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Evolución humana y sus misterios






¿Huevo o gallina? ¿Religión o ciencia? ¿evolución o creación? ¿en qué creer? Cuestiones como éstas siguen siendo a día de hoy, por mucho avance tecnológico que haya, una auténtica incógnita. Tanto defensores como detractores no llegan a ponerse de acuerdo, ni llegarán a hacerlo incluso tratándose de una evidencia irrefutable en cualquiera de los dos bandos, al menos es lo que yo pienso.

Centrándonos en la ciencia, aún continúan las investigaciones sobre nuestros orígenes: nuestro por qué, cuándo, cómo, y dónde, son los puntos de partida, y es en esta última pregunta donde vamos a tratar este tema con las declaraciones de José Carrión de lo que denomina como “Radiación evolutiva inicial“.


La hipótesis


Acercándonos a los 7.000.000.000 de personas en el mundo, no hay lugar en él donde el ser humano no haya puesto el pie, ni si quiera el más recóndito. Pero no siempre fue así, antaño nuestra población era mucho más escasa y sin los avances de hoy la supervivencia era el primer objetivo , entonces ¿qué propició nuestra expansión? Según el modelo evolutivo presentado en la revista ‘Quaternary Science Reviews’por el paleontólogo José Carrión, de la Universidad de Murcia, junto con Chris Stringer (Museo de Historia Natural, Londres) y James Rose (Royal Holloway, Londres), arrojan información sobre los espacios de la Tierra, hace 2.000 millones de años, que por sus condiciones medioambientales en constante cambio, influyeron en especies como el ‘Homo habilis’, ‘Homo erectus’, ‘Homo ergaster’, ‘Homo heildebergensis’ y los primeros neandertales.

Puntos calientes


Si bien es cierto que para que pudiéramos evolucionar tuvimos que habitar en zonas templadas o cálidas que favorecieron nuestro desarrollo, esas zonas a su vez sufrían su propia evolución, en la mayoría de los casos, zonas de alta actividad sísmica. Estos continuos cambios crearon espacios de difícil acceso o salida, encerrando o reduciendo el número de especies que, a su vez, fomentaba la evolución: “Para que una especie de lugar a dos o tres distintas a menudo es necesario que estén aisladas. No se trata de que se adaptaran a la sabana, a un pantano o a la selva, es que al quedarse aisladas algunas poblaciones no había intercambio genético y las mutaciones diferenciadoras se acumulaban”, cuenta Carrión.




Algunos de los ejemplos de ésto lo podemos encontrar en zonas africanas como el espacio entre Etiopía y Mozambique, que actualmente continua siendo un gran punto de biodiversidad; o las montañas del Cáucaso, región natural situada en la linde entre Europa del Este y Asia occidental, donde se encontraron restos del “Homo Georgicus” hace 1’8 millones de años; la zona del Mediterráneo con fósiles del “Homo antecessor”; o Java donde habitaba el “Homo erectus”, lugar sacudido por los movimientos tectónicos: “Los puntos calientes de biodiversidad se asocian a paisajes dinámicos y gran diversidad de hábitats, lo que en el caso de los mamíferos se ha demostrado que incrementa las posibilidades de que aparezcan nuevas configuraciones evolutivas”

 
Condiciones geológicas y genéticas


Asentando las bases morfológicas del espacio y su clima, pese a nuestra evolución, estas áreas propiciaban la especiación y la interacción entre especies; fue por esto, y sin saber muy bien por qué, que evolucionamos de poblaciones muy pequeñas, aisladas por las condiciones geológicas.
Aunque no todo fue obra por la madre Tierra, si no que junto a una evolución genética, la adaptación a estos lugares era adecuada“en sus primeras etapas de evolución la mayor parte de las especies serían ‘sorpresas evolutivas’ en un territorio muy cambiante. La estabilidad ambiental habría ido en detrimento de la velocidad del cambio evolutivo”.


En esta investigación han participado numerosos paleontropólogos y paleocólogos reconocidos en todo el mundo, financiado por la Fundación Séneca (Agencia de Ciencia del Gobierno de Murcia), conocido como ECOCHANCE.



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