Check the new version here

Popular channels

El Cumpleaños del Maestro.

Hoy, 9 de noviembre cumpliría 80 años uno de los mas grandes científicos que a conocido el siglo XX; siglo que por otra parte a conocido a algunos de los mas grandes científicos de la historia. Obviamente no hablo de otra persona mas que de Carl Sagan. Su legado a marcado a generaciones y a contribuido a cambiar la percepción que la humanidad tiene sobre la ciencia y sobre sus productos. Asimismo su labor humanista a contribuido a impulsar algunas de las causas mas ambiciosas en favor de la especie y del planeta. Y tambion voy a hablar del charuto en algun que otro post...

En los días que faltan para el 20 de Diciembre (día que eligió para partir de este mundo). Iré subiendo, a modo de pequeños tributos diarios, post sobre este gran ser humano, sobre su obra y sobre sus contribuciones mas valiosas a la ciencia y a la humanidad.

En el día de hoy, les dejare una carta que escribió uno de sus hijos Nick Sagan, sobre su padre y la adicción de este con los videojuegos ;D





"Cuando curioseo por la blogosfera, encuentro muchos recuerdos maravillosos sobre mi padre. He pasado todo el día leyendo lo que él significaba para la gente, la manera en que les inspiró para aprender sobre ciencia y sobre el pensamiento crítico o cómo les indujo a un viaje de descubrimiento del Universo. Es enormemente emotivo, y siempre estaré agradecido por ello. Para esta entrada de mi blog no hablaré sobre sus muchos éxitos científicos o sobre todo lo bueno que hizo por este mundo –hay otras personas que hablan de ello más elocuentemente de lo que yo jamás podría hacer-. En vez de eso, voy a compartir recuerdos de mi padre con vosotros. Él significó muchas cosas para mucha gente, pero también fue mi padre y quiero que conozcáis al hombre que yo conocí.



Carl y Nick Sagan

Tenía gran destreza con el pinball, teniendo en cuenta lo difícil que es golpear la máquina sin hacer falta. Íbamos a las máquinas recreativas juntos y ganaba partidas extra como un loco. Los videojuegos nunca fueron su pasión, aunque era capaz de apreciar los realmente buenos. Recuerdo el día en el que le enseñé el “Computer Baseball”, un juego de estrategia para el Apple IIe. Podías enfrentar a algunos de los mejores equipos de la historia de la liga de Baseball contra otros. Jugamos con los Yankees de Babe Ruth de 1927 contra los Dodgers de Jackie Robinson de 1955 durante aproximadamente una hora cuando se giró hacia mí y dijo: “No vuelvas a enseñarme este juego otra vez. Me gusta demasiado y no quisiera perder el tiempo”.



A menudo era invitado a hablar en algún evento, y recuerdo sentarme junto a él y verle ordenar sus pensamientos en momentos de tranquilidad antes de salir a escena. Tomaba pequeñas notas en una tarjeta. Solo una o dos palabras sobre cada tema que quería tratar. Armado con esas notas, salía a escena y cautivaba a la audiencia. Nunca un momento aburrido, nunca un momento en el que estuviese fuera de lugar o perdiese el hilo de lo que decía. Como niño, a veces pensaba en él como un traductor o un descifrador de códigos. ¿Cómo podía transformar meros fragmentos en esas impresionantes e inspiradoras ideas?



Nunca iba sin un dictáfono. Tengo claros recuerdos de esas pequeñas grabadoras de cassete negras con su botones de grabación rojo brillante. Podíamos estar caminando, o charlando y tenía una idea. Se disculpaba levantando su dedo índice y pedía un minuto, cogía el dictáfono y explicaba su idea. Hoy día, yo soy un escritor y también uso dictáfono. Cuando lo hago, las palabras me aparecen tal como: “OK, para el libro, pienso que realmente seria bueno si esto y esto hacen esto en lugar de lo otro…” y más tarde aplico esa idea en lo que estoy escribiendo. Por el contrario, recuerdo a mi padre hablando en largos, fluidos y perfectos párrafos. Tal como lo decía es como aparecería en el libro. A veces tenía una idea, grababa un párrafo o dos para un libro y al final terminaba con una idea para otro proyecto aparte, por lo cual tenía que hacerse con otro dictáfono, y así sucesivamente.



