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Dos genios y un dios improbable

Dos genios y un dios improbable


En el contexto de su participación en Starmus, un festival dedicado a celebrar la ciencia del espacio que tuvo lugar en Tenerife hace pocas semanas y reunió a varios premios Nobel, astronautas de las misiones Apolo y cosmonautas soviéticos, conversamos con el zoólogo de Oxford y autor de "El gen egoísta", Richard Dawkins, y el Premio Nobel de Química 1996, sir Harry Kroto. Un diálogo irrepetible con dos científicos excepcionales, íconos del ateísmo global y la lucha contra la pseudociencia.




El cielo de las islas Canarias es casi tan transparente como el del norte de Chile. Invita a observar el cosmos y a hacerse preguntas sobre nuestro lugar en él. El lugar nos empuja con su magnetismo salvaje a lanzarnos a la aventura de enfrentar las preguntas más fundamentales: ¿Hay vida afuera de nuestro planeta? ¿Inteligente? ¿Puede haber otras formas de vida? ¿De dónde venimos? ¿De dónde viene la persistente obstinación humana de creer en Dios? ¿Hacia dónde vamos como especie surcando los cielos en nuestro hermoso planeta azul? Son muchos los conferencistas del festival Starmus idóneos para acompañarme en estas reflexiones, pero me obsesiona la posibilidad de que sean Richard Dawkins y Harry Kroto los guías de mi perplejidad. Nunca antes se habían sentado a reflexionar juntos sobre estos temas. En una terraza luminosa, aún bajo el poderoso influjo de la brillante conferencia impartida por Dawkins sobre ¡taxonomía extraterrestre!, frente a la inmensidad del océano Atlántico, nos sumergimos en un diálogo fascinante, irreal, de interés e intensidad crecientes, un audaz recorrido por los arrabales de la razón, allí donde se tejen preguntas fáciles de difícil respuesta.




-¿Podría basarse la vida extraterrestre en un elemento diferente del carbono?

-Harry Kroto (H.K.): Como químico diría que es altamente improbable. El carbono es excepcional. La diferencia con el silicio, en la misma columna de la tabla periódica, es inmensa. La sutileza de sus enlaces simples, dobles y triples le permite formar todos los compuestos aromáticos. El 95% de nuestra química es orgánica y la del silicio es prácticamente trivial, sólo produce polímeros en lugar de aminoácidos. Creo que la vida es suficientemente improbable y para ella es necesaria la sofisticación del carbono.

-Richard Dawkins (R.D.): ¿Y qué hay del agua? Porque los exobiólogos se la pasan escaneando los cielos buscando evidencias de agua.

-H.K.: El agua es muy importante como medio para todas las reacciones químicas.

-R.D.: ¿Podría la química del carbono tener lugar en un medio diferente?

-H.K.: Es importante tener grupos hidrofílicos e hidrofóbicos para constituir la membrana celular y permitir un balance con el exterior. Pero ¿yo que sé? Nunca he visto otras formas de vida. Ya es difícil hacerse a la idea de que nosotros existamos.





-Quizás un lugar en el que podemos contrastar algunas hipótesis sobre las posibilidades de la vida sea en las especies de las profundidades del mar, que desarrollaron extraños aspectos estructurales para sobrevivir en condiciones extremas.

-R.D.: Todas ellas tienen el mismo código de máquina, basado en el ADN y las proteínas.

-H.K.: Si hablamos de vida bacteriana, es muy posible que haya ocurrido muchas veces en los diez mil trillones de estrellas que tienen planetas. Pero la detección es otra cosa. Tiene que haber dos civilizaciones que se hayan desarrollado más o menos al mismo nivel tecnológico. Es probable que eso no haya ocurrido en nuestra galaxia porque tiene un radio de 50 mil años luz, que no es nada comparado con los tres mil quinientos millones de años que lleva la vida en la Tierra. Ahora tenemos la capacidad de enviar señales que en 50 mil años atravesarán la galaxia entera.

-R.D.: ¿Crees que ya nos habrían respondido?

