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El Experimento


Hace mucho tiempo que sé que con pequeños actos se logran grandes cambios, y queria invitarte a apovechar 5 minutos en esta pequeña lectura que me ha servido ami y a algunos amigos. Al cuento me lo contó mi papá, que en un tiempo fue lector de las obras de Jorge Bucay, hoy decidí compartirlo con ustedes.



El Experimento

La maestra entró en clase, con una sonrisa muy particular.

- Hoy no vamos a hablar de leyes ni de instituciones políticas. Hoy vamos a empezar un experimento, si me ayudan.

-He traído estas cintas azules… Son simples trozos de cinta raso, pero nosotros vamos a decidir que cada una de ellas lleva un mensaje oculto, algo que yo tengo para decirle hoy a cada uno.

Y escribió con gis (tiza) en el pizarrón: “Eres importante para mi”.



-Voy a pedirles que antes que salgan me dejen que les ponga esta cinta, porque cada uno de ustedes, ha sido y sigue siendo ahora, importante para mí.
Entre sorprendidos y divertidos toda la clase quedó galardonada con las cintas azules.

Continuo...
-Voy a darles a cada uno tres cintas azules para que se las lleven, cuando lleguen a su casa, se sienten un momentito a pensar quien es importante para ustedes. Cuando decidan quien es la persona, se sientan frente a ella, le ponen la cinta y le dicen porqué es importante y le entregan las otras dos cintas para que continúe con el experimento.



Hacía dos años que Juan Manuel viajaba a la ciudad donde asistiá a la escuela y todas las personas importantes en su vida se quedaban en su pueblo natal, sus únicos amigos eran sus compañeros de la escuela pero el no sabía si se le podía dar la cinta a alguno de ellos y tenia miedo de arruinar el experimento.De camino a la estación siguió pensando quien era importante para el y recordó que cada mañana, en la estación se encontraba en el andén con una joven ejecutiva que viajaba a la misma hora y bajaba una estación antes que él. Nunca habían tenido una conversación pero se saludaban con una sonrisa y un “Hola que tal”.



Juan Manuel se dio cuenta de que la joven, de la cual ni siquiera sabía el nombre, era la primera persona con la que hablaba cada mañana. Se percató de cuan diferentes serían las mañanas si no se la volviera a encontrar o a recibir ese "Hola que tal", y decidió que le entregaría una de las cintas azules.



Juan Manuel vió a la joven en su estación, se acercó y le dijo.

-Hola, se que nunca hemos hablado pero quiero decirte que cada mañana cuando vengo a la escuela lo hago esperando ansiosamente tu saludo, hoy nos han encomendado un experimento y...

le explicó el experimento, le puso la cinta y le entregó las otras restantes para que la muchacha continuara con la labor. La plática de la joven con Juan Manuel la entretuvo y llegó tarde a su trabajo, su jefe, el Señor García le llamó la atención. En ese momento se dio cuenta de que ese hombre obsesivo y gritón era importante para ella pues había aprendido tanto de el y nunca se lo había hecho saber. La cinta azul era una buena excusa.



El la escucho atentamente y aunque con alguna resistencia recibió la cinta azul y le agradeció el haber sido elegido para ella.

-Ahora hay que terminar este experimento Sr. García, —le dijo mientras le daba una cinta igual—; tiene que elegir una persona que sea importante para usted y darle esta cinta.

El empresario no tuvo duda de a quien pertenecía esa cinta. ¿Cuanto hacía que no le decía a su hijo Santiago cuánto lo quería y lo importante que era para él?

Esta vez salió de la oficina temprano, su esposa no podía creer tenerlo en la casa a esa hora.



-¿Te encuentras bien querido? —preguntó preocupada.

-Si —dijo el hombre—, ¿dónde esta Santiago?

-En su cuarto como siempre… ¿Pasa algo?
Sin contestar subió las escaleras y toco en la puerta de la habitación de su hijo.

-¿Quién es? —pregunto como reprochando el muchacho..

-soy yo…, papá. ¿Puedo entrar?

-Que he hecho ahora? -continuo sin cambiar el tono

-Nada hijo… No has hecho nada. Nada malo.

-Entonces?

-Abri un momento tengo que contarte algo.

El muchacho abrió. Entonces el padre le contó lo del encuentro con su empleada, le explicó el experimento de la maestra y luego le puso la cinta azul mientras le decía: -Quiero que sepas que eres muy importante para mí.

Santiago se quedó paralizado, ni siquiera pudo contestar al abrazo que su padre le dio con inusual efusividad. Y empezó a llorar..

-Perdóname papá… Perdóname.

-No me pidas perdón, hijo. Soy yo el que debería pedirte que me disculpes por mi ausencia en todos estos años.

El muchacho se dirigío a su mesa de luz que se encontraba al lado de su cama, abrio el primer cajon, saco un paquete de pastillas y dijo.

-Hoy las compré y pensaba tomarlas justo cuando llegaste, porque creía que no le importaba a nadie.


He contado esta historia un par de veces y he presenciado como conmueve personas, incluyendome, talvez puedas brindarle el placer de escucharla, a alguna persona que crees que la necesita, o quizas con osadía podrías realizar el experimento
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