Seguramente sepas que era genial debatiendo. Podía rebatir los argumentos de William F. Buckley , y desde niño me había dado cuenta de que mis argumentos sobre “por qué deberías comprarme una bici de cross bien chula” no eran ni remotamente parecidos a los de Buckley. Pero siempre me escuchaba. Siempre me dio la oportunidad de crear puntos de vista válidos. Y al final me encontré dando pedaladas alrededor de Ithaca.


Carl Sagan tuvo un acalorado debate con Buckley en TV después de que se emitiera la película “El día después“. Sagan razonaba en contra de la carrera armamentística y Buckley defendía la disuasión nuclear. Durante ese debate, Sagan habló del concepto de invierno nuclear e hizo su famosa analogía equiparando la carrera armamentística a “dos declarados enemigos hundidos hasta la cintura en un barril de gasolina, uno con tres cerillas y el otro con cinco”.


Me ayudaba intensamente. Incluso en momentos en los que le preocupé –dejando la universidad, por ejemplo– su confianza en mi nunca disminuyó. Le recuerdo siempre cuidando de mí. Al mismo tiempo, era cuidadoso en no ayudarme demasiado. No quería que me echase a perder, y quería asegurarse de que yo fuese capaz de conseguir mis metas por mí mismo sin el mas mínimo ápice de nepotismo. Cuando miro hacia atrás, siento una gran admiración por cómo lo hizo.



Tenía auténtico interés en las personas. Oigo muchas conversaciones en las que alguien pregunta sobre otra persona, pero lo hace por pura cortesía: no le interesa realmente la respuesta. Mi padre nunca fue así. Siempre quería saber cómo eran las cosas para su interlocutor. En Manhattan, cogíamos un taxi, y el conductor podía reconocerle, o quizás no, pero mi padre empezaba una conversación y terminaban en interesantes discusiones sobre el curso de las vidas humanas. El conductor podía hablar explayadamente sobre cualquier lugar del mundo, y Papá sabía un montón de cosas sobre lo que ocurría allá. Recuerdo el pensar que sabía más sobre Ghana que cualquier americano sobre América. Y lo que no sabía, quería averiguarlo.



Recuerdo discutir con él sobre Los Simpson y Beavis and Butthead. Ambas series le causaron una primera mala impresión. Le convencí de que diese otra oportunidad a Los Simpson, y acabó viendo de qué trataba todo ese alboroto. Acabó por disfrutar verdaderamente de la serie. No creo que lo hubiese logrado nunca con Beavis and Butthead. “No están hechos para ser modelos de comportamiento” protestaba yo. “Es una critica subversiva”. No, eso no colaba. Solo puedo imaginar lo que habría hecho al ver Family Guy o South Park. Volvimos al tema de la violencia en los medios. Yo argumentaba que las películas duras y algunas series de TV sólo eran un reflejo de nuestra sociedad, y que no contribuían a la violencia en la vida real. Él no estaba tan seguro de ello. Hablamos de este tema muchas veces. Una discrepancia espiritualmente buena, donde cada una de nuestras opiniones podía desarrollarse de acuerdo con lo que decía el otro. Añoro esos tiempos. Ahora que pienso en ello, es parte del motivo por el que disfruté tanto del cartel “¿Es el arte la inspiración para la locura?” de Worldcon. Tratando estos temas con Joe Haldeman o Tim Powers salen a relucir grandes recuerdos sobre mi padre.



Tenía una paciencia increíble. Sus fans podían aparecer constantemente para hacerle preguntas, pedirle autógrafos o una foto con él. A veces podía ocurrir en un mal momento –si habíamos salido a cenar, disfrutando de una conversación– pero no recuerdo una sola vez tratando a alguien sin muestras de respeto. De niño, él tenía una gran pasión por la ciencia –quería saber por qué las cosas eran como eran– y mantuvo esa pasión durante el resto de su vida. Esto le hizo plenamente comprensivo con cualquiera interesado en aprender. Les hacía espíritus hermanados, y quería compartir todas las maravillas y alegrías que del Cosmos pudo entender.



Nos encantaba el baloncesto. Veíamos partidos de la NBA siempre que podíamos, preguntándonos si ese sería el año en el que Patrick Ewing llevaría a los Knicks a ganar el campeonato. Y la respuesta siempre fue No. Me hablaba de los entrenadores y de cómo eran de jugadores en los años en los que yo ni siquiera había nacido. Cuando el equipo visitante tenía que tirar un tiro libre, los fans del equipo local hacían ruidos y ondeaban las toallas intentando distraerle, y eso nunca gustó a mi padre. Recuerdo decirle que eso animaba al equipo a sacar ventaja en el campo, pero él objetaba de base –no creía que eso fuese deportivo–. Es una postura muy decente. Y también recuerdo a mi madre enfadándose gradualmente, pues quería que me fuese a la cama y mi padre y yo estábamos viendo un partido. Él tenía que prometer que me iría a la cama al terminar el partido. Prórroga. Luego doble prórroga. Y luego otra prórroga mas…..¡Qué partido! (Celtics – Suns, Finales de la NBA 1976).



