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Curiosidades...

Este post es una recopilacion de diferentes fuentes.

¿Por qué cambian de color los ojos de los niños?



Para entender esto bien, tendríamos que poseer profundos conocimientos acerca de los colores y de la estructura de los ojos. Pero basta a nuestro propósito decir que el color del ojo depende de la estructura denominada el iris, especie de pantalla hecha de fibras musculares, en extremo delicadas, que poseen la facultad dencontraerse y dilatarse. En el centro de esta pantalla existe un orificio que se llama la pupila.

Cuando la pantalla coloreada se contrae, la pupila se ensancha, dejando pasar mayor cantidad de luz al interior del ojo; cuando otro haz de fibras musculares se contrae, la pupila se estrecha para evitar que pase tanta luz.
El color de la pantalla depende de la naturaleza y cantidad de la substancia colorante que sus células contengan y de la manera como éstas se hallen dispuestas.

Al nacer el niño esa materia colorante es poca y por eso los ojos son de color azul pálido. En la semana siguiente el colorante aumenta en los que tendrán ojos oscuros. En los que la materia colorante no se desarrolla o lo hace en pequeña cantidad, los ojos quedan casi como al nacer, esto es de un azul más o menos claro.



¿Por qué corre siempre el tiempo sin detenerse jamás?



Aunque nos sea muy difícil hacernos cargo de ello, el tiempo no existe realmente. Todos los sabios que han estudiado el asunto convienen, sin excepción, en ello. Lo que marcha sin detenerse jamás es la mudanza de las cosas. La mudanza existe siempre en torno nuestro, como en los movimientos de la tierra, de la luna, del mar y de los animales, y en nosotros mismos también, lo mismo en nuestros cuerpos que en nuestras inteligencias.

Hace dicho que todo cambia en el mundo, y que no hay nada estable. Adquirimos la idea de lo que llamamos tiempo por los cambios que observamos en nuestras propias personas y en cuanto nos rodea; y, como quiera que estos cambios jamás cesan, acostumbramos decir que el tiempo jamás se detiene. Tomamos una cosa que varía regularmente, tal como la posición de la tierra en su movimiento alrededor del sol, y por ella medimos el
tiempo; o bien nos valemos del cambio del día y de la noche. Si todo lo que ocurre dentro y fuera de nosotros aconteciese mil veces más despacio, no nos daríamos cuenta de que las cosas se desarrollaban con mayor lentitud, porque no tendríamos punto alguno de comparación.

Si todo cambio cesara de improviso, y todas las cosas se detuviesen donde están, en un momento dado, a las cuatro de la tarde, por ejemplo; si no creciesen las sombras ni llegase la noche; si no sintiéramos hambre ni sed; si nuestra mente no pensase en nada, y si todas las cosas, interiores y exteriores a nosotros, hubiesen de quedar en el mismo estado exactamente en que se hallan en el momento elegido: dejaría de existir el tiempo hasta que empezase todo a cambiar nuevamente. Al principio, a todos se nos ocurre pensar que esto no es cierto; pero ello es debido a que no podemos dejar de pensar que las cosas siguen cambiando, y por eso tampoco nos podemos acostumbrar a la idea de que el tiempo no transcurra.



¿Por qué envejecemos?



Es ésta una pregunta muy ardua, a la que muchos sabios del día tratan de responder. La principal razón parece ser que en nuestro organismo se van depositando gradualmente ciertos despojos inservibles de la vida. Eliminamos fácilmente muchos de ellos, en especial los gaseosos, como el ácido carbónico; pero hay otros de los que no logramos desembarazarnos del todo, y acaban por envenenarnos, porque nos endurecen las coyunturas y los miembros, nos encanecen o hacen caer el cabello, nos arrugan la piel, etc., etc. Tal proceso se retarda mucho más en unas personas que en otras. Es innegable que unas personas están más envejecidas a los cuarenta años que otras a los setenta. Esto nos demuestra que no sólo nos envejece el transcurso del tiempo, sino que a ello contribuye lo que durante él ocurre en nuestro organismo.

