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Cristobal, perdónalos por ser victimas de la leyenda negra



¡FELIZ DÍA DE LA RAZA Y LA HISPANIDAD A TODOS LOS PUEBLOS DEL MUNDO HISPANO, DE ARGENTINA A MÉXICO Y DE FILIPINAS A GUINEA ECUATORIAL!


Los que execran y despotrican contra la obra de España en América, al menos tengan la decencia de hacerlo en quechua o nahuatl.

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¡Oh, cierto! Olvidé que el castellano es la única lengua que conocen...

No es necesario que me digas nada, lo mas seguro es que a partir de este punto a mi, -G48R13L-, no me leas un comino de lo que escribo ya que te parecerá largo y hasta quizás pernicioso, pero ya estoy podrido de la hipocresía...

En fin... ¡qué glorioso es recordar esta gran fecha, una de las más importantes de la Historia de la Humanidad, en que se inició la fusión de culturas y de razas, dando lugar a lo que hoy somos honrando al Gran Navegante, Almirante y Virrey Cristóbal Colón que descubrió el continente donde actualmente vivimos!



“¡Genocidio!”, gritan inmediatamente personas de dudoso credo, cuyas únicas fuentes de consulta sobre el tema son Galeano y Pigna.

¿Acaso esta ignorante afirmación no ha sido ya lo suficientemente rebatida por una abundantísima bibliografía? O mejor dicho, tienen razón... sí que hubo un genocidio: el que los ingleses y sus sucesores los norteamericanos realizaron con las tribus indígenas de sus territorios, deportándolos y exterminándolos sistemáticamente.

“The best indian is the dead one” (el mejor indio es el muerto), rezaba un célebre axioma sajón. La situación fue bien distinta en la América española, donde los recién llegados, movilizados por una cosmovisión que hoy a tantos les cuesta entender, emprendieron una gesta evangelizadora y asimiladora sin parangón en la Historia de la Humanidad. No creemos equivocarnos al afirmar que el mestizaje, la lengua y la religión son la expresión cabal de la hazaña de España en América.

“¡Nos hubiera colonizado Inglaterra! ¡Ahora seríamos rubios y tendríamos dos casas y dos autos!”, exclaman a vivas voces demo-liberales burgueses de escaso entendimiento. Miran a Canadá, EEUU, Nueva Zelanda, Australia (y pará de contar)… y creen que el Reino Unido deja maravillas por donde pasa.

¿Por qué no miran a la India y al resto de sus vastas colonias afro-asiáticas?

Países que hoy se revuelcan en la más detestable de las pobrezas y que fueron colonizados por los piratas. Esto no sería muy diferente del Sudán si hubieran llegado primero los británicos.
Lamentablemente la leyenda negra, que pretendió difamar a España y a sus hijos, ha hecho un daño casi irreparable sustentándose en mentiras y en realidades tergiversadas. El objetivo de estas líneas que escribo a las apuradas (pues las obligaciones en cuanto a trabajo y estudio apremian y dejan escaso tiempo libre) es rebatir brevemente algunas de las mentiras fundamentales que se han cernido maliciosamente sobre esta insigne fecha. De más está decir que no se trata de falsedades inocentes, ya que responden a intereses concretos: ingleses y yanquis, acérrimos enemigos de España, buscan desprestigiar su obra en América, poniendo en cuestión la identidad de los pueblos hispanos y creándoles un complejo de inferioridad que allane el camino a sus designios imperialistas.

¡Qué hablo de ingleses y yanquis! Si nuestros propios padres fundadores, Mitre y Sarmiento, se apropiaron de las perniciosas y nefastas ideas liberales franco-inglesas, menospreciando el pasado hispánico, considerado retrógrada y oscurantista por sus preclaras e ilustradas mentes, que no tuvieron mejor idea que modelar un proyecto de país condescendiente con los intereses económicos de los británicos, convirtiéndonos en su sixth dominion. Por supuesto, este modelo de Estado-Nación incluía la idea de que los negros, indios y gauchos, es decir, la raza hispánica, era inferior y holgazana por naturaleza, mientras que los anglosajones representaban el avance y el progreso.

Si tanto les interesaba copiar a esos países, ¿por qué mejor no siguieron su ejemplo y se abocaron a la industrialización? ¡Pero no! No solo no la fomentaron, sino que acabaron con las políticas proteccionistas impulsadas por Rosas, arrasando con el artesanado local y la incipiente industria nacional.

Volviendo al tema central de estas humildes palabras... analicemos las tergiversaciones históricas que han modelado la leyenda negra anti-española. En primer lugar, el Renacimiento, la Ilustración y el marxismo (con su idea del comunismo primitivo) difundieron la falsa premisa de que, antes de la llegada de Colón a América, los indios vivían en un estado de absoluta armonía, en una especie de paraíso idílico, una Arcadia donde el buen salvaje vivía pacíficamente procurándose su sustento diario y libre de los vicios de la civilización.

