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Creyentes ignorantes: Galileo Galilei


Retrato de Galileo Galilei por 
Justus Sustermans (1636)




Galileo Galilei (1564 - 1642) fue un astrónomo, físico y matemático italiano que retomó la teoría heliocéntrica de Nicolás Copérnico (1543) y es especialmente recordado por sus contribuciones al estudio de los cuerpos celestes, como la luna, los planetas Venus y Júpiter y el estudio de las manchas solares. Además contribuyó a otras áreas del conocimiento como la mecánica, cinemática, dinámica y estudió la cicloide. Diseñó y fabricó el compás geométrico militar y el reloj de péndulo, e hizo mejoras al telescopio.
Galileo: Cuestionando supuesta ciencia
Muchos incrédulos hoy en día se atreven a hablar de los descubrimientos de Galileo como si éstos hubieran señalado una incompatibilidad entre la ciencia y la religión y como sirvieran de ejemplo para cuestionar la religión. No obstante, quienes usan este argumento a su propia conveniencia, definitivamente ignoran la biografía y la trayectoria real de este personaje, y a menudo olvidan que, de hecho, Galileo era un hombre profundamente religioso, un creyente intelectual, que hasta el fin de sus días manifestó sus creencias en el Dios cristiano.

Durante su juventud, Galileo había considerado dedicarse al sacerdocio. Más tarde se inclinó por buscar una carrera de medicina en la Universidad de Pisa, a la cuál pudo ingresar en 1581. Aunque Galileo no pudo terminar sus estudios universitarios, ni obtuvo títulos teológicos o profesionales, su curiosidad por el conocimiento científico y por el conocimiento espiritual siguió siendo expresada continuamente en escritos que reflejan un interés tanto por la ciencia como por la religión. 


En 1588, por ejemplo, Galileo entregó un estudio a la Academia Florentina, que trataba las "Lecciones sobre la figura, localización y el tamaño del infierno de Dante Alighieri". Más tarde, conseguiría la cátedra de profesor de matemáticas en el mismo colegio, y casi inmediatamente se encontraría con muchos detractores y enemigos profesionales que se indignaban con sus propuestas. Años más tarde Galileo conseguiría la cátedra en la Universidad de Padua, donde impartió clases durante 18 años y se hizo de más contrincantes que siguieron rechazando sus estudios.



Una de las cosas que Galileo sostenía es que los cuerpos de diferentes pesos caen a la misma velocidad, sin embargo, muchos profesores y filósofos calificaban esto como algo "irracional". 

Pero lo que más se recuerda de Galileo es que haya retomado los estudios de 
Nicolás Copérnico  (otro creyente intelectual), que afirmaba que la Tierra gira alrededor del Sol, lo cuál contradecía la Teoría geocéntrica, es decir, el supuesto de que la tierra es el centro del universo, una idea que había sido planteada por la ciencia de Aristóteles (quien afirmaba que la tierra era inamovible [1]), el modelo de Ptolomeo, y las doctrinas de los líderes católicos-romanos de la época.

Galileo fue criticado porque la idea del modelo heliocéntrico iba en contra de 1,500 años de consenso académico, y contradecía las ideas sobre la física que eran aceptadas por la mayoría. Sobre ésto Galileo escribió:

"La novedad de tales cosas, así como ciertas consecuencias que se seguían de ellas, en contradicción con las nociones físicas comúnmente sostenidas por filósofos académicos, lanzaron en contra mí a no pocos profesores." [Cartas copernicanas (1615)]"Esos adversarios tratan de desprestigiarme por todos los medios posibles. Saben que mis estudios de astronomía y de filosofía me han llevado a afirmar, con relación a la constitución del mundo que el Sol, sin cambiar de lugar, permanece situado en el centro de la revolución de las órbitas celestes, y que la Tierra gira sobre sí misma y se desplaza en torno del Sol. Advierten además que una posición semejante no sólo destruye los argumentos de Ptolomeo y de Aristóteles, sino que trae consigo consecuencias que permiten comprender, ya sea numerosos efectos naturales que de otro modo no se sabría cómo explicar, ya ciertos descubrimientos astronómicos recientes, los que contradicen radicalmente el sistema de Ptolomeo y confirman a maravilla el de Copérnico." [Galileo (1615) "Carta a la Gran Duquesa Cristina"]PD-USOtros decían que el modelo de Galileo-Copérnico iba en contra del "sentido común", ya que desde la tierra los humanos vemos que, en el transcurso del día, el sol parece moverse o  cambiar de lugar. Los que usaban este argumento ridiculizaban la idea porque iba en contra de lo observable a simple vista, de lo que nuestros sentidos nos decían.
El problema radicaba en la falsa idea de que sólo nuestros sentidos pueden decirnos lo que es verdadero; tal como Einstein lo explicó:
"La materia es real para mis sentidos, pero éstos no son dignos de  mi confianza. Si Galileo o Copérnico hubieran aceptado lo que veían, nunca hubieran descubierto el movimiento de la Tierra y los planetas."  (1943 - William Hermanns, Einstein and the Poet: In Search of the Cosmic Man (1983), p. 59)Lo que podemos aprender del caso de Galileo, a diferencia de muchas personas en la actualidad, es que no debemos aceptar ciegamente los consensos de miles de opiniones supuestamente científicas que censuran toda clase de cuestionamientos a los mismos.  Galileo sabía muy bien que la ciencia no se hace por consenso, y reconocía que ésta no consiste en 'lo que dice la mayoría de los científicos'En sus palabras:
"En las ciencia, la autoridad de miles de opiniones no vale tanto como una pequeña chispa de la razón de uno sólo." (Tercera carta sobre las manchas solares (diciembre 1612))"Galileo fue el primero en cambiar la investigación científica con el uso del lenguaje matemático para formular las leyes naturales que descubrió, y por esto se le considera el "padre" de la ciencia moderna." [[1]]

