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El océano de Ganímedes y algo más.




El océano de Ganímedes, los mares alienígenas del sistema solar exterior y los medios de comunicación.






La semana pasada fue bastante movidita en cuanto a noticias sobre los océanos subterráneos de los mundos del sistema solar exterior. Por un lado se publicaron dos artículos que apoyan la hipótesis de que en Encélado, la luna de Saturno, existen nada más y nada menos que fuentes hidrotermales. Por otro lado se anunció la existencia de un océano en Ganímedes, la mayor luna de Júpiter. Ambas noticias son trascendentes por sus obvias repercusiones en cuanto a la habitabilidad del sistema solar exterior, pero choca el distinto tratamiento que se les ha dado en los medios de comunicación, un tratamiento que denota una seria confusión sobre estos “océanos” alienígenas. Porque no todos son iguales.


Ganímedes escondiéndose detrás de Júpiter.

Veamos qué pasa en Ganímedes. La noticia es que el telescopio espacial Hubble ha observado en el ultravioleta las auroras que se forman en este satélite -sí, Ganímedes tiene auroras, lo que ya es un resultado espectacular en sí mismo- y los resultados concuerdan con la existencia de un océano subterráneo a gran profundidad. Un notición del que merecidamente se han hecho eco la mayoría de medios de comunicación, ¿no?. Bueno, sería un notición si fuera algo nuevo, pero el caso es que ya sabemos que Ganímedes tiene un océano subterráneo desde hace… ¡trece años! Efectivamente, en 2002 la sonda Galileo de la NASA ya detectó un campo magnético inducido en esta luna, prueba clara de que en su interior se encuentra una importante cantidad de agua salada (aunque en este caso la “sal” más abundante no sería el tradicional cloruro de sodio, sino sulfato de magnesio).


Sulfato de magnesio, a simple vista indistinguible del cloruro de sodio.

Previamente, Galileo también había descubierto campos magnéticos inducidos por el potentísimo campo magnético de Júpiter en Europa y Calisto, aunque mucho más débiles. Pero la diferencia con Calisto y Europa está en que Ganímedes también posee un campo magnético propio creado por un núcleo metálico parcialmente fundido además del campo inducido de su océano. A pesar de que su intensidad apenas alcanza el 1% del campo magnético terrestre, esta característica hace de Ganímedes la única luna del sistema solar con una magnetósfera global propia. De ahí que el telescopio Hubble haya podido estudiar las auroras en este satélite, una hazaña que sería imposible de llevar a cabo en Calisto o en Europa.


Posible estructura interna de Ganímedes.

En realidad, la idea de que Ganímedes pudiera tener un océano de agua líquida se remonta a finales de los años 70 cuando las sondas Voyager 1 y 2 revelaron una superficie dinámica repleta de fracturas y unidades geológicas extrañas. Por entonces se propuso que una corteza de hielo muy gruesa que se desplazase sobre un manto de agua líquida podría explicar la accidentada superficie del satélite, aunque hubo que esperar a la misión Galileo para confirmar su existencia.


Una Voyager pasando cerca de Ganímedes.

Entonces, ¿la noticia del Hubble es errónea o trivial? Por supuesto que no. Es una noticia muy interesante ya que nos permite confirmar de forma independiente la existencia de este océano desde la distancia sin necesidad de enviar ninguna nave espacial hasta allí. Las observaciones del Hubble favorecen además la presencia de un gran océano en vez de múltiples capas de agua líquida alternadas entre capas de hielo, un modelo predicho por algunos investigadores y que se había puesto muy de moda hace pocos años. Ganímedes es un lugar fascinante. No en vano, la sonda JUICE de la ESA visitará este satélite la próxima década en gran parte por el complejo y rico interior que presenta esta luna.


Modelo alternativo del interior de Ganímedes con varias capas de agua líquida alternadas entre capas de hielo I, hielo III, hielo V y hielo VI.

El problema reside en los medios que han publicado esta noticia como si fuera algo novedoso, cuando no lo es en absoluto. Una vez más nos enfrentamos a una noticia astronómica muy mediática en la que el desconocimiento del contexto genera una confusión enorme. En estos tiempos que corren de inmediatez salvaje y falta de memoria crónica las noticias se difunden sin que haya tiempo para leerlas y comentarlas como se merecen. El resultado es que en muchos medios se acumulan todo tipo de noticias científicas a las que se les otorga la misma importancia, mezclando trivialidades sin mucha importancia o simples hipótesis o modelos teóricos con noticias realmente revolucionarias. Todas ellas reciben los mismos titulares sensacionalistas y rotundos. En el caso que nos ocupa, el comunicado de prensa del Instituto del Telescopio Espacial deja bien claro que la sonda Galileo ya descubrió pruebas del océano de Ganímedes en 2002, pero se ve que esa información se ha perdido por el camino en muchos medios no especializados.


Auroras en Ganímedes observadas por el telescopio Hubble.

