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Desastres navales que determinaron el curso de la Historia



Un listado de catastróficos desastres navales que impusieron su propio ritmo a la historia.






Quien controla los mares, controla el mundo. Quizás esto cambie en el futuro cercano por el control del aire o del espacio exterior, pero hasta el minuto sigue siendo una verdad geopolítica manifiesta. Después de todo, con drones puede matarse a una persona a distancia, pero la única manera de sofocar una revuelta desde el aire es soltando una bomba nuclear, recurso muy poco político y de escaso valor estratégico si se considera la destrucción de infraestructura adicional a las pérdidas humanas.

Por su parte, quien posee poder marítimo puede desembarcar y extraer tropas desde cualquier sitio y sin obstáculos. En un planeta en que dos terceras partes de la superficie son aguas que están interconectadas en una red oceánica mundial, esto es una ventaja manifiesta. Pero el mar es un elemento difícil. A veces el clima o las corrientes hacen difícil la navegación. O a veces, la decidida resistencia o una estrategia inteligente por parte del enemigo defendiendo la cabeza de playa consigue lo imposible. Las operaciones marítimas son en general caras, y un desastre en los mares es mucho más difícil de remontar que uno en tierra firme. A continuación, en este posteo haremos un brevísimo repaso a once desastres navales cuyas consecuencias fueron tan desastrosas para el perdedor, que bien puede hablarse de que cambiaron el curso de la Historia. O que lo mantuvieron, si es que la operación hubiera marcado un nuevo rumbo de haber sido exitosa.



1. DELTA DE EGIPTO. HACIA 1190 ANTES DE CRISTO.




La historia de la invasión de los "Pueblos del Mar" a Egipto siempre se cuenta del siguiente modo: los invasores se abalanzaron sobre Egipto desde el mar, y los egipcios después de una heroica defensa, los rechazaron. Es obvio que lo veamos así, porque no quedaron testimonios del otro lado para contarnos la historia según los perdedores. Y sin embargo, hagamos un ejercicio mental y pongámonos en el lugar de los Pueblos del Mar. Resulta que ellos, probablemente aqueos, habían atacado y derribado al Imperio Cretense. Luego desembarcaron en Troya y la arrasaron. O sea, eran la mayor potencia marítima del Mar Mediterráneo en su tiempo. Incluso Egipto la pasó muy mal defendiéndose, y debió renunciar a sus dominios en Siria y Palestina, simplemente porque no le quedaron efectivos con los cuales defender las regiones periféricas de su imperio. ¿Qué hubiera pasado si los Pueblos del Mar hubieran triunfado? Los egipcios tuvieron una capacidad manifiesta para asimilar culturalmente a cuanto invasor se le puso a tiro, incluyendo mercenarios libios, monarcas nubios y generales griegos; a los que no lo logró, los ahuyentó como a los hicsos o a los asirios. ¿Pero y si las costas egipcias hubieran quedado comprendidas dentro de un imperio marítimo más grande que abarcara desde Micenas hasta el Delta del Nilo? Lo cierto es que el resultado fue otro: los Pueblos del Mar sufrieron una derrota tan aplastante, que desaparecieron de la Historia. Aunque se sospecha que los filisteos descienden de ellos. Los hebreos tendrían tiempo más adelante para maldecir por esto.


Otra visión de la invasión.


Egipcios sorprendiendo a los Pueblos del Mar en su campamento. Así no se puede...



