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Cuando los ingleses temblaron de miedo

Gran Bretaña se vio sumergida en una psicosis colectiva en 1940. Aquel verano la invasión nazi de las islas parecía inminente e inevitable






Era una mañana bucólica en la pequeña y tranquila población de Bramley End, en plena campiña inglesa. La lechera conversaba con una vecina mientras sacaba de la furgoneta botellas del néctar de sus vacas. Otra de las lugareñas limpiaba su jardín de malas hierbas y el reloj de la plaza estaba a punto de dar nueve campanadas.

Aunque Reino Unido se encontraba en guerra contra los nazis, la región todavía no había sido pisada por ninguna bota militar, ni siquiera de las tropas del rey Jorge VI. Pero ese mismo día se conoció la noticia de que un batallón británico se alojaría en el municipio durante unas maniobras de entrenamiento. Los residentes, que debían acogerles en sus casas a falta de cuarteles en la zona, depositaron en ellos su confianza a la hora de defenderles de un hipotético desembarco alemán.

Pero realmente era el demonio quien se había presentado a sus puertas. Porque bajo los uniformes locales realmente se escondían paracaidistas de la Wehrmacht que pretendían establecer un dispositivo de señalización con la ayuda de un destacado miembro de la comunidad local secretamente pronazi. La peor pesadilla del pueblo británico se había convertido en realidad: la temida invasión.

Esta historia solo constituyó el guión de la película 'Went The Day Well?' (¿Fue bien el día?), dirigida por Alberto Cavalcanti en 1942, pero estuvo a punto de basarse en hechos reales. Las fuerzas de Adolf Hitler sí tomaron las islas británicas de Jersey, Guernsey, Alderney y Sark, en el Canal de la Mancha, el 30 de junio de 1940, aunque nunca se produjo un gran desembarco en Reino Unido, quizás el principal objetivo militar incumplido del Tercer Reich.

Todo estaba preparado para ello. La 'Operación León Marino' daría nombre al desenlace de un plan que tuvo su preámbulo en los constantes bombardeos sobre las principales ciudades de la irreductible Inglaterra, que al otro lado del canal desafiaba la amenaza nazi. El principal objetivo de la Luftwaffe era desanimar a la población, pero la pétrea moral inglesa permaneció intacta pese a los ataques diarios, e incluso supo sobrevivir a la psicosis de la inminente invasión que planeó aquel 1940.

"Defenderemos nuestra isla a cualquier precio. Combatiremos en las playas, en los lugares de desembarco, en los campos, en las calles, combatiremos en las montañas, no nos rendiremos nunca", clamó el primer ministro, Winston Churchill, en el célebre discurso que lanzó a sus compatriotas desde los micrófonos de la radio de la BBC.

'Fantasmas' en la orilla

Marcó la pauta de la resistencia a la invasión: sangre, sudor y lágrimas. Incluso, el propio rey, Jorge VI, estaba determinado a defender a su familia con las armas. Para ello, practicaba tiro al blanco diariamente.

El desembarco no se produjo porque la destrucción de la R.A.F. (Royal Air Force) era un paso previo imprescindible. Ahí llegó el gran fracaso alemán. Obligó a posponer la invasión 'sine die'.

La pericia de los pilotos británicos acabó con la mayor parte de la flota aérea dirigida por el mariscal Hermann Goering. Hitler se volcó entonces en el frente del este de Europa, con el inicio de la 'Operación Barbarroja', encaminada a hacerse con el control de la Unión Soviética.

LAS CIFRAS
100.000
hombres penetrarían en Reino Unido desde las costas de Kent y Sussex.
600
tanques participarían en la invasión.
No obstante, eran constantes los 'fantasmas' nazis que los lugareños veían en cada costa, en cada playa. Los campanarios de las iglesias rurales lanzaron repetidas alarmas sobre la presencia de soldados germanos, pero finalmente resultaban falsas. Nunca hubo peligro real de invasión. ¿O sí?






Parece cierto que en julio de 1940 los mandos germanos en la costa Atlántica recibieron comunicaciones de Berlín que llamaban a preparar una posible ocupación de las islas británicas. La orden del Führer alertaba que podría "plantearse la necesidad de un desembarco. El momento de ejecución no está decidido, pero deben realizarse los preparativos necesarios".

Según diversos historiadores, Hitler dio su aprobación a una operación dentro de la cual 100.000 hombres atravesarían el canal y penetrarían en Reino Unido desde las costas de Kent y Sussex, siempre con Londres como gran objetivo tras pasar por Southampton, Gravesand y Bristol. La marina italiana se encargaría de proteger el operativo.

La previsión contemplaba la participación de nueve divisiones, incluyendo seiscientos tanques y paracaidistas. El plan anfibio se llevaría a cabo en cuatro días y se utilizarían 155 transportes grandes, 5.000 embarcaciones medianas y 1.500 remolcadores y lanchas.