Pero en realidad el asunto es más profundo. Cada poco tiempo se anuncia el supuesto descubrimiento de agua líquida en alguna luna de Júpiter o Saturno como si fuera algo novedoso. ¿Qué les pasa a los medios con los océanos del sistema solar exterior? La confusión surge porque ni el gran público ni los medios están familiarizado con la composición de los satélites de los planetas gigantes -ricos en hielo- ni con el criovulcanismo. El agua -líquida o en forma de hielo- en el sistema solar exterior es tan abundante como la roca. Sin embargo, los “océanos” subterráneos de Titán, Ganímedes y Calisto son en realidad mantos de agua líquida. Mientras que el manto de la Tierra está formado por roca semifundida por culpa de las enormes presiones y temperaturas, en estos mundos el hielo juega el papel de la roca en los planetas interiores y por eso en algunos podrían existir procesos de criovulcanismo en vez de vulcanismo a secas, es decir, cuando los volcanes expulsan agua a la superficie y no roca fundida.


Representación de criovulcanismo en Encélado.

El “océano” de Ganímedes se halla en realidad a 150-170 kilómetros de profundidad -no conocemos el grosor preciso de la corteza- y tiene un espesor de unos cien kilómetros. La cantidad de agua almacenada es increíble, superior a toda el agua de los océanos terrestres, pero, y aquí viene lo importante, su potencial astrobiológico está a años luz de los mares de Europa o Encélado. El manto acuoso de Ganímedes se encuentra situado entre la corteza superficial y un manto interno, ambos de hielo. Eso significa que este océano no estaría en contacto directo con el núcleo rocoso y las hipotéticas fuentes de calor del interior del satélite. Además, el estudio directo de este manto acuoso estará fuera del alcance de nuestra tecnología -y presupuesto- durante las próximas décadas o siglos. De hecho, las regiones de Ganímedes más interesantes desde el punto de vista astrobiológico podrían estar no este manto acuoso, sino en la frontera entre el manto interior de hielo y el núcleo rocoso. En algunos puntos de esta frontera es posible que la roca fundida del interior derrita el hielo -que sería alguna forma exótica de hielo, como el hielo III o hielo VI-, creando bolsas de agua líquida con abundancia de sustancias orgánicas.


Esquema con distintos tipos de hielo. A mayor presión, se requiere mayor temperatura para fundirlo.

En comparación, el océano global de Europa se encuentra a tan “solo” diez o treinta kilómetros de profundidad de la superficie -otros modelos predicen un espesor aún menor de la corteza de hielo- y se cree que está en contacto directo con el interior rocoso. Además, aunque Ganímedes alberga más agua líquida, Europa no se queda atrás y el volumen de su océano dobla al de los océanos de la Tierra juntos. Del mismo modo, el mar del polo sur de Encélado -realmente otro “manto” acuoso- está a solo treinta o cuarenta kilómetros de profundidad y, por si fuera poco, podemos estudiarlo directamente a través de los famosos géiseres que caracterizan a esta luna.


Modelos del interior de Europa, Ganímedes y Calisto.

Por este motivo, no todos los “océanos” o “mantos acuosos” son similares. Si los clasificamos por orden de interés científico podríamos hacer una lista tal que así:

Océanos situados a poca profundidad que podemos estudiar directamente a través de criovolcanes y del análisis de la composición de la superficie: Estos son los más interesantes y en esta categoría tendríamos a Encélado y a Europa. Gracias a sus géiseres el mar de Encélado es en estos momentos el más fácilmente accesible de todo el sistema solar. En cuanto a Europa, aunque la presencia de géiseres aún está por confirmar, esta luna presenta zonas aparentemente activas en la superficie que podrían estar conectadas más o menos directamente con el océano interior, permitiendo su análisis directo por sondas orbitales o, mejor aún, de superficie. En cualquier caso, no nos olvidemos de que si Europa posee un océano global -algo que no está del todo claro-, su potencial astrobiológico sería varios órdenes de magnitud superior al de Encélado.


Modelo del interior de Encélado.

Océanos situados a gran profundidad, pero que podríamos analizar gracias a criovolcanes: en esta categoría podría estar Titán, ya que en esta luna se han observado posibles evidencias de criovolcanes, aunque se trata de una hipótesis todavía no confirmada. El manto de Titán sería parecido al de Ganímedes, situado a unos 200 kilómetros de profundidad, pero estaría compuesto también por amoniaco (algunos modelos también predicen océanos en Ganímedes y Calisto ricos en amoniaco). Si existen, los criovolcanes titánicos podrían ser oasis calientes en medio de un mundo gélido, pero rico en sustancias orgánicas.


Posible estructura interna de Titán.

Océanos encerrados gran profundidad: aquí tendríamos los océanos de Ganímedes y Calisto. Esta última luna debería tener un océano en contacto con el núcleo rocoso, pero su interior está fuertemente diferenciado como Ganímedes y carece de actividad interna significativa. En esta categoría también entrarían los hipotéticos océanos subterráneos pendientes por confirmar. Los más famosos son aquellos que se ocultan en el interior de Ceres y Plutón. Este año las sondas Dawn y New Horizons nos sacarán de dudas sobre su existencia. Otros mundos del sistema solar como Tritón, Oberón, Titania, Sedna o Eris también podrían tener mantos internos de agua líquida, pero lo más probable es que no sea así.


Algunos océanos del sistema solar exterior.

Como vemos, hay océanos y océanos. Y en estos momentos la prioridad de la comunidad científica es el estudio de las masas de agua líquida de Europa y Encélado. Los demás, aunque fascinantes, quedan a mucha distancia.





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