No le gustaba la película Alien. Yo pensaba que era divertida, de miedo, catártica y él que era innecesariamente violenta y que, ¿por qué la mayoría de los extraterrestres tenían que ser retratados de esa manera negativa?. Tenía sentimientos enfrentados con “La Guerra de las Galaxias”. Recuerdo verla juntos, y cuando Han Solo se jactó de hacer el Kessel Run en menos de doce parsecs, hizo un sonido de exasperación. Le pregunté qué problema había, y explicó que el parsec es una unidad de distancia, no de tiempo. Le dije: “Papá, no es mas que una película” y contestó: “Sí, pero podían intentar aplicar la ciencia correctamente”. Creo que tenía toda la razón. (¿Qué películas le gustaban? Era una fan de las películas épicas de David Lean tales como “Dr. Zhivago” y, especialmente, “Lawrence de Arabia”. Recuerdo cuánto le gustaba el momento en que Peter O´Toole sopla la cerilla y aparecemos de repente en el desierto de Nafud. Es un momento realmente bueno).



Hacía ruidos realmente curiosos. Su risa era explosiva y desinhibida. Era el tipo de risa que te hacía sentir bien sólo por hacerle reír. Sus estornudos eran atronadores. Y de vez en cuando hablaba a los animales en su lengua nativa. Las veces que vimos delfines, les saludaba con una razonable aproximación del idioma del delfín. De vez en cuando le respondían. No tengo ni idea de qué se estaban diciendo. Pero mi sonido favorito de todos era el que hacía cuando se acercaba a algo nuevo e interesante, alguna idea o posibilidad que le impresionase o alguna manera nueva de ver las cosas. Era una especie de “aaaah”. Uno de mis mejores momentos: estábamos viendo mi primer episodio de Star Trek “Attached” y al cabo de unos minutos hizo ese sonido, girándose hacia mi con una sonrisa cegadora y diciéndome: “¡Está muy bien!” Y así continuó durante toda la serie. Amaba totalmente lo que yo hacía. Esa sensación de auténtico disfrute aún esta conmigo, un sentimiento de aprobación y respeto que atesoro como ninguna otra cosa.



Conducía un Porsche 914 naranja con la matrícula “PHOBOS”. Nombre tomado de una de las lunas de Marte. Nunca le pregunté: “¿Por qué Phobos? ¿Por qué no la otra luna, Deimos?” como me hubiese gustado que fuese. De niño me fascinaba la mitología griega y conocía a Phobos como el semidiós del miedo. Es irónico, pues mi padre era la persona menos miedosa que he conocido. Aunque se preocupaba por el estado del mundo de vez en cuando, nunca le detuvo. Cuando hablábamos sobre cómo sería el mundo dentro de 25, 50 o quizás 100 años, decía que era consciente de que habría graves dificultades y retos por delante, pero también creía que todos estaríamos dispuestos a afrontar la tarea. Creía en el ingenio humano y en la compasión, en pensamientos a largo plazo y no a corto plazo, en poner nuestras numerosas diferencias a un lado. Creía en un mañana mejor. Creía en nosotros.



Carl, Nick Sagan y el Porsche

Carl Sagan: un gran científico, una gran persona y un gran padre."



A vueltas con la pseudociencia.



Carl Sagan no solo fue un gran astrónomo, un excepcional maestro "de millones" y un comprometido luchador contra las armas nucleares y a favor de la paz mundial, también fue un activista en contra de las pseudociencias.

Sin lugar a dudas este fue el aspecto mas importante de su personalidad y de su ideología. El creía que los males de este mundo eran originados por la ignorancia y dedico su vida a combatir a las disciplinas que expanden dicha oscuridad.



¿pero que es una Pseudociencia?. Una pseudociencia es algo que busca imitar a la ciencia en apariencia pero que no respeta sus métodos. Las mas conocidas están orientadas a dos debilidades humanas basicas, la incertidumbre en el futuro (Astrología, Quiromancia) y la promesa de una curación mágica, instantánea e indolora que la medicina "científica" no pude dar (Homeopatia, Acupuntura, "medicina" tradicional china, flores de Bach, etc).
Las pseudociencias se alimentan del dolor y la ignorancia de la gente y en un gesto de autoconservacion, como un parásito que intenta eliminar a los anticuerpos del organismo, promueve el odio hacia la ciencia real.