Los escritos de Galileo también nos permiten ver que, como un hombre religioso hasta el fin de sus días, él nunca cuestionó la creencia en su propio Dios, sino, por el contrario, lo que Galileo realmente cuestionó fue el paradigma científico de la época, un paradigma lleno de falsas interpretaciones pseudo-científicas derivadas de la interpretación ordinaria de las cosas.

Además, Galileo creía que las leyes y los movimientos de la naturaleza y los cuerpos celestes obedecían fielmente a lo que Dios había establecido en la creación. Tal como lo expresa en la Carta a la Duquesa Cristina de Lorena (1615):

"La Sagrada Escritura y la naturaleza, son las dos emanaciones de la Palabra Divina. La primera, dictada por el Espíritu Santo, la última, el albacea observante de los mandamientos de Dios." [Galileo (1615) "Carta a la Gran Duquesa Cristina", citado en Maurice A. Finocchiaro (1989), The Galileo Affair: A Documentary History, University of California Press] Galileo reconoció a Dios como un Diseñador Inteligente, un Dios que hizo el mundo con un arreglo de conocimientos racionales. Al igual que Isaac Newton, Galileo creía Él había establecido el mundo con las matemáticas:
«Las matemáticas son el lenguaje con el que Dios ha escrito el universo».En otras ocasiones, Galileo aseguró: 
"Las partes del universo están en el mejor arreglo, de modo que nadie está fuera de su lugar, lo que quiere decir que la naturaleza y Dios ha organizado perfectamente su estructura."  [Citado de la Carta a Francesco Ingoli (1624)]
 
 
"Recordando que la sabiduría y el poder y la bondad del Creador en ninguna parte se muestra tan bien como en los cielos y los cuerpos celestes, podemos fácilmente reconocer el gran mérito de Aquél que ha traído estos cuerpos a nuestro conocimiento, y que, a pesar de su casi infinita distancia, los ha presentado fácilmente visibles". [Citado de su Discurso y demostración matemática, en torno a dos nuevas ciencias (1638); Concordancia con Salmos 19:1] Galileo también reconoció que, siendo a imagen y semejanza de Dios, la capacidad de raciocinio en el hombre es una de las más grandes cosas que Dios nos ha concedido a los seres humanos:"No me siento obligado a creer que Dios que nos ha dotado de inteligencia, sentido común y raciocinio, tuviera como objetivo privarnos de su uso.""Cuando veo las cosas maravillosas que los hombres han entendido, lo que han investigado y artificiado, sólo reconozco que muy claramente la inteligencia humana es una obra de Dios, y una de los más excelentes." Sin embargo, Galileo, también reconoció los límites de la razón humana y aseguró que el potencial de la mente humana "está separado de la ciencia Divina por un intervalo infinito." (Pittsburgh. Duquesne University Press, 1983, 101).