Las personas que llevan una vida moderada, en especial, las que no comen ni beben demasiado, y duermen lo debido, pues nuestro organismo elimina y destruye durante el sueño muchos venenos que durante el día produce, tardan más en envejecer. También influye mucho la tranquilidad de espíritu. La inquietud y los sufrimientos morales envejecen, porque debilitan el poder que posee nuestro cuerpo de reponerse del cansancio y de eliminar los venenos; y por eso las personas desgraciadas o enojadizas envejecen con más rapidez que las que llevan una vida tranquila y sosegada. Los que más tardan en envejecer son aquellos que tienen en cuenta estos dos proverbios ingleses:

« No hay mejores médicos que el reposo, la templanza, y la alegría ».
« La alegría, la templanza y el reposo dan al médico con la puerta en las narices ».



¿Por qué concuerdan unas notas musicales y otras no?



En la actualidad es posible contar el número de ondas sonoras por segundo que produce
cada nota musical. Cuando estudiamos por este medio las notas de un acorde de dos o
más de ellas combinadas armónicamente descubrimos que las relaciones entre los
números de ondas por segundo son siempre sencillas. El acorde que resulta más agradable
al oído compónese de notas que producen por ejemplo, 400, 500, 600 y 800 ondas por
segundo. Las cifras efectivas no tienen ninguna importancia, con tal de que la relación
entre ellas sea la misma que existe entre las cifras 4, 5, 6 y 8.

Pero los acordes que nos desagradan compónense de notas que producen tal vez números
como éstos de ondas por segundo: 400, 447, 701, 835, u otros cualesquiera que no
guardan entre sí una relación sencilla. Vemos, pues, que el número posible de acordes no
es muy grande; pero que el de discordancias, en cambio, es infinito. Pero las
discordancias son muy útiles en música, porque hacen resaltar enormemente el valor y de
las armonías, halagando de esta suerte nuestro oído.



¿Por qué causa vemos colores brillantes cuando cerramos los ojos?



Los nervios de la vista producen efectos visuales, cualquiera que sea la causa que los
excite. Ésta suele ser la luz generalmente, pero también pueden ser otras. Una de ellas es
la presión, y por eso « vemos estrellas » cuando recibirnos un golpe en un ojo. Cuando cerramos con mucha fuerza los párpados, producimos cierta presión sobre el globo del
ojo, y por eso experimentamos ciertas sensaciones de luz. Hay también varias cosas en el
ojo que se encienden con la luz y la reflejan durante corto espacio de tiempo después que
se cierran los párpados, viéndolas en nuestra retina. Ésta tiene, además, la propiedad de ver
los objetos más o menos definidamente, después que cerramos los ojos, y estas visiones
reciben el nombre de imágenes remanentes. Unas veces son claras, como los objetos que
las causan, y otras oscuras, correspondiendo su forma exactamente a la de los objetos
brillantes que hemos estado mirando.

Por último, debemos recordar que los párpados
dejan pasar una pequeña cantidad de luz a través de ellos, de suerte que aun seguimos
viendo algo, cuando cerramos los ojos en presencia de la luz. A las personas enfermas el
cerebro puede darles la sensación de luz, con los ojos cerrados, aparte de alguna otra luz
que existe verdaderamente y de las imágenes remanentes.



¿Por que deramamos lagrimas?



No hay ninguna razón aceptable que explique por qué al llorar vertemos a raudales estas
lágrimas que tan indispensables nos son, y que nuestro organismo elabora sin cesar, sin
darnos cuenta de ello. Nadie ignora que nos pasamos la vida abriendo y cerrando los
párpados a cada instante, movimiento que ejecutamos de una manera inconsciente; y que,
si los mantenemos abiertos, como a veces suelen hacer los muchachos en sus juegos,
sentimos en los ojos una sensación desagradable, y acaba por nublársenos la vista
insistimos en ello. Veamos por ocurre así.