2. ISLA DE SALAMINA. 480 ANTES DE CRISTO.




El rey persa Jerjes tenía el plan de enviar un ejército por tierra, apoyado por una escuadra en el mar, para dominar Grecia. Las naves de su flota eran las pesadas galeras fenicias, capaces de machacar sin problemas a las más ligeras naves griegas. Además, las naves persas eran superiores en número. Gracias a este planteamiento habían conseguido arrasar Atenas, y se disponían a marchar sobre Esparta. Sólo que Temístocles, el almirante ateniense, fue más listo. Por medio de contraespionaje hizo creer a los persas que se retiraba, y los engañó para que pasaran por el estrecho que separa la isla de Salamina del continente europeo. Luego bloqueó ambas salidas del estrecho con sus propios barcos. La superioridad fenicia se volvió en su contra: con poco espacio para maniobrar, las naves empezaron a chocar entre sí y a naufragar. Jerjes no sólo perdió una enorme escuadra, sino que su ejército de tierra se quedó sin apoyo logístico, y fue derrotado en dos batallas casi simutáneas (Platea y Mícala) al año siguiente. Si no hubiera sido por este desastre, Jerjes hubiera conquistado Grecia, y la historia mundial posterior quizás hubiera sido muy diferente.


La batalla. Esta se libró bastante cerca de la costa, por lo cual los soldados eran importantes para capturar o ayudar a los náufragos una vez alcanzaran la costa (obviamente, dependiendo del lado del cual fuera el náufrago...).


La reina Artemisia dirigiendo su nave. Contrariamente a la creencia general, y a la caricatura que hicieron en la secuela de "300", ella no combatió tan decididamente, y cuando llegó el momento, no le importó hundir a un aliado con tal de escapar. Pero Jerjes se confundió, creyendo que había hundido a un griego, y por eso habría dicho que sus mujeres se habían convertido en hombres y sus hombres en mujeres.



3. SIRACUSA. 413 ANTES DE CRISTO.




Atenas estaba metida hasta el cuello en una guerra a muerte contra Esparta. Y aprovechando un pretexto, los atenienses vieron con buenos ojos el intervenir en Sicilia, en el sur de Italia, o sea demasiado lejos de Grecia de acuerdo a los medios de locomoción de la época. La idea era tomarse Siracusa, una ciudad aliada de Esparta, y con ello eliminar la influencia espartana en la región. La recompensa sería mejorar el comercio ateniense, aislar a Esparta de sus recursos en el Mediterráneo Occidental, y decidir una guerra que ya se prolongaba casi dos décadas. En estricto rigor no hablamos de un desastre naval aquí, sino de un desastre anfibio: los generales atenienses a cargo, llamados Nicias y Demóstenes, hicieron cuanto pudieron por doblegar a las defensas siracusanas, pero sin éxito. La expedición no es que acabara en derrota, sino que ésta se convirtió en desastre. Casi todos los soldados atenienses fueron masacrados después de algunos meses de hostilidades, y los escasos supervivientes que quedaron, acabaron sus días en las crueles e inhumanas condiciones de las minas de sal. Atenas aún pudo aguantar otros ocho años de guerra, pero la expedición a Sicilia selló su suerte: ya no estaría capacitada para montar operaciones navales a tan gran escala, y con esto su imperio quedó sentenciado a muerte.


Lo dicho, fue un desastre anfibio, con un gran componente terrestre. Con la moral baja dado el desastre naval (que les impedía, de hecho, retirarse de Sicilia), el ejército ateniense fue masacrado en una desastrosa retirada.


Batalla a las puertas de Siracusa. Fue una de las pocas veces que los atenienses se mostraron incompetentes en una batalla naval. El problema es que Atenas entró en guerra con recursos limitados, por lo cual cualquier derrota le era potencialmente letal. Recuérdese que el Imperio Persa alimentaba con su oro a Esparta y sus aliados, por lo cual estos podían permitirse perder flota tras flota, viniendo a ganar sólo cuando pudieron comprar a los remeros de la flota ateniense...



