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Calamar Gigante, el verdadero Kraken (megapost)





La viva imagen del «kraken»


La primera filmación de un «Architeuthis dux», obtenida en Japón, abre una ventana al universo misterioso del calamar gigante, que tiene en Asturias uno de sus principales refugios mundiales







LUIS MARIO ARCE El «Architeuthis dux», el calamar gigante, una de las criaturas más enigmáticas del mar, ha sido capturado, al fin, por las cámaras en su hábitat natural, las profundidades preabisales. Las imágenes, que se estrenan hoy en Estados Unidos (a España llegarán en febrero), son fruto de la constancia de un científico, el japonés Tsunemi Kubodera, del Museo Nacional de Ciencias de Japón, quien, en 2004, ya consiguió las primeras fotos del mítico «kraken» lanzando una cámara a 900 metros de profundidad (la grabación de video, realizada en julio de 2012, se tomó a 600 metros; luego, un sumergible siguió al molusco otros 300 metros hacia el fondo). El video de Kubodera marca un hito y corona con éxito una búsqueda, la del testimonio documental de un «Architeuthis» vivo, en la que previamente fracasaron numerosos equipos técnicos y científicos de primera línea provistos de los últimos adelantos tecnológicos de grabación en grandes profundidades (sometidas a fuertes presiones y envueltas en la oscuridad), entre ellos el encargado del «Proyecto Kraken» que se llevó a cabo en Asturias en 2001 y en 2002, y que no logró dar con el «Architeuthis», aunque sí produjo interesantes hallazgos recogidos en un documental que la productora Transglobe Films estrenó en 2004 en La 2 de Televisión Española (TVE). Las probabilidades de éxito del «Proyecto Kraken» eran elevadas con respecto a las tentativas desarrolladas en otras localizaciones, ya que el Cantábrico asturiano es uno de los principales «hotspots» («puntos calientes») del globo en lo que respecta a la presencia de calamares gigantes, constatada siempre por medio de la aparición de ejemplares muertos o moribundos, ya sea varados, atrapados en artes de pesca, extraídos del contenido estomacal de cachalotes o descubiertos a la deriva en la superficie. Ver vivo al «Architeuthis dux» se antojaba una empresa casi imposible. Ahora se ha abierto una ventana a su misterioso mundo, que, de momento, ha permitido saber qué aspecto tiene en vida; su piel presenta un color grisáceo y, según destaca Kubodera, «brilla».
El «Architeuthis» ha fascinado a los hombres desde antiguo. Sus colosales dimensiones (hasta 22 metros de longitud total -la mayor parte correspondiente a sus brazos- y media tonelada de peso) y lo remoto de su hábitat lo envolvieron en un halo mítico que se ha preservado, pues sigue siendo casi tan desconocido ahora como en la Antigüedad y en la Edad Media, cuando su identidad era la de un monstruo que destruía barcos y devoraba hombres. Sabemos muy poco sobre estos cefalópodos y, hasta ahora, todos los datos procedían del examen de ejemplares muertos. Las imágenes de Tsunemi Kubodera constituyen un documento de excepcional valor científico para comprender mejor su forma de vida, pues lo muestran en movimiento y en acción: aparece alimentándose de otro calamar, un cebo seleccionado atendiendo a sus preferencias, según lo que se sabe de su dieta a través del estudio de contenidos estomacales, en los cuales, al lado de otras especies de cefalópodos, aparecen ciertos peces de profundidad.
La anatomía es el aspecto mejor conocido de los calamares gigantes. Los «Architeuthis» se distinguen de otros grandes cefalópodos por la conjunción de una serie de caracteres: la gran longitud de sus tentáculos (que superan entre 2,5 y seis veces la del manto -entre cinco y seis metros-), la disposición longitudinal de dos filas de ventosas y almohadillas a lo largo de los mismos, la estructura peculiar de la unión entre el manto y el sifón, el pequeño tamaño de sus aletas y la ausencia de órganos luminiscentes (fotóforos). También posee los ojos más grandes del reino animal, del tamaño de un plato llano (27 centímetros de diámetro), que le permiten captar la escasísima luz que llega hasta las tinieblas en donde habita y en las que necesita tanto encontrar presas como evitar a su principal depredador, el cachalote, con el que sostiene luchas titánicas, a juzgar por las frecuentes cicatrices en la piel del cetáceo producidas por las extremidades del calamar.
El retrato robot que hoy podemos dibujar de este cefalópodo lo representa como el mayor invertebrado viviente en cuanto a peso, con un máximo registrado de 450 kilos (otro calamar, «Mesonychoteuthis», lo aventaja en longitud en un metro), lo integra en las comunidades preabisales (parece pasar las horas de luz a una profundidad media de 1.000 metros y durante la noche asciende para alimentarse, en ocasiones hasta sólo 200 metros -momento en el que se producen las capturas accidentales en artes de pesca-, y sugiere que se trata de un depredador poco activo por la baja capacidad de transporte de su sistema sanguíneo, por sus características musculares, por la escasa capacidad natatoria de sus aletas y por la elevada concentración de amoníaco en su organismo, que le permite flotar, casi ingrávido, entre aguas (y hace su carne incomestible). Quedan muchos espacios en blanco en ese perfil, principalmente todo lo referido a su reproducción y sus primeras etapas de vida (sólo se han hallado dos individuos juveniles, en Madeira y en Chile, ambos depredados por peces de la especie «Alepisaurus ferox»). Uno de los últimos descubrimientos, realizado por los científicos del Grupo de Investigación de Ecología y Biodiversidad (Ecobiomar) del Instituto de Investigaciones Marinas de Vigo, dependiente del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC), con gran experiencia en el estudio de los grandes cefalópodos, radica en la existencia de una única especie de «Architeuthis»; previamente se establecía hasta una veintena (si bien de forma tentativa, dado que su descripción se basaba en fragmentos, no en ejemplares completos), pero los análisis genéticos han revelado una sola identidad: «Architeuthis dux».








Esta especie tiene una distribución casi cosmopolita (una circunstancia que apoyó en el pasado la hipótesis de varias especies), aunque falta en las aguas árticas y escasea en las ecuatoriales. Las citas se concentran en el Atlántico Norte, en Terranova (Canadá) y entre Islandia y los archipiélagos de Azores y de Madeira (con una notable acumulación de registros en Asturias), en el Atlántico Sur en torno a Sudáfrica, en el Pacífico Norte alrededor de Japón y en el Pacífico Suroeste en torno a Nueva Zelanda. Los expertos explican la inusual frecuencia de datos en Asturias por la suma de cuatro circunstancias: la existencia de tres grandes cañones submarinos, además próximos a la costa; la intensificación del esfuerzo pesquero en las zonas donde viven los calamares; el esfuerzo investigador y la mortalidad debida a las ondas producidas por las prospecciones geofísicas.










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cesardanilomejia

de hecho el calamar gigante no mide mas de 16 metros, los de 17 para arriba son los mesonychoteuthis hamiltoni,o calamar colosal. esa cosa mide hasta 28 mts!

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fanaes
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nacho93

parece re trucheli

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fanadelost

carlos sos vos?? estas bien??

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carlosmeltroso
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