Cuando el ojo está abierto, su parte anterior está expuesta a que le entren el polvo y
demás materias que flotan en el aire, y se seca con facilidad, lo que altera sus funciones.
¿Cómo es pues, que, aunque nunca nos lavemos el cristal de nuestros ojos, éstos se
conservan siempre limpios? Porque, sin advertirlo, nos los limpiamos cada vez que
pestañeamos. En la parte superior de cada ojo, y próxima a su ángulo externo, existe una
pequeña protuberancia, llamada glándula lagrimal, la cual está constantemente segregando
lágrimas mientras permanecemos despiertos; y cuando la parte anterior del ojo experimenta
la sensación de sequedad, y tal vez las molestias que el polvo le produce, transmite esta
sensación al cerebro, y el párpado desciende por espacio de un segundo, arrastrando
consigo una lágrima, y humedeciendo y limpiando el cristal del ojo. Es el lavado más suave
y más perfecto del mundo.

También producimos lágrimas a causa de las emociones, las cuales, solo los humanos producen de entre todo el reino animal.



¿Por qué es insípida el agua?



Es una verdad innegable que el agua pura es insípida; pero probablemente ni el uno por mil
de nuestros lectores habrá probado nunca el agua pura, única que es insípida realmente;
pues esto sólo se logra bebiéndola destilada. La que bebemos de ordinario contiene
siempre cantidades de aire en disolución, el cual le comunica cierto gusto. También suele
contener algunas sales. Si hervimos el agua, expulsamos los gases que contiene, y se hace
insulsa e insípida, siendo ésta una de las razones por que se echa a perder el te, si dejamos
hervir el agua mucho tiempo antes de hacerlo.

La razón de que el agua pura sea insípida
es sencilla: una de las principales substancias que entran a formar nuestros cuerpos es el
agua; los nervios del paladar, que rematan en la lengua, están formados de agua, y viven
en esta sustancia; no debemos esperar, por tanto, que el agua los excite. Si así fuese,
constantemente estaríamos saboreando el gusto del agua, lo cual no tendría objeto alguno,
ni nos reportaría beneficio, y todos nuestros sentidos tienen un fin que cumplir, que
consiste en avisarnos las novedades que advierten, no las cosas que se están verificando
de continuo. Por eso el agua es insípida y el aire es inodoro.



¿Por qué es verde una parte tan considerada de la naturaleza?



Dondequiera que la vida encuentra medio de desarrollarse, inmediatamente se manifiesta.
Toma mil formas distintas, pero en casi todas partes la encontramos. Hállase siempre
determina y limitada por la existencia de sustento: donde éste es más copioso allí nos
presenta la vida con mayor intensidad y abundancia; por consiguiente, su distribución
depende de la difusión de las substancias que la nutren. De todos los alimentos posibles
de la vida, el más difundido es el ácido carbónico, puesto que lo contiene el aire y éste se
halla en todas partes; de suerte que la clase de vida más distribuida es la que puede
nutrirse con el expresado gas, y única forma de vicia que puede hacer esto es la que
produce la sustancia verde llamada clorofila, que es uno de los compuestos químicos
más importantes que existen en el mundo. Tal es la razón de que una parte tan importante
de la naturaleza sea verde. Y si tenemos en cuenta la relación que la vida de plantas
verdes tienen con la nuestra, comprenderemos que necesariamente debe haber cierta
cantidad de vida verde en la naturaleza, para que podamos vivir.

En la actualidad,
destruimos los campos verdes y derribamos los árboles verdes, con notoria insensatez,
para surtir nuestras mesas, construir nuestras ciudades, y otros usos; pero aun seguirá
siendo verde gran parte de la naturaleza, mientras no descubran los hombres la manera de
utilizar el ácido carbónico de la atmósfera, como las plantas hacen, y eso va para largo, al
parecer.



¿Por qué no están jamás en reposo los ríos?