A continuación, dos historias, escritas por Sagan, en defensa de la ciencia y en condena de la pseudociencia y la ignorancia.

"Cada vez que se renuncia a los controles civiles y a la educación científica se produce otro pequeño tirón de la pseudociencia. Liev Trotski lo describió refiriéndose a Alemania en vísperas de la toma de poder por parte de Hitler (pero la descripción podría haberse aplicado igualmente a la Unión Soviética de 1933) [yo diría en el mundo entero a día de hoy]:

“No sólo en las casas de los campesinos, sino también en los rascacielos de la ciudad, junto al siglo XX convive el XIII. Cien millones de personas usan la electricidad y creen todavía en los poderes mágicos de los signos y exorcismos… Las estrellas de cine acuden a mediums. Los aviadores que pilotan milagrosos mecanismos creados por el genio del hombre llevan amuletos en la chaqueta. Qué inagotable reserva de oscuridad, ignorancia y salvajismo poseen!”

La pseudociencia es distinta de la ciencia errónea. La ciencia avanza con los errores y los va eliminando uno a uno. Se llega continuamente a conclusiones falsas, pero se formulan hipotéticamente. Se plantean hipótesis que puedan refutarse. Se confronta una sucesión de hipótesis alternativas mediante experimento y observación. La ciencia anda a tientas y titubeando hacia una mayor comprensión. Desde luego, cuando se descarta una hipótesis científica se ven afectados los sentimientos de propiedad, pero se reconoce que este tipo de refutación es el elemento central de la empresa científica.

La pseudociencia es justo lo contrario. Las hipótesis suelen formularse precisamente de modo que sean invulnerables a cualquier experimento que ofrezca una posibilidad de refutación, por lo que en principio no pueden ser invalidadas. Los practicantes se muestran cautos y a la defensiva. Se oponen al escrutinio escéptico. Cuando las hipótesis de los pseudocientíficos no consiguen cuajar entre los científicos se alegan conspiraciones para suprimirla.



Durante una gran parte de nuestra historia teníamos tanto miedo al mundo exterior, con sus peligros impredecibles, que nos abrazábamos con alegría a cualquier cosa que prometiera mitigar o explicar el terror. La ciencia es un intento, en gran medida logrado, de entender el mundo, de conseguir un control de las cosas, de alcanzar el dominio de nosotros mismos, de dirigirnos hacia un camino seguro. La microbiología y la meteorología explican ahora lo que hace sólo unos siglos se consideraba suficiente para quemar a una mujer en la hoguera.

Hace muchas décadas, en una cena, se pidió al físico Robert W. Wood que respondiera al brindis: “Por la física y la metafísica”. Por “metafísica” se entendía algo así como la filosofía o verdades que uno puede reconocer sólo pensando en ellas. También podía haber incluido la pseudociencia [y el diseño inteligente].



Wood respondió de la siguiente manera:

El físico tiene una idea. Cuanto más piensa en ella, más sentido le parece que tiene. Consulta la literatura científica. Cuanto más lee, más prometedora le parece la idea. Con esta preparación va al laboratorio y concibe un experimento para comprobarlo. El experimento es trabajoso. Se comprueban muchas posibilidades. Se afina la precisión de la medición, se reducen los márgenes de error. Deja que los casos sigan su curso. Se concentra sólo en lo que le enseña el experimento. Al final de todo su trabajo, después de una minuciosa experimentación, se encuentra con que la idea no tiene valor. Así, el físico la descarta, libera su mente de la confusión del error y pasa a otra cosa

Aquí Wood levantó su vaso y concluyó:

La diferencia entre física y metafísica no es que los practicantes de una sean más inteligentes que la de otra. La diferencia es que la metafísica no tiene laboratorio."


"La esclavitud de la Ignorancia" o "Un pueblo educado es un pueblo libre"

Yo les pregunto ¿Es tan mala la ignorancia? Ser ignorante es lo mas parecido a ser feliz, Eduardo Galeano contaba en una famosa historia el encuentro entre un abuelo con alzheimer y su nieto recién nacido. Ambos reían a carcajadas, ambos eran felices ya que ambos, no recordaban nada... la verdadera felicidad, terminaba diciendo Galeano, se conseguía ignorándolo todo.... y tajantemente concluia "yo no la quiero".