En esta linea de pensamiento, el astrónomo atribuyó el éxito de sus descubrimientos a la gracia de Dios, un Dios que, en sus palabras, había iluminado su mente. Tal como escribió desde Venecia en 1610:
"He descubierto cuatro planetas, ni conocidos ni observados por alguno de los astrónomos antes de mi tiempo, que tienen sus órbitas cerca de cierta estrella brillante [Júpiter], una de las conocidas previamente, al igual que Venus y Mercurio alrededor del Sol, y están, a veces, frente a el, aunque nunca se apartaran más allá de ciertos límites.   Todos estos hechos fueron descubiertos y observados a penas hace unos días con la ayuda de un telescopio, ideado por mí, por la gracia de Dios que primero iluminó mi mente." (The Sidereal Messenger /The Starry Messenger1610)"Uno no debe dudar de la posibilidad de que la bondad divina, a veces, puede elegir inspirar un rayo de su inmenso conocimiento en bajos y altos intelectos, cuando están adornados con un entusiasmo santo y verdadero." (Chiari, op. Cit., 545. ) En este punto podría surgir una pregunta en el lector: Si Galileo era tan religioso y en verdad creía en el Dios cristiano, ¿entonces por qué la religión católica cuestionó a Galileo?

Galileo: Cuestionando supuesta teología
Como hemos mencionado, hubo una famosa controversia que surgió entre la Iglesia Católica y la teoría de Galileo. A pesar de que en años pasados, la Iglesia ya había aprobado el modelo heliocéntrico, en años posteriores los nuevos líderes católicos de Roma rechazaron la teoría con el supuesto argumento de que contradecía la Biblia.




Galileo sí creía que las Escrituras Bíblicas estaban inspiradas divinamente. De hecho, en diversas cartas, sostuvo que el objetivo principal de las Escrituras "es adorar a Dios y salvar almas".  No obstante, lo que cuestionaba era la interpretación de los líderes religiosos:
"A mí me parece que fue bien dicho... que la Sagrada Escritura no puede errar, y que los decretos contenidos en ella son absolutamente ciertos e inviolables. Pero tendría que añadir, en su lugar, que aunque la Escritura no puede errar, sus expositores e intérpretes están sujetos al error de muchas maneras, y un error, en particular, sería más grave y más frecuente, si siempre nos mantenemos en el significado literal de las palabras." XI Carta de Galileo a Benedetto Castelli en Pisa, Florencia, 21 de diciembre 1613)Los opositores religiosos del modelo heliocéntrico argumentaban que el sol se movía, y que la tierra no, tomando fuera de contexto versículos como los siguientes:
"Entonces Josué habló al Señor... y dijo en presencia de los israelitas:  Sol detente en Gabaón, y tú, luna, en el valle de Ajalón. Y el sol se detuvo y la Luna se paró[...] Y el Sol se paró en medio del cielo, y no se apresuró a ponerse casi un día entero." (Josué 10:12-13)."He aquí, yo haré volver la sombra por los grados que ha descendido con el sol, en el reloj de Acaz, diez grados atrás. Y volvió el sol diez grados atrás, por los cuáles había ya descendido". (Isaías 38:8)."Generación va, generación viene, mas la tierra siempre permanece. Sale el sol, y se pone el sol, y se apresura a volver al lugar donde se levanta(Eclesiastés 1:5)Las autoridades católicas de la época se valieron de expresiones como éstas para desacreditar la validez de los trabajos de Galileo. Es irónico que hoy en día muchos escépticos se valgan de estas citas pretendiendo desacreditar la validez de la Biblia. Algunos críticos incrédulos incluso acusan a las Escrituras de que en éstas se da a entender que la tierra es plana porque en Apocalipsis 7:1, Juan escribió que había visto en una visión "a cuatro ángeles de pie en los cuatro extremos de la tierra."

No obstante, muchos menosprecian el hecho de que Galileo era un firme creyente en Dios y en las escrituras; la diferencia era que Galileo cuestionaba la interpretación teológica literal, y en su lugar, interpretaba dichos fragmentos como figuras retóricas, palabras escritas en lenguaje común que "habían sido insertadas en la Biblia por el bien de los pueblos", como él mismo lo expresó, consciente de que hay múltiples versos en la Biblia donde se usa el lenguaje cotidiano, el lenguaje figurado, o el lenguaje simbólico. Al igual que muchas obras literarias y narrativas, la Biblia utiliza a menudo figuras retóricas; frases idiomáticas o modismos, frases alegóricas, palabras con un estilo poético figurado, parábolas, metáforas, metonimias, o simplemente lenguaje coloquial, muchos de los cuales deben ser comprendidos simbólicamente, con la ayuda de Dios. No por esto Galileo cuestionó la Biblia, sino que, por el contrario, él insistía en que dichos versos habían sido escritos así "para ayudar a la comprensión de las cuestiones relativas a su salvación. De la misma manera, el lenguaje bíblico, ha simplificado también ciertos efectos físicos en la naturaleza, para ajustarse a la experiencia cotidiana." 