4. MAR DE JAPÓN. 1281.




Las operaciones de desembarco anfibio siempre son delicadas. No sólo deben enviarse tropas de ocupación suficientes a un territorio que puede presuponerse muy defendido, sino que además debe proporcionárseles naves suficientes para el transporte. Kublai Khan, el señor mongol que era amo supremo de China a finales del siglo XIII, decidió intentar una de estas operaciones en contra de Japón. La ocasión fue histórica. Era la primera vez que los mongoles, avezados jinetes de la estepa, probaban una operación militar marítima en gran escala. Aunque los mongoles debían remontar varios desafíos, tenían también varias ventajas en su favor. La principal era que los mongoles tenían a su haber toda la población de China para reclutar tropas y enviarlas a combatir de manera masiva, mientras que Japón no sólo tenía menos población, sino que además descansaba en los samurais, un puñado de guerreros cuyo mortífero entrenamiento no compensaba necesariamente su escasez. Además, Kublai Khan tenía dominios estabilizados, mientras que los japoneses vivían por aquellas fechas en un estado casi crónico de guerra civil. Kublai Khan hizo no un intento, sino dos, en 1274 y 1281. La primera vez se vio fastidiado por una tormenta que amenazó con echar a pique su flota, juzgando más prudente retirarse. La segunda, un tifón aún más grande, el llamado kamikaze o viento de los dioses en japonés, destruyó la flota mongola. Si Kublai Khan hubiera conquistado Japón, cabe preguntarse qué hubiera pasado con la cultura japonesa bajo dominio extranjero. Quizás China y Japón hubieran crecido mucho más hermanados, con consecuencias impensables para el equilibrio geopolítico mundial. Pero lejos de ello, este desastre ayudó a cimentar las bases del nacionalismo japonés. Japón tendría ocasión de devolverle la mano a China en 1937. Con consecuencias tan horribles que aquello terminó siendo llamado la violación de Nanking.


Ya se mencionó anteriormente, el destino de los sobrevivientes de la flota derrotada era por regla general cruel - en el mejor de los casos, rápido -, y eso cuando no eran tratados como esclavos (que generalmente era peor).


Mal asunto el de los tifones. El problema es que se presentan en verano, cuando las condiciones para navegar son mejores (y casi las únicas para hacerlo, en la época de Kublai), por lo cual una invasión anfibia hacia el Japón era un asunto sumamente difícil, al menos hasta la aparición del vapor como fuerza motriz.



5. CANAL DE LA MANCHA. 1588.




Felipe II de España seguía en guerra no declarada con Inglaterra, y decidió cortar por lo sano, desembarcando un ejército desde Flandes hacia las cercanías de Londres, para derrocar a la Reina Isabel. Para este efecto, envió una escuadra al Canal de la Mancha que sirviera como transporte y puente. La Armada Invencible estaba en inferioridad numérica frente a las naves inglesas, pero a cambio tenía una mayor potencia de fuego, y además no necesitaba enzarzarse en combate: le bastaba con llegar indemne a destino para cumplir su misión. Sólo que los ingleses fueron más astutos (tanto que envenenaron al almirante español antes de su salida, por lo cual el mando cayó en un oficial sin experiencia), y presentaron batalla, pero aprovechando la mayor maniobrabilidad de sus naves para cañonear a los españoles sin exponerse al fuego enemigo. En el puerto de Las Gravelinas, en Flandes, actualmente en Francia, se libró el combate decisivo. Los españoles sufrieron pérdidas tan salvajes, que dieron por perdida la misión. Ni siquiera se atrevieron a regresar por el Canal de la Mancha, y prefirieron como opción más segura darse la vuelta a todas las Islas Británicas. Apenas la mitad de las naves españolas llegaron de vuelta a puertos españoles. El desastre fue tan absoluto, que España nunca más pudo tentar una operación de tales dimensiones. Sería necesario el desastre inverso del Desembarco de Cádiz de 1625 para que los ingleses perdieran la iniciativa, y aún así, España ya no era la enorme potencia naval que alguna vez fue.


Una imagen típica de los combates entre ingleses y españoles en el canal de la mancha. Lo que generalmente olvidan decir es que si bien el número de cañones entre las flotas era similar, los ingleses tenían unos 100 barcos más, por lo cual podían concentrar su fuego, mientras que los españoles tenían por fuerza que dispersarlo, disminuyendo su eficacia.