Esta es la historia de un esclavo de las plantaciones de sur de Estados Unidos, que eligio el camino de la sabiduría y la ciencia. Y reto al destino que a su raza el mundo "civilizado" habia reservado. Y triunfo sobre su destino.



"Hassler Whitney fue un matemático que dedicó los últimos años de su vida a la reforma de la enseñanza de las matemáticas en escuelas elementales de los EEUU. Días antes de su muerte, en 1989 a sus 82 años, trabajaba todavía activamente con alumnos.

Dos meses antes, Erich Bloch, jefe de la Fundación Nacional para la Ciencia, fue de visita al Advanced Institute of Princeton para ver qué habían hecho los matemáticos con el dinero cedido a los mismos. Para su sorpresa, Whitney irrumpió en la sala y le dijo que lo que tenía que hacer con ese dinero era asegurar que los niños de tercer grado supieran sumar y restar. Además, demostró con muchos ejemplos cómo captar la atención de los chavales.

¿Es importante lo que decía Hassler Whitney? Yo creo que sí y os explicaré cómo saber leer cambió la vida de un hombre. Se llamaba Frederick Bailey y fue uno de tantos esclavos de color allá por el año 1820. A los esclavos les metían en la cabeza, tanto desde las plantaciones como desde los púlpitos y como desde las cámaras legislativas, la idea que eran inferiores hereditariamente.



Había una norma muy reveladora: los esclavos debían seguir siendo analfabetos. En el sur de antes de la Guerra Civil americana, los blancos que enseñaban a leer a un esclavo recibían un castigo severo.

Bailey escribió más adelante:

Para tener contento a un esclavo es necesario que no piense. Es necesario oscurecer su visión moral y mental, y siempre que sea posible, aniquilar el poder de la razón. Ésta es la razón por la que los negreros deben controlar lo que oyen, ven y piensan los esclavos. Ésta es la razón por la que la lectura y el pensamiento crítico son peligrosos, ciertamente subversivos, en una sociedad injusta.

Frederick Bailey era un niño afroamericano de diez años, esclavizado, sin derechos legales de ningún tipo. Fue a trabajar para el capitán Hugh Auld y su esposa Sophia. Un día pasó de la plantación al frenesí urbano, del trabajo de campo al trabajo doméstico. En este nuevo entorno, todos los días veía cartas, libros y gente que sabía leer. Descubrió lo que él llamaba “el misterio” de leer: había una relación entre las letras de la página y el movimiento de los labios del que leía, una correlación casi de uno a uno entre los garabatos negros y los sonidos expresados.



Memorizó las letras del alfabeto. Intentó entender qué significaban los sonidos. Finalmente, pidió a Sophia Auld que le ayudase a aprender. Impresionada por la inteligencia y dedicación del chico, y quizá ignorante de las prohibiciones, accedió a ello. Cuando Frederick ya empezaba a deletrear palabras de tres o cuatro letras, el capitán Auld descubrió lo que sucedía. Furioso, ordenó a Sophia que dejara aquello inmediatamente. En presencia de Frederick, le explicó:

Un negro no debe saber otra cosa que obedecer a su amo … hacer lo que se le dice. Aprender echaría a perder al mejor negro del mundo. Si enseñas a un negro a leer será imposible mantenerlo. Le incapacitará para ser esclavo a perpetuidad.

Y lo dijo como si Frederick Bailey no estuviera en la habitación con ellos, o como si fuera un bloque de piedra. Sin embargo, le había revelado el gran secreto:

Ahí entendí el poder del hombre blanco para esclavizar al negro. A partir de este momento entendí el camino de la esclavitud a la libertad.

Desprovisto de la ayuda de Sophia Auld, ahora reticente e intimidada, Frederick encontró la manera de seguir aprendiendo a leer, preguntando incluso por la calle a los niños blancos que iban a la escuela. Entonces empezó a enseñar a sus compañeros esclavos: Habían tenido siempre el pensamiento en ayunas. Los habían encerrado en la oscuridad mental. Yo les enseñaba porque era una delicia para mi alma.

Saber leer jugó un papel clave en su fuga. Bailey escapó a Nueva Inglaterra, donde la esclavitud era ilegal y los hombres de color eran libres. Cambió su nombre por el de Frederick Douglas (personaje de “La dama del lago” de Walter Scott) y eludió a los cazadores de recompensas que perseguían a esclavos fugitivos.

