

No se trata de una receta de cocina, pero los expertos conocen paso a paso este proceso de los Jíbaros para tener controlada el alma de sus enemigos, así que toma nota por si en alguna ocasión te fuera de utilidad –esperemos que no-. Te advertimos también que si tienes el estómago algo sensible, no leas la siguiente explicación…



1. Lo primero, y como es normal, el Jíbaro deberá cortar la cabeza de su enemigo.

2. Con un cuchillo bien afilado realizan un corte en la nuca, para después, extraer toda la piel, además del cerebro, los ojos, los huesos y cualquier tejido blando.

3. El siguiente paso es sumergir la cabeza en agua hirviendo, ahí donde antes han introducido jugo de liana y otras hojas especiales de su tierra que provoca la caída del pelo. Lo dejan en el líquido aproximadamente veinte minutos, evitando que se pudra.

4. Cuando sacan la cabeza del agua, el proceso ya ha tenido lugar: el tamaño se ha reducido a la mitad. Es el momento entonces en que retiran los restos de carne para evitar el mal olor, frotándola además con aceite de carapa.

5. Ahora viene el paso más artesanal, los Jíbaros cosen los ojos y la boca, introduciendo en su interior arena caliente. El siguiente paso será colgarla sobre el fuego para que se deseque, dejando que el humo se introduzca mientras van dándole forma con una piedra caliente… todo esto hace que la cabeza se reduzca aún más y más…

6. Ahora añaden el pelo, siempre negro, al igual que la piel, se cose toda apertura consiguiendo que el alma del fallecido no salga jamás para afilar su venganza, de ese modo la tribu de los Jíbaros puede descansar tranquila…

Si eres de esas personas con gustos excéntricos podemos decirte que existe un comercio espectacular por conseguir estas cabezas reducidas, tanto es así que muchísimos coleccionistas occidentales pagan increíbles cantidades de dinero por estos “objetos”, provocando que se cree un comercio de los llamados “headhuntings”…




Espero que les haya gustado el post!
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