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El robot Philae rebotó a cámara lenta sobre el cometa

El robot Philae rebotó a cámara lenta sobre el cometa




El primer análisis de los datos del aterrizaje del módulo Philae, que el 12 de noviembre se desprendió del orbitador Rosetta e hizo historia al ser el primero en posarse en un cometa, sugiere que rebotó dos veces antes de establecerse en la superficie del cometa 67P/Churyumov-Gerasimenko. Así lo han señalado los responsables de esta misión de la Agencia Espacial Europea (ESA).

Después del primer aterrizaje a las 15:33 (horario UTC, confirmado en la Tierra con una señal “fuerte y clara” a las 17:02, hora peninsular española), se recibió nueva información de otros dos aterrizajes: uno a las 17:26 UTC (casi dos horas más tarde que el primero) y un tercero a las 17:33 UTC.


A pesar de estos rebotes, un incidente surgido porque los arpones de la nave no se dispararon, el módulo de aterrizaje y sus instrumentos están funcionando y enviando datos e imágenes correctamente, aunque permanezca sin anclar como estaba previsto.

“Philae está en la superficie y haciendo un trabajo maravilloso, trabajando muy bien y podemos decir que tenemos un módulo de aterrizaje muy feliz", ha destacado Paolo Ferri, jefe de operaciones de la misión en el centro ESOC de la ESA.


Durante la segunda ventana de comunicación entre el ‘aterrizador’ y el orbitador establecida entre las 07:01 y las 10:58 (hora peninsular española), del 13 de noviembre, "tuvimos un pase perfecto, el enlace de radio era extremadamente estable y pudimos descargar todo de acuerdo con el plan nominal", ha añadido la directora de vuelo de Rosetta, Andrea Accomazzo.


Los científicos también han confirmado que la batería principal de Philae está funcionando correctamente, así como su dispositivo de memoria masiva. Por su parte, el instrumento ROMAP y otros sistemas también registraron una rotación del robot después del primer aterrizaje. Los técnicos continúan trabajando para confirmar la localización y condiciones exactas de este 'aterrizador'.




El futuro aún no está del todo claro, sin embargo. El vehículo no quedó de pie al quedar finalmente inmóvil en la superficie, sino tumbado, con una de sus patas en el aire. Además, fue a parar a 458 metros de distancia del lugar previsto, y está inmerso en la sombra de un cráter, que impide que sus células solares reciban luz las horas previstas. Ello reduce no solo el tiempo de recarga de las baterías, sino que impide disponer de electricidad para mantener a los instrumentos por encima de la temperatura ideal. Así pues, cuando la batería principal se agote, es posible que la toma de datos quede comprometida. Por eso los científicos se están apresurando a obtener todo el caudal científico posible. También están procediendo con mucha precaución y debe decidirse si y cuándo desplegar el brazo para medir la composición de la superficie.



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