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El pez que "escupe"

El pez que «dispara» con una precisión comparable a la humana

Usa el agua como herramienta y modifica sus propiedades hidrodinámicas para lanzar potentes chorros a más de un metro y cazar insectos




El pez arquero (Toxotes jaculatrix) es famoso por sus certeros disparos para conseguir su alimento. Sus balas no son otra cosa que potentes chorros de agua que escupe para derribar a incautos insectos, arañas o incluso pequeñas lagartijas que merodean en las hojas o ramas al borde del agua. Su puntería es asombrosa y su presa cae al agua en un abrir y cerrar de ojos. De hecho, para poder “ver” a este arquero en acción hay que utilizar la cámara lenta.

La hazaña tiene mérito. Entre otras cosas porque cuando la luz pasa del agua al aire se produce un fenómeno conocido como refracción. ¿Se acuerdan del típico ejemplo del lápiz que parece partido cuando se mete en un vaso? Pues el pez, que no ha ido a la escuela ni ha estudiado física, es capaz de tener en cuenta esta propiedad de la luz a la hora de apuntar a su presa.

Una corrección que aplica, por la cuenta que le tiene, para asegurarse de que el chorro de agua que escupe llegará al incauto animalillo en el que previamente ha puesto el ojo. O mejor dicho sus grandes ojos que, situados muy cerca de la boca, le dan una buena visión binocular. Y no tarda mucho en aprender que el mejor punto para minimizar la distorsión visual debida a la refracción está justo debajo de su presa.

"Dominio de la física"
Por si esto no fuera bastante asombroso, un estudio publicado en el último número de la revista “Current Biology” asegura que estos peces son en realidad “francotiradores” mucho más hábiles de lo que nadie hubiera podido imaginar. Y es que el pez utiliza el agua como una herramienta, y es el primer animal, que se sepa, capaz de cambiar las propiedades hidrodinámicas de un chorro según lo “aconseje” la ocasión.

Lo de francotirador le viene al pelo. Su cuerpo está diseñado para pasar desapercibido. Desde arriba, el punto de vista de sus presas, su perfil estrecho le hace casi imperceptible en el agua, a lo que contribuyen sus rayas en blanco y negro, que le sirven de camuflaje bajo la vegetación del manglar, donde habita.

En estos bosques que crecen en el agua, no hay tantas presas disponibles como pudiera parecer, por lo que la puntería es, más que una cualidad, una necesidad. “Es importante ser capaz de golpear con fuerza a la presa desde un amplio rango de distancias", explica Stefan Schuster, de la Universidad de Bayreuth, en Alemania, uno de los dos autores del estudio.

Hasta metro y medio de distancia puede llegar su potente chorro. Y es capaz de disparar hasta siete veces seguidas. Lo consigue formando un tubo con la lengua y el techo de la boca por el que el agua sale a gran velocidad cuando cierra de golpe sus branquias.

La clave para que el disparo sea certero, está en formar una gran gota de agua al final del chorro que golpee con fuerza a la presa, como se sabía hace tiempo gracias a la cámara lenta. Pero no se sabía exactamente como lo conseguía. Y para averiguarlo, Schuster y Peggy Gerullis, los dos autores del estudio, entrenaron al pez para alcanzar objetivos situados a una altura de 20 a 60 centímetros en ubicación precisa. Para arrancarle su secreto, observaron los diversos aspectos de la producción y propagación del chorro en los distintos disparos.

Así averiguaron que el tiempo necesario para que se forme la gota de agua en el extremo del chorro no es fijo. En realidad, el pez hace ajustes para asegurarse de que se forme una buena gota de agua justo antes del impacto. Sorprendentemente, estos peces arquero lo logran con algo tan “simple” como modular la abertura de la boca.



Cualidades casi humanas
Estos ajustes necesarios para que el pez golpee con fuerza sus objetivos en un rango amplio de distancias son únicamente comparables a la capacidad "exclusivamente humana" para el lanzamiento, destacan los investigadores. "Uno de los últimos reductos de la singularidad humana es nuestra capacidad de lanzar con fuerza piedras o lanzas a objetivos distantes", explica Schuster.

"Esto es realmente una impresionante capacidad y requiere, entre otros muchos aspectos, un fascinante control de los movimientos. Se cree que esta capacidad ha impulsado a nuestro cerebro a crecer para albergar un número mayor de neuronas que permitan tal precisión. Es notable que la misma línea de razonamiento también se podría aplicar al pez arquero. "

Es posible que este mecanismo de los peces usan para controlar el agua con tal precisión también puede encontrar aplicación en las bocas de las mangueras, explica Schuster, que añade que los chorros ajustables son un gran negocio en muchas industrias, incluyendo la medicina.

"El mayor problema es cómo modificar las propiedades abrasivas de un chorro", dice Schuster. "Por lo general, esto se hace mediante la modulación de la liberación de presión o mediante la variación de los abrasivos añadidos al chorro. No tenemos conocimiento de que alguien esté en la actualidad utilizando una válvula ajustable dinámicamente, inspirada en lo que hace el pez, concluyen.
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