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Citas geniales de libros que valen la pena


Esta es una selección personal de citas de libros tal vez no tan famosos, pero imprescindibles para todo aquel que ama la buena literatura.

Una necesidad de embriaguez existe, tanto como en las guerras, en las revoluciones. De aquellos que las desean, algunos son fríos partidarios de un mundo regido por la razón: los episodios caóticos de una revolución no son para ellos mas que los medios inevitables. Pero la mayoría han elegido voluntariamente una causa arriesgada: las imágenes del tumulto y de las barricadas los estimulan del mismo modo que a otros estimulan “los terrores y los éxtasis del cristianismo”. La excitación y la violencia de las masas no son ya únicamente los medios apropiados a los fines que persiguen, son los signos de la gloria.
De El limite de lo útil, Georges Bataille.


Cuando mi madre bebía, su aliento exhalaba un dulzor que no se como describir. Era una mezcla extraña: el dulzor de su aliento y mi odio por la forma en que bebía. Siempre lo hacia a escondidas de su botella de Emprin, que ella llamaba “mi medicina para la menopausia”. La llevaba llena de ginebra. Ya de mayor, a veces acababa junto a una mujer cuyo aliento tenia aquel mismo dulzor, que todavía m resulta imposible describir. Siempre me sentí sexualmente excitado por ese olor. A pesar de lo mucho que lo detestaba, tenia para mi un atractivo innegable.
De Las canciones que mi madre me enseñó, Marlon Brando.


En la vida, todas la preguntas que alguna vez nos hicimos y quedan sin respuesta, son como los viejos vicios, solamente hibernan. Hasta podría decirse que esas preguntas tienen una existencia autónoma respecto de nosotros, de nuestra propia voluntad de indagar; por eso es como si se abrieran camino por sí solas, emergiendo un día desde las regiones remotas de la conciencia para hacernos acordar de que las poseemos como algo inacabado que hay que finiquitar.
De La invención de la infidelidad, en El enigma de O., Alejandro Córdoba Sosa.


El amor ¿qué es?, ¿cómo llega? Cuanto se ha escrito sobre eso y cuan inútilmente. Ni el relato ni el análisis sirven de nada, ni la comparación. El amor es el amor, una cosa que no se parece a ninguna otra.
Un comparación ingeniosa es la que hace Stendhal, la de la rama arrojada a los manantiales salinos de Salzburgo. Dos meses después se la extrae cambiada, embellecida de una rica y fantástica cristalización, girándulas, diamantes, flores de escarcha. Así es el amor arrojado a los manantiales profundos de la imaginación.

De La mujer, Jules Michelet.


Porque ¿Para qué sirve la identidad? Sirve para que la afirmemos, claro, pero también para negarla. Por ejemplo, si en un colegio de, digamos, pupilos, donde el saber y la enseñanza se organizan con protocolos de vigilancia y castigo, alguien –un celador pederasta nazi- quiere hacerle confesar a un alumno cierta infracción yb le pregunta: “¿Fuiste vos?”, el alumno se replegerá sobre sí mismo, negará a su padre y a su madre y dirá: “ Yo no fui: fue Otro”. Es un recurso elemental para que cuando nos llaman Mr. Hyde digamos que, en realidad, somos su antecesor: el inocuo Dr. Jekyll.
De Grasa, imágenes de la vulgaridad argentina, Juan José Becerra.


El ex presidiario se quedó solo. Ruge una voz como un trueno, como un sonido de espadas y del mar el desenfreno. Iba en el tranvía, miraba los lados, se veían las paredes rojas entre los arboles, llovían hojas de colores. Las paredes estaban ante sus ojos, las contemplaba desde el sofá, las contemplaba con insistencia. Es una gran suerte vivir entre estas paredes, se sabe como empieza el día y como sigue. (Franz, no querrás esconderte, te has escondido ya cuatro años, ten valor, mira en torno, ese esconderse tiene que acabar de una vez).
De Berlín Alexanderplatz, Alfred Döblin.


Matarse siendo inocente, es declarase culpable, es huir –porque el suicidio es una fuga- en vez de afrontar las acusaciones con la serenidad de la inocencia. No hablo aquí de los que se suicidan en un acceso de locura o de amor… que es lo mismo. Romeo y Julieta son, a mis ojos de hombre práctico, dos locos, sublimes, es cierto, pero locos. E insisto tanto sobre este punto porque quiero probar que nadie, nadie, aunque se haya metido alguna vez una bala en el cráneo, ha procedido mejor que yo, que no me pego un tiro.
De La Bolsa, Julián Martel.


A pesar de tanta abundancia y bienestar, la vida de Katerina Lvovna en casa de su suegro era de lo mas aburrida. Raras veces salía de visita, y si alguna vez viajaba con su marido por asuntos de negocios, tampoco eso le suponía ninguna alegría. Toda aquella gente era muy estricta: vigilaban su forma de sentarse, de caminar, de levantarse; en cambio, el carácter de Katerina Lvovna era fogoso y, como había sido pobre de chiquilla estaba acostumbrada a la vida sencilla y en libertad… Pero un aquella casa era todo lo contrario (…). Esa clase de vida tediosa, junto a un marido nada cariñoso, arrastró Katerina Lvovna en la opulenta casa de su suegro durante cinco largos años; pero, como suele ocurrir, nadie le dio a esa situación la menor importancia.
De Lady Macbeth de Mtsensk, Nikolai S. Leskov.


Cómo no he de ser leal a mis propios pensamientos. Sólo ellos se quedan cuando mis antiguos amigos se van sustrayendo uno a uno, hastiados del frío y de los contratiempos de la soledad, sobornado por el olor del rebaño.
De Pequeño diccionario de la desobediencia, Luis Franco.
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