Esta imagen nos ha presentado a los indios como las pobres víctimas de la conquista y a los españoles como los malvados codiciosos que solo buscaban exterminar y enriquecerse.
¡Qué pérfida mentira, qué vil engaño! Indigenistas, progresistas, guevaristas, derechohumanistas y garantistas desconocen (u omiten convenientemente) el perpetuo estado de guerra en que se encontraba el continente antes de la llegada de los españoles, con decenas de tribus masacrándose entre sí. Cometeríamos un gravísimo error en ver a los pueblos precolombinos como una unidad. A decir verdad, no eran una unidad cultural, ni lingüística, ni racial, y mucho menos política.

¿Qué tenía que ver un piel roja de los actuales EEUU, con un maya o un araucano?
Ciertamente nada. Colón con lo que primero que se topa es con taínos siendo masacrados por los terribles caribes, devoradores de carne humana (los españoles actuaron protegiéndolos de sus acérrimos enemigos).

¿Que no fue un encuentro entre dos culturas?

Tienen razón: fue un encuentro entre una cultura y cien culturas distintas. “El último día de libertad de los pueblos originarios” llaman al 11 de octubre. Repasemos someramente qué tan libres eran estos pueblos antes de la llegada de Colón…

¿Qué decir de los pueblos más adelantados a la llegada de los europeos, esto es, aztecas, mayas, incas y chibchas? ¿Qué decir más que se trataba de regímenes despóticos y fuertemente estratificados que practicaban los sacrificios humanos y el canibalismo?

Hoy tan idealizados, los aztecas eran el pueblo más odiado de Mesoamérica, que practicaban las tristemente célebres guerras floridas, en las que el único objetivo era tomar prisioneros enemigos para sacrificarlos a sus sanguinarios dioses, llegando a sacrificar a ochenta mil personas en tan solo cuatro días para la inauguración del templo de Huitzilopochtli. Los mayas no le iban a la zaga, destacándose el sacrificio de niños, sus víctimas favoritas. Los incas, si bien sacrificaron en menor medida, no eran menos crueles: deportaciones en masa, opresión despótica y aculturación de los pueblos sometidos eran algunas de las principales prácticas del tan llamado “Estado socialista de los incas”.

Los defensores de los derechos humanos deberían vilipendiar en primera instancia a estos sujetos, que aplicaban la pena de muerte por el delito más leve, y no a España, que nos legó un sistema jurídico avanzadísimo para la época, heredero del derecho romano. Es curioso que grupúsculos de abortistas, feministas y homosexuales idealicen a los indios y rechacen todo lo español. Interesante sería, si existiera la máquina del tiempo, llevarlos a los tiempos del incanato, donde el aborto y la homosexualidad eran penados con la muerte, o ver cómo grupos feministoides reclaman a un curaca o al sapa inca por los derechos de la mujer. Drogarlas para luego momificarlas vivas sería lo más suave que les harían aquellos sujetos.

A decir verdad, muchísimos indígenas vieron en los españoles amos más humanos que los que anteriormente tenían, y no dudaron en aceptar pacíficamente el nuevo orden, así como la religión católica, que condenaba los sacrificios humanos y nada tenía que ver con los sanguinarios dioses mesoamericanos. “El Dios bueno,” llamaban algunos a Cristo. Ciertamente, aún los que rechazan a la Santa Madre Iglesia, piensan y conciben la vida según esquemas mentales y valores claramente católicos. También hay que decir que la guerra de conquista no fue un conflicto de españoles contra los indios, pues muchísimos naturales se aliaron a ellos para vencer a los despóticos imperios mexica e inca. Imposible hubiera sido para Cortés (sin menospreciar las cualidades de su genio militar y estratégico) vencer a los aztecas de no haber sido por la ayuda de varios miles de mesoamericanos enemigos de su despótico gobierno. Otro tanto hicieron las tribus andinas, contribuyendo a la victoria española sobre el incanato.

Así, luego del choque inicial, que ciertamente fue violento (Roma también conquistaba mediante la guerra a sus enemigos, para que luego florezca una rica civilización en las provincias), se creó en maravillosa simbiosis una sociedad indo-hispana que sobrevivió por siglos (no hubiera durado tanto si hubiera sido tan opresiva como dicen).

El triste colapso demográfico de la población nativo se debió fundamentalmente a enfermedades y pestes, tanto autóctonas como traídas por los europeos (véase el cocoliztli, que según las últimas investigaciones fue una enfermedad autóctona que fue más mortal que la viruela y el sarampión). Sin embargo, absurdo sería culpar a los europeos por el contagio de enfermedades; ellos también sufrieron su peste negra, que acabó con un tercio de la población de Europa. ¿Acaso quién tiene la culpa en la transmisión de enfermedades? A decir verdad, el mestizaje contribuyó a frenar las muertes por pestes, pues las nuevas generaciones serían genéticamente inmunes a los contagios, que antes causaron estragos debido a la incapacidad indígena de resistirlas. ¡Y no fue solo un problema para los naturales! También los españoles fueron diezmados por las enfermedades, pues algunas de ellas viajaron de América a Europa, como la sífilis, originaria de las Indias.

