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Uno de los problemas más complejos a los que se enfrenta la ciencia moderna es la comprensión de los mecanismos que dieron origen a la vida en nuestro planeta, y quizá en muchos otros mundos alrededor del universo. A través de procesos químicos que aún escapan a nuestro entendimiento, la materia inorgánica se ordenó de tal manera que produjo la emergencia del metabolismo y la reproducción –los elementos fundamentales de toda la vida en La Tierra.



Varias hipótesis, dando cuenta de muchas variables, compiten actualmente para explicar este fenómeno. Algunas proponen al ARN como la primera pieza del rompecabezas en surgir, dado su rol produciendo enzimas metabólicas. Otras sugieren que el metabolismo se dio primero en la química inorgánica, generando a su vez las moléculas que constituyen al ARN.

Un accidente reciente de laboratorio ha resultado muy ilustrativo sobre cuál hipótesis podría resultar más probable.

Durante una prueba de la calidad del medio para criar células, un estudiante encontró señales claras de un proceso metabólico llamado “glucólisis”. Experimentos de seguimiento en ese ambiente produjeron 29 reacciones cuasi-metabólicas a partir de materiales inorgánicos, como el hierro y otros metales –bloques que resultarían de gran utilidad para la formación de moléculas como el ARN, hechos de manera sencilla, con material que abundaba en La Tierra primigenia.

Aún así, cantar victoria sería prematuro. Los procesos reproducidos no pueden haber sido la clave de la vida por sí solos, sin un catalizador químico que los protegiera de la degradación ambiental, aún desconocido.

La buena nueva es que la carrera tan emocionante por deducir el origen de la vida continúa, a la espera del próximo accidente afortunado.


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