El ocaso del Amanecer
Señales de deterioro de su electrónica obliga a desconectar dos de las cinco cámaras de Akatuski.
La vida de la sonda japonesa, lanzada con el objetivo de explorar Venus, no fue nunca sencilla. Después de un fallo de su impulsor principal, que le impidió entrar en órbita del planeta en 2010, siguió un largo viaje de cinco años terrestres alrededor del Sol, algo que evidentemente no estaba previsto y para lo cual no estaba diseñada, entre otras cosas porque implicó situarse más cerca de nuestra estrella de lo que estaba previsto. Pese a todo, en 2015 logró finalmente regresar y esta vez sí, utilizando los impulsores secundarios destinados a controlar su orientación para que actuaran como freno, atarse gravitatoriamente al planeta. No en su órbita ideal y prevista inicialmente, pero no se le podía pedir mucho más. Fue casi un milagro, posible por la tenacidad y esfuerzo de los técnicos japoneses.
Celebración "a la japonesa" del regreso de Akatsuki a su objetivo.
Pero quizás las consecuencias de tal esfuerzo, de una sonda que ya está superando su esperanza de vida y que afrontó una dura travesía no prevista, se están ya manifestando. El pasado Diciembre, un dispositivo electrónico que controla dos de las cinco cámaras (IR1 e IR2) de Akatsuki empezó a consumir una cantidad excesiva de energía, lo que hizo imposible al equipo de misión el control de dichos instrumentos. Después de semanas de intentar solucionar el problema se decidió desconectarlas, aunque con intención de reiniciarlas cada cierto tiempo con la esperanza de que el problema desaparezca por si mismo. Es decir, no existen soluciones, y posiblemente la pérdida es definitiva.
Los instrumentos de Akatsuki. Las cámaras IR1 e IR2 han sido desconectadas dado que su control es imposible de momento, y aparentemente nunca volverán a funcionar.
El problema, según la JAXA, es el deterioro de partes de su electrónica, y la causa podría estar en el largo viaje de regreso a Venus, que expuso a Akatsuki a dosis de radiación mayores de lo que se había anticipado, causando estragos en su instrumental. Al menos en IR1 y IR2, que se utilizaban para levantar mapas de la radiación infrarroja emitida por la superficie y la parte baja de la atmósfera. Las otras tres todavía funcionan con aparente normalidad, permitiendo explorar el planeta en luz visible, ultravioleta, infrarroja y de onda larga, pero existe la preocupación de que puedan seguir el mismo camino tarde o temprano.
El viaje de Akatsuki, en persecución de Venus después del fracaso de 2010, la llevó más cerca del Sol de lo previsto en al misión original, por lo que aguantó más radiación solar de lo que debería haber soportado.
No deja de ser decepcionante, ya que desde su llegada a Venus, Akatsuki está realizando un trabajo excelente, realizando descubrimientos asombrosos, como un vórtice en su capa de nubes que no debería existir dada la alta velocidad a la que se mueve la atmósfera alrededor del planeta, o la presencia de una gigantesca onda gravitatoria estacionaria, que también representa un desafío para los científicos (y en ambos casos con una aportación vital IR2). Aunque también es cierto que todo logro de esta sonda es un regalo, dada las circunstancias.
Venus desde 68.000 kilómetros y tomada a las 4:50 UT. La fallida cámara IR1 era sensible a la radiación infrarroja a una longitud de onda de 1 micra.
Ahora solo queda esperar que estemos ante una circunstancia puntual, el obligado peaje cobrado por la odisea vivida por Akatuski, y que por delante le queden aún años de fructífera actividad. Pero incluso si no fuera el caso, sino el principio del fin, el ocaso del Amanecer (que es el nombre de la sonda en japonés), no podremos sino reconocer lo conseguido, y apreciar en su justa media lo que fue una lucha titánica contra el destino.
Akatuski lleva asombrando desde su llegada. Por todo eso, sea cual sea su destino final, el esfuerzo en traerla de regreso valió la pena.
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