La Biblia menciona, por ejemplo, “la salida del sol”, en el Libro de Números 2:3; 34:15. Esto no es difícil de entender para cualquier persona que esté hablando en lenguaje conversacional. Para Galileo, los escritores de la Biblia expresaron las palabras para que cualquier observador ordinario pudiera captar el mensaje, teniendo en cuenta las experiencias cotidianas que se experimentan diariamente por el ser humano. Hoy en día muchas personas aun solemos hablar de esta forma diariamente, incluso inconscientemente, y esto es perfectamente correcto desde el punto de vista de la semántica, área estudiada en el campo de la lingüística. 
Actualmente, por ejemplo,extensos estudios han demostrado que, de hecho, las metáforas y las metonimias son las figuras simbólicas que, independientemente de las creencias, la mayoría de las personas llegará a usar cotidianamente, como frases en un contexto coloquial. (véase George Lakoff y Johnson, 2003). 

Muchos críticos que quieren difamar la veracidad de la Biblia pasan por alto que ellos mismos emplean expresiones idénticas de forma inconsciente. Expresiones como "salió el sol, el sol sale por el este.. el sol se esconde por el oeste", "se puso el sol en el horizonte", "la puesta del sol", "se está metiendo el sol", "se oculta el sol", "salió la luna" "el Sol se ha puesto”. Este tipo de frases son usadas diariamente por las personas de forma figurada y el significado es válido perfectamente. Así mismo, hay expresiones científicas como el recorrido del sol y "el movimiento diurno del solque semánticamente son válidas incluso hoy en día. 


En palabras de Galileo:

"El motivo, pues, que ellos aducen para condenar la teoría de la movilidad de la Tierra y la estabilidad del Sol es el siguiente: que leyéndose en muchos párrafos de las Sagradas Escrituras que el Sol se mueve y la Tierra se encuentra inmóvil, y no pudiendo ellas jamás mentir o errar, de ahí se deduce que es errónea y condenable la afirmación de quien pretenda postular que el Sol sea inmóvil y la Tierra se mueva.Contra dicha opinión quisiera yo objetar que, es y ha sido santísimamente dicho, y establecido con toda prudencia, que en ningún caso las Sagradas Escrituras pueden estar equivocadas, siempre que sean bien interpretadas; no creo que nadie pueda negar que muchas veces el puro significado de las palabras se halla oculto y es muy diferente de su sonido. Por consiguiente, no es de extrañar que alguno al interpretarlas, quedándose dentro de los estrechos límites de la pura interpretación literal, pudiera, equivocándose, hacer aparecer en las Escrituras no sólo contradicciones y postulados sin relación alguna con los mencionados, sino también herejías y blasfemias... Así como las citadas proposiciones, inspiradas por el Espíritu Santo, fueron desarrolladas en dicha forma por los sagrados profetas en aras a adaptarse mejor a la capacidad del vulgo, bastante rudo e indisciplinado, del mismo modo es labor de quienes se hallen fuera de las filas del pueblo, el llegar a profundizar en el verdadero significado y mostrar las razones por las cuales ellas están escritas con tales palabras.
Las palabras de la Escritura no están constreñidas a obligaciones tan severas como los efectos de la naturaleza, y Dios no se revela de modo menos excelente en los efectos de la naturaleza que en las palabras sagradas de las Escrituras. Es lo que quiso significar Tertuliano con estas palabras:  «Declaramos que Dios debe ser primero conocido por la naturaleza y luego reconocido por la doctrina: a la naturaleza se la alcanza por las obras, a la doctrina por las predicaciones.»
No quiero decir con ello que no se deba tener una altísima consideración por los pasajes de la Sagrada Escritura. Así, cuando hayamos obtenido una certeza, dentro de las conclusiones naturales, debemos servirnos de esas conclusiones como de un medio perfectamente apto para una exposición verídica de esas Escrituras, y para la búsqueda del sentido que necesariamente se contiene en ellas, puesto que son perfectamente verdaderas y concuerdan con la verdad demostrada.  Considero que la autoridad de los Textos Sagrados tiene por objeto, principalmente, el de persuadir a los hombres acerca de proposiciones que, por sobrepasar todo discurso humano, su credibilidad no puede obtenerse por ninguna otra ciencia, ni por medio distinto, sino por la boca del Espíritu Santo: además, dentro de las proposiciones que no son de Fe, debe preferirse la autoridad de esos mismos Textos Sagrados a la autoridad de textos humanos cualesquiera, que no estén escritos con método demostrativo, sino o bien como pura narración, o bien sobre la base de razones probables. La autoridad de las Sagradas Escrituras debe considerarse aquí conveniente y necesaria en la medida misma en que la sabiduría divina sobrepasa todo Juicio y toda conjetura humanas.""Van y citan la Biblia, la cuál han atendido según sus propósitos engañosos, contrario al sentido de la Biblia y a la intención de los santos padres. . . debajo del significado superficial de las palabras, este pasaje puede contener un sentido diferente.""Cayendo en la cuenta de que si me combaten tan sólo en el terreno filosófico les resultará, dificultoso confundirme, se han lanzado a escudar su razonamiento erróneo tras la cobertura de una religión fingida y la autoridad de las Sagradas Escrituras, aplicándolas, con escasa inteligencia, a la refutación de argumentos que no han comprendido.  En primer lugar, han intentado por sí mismos hacer pública la idea de que tales proposiciones van en contra de las Sagradas Escrituras, y de que por consiguiente son heréticas...