Un día le invitaron a hablar en una asamblea. En aquel tiempo, en el Norte, no era raro escuchar a los grandes oradores del día, es decir, blancos denostando contra la esclavitud. Pero incluso muchos de los que se oponían a la esclavitud consideraban a los esclavos algo inferiores a los humanos.

La noche del 16 de agosto de 1841, en la pequeña isla de Nantucket, los miembros de la Sociedad Antiesclavista de Massachusetts, mayormente cuáquera, se inclinaron hacia delante en sus asientos para escuchar algo nuevo: una voz que se oponía a la esclavitud de alguien que la conocía por amarga experiencia personal.

Fue uno de los debuts más brillantes en la historia de la oratoria americana. William Lloyd Garrison, el principal abolicionista del día, estaba sentado en primera fila. Cuando Douglas terminó su discurso, Garrison se levantó, se volvió hacia la asombrada audiencia y los desafió con una pregunta a gritos:

- ¿Acabamos de escuchar a una cosa, un bien mueble, o a un hombre?
- ¡Un hombre! ¡Un hombre! – respondió la audiencia con una sola voz.
- ¿Se puede mantener a un hombre así como esclavo en una tierra cristiana? – preguntó Garrison.
- ¡No! ¡No! – gritó la audiencia.

Y aún más alto, Garrison inquirió:
- ¿Se podría obligar a un hombre así a volver a la esclavitud desde la tierra libre del viejo Massachusetts?

Y el público, ahora puesto en pie, exclamó:
- ¡No! ¡No!

Nunca volvió a la esclavitud. Fue el primer afroamericano que ocupó una alta posición de asesoría en el gobierno y dedicó el resto de su vida a luchar por los derechos humanos. Durante la Guerra Civil Americana fue consultor del presidente Lincoln.

Muchas de sus opiniones eran mordaces, poco aptas para hacerle ganar amigos en los altos cargos:

Afirmo sin el menor género de dudas que la religión del Sur es una mera cobertura para los crímenes más horribles… una justificación de la barbarie más espantosa, una santificación de los fraudes más odiosos y un oscuro refugio bajo el que los actos más oscuros, más asquerosos, más burdos e infernales de los negreros encuentran la mayor protección. Si me volvieran a reducir a las cadenas de la esclavitud, después de aquella esclavitud, consideraría la mayor calamidad que podía acontecerme ser esclavo de un amo religioso… Yo … detesto el cristianismo que maltrata a las mujeres, les roba a los hijos en la cuna, corrupto, esclavista, parcial e hipócrita de esta tierra.

Vale la pena apuntar, sin embargo, que gran parte del movimiento abolicionista surgió de comunidades cristianas, especialmente cuáqueras, del Norte; que las Iglesias cristianas negras del Sur representaron un papel clave en la lucha por los derechos civiles americanos de la década de los sesenta; y que muchos de sus líderes (el más notable, Martin Luther King) eran ministros ordenados de estas Iglesias.

En 1848, en la Convención de Seneca Falls, cuando Elizabeth Cady Stanton tuvo la osadía de pedir un esfuerzo para asegurar el voto de la mujeres, Douglas fue el único hombre de cualquier grupo étnico que se levantó para apoyar la propuesta.

La noche del 20 de febrero de 1895, más de treinta años después de su fuga, tras una aparición en una conferencia por los derechos de la mujer junto a Susan B. Anthony, sufrió un colapso y murió.




Esta historia debe hacernos reflexionar. ¿Por qué hoy todavía queda gente en el mundo que no sabe leer?. Este hombre demostró que la alfabetización es el camino que lleva de la esclavitud a la libertad. Hay muchos tipos de esclavitud y muchos tipos de libertad y no saber leer es un tipo más de esclavitud.

Uno no puede dejar de pensar que si un solo hombre pudo hacer todo eso gracias a no desperdiciar la oportunidad de aprender a leer, imaginaos qué puede hacer una sociedad con personas formadas.

Así que, amigos míos, tened curiosidad por las cosas, aprended, leed, no veáis tanto la TV (todos sabemos de qué estoy hablando) y tened pensamiento crítico y criterio propio; pues cuando lo hagáis, estaréis luchando por vuestra propia libertad.
"

Aca pueden leer la primera parte del tributo:

http://www.taringa.net/posts/ciencia-educacion/17406588/Un-Tributo-a-Sagan-primera-parte.html


[/size]





0
0
0
0
0No comments yet