-H.K.: Sí, ya los habríamos visto. Tendrían que haber llegado a nuestro nivel tecnológico hace 50 mil años. Los hombres de Neandertal, 30 mil años atrás, no podrían haberlo hecho. Un auténtico problema es que cuando alcanzas el nivel tecnológico que te permite comunicarte con otros, también tienes la capacidad de autoaniquilarte, y el empuje requerido para el desarrollo tecnológico termina por dar lugar a gente muy loca con afán destructivo.

-R.D.: Sí, absolutamente, podría haber civilizaciones a lo largo y ancho del universo que surgen y se extinguen nuevamente en un pestañeo de unos pocos siglos.





-Si recibimos una señal enviada por una inteligencia extraterrestre. ¿Serían religiosos?

-R.D.: Mi apuesta es que si son suficientemente civilizados para haber generado semejante poder de transmisión, probablemente ya hayan abandonado la religión a esta altura.

-H.K.: El número de personas con un grado en ciencias es un porcentaje muy pequeño de la población, de modo que no estoy tan convencido de eso. Lo estamos viendo en el presente: la tecnología ha hecho posible sobrevivir aun sin sentido común. Tenemos teléfonos móviles inteligentes y podemos acudir al supermercado por comida. Ya no necesitamos ni siquiera cocinar. Estamos yendo cuesta abajo en el nivel general de inteligencia porque la comunidad científica ha creado un marco vital en el que no se necesita ni siquiera el sentido común. Cien años atrás necesitabas tener madera para el invierno, tenías que estar en sintonía con tu entorno. Ya no es necesario.

-R.D.: Espero que estés equivocado.

-H.K.: Entonces ¿por qué la gente en Estados Unidos, la sociedad más desarrollada, en la que nadie tiene que saber nada para sobrevivir, está votando por personas que claramente van a hacer cosas contra su propio interés? Sacan adelante leyes que favorecen a los más ricos y aun así están siendo respaldados por personas a las que se les está diciendo en pocas palabras: “No vamos a hacer nada bueno para ti”.

-R.D.: Probablemente se consuelan pensando “algún día yo seré rico”.

-H.K.: ¿Cuál es la probabilidad? Espero estar equivocado. Lo que necesitamos es un balance entre gente con actitudes socioeconómicas humanitarias y empuje individual. Como dijo Aristóteles, un signo de inteligencia es escuchar argumentos con los que no estás de acuerdo. Y un problema con estas personas es que son tan dogmáticas que no escuchan. Por ejemplo, en temas como el cambio climático



-¿Es la religión un corolario inevitable de la conciencia?

-H.K.: Es muy duro reconocer nuestra mortalidad. Si tienes una industria entera construida alrededor de tratar de convencer a la gente de la inmortalidad del alma y luego gente como Richard o yo intentando decirles que son mortales, tendrán mayor alivio y consuelo allá. ¿Qué piensas, Richard? Debe tener un valor evolutivo.

-R.D.: No estoy seguro de que sea evolutivo. Quizás psicológico. No se concluye que aquello que provee un consuelo sea bueno para sobrevivir. Podría ser bueno para la supervivencia, en efecto, porque si te sientes consolado serías tal vez menos propenso a sufrir por tus obligaciones o las malas compañías que podrían poner en riesgo tu supervivencia.





-Pero si uno tiene la expectativa de que la vida no acabe en un tiempo finito…

-R.D.: También podría ser que te haga morir más joven por tomar riesgos excesivos. Pero los religiosos no lo hacen. De hecho, yo creo que los cristianos no creen realmente en eso porque no se comportan como si lo creyeran. Son reacios a tomar riesgos. Cuando alguien está muriendo no dice “¡qué bien!, me estoy muriendo, voy a ir al cielo”. Aunque van a visitar a los muertos nadie dice “dale mis cariños al tío Roberto cuando lo veas”. La gente no hace eso, así que soy escéptico en cuanto a que realmente lo crean. Quizás los musulmanes que cometen atentados suicidas. El problema con ellos es que realmente creen en lo que dicen que creen.





-En Occidente entramos en una era de laicismo creciente hace dos siglos. Esto entra en conflicto con la realidad del mundo árabe.