Si se me permite revelar todo mi pensamiento: sin duda sería más conveniente para la dignidad de los Textos Sagrados que no se tolerara que los más superficiales y los más ignaros de los escritores los comprometieran, salpicando sus escritos con citas interpretadas o más bien extraídas en sentidos alejados de la recta intención de la Escritura, sin otro fin que la ostentación de un vano ornamento...
Así se pone de manifiesto que tales autores, por no haber penetrado el verdadero sentido de la Escritura, la han utilizado, abusando de su autoridad, para obligar a sus lectores a dar por verdaderas conclusiones que repugnan a la razón y a los sentidos: pero si tal abuso, cosa que Dios no permita, debiera prevalecer, sería preciso entonces suprimir, a poco andar, todas las ciencias especulativas; en efecto: puesto que, por naturaleza, el número de hombres poco aptos par comprender perfectamente, tanto la Sagrada Escritura cuanto las otras ciencias, es como mucho superior al número de los hombres inteligentes, se daría el caso de que los primeros, hojeando superficialmente las Escrituras, se arrojarían el derecho de decidir en todas las cuestiones de ciencia natural, arguyendo algunos pasajes de los escritos sagrados, interpretados por ellos en un sentido distinto del verdadero, en tanto el escaso número de quienes comprenden correctamente las Escrituras no podría reprimir el torrente furioso de esos malos intérpretes".  [Carta a la Gran Duquesa Cristina de Toscana, (1615)] 
Como vemos, para Galileo, la correcta interpretación de la Biblia coincidía con la correcta interpretación de los fenómenos naturales. En línea con este pensamiento, Galileo también dijo que "La Biblia enseña a los hombres como ir al cielo, no cómo funcionan los cielos". "La intención del Espíritu Santo es enseñarnos cómo se va al cielo, no cómo se mueven los cielos."Carta a la Gran Duquesa (1615)