Como veo que me he extendido un poco, los temas que restan y que quería tratar serán abordados con excesiva brevedad.
- Primero, el tema del oro.

Los que insisten con el oro, ya desde el principio evidencian un absoluto desconocimiento del tema. En todo caso deberían decir la plata, ya que la explotación de este mineral fue infinitamente más importante que la del oro. El mineral que partía de las Indias a España era el impuesto del quinto real, es decir, el 20% de lo producido, y eso en teoría, pues en la práctica rara vez se alcanzaba ese porcentaje, pagándose solo el 10% o el 15%. De esta manera, la mayor parte del oro y plata producidos quedaban en América y contribuían al sostenimiento y grandeza del Imperio en las Indias.

- Por otra parte, los detractores de España olvidan cuál fue el ordenamiento territorial de las provincias de ultramar. Los indios fueron agrupados en pueblos y reducciones y confirmados en su posesión de las tierras, donde eran gobernados por sus propios caciques y bajo sus propias leyes, e incluso manteniendo la mayoría de sus costumbres (excepto, por supuesto, los sacrificios humanos y el canibalismo, suprimidos por la religión católica). La nobleza indígena fue reconocida por la nobleza española e incluso se realizaron enlaces matrimoniales entre ambas. De los aproximadamente 150 escudos de armas y blasones entregados a los que contribuyeron a la conquista de América, no menos de 20 fueron entregados a familias aristocráticas indígenas. Para ser sinceros, fueron los criollos liberales de las independencias quiénes realmente masacraron y segregaron a los indígenas. Ellos se levantaron contra la Corona para obtener aquello que esta siempre les había negado, es decir, sus derechos sobre los nativos, amparados por la legislación protectora del Derecho indiano (avanzadísimo en derechos humanos para la época). La introducción del liberalismo y del capitalismo a ultranza post-independencia trajo aparejada la destrucción de las comunidades indígenas (por eso la mayoría de ellos lucha en el bando realista durante la guerra de emancipación) y su incorporación inhumana al proceso de producción capitalista, cuando no su exterminio sistemático, más a tono con la cosmovisión protestante anglosajona que con el hispanismo católico, integrador de pueblos, que acá no tuvo colonias, sino virreinatos, provincias del imperio español que gozaban de considerable autonomía.

Ciertamente hubo abusos, a pesar de la intensa legislación indiana proveniente de la Corona, especialmente preocupada por la protección de los nativos. En aquellos siglos, cuando las dificultades de la comunicación marítima tan lejana impedían que las disposiciones de la Corona se hagan factibles en las Indias, resultaba difícil aplicar las leyes protectoras que beneficiaban a los nativos, cuya mano de obra varios encomenderos inhumanos pretendían explotar. Sin embargo, no por eso se puede menospreciar el enorme avance que España significó para la época en su administración colonial.

Nadie como ella discutió con tanto fervor la condición de los indios (los ingleses no se molestaron demasiado en discutir si era lícito hacerles la guerra o no y fueron por la más sencilla: exterminarlos a todos), nadie como España realizó una gesta evangelizadora sin parangón en la Historia de la Humanidad (ingleses y holandeses, cerdos herejes y piratas, hicieron poco y nada por evangelizar a los naturales de sus colonias), nadie como España detuvo la conquista momentáneamente para discutir los justos títulos de dominio sobre las Indias, nadie como España nos legó 26 universidades donde pudieron estudiar incluso los hijos de los caciques (los portugueses no construyeron ni una en sus vastos dominios brasileros), y, por último, nadie como ella nos legó una lengua, una religión, una cultura y una raza (¡El día de la Raza, la Raza Hispánica!) que unificó un continente, y que los británicos se esforzaron tanto en dividir para dominar mejor. Además, la Iglesia siempre actuó a las mil maravillas en su labor protectora del bienestar de los indios, así como numerosos virreyes, como Luis de Velasco. Las ruinas misioneras de todo el Cono Sur así lo atestiguan.

Por eso y tantas otras cosas, demasiado ingentes para redactarlas aquí, es que hoy celebramos el DIA DE LA HISPANIDAD Y NUESTRA RAZA, la hispánica, que no es un concepto biológico (aunque incluye criollos, mestizos, negros, mulatos, malayos, etc.) sino espiritual. El guerrero, el misionero, el paladín de la verdad y la justicia que se opone a todos los obstáculos de la vida y siempre da batalla, el mexicano resistiendo la invasión yanqui, el argentino en Malvinas. ¡Ese es el ser hispano!

Por el Cid, por los Reyes Católicos, por Carlos y Felipe, pero también por Cortés y Pizarro, y por Artigas y Rosas, hemos de recuperar la identidad hispánica que hoy tantos buscan destruir, para así poder renacer del fango en que nos encontramos atascados, y expulsar de una vez y para siempre a los cipayos y vende-patria que entregan nuestras tierras a los imperialismos foráneos.



PLVS VLTRA hermanos. ¡VIVA LA HISPANIDAD Y AL IMPERIO!
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