-R.D.: La gran ola de la historia está yendo en la dirección correcta. Es una verdad palmaria. Y pienso que irá en la dirección correcta incluso en el mundo islámico, que eventualmente dejará de ser islámico. Tomará mucho tiempo. Pero no soy pesimista. Como muestra Steven Pinker en su libro Los ángeles que llevamos dentro, en el lapso de siglos, de milenios, las cosas, aunque lenta y erráticamente, están mejorando.

-H.K.: Dentro del islam hay barreras psicológicas extremadamente poderosas para salvaguardarlo de la blasfemia. Y el mayor problema que veo es que el Corán es inmutable: cambiar cualquier palabra es un acto de blasfemia. Mientras que la Biblia no es vista como la palabra inmutable de Dios. Si tienes un concepto psicológico que puede convertir a alguien como Cat Stevens, de un día para otro, en alguien que llegó a sugerir que Salman Rushdie debía ser ajusticiado, tienes que pensar que se trata de algo realmente peligroso.

-R.D.: Es una enfermedad mental poderosa.





-Con aceptación social.

-H.K.: El asunto es que hay gente susceptible a esto. No cualquiera. También hay muchas personas que recogen lo bueno que hay en la base de su religión y no lo malo. Tengo amigos árabes maravillosos, que leen el Corán sin atender a sus partes malas. Mientras que una minoría recoge lo malo y con la tecnología moderna puede hacer mucho daño. Si se unen y construyen una fuerza sinérgica, el mundo tendrá la clase de problema que estamos viendo actualmente en Irak y Siria, donde un gran número de personas son atraídas desde distintas partes del mundo por esta suerte de poderosa fuerza psicológica, profundamente inscrita en las infraestructuras sociopolíticas globales. Eso me tiene un poco inquieto, por nuestros hijos y nietos.





-Me gustaría regresar a la posible relación entre religión y evolución. Quiero entender cómo aconteció que algunos de los primeros Homo sapiens empezaron a tener pensamientos religiosos. ¿Podría haber resultado evolutivamente favorable?

-R.D.: Sí. Pienso que todo empezó con el animismo, con la visión de espíritus de las cascadas, de los ríos, de las montañas, del trueno... y pienso que hay algo útil en ello porque nuestros ancestros vivían en un mundo lleno de riesgos. Estaban constantemente en peligro de ser devorados por leones y leopardos, por lo que debían estar continuamente en guardia. Cuando ves una cola alta y fina agitándose entre los árboles, racionalmente, es probable que sea sólo el viento. Pero si llegara a ser un leopardo se trataría de un peligro real, de modo que tiende a ser una ventaja el estar inclinado hacia la aversión al riesgo. Eso podría mostrarse como una inclinación a pensar en que hay un agente que interviene detrás de eventos que, de hecho, son simplemente eventos naturales, como el viento meciendo los árboles, los truenos, inundaciones y terremotos. La tendencia a ver un agente responsable de las malas cosas que nos suceden podría de hecho tener un valor de supervivencia porque en muchas ocasiones era cierto que había tal agente, y es mejor que lo creas pronto cuando es verdad. Pero junto a esto viene la tendencia a ver agentes donde no los hay la mayor parte de las veces.

-H.K.: La religión es interesante. En casi todos los cultos ha habido o hay un médium a través del que lo sobrenatural se comunica con las personas. Siempre hay un agente humano involucrado y pienso que una de las cosas que produce es cohesionar a la comunidad. Parece un aspecto común de las religiones. Lo vemos hoy en Estados Unidos, donde la gente va a la iglesia los domingos. Yo no sé cuántos realmente son religiosos. Van con sus hijos, se visten para la ocasión... esto reúne a la comunidad. Y en una parte del país, en las pequeñas comunidades agrícolas, no hay nada más. Así, la religión tiene un valor comunitario. Solía tener el valor de asegurar que la comunidad trabajara cooperativamente para la supervivencia y no creo que eso sea ya necesario.

-R.D.: Ése es un punto muy interesante.

-H.K: Para tener comida en un supermercado u obtener lo que quieras desde el iPad, como dije, no necesitas saber nada sobre la supervivencia. Muchos ni siquiera tienen responsabilidades en el trabajo porque siguen órdenes de arriba. Se ajustan a un conjunto de reglas que han sido desarrolladas en algún lugar que está fuera de su alcance.