Los ríos no están nunca en reposo a causa de la conocida ley de la gravitación universal,
que dice que las partículas de la materia se atraen unas a otras con cierta fuerza en la
dirección de la recta que las une. Por lo que hace a nuestro globo, esto quiere decir que
las partículas de la tierra y las del agua de un río se atraen entre sí; pero como la tierra es
la más poderosa, por decirlo así, atrae al agua hacia los puntos más bajos.

Es decir, que la gravedad de la tierra atrae a todos los cuerpos hacia abajo, y esta fuerza
con que la tierra atrae hacia abajo a los cuerpos es, lo que llamamos el peso de éstos. Las
partículas de un río son constantemente atraídas hacia la tierra, de este modo, y por eso su
movimiento es continuo, hasta llegar finalmente al lugar de más bajo nivel, que es el mar.
Así, pues, podremos decir que los ríos se mueven constantemente, porque tratan por
modo invariable de llegar al mar, que es el que posee un nivel más bajo; lo cual equivale
a decir que es el lugar más cercano al centro de la tierra que el agua puede alcanzar.



¿Por qué las arañas no quedan atrapadas en sus redes?



El vigor extraordinario de que se halla dotada la araña, es el que impide que quede presa
en sus propias redes, de intento dispuestas para cazar animales menos fuertes. Sabido es
que este insecto puede cortar su tela cuando quiere, así es que no corre peligro de quedar
aprisionado en ella.

La araña es un animal admirable, dotado de una astucia prodigiosa,
pero no de gran valor. Si un insecto más fuerte que ella embiste por acaso su tela,
permanecerá inmóvil en un rincón, hasta que aquél se haya marchado y el miedo llegará
en ocasiones a hacerle cortar su tela antes que aventurarse en una lucha, con quien puede
devorarla.

En esto es más avisada que muchos hombres, que tienden a sus semejantes
ciertos lazos, en los cuales caen ellos mismos en proporción a su tamaño, la araña es un
animal muy forzudo, siendo maravilloso que pueda cortar su propia tela; pues dicen que,
en comparación a su peso, es la cosa máS fuerte que se conoce: más fuerte que el acero.



¿Por que sentimos miedo en la oscuridad?



Muchas veces regañamos a los niños, porque sienten miedo cuando los dejamos solos
en una habitación obscura; pero nos inclinamos a creer que merecen más bien compasión.
El temor es un sentimiento instintivo, y a semejanza de otros instintos, requiere ciertas
circunstancias especiales para manifestarse, y una de éstas es la obscuridad. La fuerza de
nuestros instintos varía con las personas, lo mismo que el grado de intensidad con que las
cosas nos afectan; pero el sentir miedo en la obscuridad es indudablemente una cosa
natural, o normal, en los niños pequeños, y no debe ser considerado como signo de
cobardía, pues no tiene con esta vergonzosa cualidad ningún punto de contacto.

Muchas personas que se han dedicado al estudio del instinto, han tratado de averiguar el
origen de este miedo a la obscuridad, y, aunque en nuestros días es prácticamente inútil,
fácil es comprender que como todos los instintos, ha debido ser sumamente provechoso
en épocas remotas. Él ha evitado de seguro que los niños se perdiesen en la obscuridad y,
al hacerles llorar, habrá dado a conocer su paradero a las personas encargadas de
cuidarlos, cuando se extraviasen. En épocas remotas, cuando todos los enemigos del
hombre, como las fieras, estaban constantemente en acecho de su presa, ha debido de ser
en extremo provechoso que los niños sintiesen temor a la obscuridad. Muchas personas
mayores que nada tienen de cobardes, experimentan a veces idéntico temor, aunque
procuran ocultarlo.



¿Por qué nos causan temor los grandes ruidos?