Otra imagen de los combates entre la flota española y la inglesa. Si bien los ingleses dañaron mucho a los barcos españoles, no fueron capaces de rematarlos, y la mayoría de las pérdidas españolas se debieron al mal tiempo atmosférico, dando algo de razón al duque de Medina-Sidonia cuando señaló como excusa que "los elementos han estado en contra nuestra".



6. LA CORUÑA Y LISBOA. 1589.




¿Desembarco en Cádiz, dije? No, ya que hubo un desastre aún más absoluto mucho antes. Con la derrota de la "Armada Invencible" - recordemos que el nombre es inglés, ya que el español era "Grande y Felicísima Armada" - a Isabel se le abrió el apetito, y enconmendó a su pira..., digo, almirante favorito, Francis Drake, tomarse la revancha, dándole para ello una flota aún más grande que la que había derrotado a los españoles, con tres objetivos claros: destruir lo que quedaba de la Invencible, poner en el trono de Portugal a un contrario a Felipe II (y de paso, convertirlo casi en un protectorado de Inglaterra) y capturar la Flota de Indias. Como no tenía fondos, literalmente armó una empresa, llamando a financistas privados para que pusieran el dinero, obteniendo a cambio pingües ganancias con los tesoros capturados (o eso creían). Pero Drake no tenía las dotes necesarias para mandar una flota de tal calibre, además de adolecer de algo de indisciplina. En efecto, no atacó el puerto de Santander (donde estaba la flota española) sino que se dirigió a La Coruña en la creencia que allí había un gran tesoro. Sin embargo, fue derrotado inapelablemente, siendo la principal figura de la defensa una mujer, María Pita. Después, se dirigió a Lisboa, tratando de conseguir la separación de Portugal. Pero aquí la paliza fue mayor, ya que los españoles, que disponían de galeras, aprovecharon la falta de viento para atacar impunemente a los ingleses. Drake ya debería haber escarmentado, pero continuó hacia el sur tratando de encontrar la Flota del Tesoro, pero sólo consiguió perder más hombres, ahora a causa de las enfermedades y la falta de víveres. Para rematar, y como no quería llegar con las manos vacías, capturó barcos mercantes de la flota hanseática, los cuales debieron ser devueltos - presumiblemente, con intereses - ante la perspectiva de ganarse otro enemigo más. La aventura costó cinco veces más de lo que recaudó, más las pérdidas en barcos y hombres. Con razón el tratado de 1604 fue favorable a España.


El puerto de La Coruña. Aunque la tesis más extendida es que Drake creyó que había un tesoro en ese lugar, también se piensa que quería los víveres que disponía en abundancia la ciudad, al ser punto de partida de numerosa flotas españolas.


Estatua de María Mayor Fernández de la Cámara y Pita, la heroína de La Coruña. Se dice que una vez muerto su marido, ella participó de la defensa de las murallas, y no contentándose con ello, tomó una pica y atravesó al alférez inglés que dirigía en esos momentos el ataque, arrebatándole además el estandarte. Con ello la moral de los ingleses se fue a pique (perdón por el chiste fácil).



