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Cómo estudiar una ballena minke del Antártico sin matarla


Dos ballenas minke ARI FRIEDLAENDER

La caza comercial de ballenas está prohibida desde 1986 por la Comisión Ballenera Internacional (CBI), pero existe un vacío legal: la caza con fines científicos está permitida debido a la antigua creencia de que no existen otras alternativas para estudiar cetáceos sin matar al animal. Sin embargo, un grupo de investigadores dedicados al estudio no letal de ballenas ha demostrado en un trabajo publicado esta semana en The Journal of Experimental Biology que no es necesario matar a los cetáceos para entender su comportamiento de alimentación gracias a la colocación de transmisores en ballenas minke.

Ari Friedlaender, de la Universidad Estatal de Oregón (EEUU), decidió dirigirse al sur con su equipo de la Asociación de Investigación del Océano Austral para saber más sobre su estilo de vida y entender sus necesidades de supervivencia ante un entorno que está cambiando. "El hielo marino se ha reducido drásticamente en los últimos 30 años y aún no sabemos lo importante que es como hábitat para las ballenas minke", explica Friedlaender en una nota de prensa.

El grupo ha hecho las primeras observaciones en directo de la emersión a la superficie de estos cetáceos en busca de krill en un océano helado, durante las cuales pudieron descubrir que las minke antárticas (Balaenoptera bonaerensis), también conocidas como rorcual austral, tienen la tasa de subida a la superficie más alta conocida hasta la fecha.

Un comportamiento inusual



Etiquetar a estos cetáceos es una tarea extremadamente difícil debido a su inusual agilidad, pero los investigadores tuvieron lo que han llamado "un golpe de suerte" al encontrar a una manada de cerca de 40 rorcuales minke en la bahía de Wilhelmina. "Pocas veces vemos grupos tan grandes, así que sabíamos que se trataba de un caso extraordinario", declara Friedlaender. El barco pudo maniobrar suavemente entre los animales, que se comportaban de manera amistosa, según cuenta el científico.

El equipo lanzó el transmisor a una de las ballenas cuando descendió bajo el hielo. Friedlaender recuerda el momento entre risas al recordarlo como "una entrega de libros", aunque tampoco puede olvidar los tres minutos siguientes, en los que los investigadores se convirtieron en un manojo de nervios hasta que el rorcual volvió a la superficie. "Nos dimos cuenta de que acabábamos de poner una etiqueta de casi 19.000 euros a un animal que estaba bajo el hielo y si se le había caído nunca lo recuperaríamos", dice entre risas, y es que ahora el investigador puede reírse del momento, pues el transmisor duró "unas increíbles 19 horas", que pudieron añadir a otra operación similar días después, dónde recopilaron "ocho horas de datos de inmersión preciosos".


Ballena minke con transmisor ARI FRIEDLAENDER

Al analizar la información Friedlaender pudo comprobar que el comportamiento de inmersión de los rorcuales minke "es muy diferente al de otras ballenas", llegando a emerger hasta 24 veces durante un solo descenso, mientras que las ballenas azules solo suben cuatro veces durante una inmersión y las jorobadas únicamente doce. Los científicos se mostraron muy asombrados al descubrir que las minke "emergen más de 100 veces por hora, casi una vez cada 30 segundos", explica Friedlaender.

En cuanto a los patrones de buceo estos rorcuales también presentan una peculiaridad, y es que aunque utilizan dos tipos de inmersión similar al de otras ballenas, manteniéndose cerca de la superficie para emerger un par de veces o sumergiéndose hasta profundidades de 100 metros para subir alrededor de 15 veces, hay un tipo de patrón inusual: las ballenas nadaban a flor de piel de la superficie alimentándose a tasas increíblemente altas, incluso rozando la parte inferior del hielo. "Las minke se alimentan rozando la superficie, dónde el hielo se encuentra con el agua, pues allí hay algomeraciones de krill", explica Friedlaender, quien al analizar las inmersiones enseguida se dio cuenta de que esta ballena es "completamente única".

Así, despues de haber demostrado que no es necesario acabar con la vida de los cetáceos para entender su comportamiento alimenticio, este investigador y su equipo están dispuestos a volver a etiquetar más minke para ver cómo interactúan con su entorno. "El etiquetado abre una enorme ventana de oportunidades para estudiar el ecosistema de la Antártida de una manera mucho más integral", afirma Friedlaender.

Caza bajo bandera científica

Las minke antárticas son las ballenas más comunes en aguas del Antártico. Son conocidas por ser muy ágiles y de complexión muy rápida, pues son los rorcuales más pequeños, llegando tan solo a los 11 metros. Actualmente estos cetáceos se encuentran amenazados por el deshielo del Antártico y son víctimas de los arpones procedentes de buques factoría como el japonés Nisshin Maru, que según denuncian organizaciones conservacionistas, practican la caza indiscriminada de ballenas de manera impune bajo la bandera de flota científica.

De hecho, el Ministerio nipón de Agricultura y Pesca ya ha participado en iniciativas en defensa de la pesca comercial, por considerar el consumo de carne de ballena muy importante para su economía. Recientemente el Ministerio japonés afirmó durante un comité que, aunque la caza comercial se haya prohibido en el Antártico, la venta de carne de ballena "no viola la ley internacional o doméstica en ningún modo".

Contra la caza bajo bandera científica actúan iniciativas como las del buque ecologista Sea Shepard, que a principios de este año logró sacar al Nisshin Maru del santuario de ballenas, buque al que no pierden de vista. Los voluntarios del Sea Shepard, entre los que se encuentran algunos españoles, han asegurado a El Mundo que el pasado año salvaron 932 ballenas, pues los japoneses estaban autorizados a cazar 1.035 ejemplares con fines científicos y, gracias a estos ecologistas que frustran sus acciones, solo pudieron atrapar 103 cetáceos.

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