El miedo a los grandes ruidos es muy común en los niños; y lo más interesante es que no
son los sonidos más altos, sino los de tono más grave los que más les asustan. A veces
vemos que un ruido de esta clase hace sufrir horriblemente a un niño en pleno día, aunque
se encuentre en brazos de sus padres, y sean éstos mismos quienes, para reírse, los
produzcan. La criatura comprende que no existe ningún peligro real, pero esta clase de
ruidos le amedrenta y le obliga a pedir a sus padres, con lágrimas en los ojos, que cesen
en su juego. Si en vez de reírnos de la infeliz criatura, nos paramos a reflexionar lo que su
miedo significa, y nos fijamos en la semejanza que guarda este ruido, que es el que más le
aterra, con un gruñido, o con el profundo rugido de una fiera, nos explicaremos su miedo.

Los instintos del hombre hállanse muy arraigados, y la sucesión de los siglos no basta a
extinguirlos. Si hacemos un estudio detenido de nosotros mismos, y en especial de los
niños, encontramos vestigios de todos los instintos que poseen los animales; instintos que
han sobrevivido a los tiempos en que el hombre hacía vida salvaje, como aquellos, y en
que semejantes instintos danle de inapreciable utilidad para la conservación de la vida.



¿Por qué son todos los mundos redondos?



Es muy cierto que todos los mundos son redondos, o casi redondos al menos, y que si no lo
son enteramente, hay para ello una causa especial. La tierra, por ejemplo, no es
completamente redonda, sino un poco más ancha por el ecuador, por la sencilla razón de
que su rápido movimiento giratorio alrededor de su eje, hace que se deforme un poco. Hay
algo, digno de ser notado en esto de la redondez; porque no sólo son redondos los mundos,
sino que las gotas de agua propenden a tomar la forma más redonda posible; y, si se dejan
caer desde una cierta altura gotas de plomo fundido, se obtienen perdigones redondos. La
razón es porque en todos estos casos existe una cierta fuerza que pugna por acercar todo lo
posible, unas a otras, las diversas moléculas del mundo, y también las de la gota de agua.

Siendo esto así, la forma que el mundo y la gota propenderán a tomar será aquella en que
queden dichas moléculas ligadas unas a otras, lo más estrechamente posible; y esta forma
es la esférica, o sea la de una bola redonda. Cuando un número crecido de personas desean
contemplar al mismo tiempo un objeto curioso, ¿qué figura formarán en torno de él? Un
círculo, sin duda. El objeto es un centro de atracción; como lo son el centro de la tierra o
el del sol, alrededor del cual se agrupan todas las moléculas con la mayor proximidad que
cabe, siendo esa la causa de que formen una esfera.



¿Por qué una misma flor puede tener distintos colores?



Todas las materias colorantes de los seres vivientes son compuestos químicos
perfectamente definidos, como todos los colores de una caja de pinturas. Son elaboradas
donde conviene que existan, por la vida de las células correspondientes de la planta o
animal. Por eso debemos considerar las células como diminutos, pero maravillosos
químicos, capaces de elaborar con la savia de las plantas y el ácido carbónico del aire los
diversos compuestos que prestan sus brillantes colores a las hojas y a las flores.

Hasta aquí está todo muy claro; pero, cuando se nos pregunta cómo es que las células de
unos mismos pétalos elaboran una clase de color en unas partes de ellos y otra clase
completamente distinta en otras partes de los mismos, sólo podremos responder que son
misteriosos poderes de la vida.

Nos hallamos en vísperas de avanzar algo más hacia el descubrimiento de este oscuro
misterio, porque empezamos a conocer los detalles del proceso químico que engendra los
colores. También se va haciendo posible demostrar cómo los colores de las plantas varían
de los padres a los hijos, y cómo reside en las semillas la causa que determina qué color
han de tener las plantas que de ellas brotan. Los cimientos de cuanto se sabe acerca, de
este particular, fueron establecidos, hace cerca de medio siglo, por un monje austriaco,
llamado Mendel, que estudió unos guisantes que plantó en su jardín; pero su meritoria
labor permaneció ignorada hasta hace pocos años.