En Cartas Copernicanas (1615) Galileo citó a San Agustín, a San Jerónimo, a Tertuliano y a otros pensadores de tradición cristiana que hablaron del tema de los malintérpretes que tergiversan la Biblia: 
"Al mostrar mayor afición por sus propias opiniones que por la verdad, pretendieron negar y desaprobar las nuevas cosas que, si se hubieran dedicado, a considerarlas con atención, habrían debido pronunciarse por su existencia. A tal fin lanzaron varios cargos y publicaron algunos escritos llenos de argumentos vanos, y cometieron el grave error de salpicarlos con pasajes tomados de las Sagradas Escrituras, que no habían entendido correctamente y que no corresponden a las cuestiones abordadas.
No habrían caído en este error si hubieran prestado atención a un texto de San Agustín, muy útil al respecto, que trata la actitud que debe adoptarse en lo referente a las cuestiones oscuras y difíciles de comprender por la sola vía del discurso; al tratar el problema de las conclusiones naturales referentes a los cuerpos celestes escribe: «Ahora, pues, observando siempre la norma de la santa prudencia, nada debemos creer temerariamente sobre algún asunto oscuro, no sea que la verdad se descubra más tarde y, sin embargo, la odiemos por amor a nuestro error, aunque se nos demuestre que de ningún modo puede existir algo contrario a ella en los libros santos, ya del Antiguo como del Nuevo Testamento»" [Cartas copernicanas, (Del Génesis a la letra, Libro II, Cap. XVII, Académico Linceo. (Carta escrita a la Sra. Cristina de Lorena, Gran Duquesa de Toscana (1615)]
"Debemos, por ello, dar gracias infinitas a Dios por la bondad con la cual nos libra de este temor, cuando quita su autoridad a tales personas, confiando el cuidado de ocuparse de cuestiones tan importantes a la inmensa sabiduría y bondad de padres prudentísimos, y a la suprema autoridad de quienes, guiados por el Espíritu Santo, no pueden sino decidir acerca de esas cosas santamente, no permitiendo, de ese modo, que la liviandad que hemos condenado sea objeto de estima.Contra esos malos intérpretes de la Escritura, paréceme a mí, es contra quienes se elevan, y no sin razón, los graves y santos escritores, y entre ellos, en particular, San Jerónimo, quien escribe:«En cuanto a ese arte (el de las Escrituras), la vieja parlanchina, el viejo charlatán, el sofista verboso, todos se vanaglorian con él, lo chapucean, lo enseñan antes de haberlo aprendido. . . y nada digo de mis pares, quienes, si por acaso han accedido a las Sagradas Escrituras luego de haber cultivado la literatura profana, y si por su lenguaje rebuscado han halagado agradablemente a los oídos del pueblo, se imaginan que todas sus palabras son la ley misma de Dios, y no se dignan informarse de la opinión de los profetas o de los apóstoles, sino que ajustan a su sentimiento personal los textos, como si el alterar el sentido de las frases y el violentar según sus deseos a la Sagrada Escritura, aun cuando ésta lo repugne, constituyera un método de expresión digno de ser aprobado, y no sumamente falaz» (Epistola ad Paulinum, C III). 
No quiero incluir en el número de esos tales escritores seculares a ciertos teólogos que considero hombres de profunda doctrina y santísimas costumbres, los cuales, por ello, son tenidos en gran estima y veneración; pero no puedo negar que me encuentro acosado por ciertos escrúpulos, y, por tanto, con el deseo de que ellos me sean aliviados, cuando veo que éstos se arrojan el derecho, utilizando la autoridad de la Escritura, de obligar a los otros a seguir en las discusiones naturales la opinión que a ellos les parezca la más conforme con los pasajes de la Escritura, creyendo que no tienen por qué preocuparse por las razones o experiencias que lleven a una opinión contraria".
"No debemos inquietarnos menos porque un pasaje de la Escritura contradiga una proposición natural demostrada, que porque un pasaje de la Escritura contradiga otro pasaje, que eventualmente presente una proposición opuesta; paréceme que hemos de admirar o imitar la circunspección de este santo, quien se muestra reservadísimo cuando se trata de conclusiones oscuras, o de conclusiones cuya demostración segura no puede obtenerse por los medios humanos. . . hay que aplicarse a buscar el sentido exacto de las Sagradas Escrituras en los pasajes que en apariencia parecieran no concordar con ese saber natural. Esos pasajes habrán de ser estudiados por sabios teólogos; los que pondrán de manifiesto las razones por las cuales el Espíritu Santo los ha presentado de ese modo, ya sea para ponernos a prueba o por alguna otra razón oculta.Lo que acabamos de decir se aplica también cuando la Escritura ha hablado en varios pasajes en el mismo sentido. No hay razón alguna para que se pretenda que, en tal caso, convendría interpretar el texto en su sentido literal. En efecto, si la Escritura, para adecuarse a la capacidad de la mayoría, ha debido una vez presentar una proposición mediante el empleo de términos que tengan un sentido diferente de la esencia misma de esta proposición, ¿por qué habría procedido de otro modo al repetir la misma proposición?
No es posible que una conclusión sea declarada herética mientras se duda de su verdad. Vanos serían los esfuerzos de quienes pretenden condenar la creencia en la movilidad de la Tierra y la estabilidad del Sol, si primeramente no demuestran que esta proposición es imposible y falsa."
"Me queda finalmente por mostrar cuán cierto es que el pasaje referente a Josué puede comprenderse sin alterar la significación directa de las palabras, y cómo puede ser que al obedecer el Sol a la orden de Josué, éste haya podido detenerse, sin que de ello se diga que la duración del día se haya prolongado durante algún tiempo...  Sus palabras se dirigían a un pueblo que sin duda no conocía otros movimientos celestes que ese movimiento vulgarísimo de oriente a occidente, se adecuó a sus capacidades, y como no tenía la intención de enseñarles la constitución de las esferas celestes, sino que simplemente quería hacerles comprender la grandiosidad del milagro que representaba ese alargamiento del día, les habló conforme a su capacidad.    Sin duda fue esta consideración la que indujo ante todo a Dionisio Areopagita a decir que, en ese milagro, el primer móvil se detuvo, y que entonces, por consecuencia, se detuvieron todas las esferas celestes: San Agustín es de la misma opinión y el Avilense la confirma en largos desarrollos. Y como en la intención de Josué estaba que todo el sistema de las esferas celestes había de detenerse, se entiende que haya ordenado también a la Luna que se detuviera, aunque ésta nada tuviera que hacer en el alargamiento del día. Debe entenderse, pues, que esta orden a la Luna atañe también a los desplazamientos de los otros planetas, los que no son mencionados, ni en este pasaje ni en el resto de las Escrituras, pues no fue nunca su intención enseñarnos las ciencias astronómicas... Este sentido, más conforme con lo que leemos en Josué, parece que puede comprenderse dentro del sistema de Copérnico, merced al agregado de otra observación que recientemente he demostrado en el cuerpo solar, querría examinarlo para terminar. 
