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El Eterno Atardecer

A 121 años luz de la tierra,
Se encuentra un sistema solar bien extravagante,
Donde la estrella Deneb Antilae atrae hacía su centro de gravedad
34 planetas, entre ellos el planeta Gliese 581c,
Este planeta tiene una rotación tan particular que hace que una cara siempre este
De frente al sol y la otra siempre a oscuras, muy parecido al movimiento de la luna respecto
A la tierra.
Se observa en la parte oscura del planeta
Un débil satélite que aparece en las eternas noches de esta cara oscura solo una vez
Cada 300 días terrestres.
Pues bien, esta es la historia de un hombre,
Si un hombre, que por razones desconocidas apareció en aquel mundo misterioso,
Despertando de su sueño, se levantó, observando un cielo rojizo azulado que auguraba la noche,
Pensó que estaba en la tierra, supuso que llegaría la noche y por causa de ello caminaba,
Buscando reconocer en qué lugar estaba, de la tierra…
Caminaba y caminaba solo veía arena y el mar... Nada más...
Hasta que en su pesquisa se percató de la primera cosa extraña, que lo hacía dudar
De si estaba o no en un sueño, había pasado tiempo, bastante tiempo, quizá dos, tres horas y aún el sol no caía en el horizonte, la estrella Deneb Antilae seguía ahí, pero él pensaba que esa estrella era nuestro sol, aún era la tarde, no venía la noche, era algo realmente aterrador para él,
Observar que él sol no cambiaba de lugar, que siempre estaba ahí, a punto de caer, en
Un principio el hombre pensó que soñaba, que era una pesadilla y una hermosa quimera a la vez,
Era el escenario perfecto para reflexionar por siempre…
El sonido del mar era armonioso, despertando en el alma de aquel hombre los más conmovedores momentos de su vida, recordó que había pasado antes de caer en su letargo, estaba nadando
En la playa y se estaba ahogando y…
No sabía que más había pasado, solo sabía que había despertado ahí, en ese atardecer eterno.
Pasaron muchas horas más, quizás 5 horas y el sol seguía ahí, tan tranquilo, no se veían nubes,
Solo se oía el mar, solo había arena y mar y nada más, no veía ningún animalito costero,
Ningún indicio de vida salvo su propia vida, si es que eso era vida, el hombre se sentó, lloró,
Por causa de su inmensa soledad, una soledad de cinco mil años luz…
Sin embargo sentía su cuerpo relajado, se sentía bien, caminar era placentero, no sentía hambre,
Ni sueño, ni cansancio, todo iba tan bien, salvo su soledad e incertidumbre.
Pasaron 3 o más días y aún seguía la tarde en aquel mundo, el hombre entonces decidió darle la espalda al sol y caminar en dirección opuesta a él, intuyendo que si lo hacía encontraría la noche,
La noche eterna…
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