EL COLOR DE LAS FLORES (descubrimientos actuales)

Las flores deben su color a dos tipos de pigmentos: pigmentos liposolubles contenidos en los cromoplastos y pigmentos hidrosolubles contenidos en las vacuolas de las células epidérmicas de los pétalos. Casi todos los tonos azules y púrpuras se deben a pigmentos vacuolares llamados antocianinas. Éstos cambian de color en función del grado de acidez o alcalinidad y del tipo exacto de antocianina: si la solución vacuolar es básica, el color es azul; si es neutra, vira al púrpura o al violeta; y si es ácida, se convierte en rojo. Los rojos pueden deberse también a la presencia de pigmentos cromoplásticos. Los amarillos los dan casi siempre las flavonas, como en la prímula. El color blanco de los pétalos se debe a la presencia de diminutas bolsas de aire entre las células que los forman.



¿Por qué los ancianos recuerdan mejor las cosas antiguas?



Pues bien, frecuentemente encontramos ancianos que, en lugar de recordar mejor las últimas impresiones, las recuerdan peor, y si bien dudan y vacilan con respecto a los acontecimientos recientes, en cambio, se acuerdan con toda claridad de hechos ocurridos varios años antes.

La explicación de este fenómeno está en que las nuevas impresiones han sido hechas en un cerebro que a perdido su facultad de ser impresionado; mientras las antiguas se hicieron en una mente joven y muy impresionable, y el paso del tiempo no a podido borrarlas, porque arraigaron profundamente.



¿Por qué soñamos?



El cerebro posee muchas partes, algunas de las cuales están muy despiertas mientras las restantes duermen. Esto es precisamente lo que ocurre, cuando soñamos. La mayor parte del cerebro, y en especial sus regiones superiores, permanecen dormidas mientras soñamos; pero otras partes siguen despiertas, y, faltas de la guía y dirección de las potencias principales de la mente, empiezan a recordar ciertos hechos, sobre todo los acontecidos en fechas más recientes . Tal vez, únicamente cuando nuestro sueño es profundo, dejamos de soñar, y parece comprobado que casi todas las personas tienen sueños, de los cuales no recuerdan nada al despertar.

Cuanto más indeciso es un sueño y mayor es la facilidad con que se nos olvida, menor número de partes del cerebro han estado despiertas, pero, cuando tenemos sueños largos y completos, en los que vemos las cosas con claridad, y las recordamos después perfectamente, es porque han estado despierta la mayor parte del cerebro.
Cuanto menos soñamos, mejor, porque ello indica que nuestro sueño ha sido completo; y, en caso de soñar, lo mejor es que apenas recordemas lo que soñamos.



¿Por qué tenemos pesadillas?



Lo peor que podemos tener es una pesadilla, que no es otra cosa que un sueño que nos parece verdadero y real, y se distingue por sus caracteres de intensidad y horror. Cuando se padecen frecuentes pesadillas, no debemos mirar con indiferencia el asunto, pues en algunas personas son débiles a enfermedades cardíacas, las cuales evitan que la sangre llegue a nuestro cerebro con la regularidad necesaria. Pero, por lo general, las pesadillas provienen del estómago, siendo su origen una desagradable sensación en dicho órgano.

De todas estas causas las más comunes son las indigestiones, y todos los que padecen de pesadillas deben fijarse mucho en lo que comen, antes de entregarse al sueño . Estas personas no deben, de ningún modo, hacer comidas abundantes y fuertes, sin que mida un intervalo de tres horas, por lo menos, entre ellas y el momento de acostarse.

A parte de lo desagradables que resultan, no debe perderse de vista que cada pesadilla supone una mala noche y, por tanto, una falta de descanso de todo el organismo, el cual necesariamente ha de resentirse.



¿Por qué es peligroso andar dormido?



El sonambulismo es una cosa muy común, si bien lo es mucho más en sus formas leves que en las agudas. Nada tiene de alarmante ni existe razón alguna para suponer que sea perjudicial al que lo padece. Es una cosa extraña, y esto es lo peor que podemos decir de él. Limitémonos, pues, a recordar que el mejor lugar para despertar a un sonámbulo, es su lecho, porque de esta manera no experimentará sobresalto alguno.