7. CARTAGENA DE INDIAS. 1741.




Era casi inevitable. El Imperio Español era rico en recursos, pero iba en declive, mientras que el Imperio Británico iba en pleno ascenso. Más tarde o más temprano, el retador iba a desafiar al campeón, lo que ocurrió en 1739 con el estallido de la Guerra de la Oreja de Jenkins. En 1741, los ingleses decidieron enviar una poderosa escuadra de casi doscientas naves a tomarse Cartagena de Indias, uno de los más importantes puertos del Imperio Español. Las fuerzas inglesas eran vastamente superiores, más de 25.000 hombres frente a apenas unos 4.000 defensores (y 6 barcos), por lo que los españoles sólo podían confiar en sus fortificaciones, y en ganar tiempo. Pero la inhabilidad enfermiza de los británicos para arreglárselas con la compleja logística de una expedición de esta envergadura, sumado a algunos importantes reveses, entre ellos la muerte del único ingeniero que podía construirles una batería en tierra, fueron alargando la operación. Finalmente, después de dos meses, llegó la temporada de lluvias, y los ingleses debieron retirarse. Además, durante toda la campaña pelearon contra la fiebre amarilla, un enemigo inesperado contra el cual a diferencia de los españoles acostumbrados al clima, carecían por completo de inmunidad. El resultado es que el dominio español no aflojaría sino hasta el siglo XIX. Si los ingleses hubieran ganado, no cabe duda que hubieran cortado al Imperio Español en dos, además de cercenarle todo el Caribe oriental. Con ello, hubiera sido cuestión de tiempo antes de que los ingleses hubieran enviado expediciones militares a Perú, y quizás hubieran terminado haciendo caer toda la costa occidental de Sudamérica en sus manos. Una batalla olvidada, sin duda, como todas aquellas que al final terminan por no alterar el status quo, pero un desastre marítimo que determinó el curso de la Historia.


La defensa de Cartagena de Indias. Los ingleses creían que la iban a tener muy fácil, tanto que el almirante inglés acuñó monedas conmemorando la caída del puerto... antes de zarpar.


El comandante español Blas de Lezo observa la retirada inglesa. Llamado "medio hombre" (ya que tenía un solo ojo, un solo brazo y una sola pierna, fruto de sus heridas en combate), su gallardía era proverbial: se dice que cuando fue conminado a rendirse, recordándole el saqueo de Portobello el año anterior - y hecho por el mismo almirante al cual se enfrentaba - su respuesta fue: "A fe mía, señor, si Usted tomó y saqueó Portobello fue sólo porque yo no estaba a cargo de su defensa, así que retírese o asuma las consecuencias". Mayor autoestima no se puede tener...


8. ESTRECHO DE TSUSHIMA. 1905.



A inicios del siglo XX, en parte debido a la hostilidad personal del zar Nicolás II contra los japoneses, Rusia miraba en menos a éstos. Los japoneses, por su parte, se habían embarcado hacía años en una carrera por occidentalizarse y convertirse en un imperio industrial a la usanza de Francia o Inglaterra. Ambas naciones terminaron chocando por el tema de la hegemonía del Pacífico, océano al que los rusos habían accedido después de liquidar los últimos janatos mongoles centroasiáticos en el siglo XIX, y aquí empezó el desastre para los rusos. En 1869, ellos habían abierto el puerto de Vladivostok para tener acceso al Pacífico, pero no habían juzgado necesario defenderlo con una poderosa escuadra. Cuando estalló la guerra, los rusos se encontraron en la necesidad de enviar a la flota del Báltico a un viaje de 18.000 kilómetros alrededor del Cabo de la Buena Esperanza en Sudáfrica para alcanzar el mar del Japón. Tan lunático como suena, los rusos lo hicieron. Pero la ineficiencia, la incompetencia, y aún la llana corrupción de la soldadesca y de los altos mandos rusos, le hicieron muy difícil la tarea al Almirante Rozhestvensky, encargado de liderar una expedición de naves obsoletas y mal diseñadas (de hecho, el periplo de la flota rusa da para un posteo en solitario). Apenas llegaron a los mares japoneses, y al primer choque, la escuadra rusa fue mandada a pique al fondo del océano. Los japoneses lograron importantísimas concesiones territoriales, y más aún, se posicionaron bruscamente como una de las superpotencias mundiales. Sólo el desastre de la Segunda Guerra Mundial consiguió enviar a Japón de regreso al segundo plano. Los rusos, por su parte, al conocerse la noticia de la derrota, estallaron en rebelión: la famosa Revolución de 1905, apenas sofocada, y que a la larga fue sólo el prólogo de la más famosa Revolución de 1917.


Uno de los acorazados de la clase Borodino hundiéndose en Tsushima. Naves obsoletas, mandos incompetentes, faltos de suministros, sin mantenimiento: el destino de los barcos rusos estaba escrito de antemano.