Puesto que el Sol es a la par fuente de luz y principio de los movimientos, cuando Dios quiso que ante la orden de Josué todo el sistema del mundo permaneciera inmóvil durante numerosas horas en el mismo estado, le bastó con detener al Sol. En efecto, desde que éste se detuvo, todos los otros movimientos se detuvieron. La Tierra, la Luna y el Sol permanecieron en la misma posición, así como todos los otros planetas; durante todo ese tiempo, el día no declinó hacia la noche, sino que se prolongó milagrosamente: y fue así que, deteniendo al Sol, sin alterar para nada las posiciones recíprocas de las estrellas, resultó posible que se alargara el día sobre la Tierra, lo que concuerda exactamente con el sentido literal del texto sagrado. Pero, si no me equivoco, si hay algo que no es para tenerlo en poco, es que gracias a la concepción copernicana, obtenemos un sentido literal perfectamente claro de otro rasgo particular de ese mismo milagro, a saber, que el Sol se detuvo en medio del cielo. 
En San Agustín leemos esto:«Si ocurriera que la autoridad de las Sagradas Escrituras se mostrara en oposición con una razón manifiesta y segura, ello significaría que quien interpreta la Escritura no la comprende de manera conveniente; no es el sentido de la Escritura el que se opone a la verdad, sino el sentido que él ha querido atribuirle; lo que se opone a la Escritura, no es lo que en ella figura, sino lo que él mismo le atribuye, creyendo que eso constituía su sentido» (Epístola séptima, Ad Marcellinum).Así las cosas, y puesto que, como se ha dicho, dos verdades no pueden contradecirse, es oficio de sabios comentaristas el esforzarse por penetrar el verdadero sentido de los pasajes de la Escritura, la que indubitablemente ha de estar en concordancia con las conclusiones naturales cuyo sentido manifiesto o demostración necesaria hayan sido establecidos de antemano como ciertos y seguros. Y como, según se ha dicho, las Escrituras presentan, en numerosos pasajes, un sentido literal muy alejado de su sentido real, y como, además, no se puede estar seguro de que todos sus intérpretes estén divinamente inspirados, pues en tal caso no habría ninguna divergencia en las interpretaciones que proponen, pienso que sería muy prudente no permitir que ninguno de ellos invocara algún pasaje de la Escritura con miras a postular como verdadera una conclusión natural que pudiera entrar en contradicción con la experiencia o con una demostración necesaria. "El astrónomo también escribió que la comprensión adecuada de la Biblia requiere una interpretación que provenga propiamente de parte de Dios, para poder entender las verdades espirituales que en ésta se contienen:
"Confío en que la bondad infinita de Dios puede dirigir pureza a mi mente con una pequeña cantidad de su gracia, de modo que yo pueda entender el significado de sus palabras." [Citado de la carta de Galileo a Monsignor Piero Dini, (23 de marzo de 1615) y también de Scritti Letterari Florencia. Felice Le Monnier.] 
Al igual que Johannes Kepler, Galileo se consideró a sí mismo como un instrumento, un destinatario de Dios, receptor de descubrimientos científicos. Expresando su gratitud a Dios, escribió:
"En su misericordia, Dios, en ocasiones, opta por revelar una nueva visión a alguien que él elige, lo que aumenta el conocimiento revelado a la humanidad. . .Doy gracias infinitas a Dios, por ser tan amable como para hacerme el primer observador de maravillas que se habían mantenido ocultas en la oscuridad durante los siglos anteriores." [Sobel, Dava, Galileo’s Daughter: A Historical Memoir of Science, Faith, and Love. Toronto: Viking Press, 1999, 63.]
Galileo consideró que las manifestaciones espectaculares de la sabiduría creadora de Dios son claramente visibles en el diseño ideal para el vuelo de las aves y el diseño ideal de los peces para nadar en el agua:
"Dios podría haber hecho pájaros con huesos de oro macizo, con venas llenas de plata fundida, con la carne más pesada que el plomo y con alas diminutas..Él podría haber hecho el pescado más pesado que el plomo, y en consiguiente, doce veces más pesado que el agua, pero Él ha querido hacer a los primeros de huesos, carne y plumas para que sean lo suficientemente ligeros, y a los segundos tan pesados como el agua, para enseñarnos que Él se regocija en la simplicidad y en la facilidad." (Galileo’s Daughter: A Historical Memoir of Science, Faith, and Love)
Para el físico italiano, habían dos libros en los que Dios manifiesta la veracidad: en el"libro de la naturaleza" (escrito en el lenguaje de las matemáticas), y en el "libro de las Escrituras" (escrito en el lenguaje capaz de ser comprendido por el ser humano). Sus observaciones y meditaciones sobre las maravillas de Dios lo llevaron a las siguiente s conclusiones:
"Dios es conocido por la naturaleza en sus obras, y por la doctrina en su Palabra revelada."
"La Sagrada Escritura y la naturaleza proceden igualmente de la Palabra Divina, aquélla que fue dictada del Espíritu Santo, y ésta como la ejecutora perfectamente fiel de las órdenes de Dios."
"Recordando que la sabiduría y el poder y la bondad del Creador en ninguna parte son exhibidas tan bien como en los cielos y en los cuerpos celestes, podemos fácilmente reconocer el gran mérito de Él, que ha traído a estos cuerpos para nuestro conocimiento y que, independientemente de su casi infinita distancia, los ha hecho fácilmente visibles." [Dialogues Concerning Two New Sciences (1638)]
En sus últimos años, Galileo tuvo que enfrentarse al deterioro de su vigor y vitalidad, y se enfrentó a un periodo en el que tuvo problemas de salud y de visión. Por si fuera poco, su derrota más dolorosa fue la pérdida de su amada hija, Virginia Galilei, que había sido una gran apoyo en través de tiempos difíciles como la muerte de la hermana de Galileo.