Por lo general, es muy fácil persuadirle a que vuelva a la cama, pues las personas que se encuentran en ese estado se dejan sugestionar fácilmente. Su mente se halla dormida, y no interviene para nada, como lo haría si se encontrase despierta. Claro es, que el sonámbulo puede hacerse daño y por eso es conveniente precaverse contra esas contingencias. Sin embargo, el sonámbulo procede siempre con maravillosa cautela, y, aunque le veamos
arrastrándose por un tejado, no corre peligro alguno, a no ser que se cometa la torpeza de despertarlo en aquel momento, porque tiene dormida la parte del cerebro que rige la conciencia, y no tiente temor alguno; y todos sabemos que, en la mayor parte de los casos, el miedo es lo que engendra el peligro de las cosas.



¿Por qué brincamos cuando recibimos una sorpresa?



El salto que damos cuando recibimos una sorpresa, así como el acto de cerrar los ojos cuando se aproxima a ellos algo, se llaman movimientos reflejos. Estos movimientos reflejos se efectúan constantemente en nuestros cuerpos, y en los de todos los seres vivientes, y sin ellos no podríamos vivir. Denominase reflejos, porque la acción sigue inmediatamente a la causa que la excita, cual si se tratase de una pelota reflejada en una pared, o en otro objeto análogo. El rasgo distintivo de los movimientos reflejos es que la voluntad no influye para nada en ellos. No queremos saltar; nuestra mente no piensa siquiera en ello; no advertimos nuestro movimiento hasta después de haberlo ejecutado.

La voluntad no interviene en la producción de los movimientos reflejos; pero puede dominarlos e impedirlos, si se halla revenida y tiene tiempo para ello. revenida eso saltamos, cuando nos sorprende un ruido inesperado, como el golpe de una puerta cerrada bruscamente; y nos quedamos tan tranquilos cuando sabemos que se va a producir dicho ruido, como cuando cerramos nosotros mismos la puerta.



¿Por qué balanceamos los brazos al caminar?



Difícil es decir de un modo categórico, por qué balanceamos los brazos cuando andamos; pero no cabe duda de que caminamos con mayor comodidad cuando dejamos que los brazos oscilen libremente, que si lo hacemos con ellos fuertemente adosados a los lados del cuerpo. Esto es probablemente debido a que tal movimiento, sin darnos cuenta de ello, nos ayuda a guardar el equilibrio del cuerpo, cuando, al caminar, nos quedamos sobre un pie mientras alzamos el otro.

Lo cierto es que el hecho de sernos más cómodo el andar balanceando los brazos, parece indicar que la naturaleza ha querido que instintivamente los movamos para asegurarnos un equilibrio más perfecto.



¿Por qué cambian de color los camaleones?



Los cambios de coloración de los camaleones se deben a que en su piel hay unas celdillas especiales, llamadas cromatóforos, que contienen pigmentos de diversos colores, o también una substancia cristalina capaz de reflejar el color del ambiente que rodea al animal. Estas celdillas son muy elásticas; cuando se distienden, aparece a la vista su color con gran intensidad, y si se contraen, el color palidece. Sus contracciones y dilataciones son gobernadas, desde luego, por el sistema nervioso, obedeciendo a estímulos recibidos generalmente por la vista, pero no dependen para nada de la voluntad del camaleón, sino de su estado de ánimo.

Según que el reptil esté tranquilo, o enojado, o asustado por alguna cosa, funcionan los cromatóforos de un color o de otro, y la coloración general del animal varía de tono; pero, por otra parte, cuando se halla tranquilo, los cromatóforos que reflejan los colores externos están dilatados, y por eso nos parece que el animal es de un color parecido al del lugar en que se halla.

El mismo fenómeno se observa en otros lagartos, y también en algunas especies de ranas y en los pulpos.
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