El almirante Togo Heihachiro dirigiendo la batalla desde la cubierta del acorazado Mikasa. Esta batalla acabó de una vez por todas con la creencia que los combates navales se librarían a corta distancia, ya que la flota japonesa arrasó con la rusa a larga distancia, cuyos buques no pudieron responder el fuego.



9. ESTRECHO DE LOS DARDANELOS. 1916.




Cuando estalló la Primera Guerra Mundial, todos creían que iba a ser un conflicto de corta duración, con batallas con ejércitos flanqueándose unos a otros a la manera de la guerra napoleónica. Craso error: el desarrollo de la pala y el alambre de púas como herramientas de batalla provocó el brutal estancamiento de la guerra de trincheras. En paralelo, el Imperio Otomano se había inclinado hacia Alemania, lo que proporcionaba a Rusia una impecable ocasión para declarar la guerra, y conseguir de una vez por todas su ansiado paso hacia el Mar Mediterráneo. Para Inglaterra, atacar al Imperio Otomano significaba no sólo abrir un posible segundo frente contra Alemania por Europa Oriental, sino también pararle los pies a sus aliados rusos antes de que se aparecieran por el Mar Mediterráneo y se convirtieran en una potencial amenaza para los intereses estratégicos británicos en la región. Al inicio, la operación en los Dardanelos iba a ser puramente naval, destinada a asegurar la supremacía marítima en aguas otomanas, debido a que las fuerzas de tierra no dependían del Almirantazgo, pero pronto, cuando la operación empezó a marchar en serio, se abrió paso el concepto de un desembarco anfibio. El desembarco partió con éxito rotundo por parte de las bien entrenadas tropas británicas contra las pobres defensas otomanas, hasta que se toparon con un enemigo siniestro: minas. Los británicos terminaron convenciéndose de que la victoria era posible, pero a un precio demasiado prohibitivo, en particular si se considera que para los británicos era un segundo frente, además del frente francés, y decidieron abortar la operación. Si los británicos hubieran tenido éxito, habrían quizás conquistado el Imperio Otomano; después, Alemania y Rusia habrían afrontado mayores complicaciones en tratar de hacerse con el control de Europa Oriental. Más éxito tuvieron los británicos promoviendo el nacionalismo árabe en los dominios otomanos en el Medio Oriente, y creando sobre el cadáver del dominio otomano una serie de principados que fueron bastante proclives a sus intereses, hasta la creación de Israel por lo menos.


El desembarco en los Dardanelos, hecho principalmente a cargo de tropas del llamado Anzac (Australianos y Neozelandeces).


Otra vista del desembarco. El fracaso de esta ofensiva le costó caro al primer lord del almirantazgo, Winston Churchill, quien tuvo, de hecho, que separarse de la marina y volver al ejército.



10. PACÍFICO, MIDWAY. 1942.




Los japoneses estaban en alza. Estaban barriendo con los chinos hacía rato, estaban pateando a los ingleses en el Índico y tenían a los australianos a raya, aunque con un leve tropiezo en el Mar del Coral. Pero había que aplastar de una vez por todas a los entrometidos estadounidenses y hacerles entender que lo del Imperio Japonés desde la India hasta Australia iba en serio. Así que nada mejor que atraer a los norteamericanos a una batalla decisiva donde perdieran los portaaviones que les quedaban, para así instalarse cómodamente en Hawái. Para eso, se despliega una cortina de submarinos para que la flota yanqui pase con pérdidas a la batalla, se amaga un par de ataques con portaaviones en Alaska, y se toma Midway para usarla como base contra las pocas unidades que lleguen al lugar. Pero los japoneses no contaban con que su plan era muy complicado, con muchas partes que podían fallar (y que de hecho fallaron, como la cortina de submarinos que nunca se desplegó), y que los estadounidenses habían roto sus códigos militares, así que conocían todo el plan. Además la diferencia de suerte entre las fuerzas (sobre todo los aviones de observación japoneses, inconcebible su mala suerte), hizo que los ataques norteamericanos fueran más efectivos, mientras que los japoneses apenas pudieron concentrarse en un solo portaaviones, el cual incluso debió ser rematado por un submarino. La pérdida de los cuatro portaaviones de flota, de pilotos entrenados y de confianza japoneses fue decisiva, y sólo era cuestión de tiempo darles el golpe definitivo en Filipinas y Leyte.


