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Datos interesantes sobre resucitar muertos

En el año de 1986, una niña de dos años llamada Michelle Funk cayó en un riachuelo y se ahogó. En el momento en que los paramédicos lograron localizarla, llevaba sin respirar más de una hora y su corazón se había detenido. En otras palabras, había muerto. Por curioso e inexplicable que parezca, los paramédicos continuaron con su intento de salvarla, y después los médicos en la sala de urgencias del hospital. Tres horas después de que Michelle había fallecido, su corazón volvió a latir.




Revivir personas es una práctica que data del siglo XVIII

En el año de 1700, varias personas de noble corazón en varias ciudades europeas comenzaron a interesarse por revivir a las personas que se ahogaban. Sus métodos pueden parecernos excéntricos – colocaban al muerto en un caballo trotando, lo sumergían en agua helada, raspaban la parte posterior de su garganta con una pluma, soplaban humo de tabaco en el ano, le propinaban golpizas, etc. –, pero algunos de estos actos tenían, de hecho, una base científica.



El movimiento de un caballo al trote podía resultar en la contracción y expansión sucesiva del diafragma, lo suficiente como para forzar al aire a entrar y salir de los pulmones y estimular la circulación de forma no muy diferente a la actual técnica de resucitación cardiopulmonar. En el caso del humo del tabaco, este contiene nicotina, sustancia que obliga al cerebro a liberar adrenalina, que a su vez aumenta la frecuencia y la fuerza de las contracciones del corazón. De hecho, la adrenalina es un elemento indispensable en las ambulancias.

“Algunas de las técnicas que se intentaron en aquella época eran extrañas, pero acabaron por ser ancestros directos de cosas que empleamos en la actualidad”, dice Casarett. “La respiración boca a boca fue pionera, según puedo asegurar, en Ámsterdam de finales del siglo XVIII, y sigue siendo uno los pilares de la resucitación en la actualidad”.



Volver del más allá tiene un costo

Restaurar la vida puede que se esté haciendo mucho más fácil con la ayuda de las nuevas tecnologías médicas, pero si es una vida digna de ser vivida ya es otra cuestión.



Según Casarett, la calidad de esta vida puede ser cuestionable, especialmente cuando un paciente reanimado nunca recupera la conciencia. Y después está el asunto del que nadie gusta platicar: los costos financieros, que pueden llegar a más de US$ 20,000 por día.

Conforme la ciencia médica avanza, podemos esperar más historias increíbles de resucitación. Sin embargo, también podemos esperar debates más ríspidos sobre los costos emocionales y financieros de estas nuevas tecnologías, y sobre qué tipo de vida o muerte nos ofrecen.



Morir no es tan simple como antes

La línea entre “vivir” y “morir” se hace cada vez más estrecha gracias a los avances de la tecnología. “Varios médicos con quienes conversé me dijeron que hace apenas cinco años, cuando tenían que atender a un paciente con paro cardiaco, era bastante claro en algún momento que ya estaban agotadas las posibilidades y que no había mucho que se pudiera hacer”, relata Casarett.




Pero ahora existe toda una variedad de cosas para intentar. Por ejemplo, hoy existen máquinas de oxigenación por membrana extracorpórea que pueden retirar la sangre de un paciente con insuficiencia cardiaca, oxigenándola y bombeándola de vuelta al cuerpo, manteniendo a la persona con vida – o algo por el estilo. “Esa línea se está haciendo mucho más difícil de definir gracias a todas estas tecnologías”.


La resucitación no funciona como lo vemos en TV

La mayor diferencia entre la reanimación que solemos ver en la TV y la realidad es la probabilidad de éxito. “En la TV, parece mucho más fácil y eficaz que en la vida real”, afirma Casarett.



Un estudio de la década de 1990 intentó cuantificar esa diferencia, y los investigadores descubrieron que el 75% de las personas que recibieron RCP en la TV sobrevivían, en comparación con el 30% de la vida real.

Otra diferencia es que las personas recientemente reanimadas muchas veces vomitan. Cuando se está inconsciente, los músculos de relajan, incluso el musculo del esfínter en la parte inferior el esófago que normalmente impide que el contenido estomacal vaya para arriba. Una persona recostada sobre su espalda recibiendo golpes en el pecho con ese musculo relajado probablemente escupirá alguna cosa después de ser reanimada, algo que no podemos entender porque no estamos acostumbrados a verlos en televisión



Los animales que hibernan podrían ayudarnos a resucitar en el futuro

Mediante el proceso de hibernación, los animales como los osos y las ardillas disminuyen su actividad metabólica para sobrevivir a la escasez del invierno. Si los seres humanos tuvieran la posibilidad de ser colocados en un estado semejante, sería una excelente alternativa a colocarlos en hielo (o sustituir su sangre con una solución salina congelada) para preservar su cerebro y otros órganos.





Si mueres y quieres vivir para contarlo, es mejor que mueras en un lugar frio…

Casarett narra en su libro varios casos notables de individuos que retornaron a la vida después de una hora o más sin respiración ni frecuencia cardiaca. En todos estos casos, había una constante, el individuo había “muerto” en un lugar frio, como el caso de una mujer sueca que sobrevivió 80 minutos presa bajo el hielo de un riachuelo congelado.



No se trata de coincidencias. Cuando las células se privan de oxígeno y nutrientes, rápidamente comienzan a autodestruirse. El frío retarda este proceso, reduciendo las necesidades metabólicas de las células. Esto permite que el cerebro y otros órganos no sufran el mismo daño que estando a temperatura ambiente, en el que no hay prácticamente ninguna posibilidad de que sobrevivían, por lo menos no cognitivamente intactos.

“Actualmente, algunos de los trabajos médicos más emocionantes sobre reanimación implican bajas temperaturas”,
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