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¿Es el cristianismo un religión original? 1ra parte

Desde que en el año 525, el monje geómetra Dionisio el Exiguo, fijó la fecha del nacimiento de Jesús, por encargo de la iglesia católica.
Pero resulta curioso que esa fecha elegida como demarcación, esté sustentada en unos acontecimientos y un protagonista totalmente imprecisos, hasta el punto que hoy en día la propia iglesia está convencida de la paradójica circunstancia de que Jesús haya nacido “antes de Cristo” (situación que si se analiza bien no es tan descabellada).

Sin embargo, la sola idea de plantear objeciones sobre la singularidad de los orígenes del cristianismo suele levantar ampollas. No olvidemos que más de uno fue expuesto a las llamas de la hoguera por exponer teorías tan evidentes.
Y es que a nadie le gusta que le rompan sus esquemas, y sobretodo si lleva con ellos dos mil años.

Si toda religión tiene su origen en su fundador, los orígenes del propio Jesús ya empiezan por no ser muy claros. Es más, ni siquiera el Nuevo testamento, que se considera el documento fidedigno de la existencia y hechos del Mesías en la Tierra, se pone de acuerdo sobre la procedencia de su principal protagonista.

Las dos genealogías sobre Jesús que se nos facilitan en los textos sagrados: la de Mateo y la de Lucas, son completamente distintas.


Resulta realmente extraña esta disparidad entre las listas de ascendientes en un texto que se dice directamente inspirado por dios y escrito por unas personas que, teóricamente, estuvieron en contacto con familiares y seguidores directos del Nazareno.

Desde hace tres décadas, toda una serie de historiadores, escritores y teólogos empezaron a mostrar especial atención a una idea extremadamente heterodoxa: que la mayor parte de las proezas de Jesús narradas por los evangelistas –canónicos y apócrifos- ya se encontraban ampliamente descritas en antiguos papiros e inscripciones religiosas egipcias.

Estas nuevas investigaciones muestran dos partes de la historia, en una a un Jesús histórico que se formó en Egipto y exportó a Palestina aquello que le enseñaron en tierra de faraones; y la otra, en cambio, afirma que Jesús nunca existió como tal, y que su vida, su pensamiento y sus enseñanzas se copiaron textualmente de fuentes egipcias.

Para los primeros, los evangelios y hasta el Talmud, demuestran que Jesús pasó parte de su infancia en Egipto.

Varios de los milagros atribuidos a Jesús eran propios de los magos egipcios.

Para los defensores de la segunda postura, toda la vida de Jesús esta calcada de textos y enseñanzas acuñadas junto al Nilo.
Lo cierto es que los paralelismos entre la religión inspirada por Jesús y la antiquísima religión egipcia empiezan a vislumbrarse al comprobar que comparten, en su origen, hasta la misma demarcación geográfica.
Tras la muerte de Jesús, los primeros indicios de un cristianismo funcionando ya como una religión los encontramos en Alejandría.
Lo que supone que seguramente se vería influido por los muchos judíos que antes del siglo I se habían adscrito al culto del dios Serapis, una forma Helenizada de Osiris, y que mezclaba creencias griegas con egipcias.

En realidad el nacimiento oficial del cristianismo coincide con el momento en que los judíos se dan cuenta de que les han destruido el templo de Jerusalén y deciden construir un nuevo culto.
No hay mas que comparar la fechas, pues la destrucción del templo ocurrió hacia el año 70 d.C. Lo cierto es que no existe ningún documento anterior a esa fecha que hable de Jesús o de los cristianos. Antes de 125 d.C., fecha en la que está datado un papiro egipcio (Rylands) con el primer fragmento conocido de la pasión de Jesús, según el evangelio de Juan, no hay ningún documento que demuestre la existencia de cristianos.

Si a eso le añadimos que los libros del nuevo testamento se escribieron muy posiblemente en el exilio de los judíos en Egipto motivados por la represión romana, es muy probable que bebieran abundantemente de las fuentes egipcias para reforzar la figura del líder religioso recientemente fallecido, Será a partir de esta constatación cuando se comienzan a encontrar una serie de interesantes paralelismos entre la figura de Jesús y el mito de Osiris.
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