El portaaviones Yorktown en llamas. Su resistencia fue increíble: venía dañado de la batalla del Mar del Coral hacía apenas un mes antes, aguantó un ataque aéreo con bombas y otro con torpedos (tanto fue que los pilotos del segundo ataque creyeron que atacaban al Enterprise). Sólo una salva de torpedos enviada por un submarino japonés pudo enviarlo al fondo.


El hundimiento de los portaaviones japoneses. Entre la mala fortuna y la indecisión japonesas y el coraje de los pilotos estaounidenses (los torpederos que se sacrificaron, más los demás escuadrones que atacaron solos y que se juntaron por casualidad) se fraguó una victoria decisiva en la guerra del Pacífico. De todos modos, no está clara la decisión del almirante Yamaguchi - comandante del Hiryu - de quedarse a combatir, ya que debería haber sabido que con tres portaaviones perdidos estaba en franca inferioridad, y que a su país le iba a costar más reponer las pérdidas.



11. CANAL DE SUEZ. 1956.




La política internacional bajo la Guerra Fría era asunto complicado. En 1952, la monarquía egipcia fue derribada, para inquietud de la OTAN, puesto que el rey Faruk era buen amigo de Occidente. Su reemplazo fue Gamal Abdel Nasser, quien irritó a Occidente debido a que no quiso adoptar una actitud servil. Y como Occidente tratara de hacerle imposible la vida a Nasser, éste decidió pasarse al bando soviético. Y además, nacionalizar el Canal de Suez, en manos británicas desde 1875. Inglaterra y Francia decidieron entonces intentar un desembarco anfibio para recobrar el control del Canal de Suez, y además derrocar a Nasser. No hace falta decir que ambos objetivos, en el contexto político, eran pretextos abiertamente ilegales para una intervención militar armada, pero no consideremos eso por ahora. Sólo digamos que ambos objetivos no podían ser calzados dentro de un plan estratégico global, ya que uno implicaba la toma del Canal, y otro avanzar a El Cairo, objetivos ambos difíciles de compatibilizar en lo que supuestamente era una operación de policía. Esto, sumado a los desconcertantes retrasos en la preparación, hizo que cuando el ataque fuera lanzado, marchara a paso de tortuga, y terminara en una bochornosa derrota para las fuerzas de intervención anglofrancesas. Si hubieran triunfado, el equilibrio político mundial se hubiera inclinado decisivamente a Occidente. Al fracasar, Egipto se transformó en una pieza vital de los intereses soviéticos en la región, siempre dispuestos a apoyar a los países árabes en contra de Israel. Habría que esperar hasta los acuerdos de Camp Davis, en 1979, para revertir los efectos desastrosos de dicha intervención militar. Por una vez, la pluma fue más fuerte que la espada...


Paracaidistas en Suez. Esta fue la única parte de la operación que transcurrió más o menos como estaba prevista, muy probablemente debido al entrenamiento intensivo que tienen esas fuerzas.


Cubierta de un prtaaviones inglés durante las operaciones. Si bien militarmente al final consiguieron éxito, se demoraron tanto en alcanzarlos, que la ponión pública de sus países se puso en contra de ellos mismos, y eso sin considerar la visión de las superpotencias. Ante la amenaza de abandono - por parte de los EEUU - y de agresión - por parte de la URSS - a los aliados occidentales no les quedó más remedio que reconocer que ya no eran los grandes jugadores de antaño, lo cual, lógicamente, fue un plato difícil de digerir.




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