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Castigos de antes que ya no se llevan

Los colegios han cambiado mucho. La próxima asignatura en llegar a las aulas será ajedrez, los profesores tienen pizarras electrónicas, los niños tablets para coger apuntes, etc. Pero sobre todo, si algo ha cambiado, ha sido en materia de castigos.



En los años setenta y ochenta se permitía prácticamente cualquier castigo. De hecho, si te quejabas en casa, lo más probable es que te cayese doble ración. Ahora, por suerte o por desgracia, muchas de estas prácticas están totalmente alejadas de las aulas escolares.

A medida que avanzó España, avanzó la educación y también las formas de enseñanzas. Cuando los profesores eran maestros, un respeto que se perdió hace tiempo, estaba a la orden del día el dicho 'la letra con sangre entra'. Y era realmente así. Si la lección no venía aprendida de casa, la regla o las orejas de burro te esperaban.


En Qué.es repasamos esos castigos que tanto te hicieron sufrir, sobre todo si eras un poco revoleras o mal estudiante.

A GOLPE DE REGLA

La regla era uno de los instrumentos básicos en los maestros más férreos. Si no habías hecho los deberes o no te sabías la lección, tocaba poner la mano y llegar a casa más rojo que un tomate.

Las formas de aplicación eran realmente variadas. Las más comunes siempre fueron los golpes en las palmas o en la yema de los dedos. Cuestión de gustos sería, aunque la segunda era realmente dolorosa.

Además, las reglas actuales de plástico serían una bendición comparadas con las de dura y consistente madera.
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