-R.D: Subestiman la maravilla de lo que hay dentro de su iPad. La dan por sentado.

-H.K.: Sí, absolutamente. Ése es otro problema grande porque 50 años atrás se podía desarmar la radio, el teléfono… y maravillarse con la ingeniosa brillantez del diseño. Y ahora, cuando algo no funciona, no hay nada que puedas hacer. Te costaría más arreglarlo que comprar la siguiente generación. Las tecnologías que están a nuestro alrededor son simplemente inescrutables para un niño pequeño que aún tiene curiosidad. Ésta acaba por desaparecer de la mano de la gratificación instantánea que brinda la tecnología.






-Esto aumenta la sensación de magia.

-H.K: Hace poco caminaba por el campus y conté a un 50% de los estudiantes que estaban con su iPhone, usándolo o en la mano. Uno no puede dejar de pensar en lo que hacían esos mismos estudiantes 20 años atrás. Hablaban entre ellos mientras caminaban. Ahora la mayor parte de ellos no hablan entre sí. Es una desconexión de la realidad muy curiosa.





-Me gustaría escuchar sus pensamientos sobre las posibles limitaciones de la ciencia. Si vemos a nuestros gatos en casa, podrían vivir para siempre sin darse cuenta de que el puntero láser que tengo en mi mano produce el punto en la pared que quieren atrapar.

-H.K.: No saben que viene del puntero. Es lo mismo que ocurre con los chimpancés cuando buscan detrás del espejo.








-Podemos ver los límites cognitivos en otros animales. Es posible imaginar a una criatura que pueda ver los nuestros. Nos diría que no podemos entenderlo todo. Por ejemplo, la conciencia. Quizás entenderla sea simplemente imposible para nosotros. ¿Existen estos límites?

-R.D.: Yo estoy asombrado de lo lejos que hemos llegado. Somos animales seleccionados para sobrevivir en la sabana africana y para evitar ser comidos fuera de la caverna. El hecho de que esta especie, sin maquinaria adicional en el cerebro, haya podido producir a Einstein y a Newton sólo puede maravillarme. Soy reacio a ponerle límites a esta capacidad.






-Usted hizo la famosa campaña en los buses de Londres con el mensaje “Probablemente no hay Dios. Ahora deja de preocuparte y disfruta tu vida”. ¿Valió la pena?

-R.D.: Sí, pienso que sí. De hecho, fue sorprendentemente barata. Necesitábamos recolectar diez mil libras esterlinas para hacer la campaña. Creo que recaudamos unas cien mil, sólo de gente que se suscribió con un monto muy pequeño. De modo que fue muy exitosa.







-¿La han continuado?

-R.D.: Hay una segunda campaña que no fue tan ampliamente publicitada. Consistía en una foto de un niño sonriendo, rodeado de rótulos: “niño católico”, “niño musulmán”, “niño hindú”, y el lema “Por favor, no me etiqueten. Déjenme crecer y elegir por mí mismo”. Porque ése es el tema que más me moviliza, el del etiquetado de los hijos con la religión de sus padres. Vale la pena hacer estas campañas.

-H.K.: El punto de Richard sobre los niños es extremadamente importante. A menudo comento que los americanos tienen un sistema educativo fantástico… ¡en religión! Desde el momento en que nacen van a la iglesia los domingos. Y luego, en muchos casos, no tienen una buena educación científica. De modo que cuando llega el momento de buscar trabajo, lo más sencillo es abrir una iglesia.

-R.D.: No necesitas tener un grado académico.

-H.K.: Y no pagas impuestos. Siempre puedes encontrar un garaje e intentar conformar un grupo de veinte personas que vengan los domingos. Así encuentras en Estados Unidos casi en cada esquina una pequeña iglesia. Pueden reunirse y sacar al mismo tiempo un estipendio del que vivir. Pienso que es un fenómeno interesante que Estados Unidos sea, en orden de magnitud, más religioso que cualquier otro país del mundo occidental.

-R.D.: Un fenómeno muy enigmático.






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