Según cuenta Jesús Hernández en su interesante obra 'Enigmas y misterios de la Segunda Guerra Mundial' (Ediciones Nowtilus / 2011), un posible intento fallido pudo haber tenido lugar el 17 de septiembre de 1940. Al día siguiente diversos medios publicaron noticias confusas que nunca llegaron a confirmarse.

Operación fallida o experimento alemán

Para algunas fuentes, problemas de transporte y la falta de una adecuada cobertura aérea llevaron al fracaso de la iniciativa de aquella jornada. Otros apuntaron que las tropas nazis fueron atacadas por aviones británicos cuando aún se encontraban en los puertos franceses. Usaron bombas de combustible que causaron monumentales incendios en las naves e infinidad de bajas entre las tropas que se encontraba a bordo.

La masacre se cifró en un número indeterminado de víctimas. Los aparatos de propaganda británicos y alemán se encargaron de magnificarlos o minimizarlos, respectivamente, pero lugareños franceses hablaron de decenas de miles de quemados que llegaron a los diferentes hospitales. Al parecer, los carbonizados en los propios barcos fueron incontables.

Hernández aporta a su teoría referencias a documentos que aseguran que incluso el diario 'The New York Sun' narró con todo tipo de detalles la frustrada invasión naval, gracias a testimonios de 'observadores neutrales' que señalaron que entre los nazis se produjeron miles de muertos y heridos.

El Tercer Reich negó siempre estas informaciones, algo normal si tenemos en cuenta que ningún ejército admite nunca accidentes que provoquen víctimas en sus propias filas. Una confesión podría provocar una pérdida de confianza de los soldados en sus dirigentes, como sostiene el escritor catalán.

Varios años después de la supuesta operación abortada, el tema llegó a la Cámara de los Comunes británica. El entonces ministro de Información, Geoffrey Lloyd, negó cualquier ataque de la RAF y dijo que los muertos se debieron "al fracaso de un experimento alemán" destinado a comprobar la fiabilidad de los trajes de amianto con los que se dotó a la Wehrmacht para protegerse "en caso de que en la costas inglesas se dispusiera una barrera de petróleo ardiendo".

Según Hernández, la confusión ha presidido siempre aquel posible plan de invasión británica. Incluso, una vez finalizada la contienda bélica, se tuvo conocimiento de que también existía un programa de los servicios secretos británicos para representar un falso desembarco. Para ello se planeó recuperar cadáveres de pilotos alemanes derribados y vestirlos con uniformes de infantería. Más tarde serían abandonados en el agua para que la marea los condujera a la orilla. No hay constancia, sin embargo, de que el proyecto se llevase a cabo.

Con el paso del tiempo el debate se trasladó a la posible viabilidad de la 'Operación León Marino'. Expertos de academias militares han llegado a la conclusión de que hubiera sido muy complicada, porque, además de la derrota de la RAF antes mencionada, se requería asimismo acabar con la supremacía naval británica. El planteamiento era iluso debido a los limitados recursos de la Kriegsmarine nazi.

La invasión en la gran pantalla

No ocurrió, pero ¿qué habría pasado si la Gran Bretaña hubiera sido invadida? La película 'It Happened Here' (Sucedió aquí) (1964) teoriza sobre ello. Nos retrata una Inglaterra sometida a los soldados teutones, donde sólo la resistencia hace frente al enemigo, aunque los focos insurgentes son cada vez más pequeños. Y donde también los simpatizantes de los invasores crecen constantemente.

En su metraje podemos encontrarnos con imágenes surrealistas de tropas nazis desfilando ante el Big Ben, bobbys colaborando con ellos o vehículos de la Wehrmacht en Picadilly Circus. Todo ello en un ambiente de absoluta normalidad.

El cine ha puesto el punto de mira de sus cámaras en la invasión de las islas en diferentes producciones, como la infantil producción de Disney 'La bruja novata' (1971), pero destaca sobre todas la excelente 'El ojo de la aguja' (1981), donde Donald Sutherland protagoniza a un espía nazi que llega a Storms Island para preparar el próximo desembarco de fuerzas compatriotas. Esta basada en la novela 'La isla de las tormentas', de Ken Follett.

Más cercana a la ficción es 'Ha llegado el águila' (1976), que, con Michael Caine como protagonista, fantasea con la operación encargada a un grupo de paracaidistas alemanes para secuestrar a Winson Churchill durante su estancia en un pueblo del condado de Norfolk.

La literatura sobre el desembarco alemán en Reino Unido es extensa. Una de las mejores obras es, sin duda, 'Operación León Marino', publicada por Peter Fleming en 1960.
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