Virginia Galilei era mejor conocida como "Maria Celeste", pues viniendo de un familia creyente, decidió ser monja en el convento de San Mateo, Italia. El libro "Galileo's Daughter" (Hija de Galileo: Una memoria histórica de la ciencia, la fe y el amor)  explora la relación personal y sentimental de Galileo y su hija Maria Celeste, basado en 120 cartas entre Galileo y su hija Virginia Galilei que aun se conservan.


A pesar de todas sus tribulaciones, Galileo mantuvo su fe en Dios, pues, al igual queLouis Pasteur, creía que el sufrimiento humano tenía algún sentido y tenía que ser recibido con valentía, sabiendo que Dios permite que todo salga bien en beneficio de los creyentes. En concordancia con Job 2:10, Galileo escribió:

"Cualquiera que sea el curso de nuestras vidas, debemos recibirlo como un gran regalo de la mano de Dios, en quien igualmente reposa el poder de no hacer nada de nada por nosotros. De hecho, debemos aceptar la desgracia no sólo con agradecimiento, sino con infinito agradecimiento de la Providencia, que por tales medios nos separa de un amor excesivo por las cosas terrenales y eleva nuestras mentes a lo celestial y a lo Divino." [De la Tercera carta de Galileo a Marco Velseri,  VIII, Citado también de Galileo's Daughter, Sobel, op. cit., 12.]Por otra parte, escribió los siguientes versos en los que describe que Dios es aquél que conoce toda la ciencia (en ésta época, la "ciencia" era conocida como "filosofía", o "filosofía natural"): 
"Infinito es el número de necios, 
de aquellos que no saben nada. 
 Bastantes son los que saben poquísimo de filosofía
 pocos son los que saben alguna cosilla pequeña,
 poquísimos los que saben alguna parte, 
Un sólo Dios, es el que la sabe toda" 
[Il Saggiatore, (El Ensayador), Capítulo IX, (1623)]


La fe de Galileo se resume elocuentemente en la siguiente declaración escrita al final de su viaje por la vida:
"Para el Señor, a quien adoro y agradezco,  
Que gobierna los cielos con su párpado
A Él vuelvo cansado, pero lleno de vida." 
[Il Saggiatore, (El Ensayador), Capítulo IX, (1623); citado por Chiari, op. cit., 321. y  Caputo 2000, 85.]

En 1642, Galileo murió  por muerte natural a los casi 78 años. Se encontraba en su casa, una villa de Arcetri, a las afueras de Florencia. Sus escritos dejaron un bello pensamiento que se le desea al amigo lector:

"Que disfrutes por muchos años de aquellas buenas bendiciones, que te son enviadas a ti, no de las estrellas, sino de Dios, el Creador y Gobernador de las estrellas" [Galileo Galileo (1610), The Sidereal Messenger, enviado desde el Christ's Hospital [Hospital de Cristo], a Cosme I de Médici, Gran Duque de Toscana, 12 de Marzo.]




Ethos de Galileo:

"Prego da Dio il colmo d'ogni felicità."['
Pido a Dios la mayor felicidad'.]
"Nostro Signore Dio gli conceda il compimento d'ogni suo desiderio" ['Nuestro Señor Dios te conceda el cumplimiento de todas tus esperanzas'.]
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