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En la búsqueda de planetas habitables



La NASA planea tres misiones para detectar exoplanetas para que sean colonizados.



Nuestro sistema solar contiene millones de asteroides orbitando alrededor de Marte y Júpiter. El riesgo de que un meteorito se filtre en la atmósfera y logre impactar contra la superficie terrestre es una posibilidad que inquieta cada vez más a los astrofísicos.

Esta eventualidad, sumada a la sobrepoblación mundial y al cambio climático, aceleró la puesta en marcha de dos misiones que serán lanzadas por la NASA en los próximos cuatro años, más una tercera aún sin fecha, para detectar exoplanetas (planetas que orbitan otras estrellas) similares a la Tierra que puedan ser colonizados.

La voz de alarma la dio John Grunsfeld, ex astronauta y actual director científico de la agencia espacial estadounidense, que señaló que resulta casi inevitable la colisión con un meteorito. "Si queremos asegurar la futura supervivencia de la humanidad, antes o después tendremos que dejar la Tierra. Es prácticamente seguro que en algún momento nuestro planeta sufrirá el impacto de un asteroide devastador", dijo.

La gran apuesta de la raza humana es Transiting Exoplanet Survey Satellite (TESS), que será lanzado por la NASA en 2017 para suceder al telescopio Kepler. La nave se convertirá en la primera en rastrear exoplanetas y mundos en tránsito. Se espera que localice unos 3 mil nuevos planetas.

Apuntará sus cuatro telescopios de gran precisión a los elementos pequeños y rocosos alrededor de las dos millones de estrellas cercanas del Sistema Solar. La única condición impuesta es que sean habitables. "TESS debe ser capaz de encontrar más de 200 Tierras y súper Tierras", señalo Peter Sullivan, docente de Física del MIT. "De diez a veinte de ellos serían planetas en la zona habitable", agregó.

La Tierra tropieza a menudo con fragmentos siderales; algunos son imperceptibles y otros dejan su marca, como el meteorito que hace 66 millones de años acabó con la vida de los dinosaurios en apenas un día. El suceso más reciente fue en 2013, en la ciudad rusa de Cheliábinsk: el bólido liberó una energía de 500 kilotones (30 veces superior a la de Hiroshima) y explotó a 20 mil metros de altura. El suceso más poderoso provocó el llamado evento Tunguska, en Siberia, en 1908, con un impacto de energía de 10 megatones (10 mil kilotones). Y choques menores de 20 kilotones se produjeron en la isla de Célebes, en Indonesia; en el océano Antártico y en el mar Mediterráneo.

“Debido a que no sabemos dónde ni cuándo ocurrirá el próximo gran impacto, lo único que impide una catástrofe provocada por un asteroide del tamaño para destruir una ciudad es la suerte", sostuvo el ex astronauta Ed Lu. CC

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