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Formas de saber que ya es momento de irte de la fiesta


Desde derramar tu bebida hasta ver las señales del anfitrión, toma las siguientes cosas en cuenta si no quieres pasar un momento incómodo.

Bailaste como un salvaje, gritaste estupideces, te duele el rostro por una pelea en la que te metiste y aún tienes el sabor a alcohol en tu boca. Despiertas en medio de cientos de colillas de cigarro, el saco que querías presumir ahora tiene una quemada enorme, una mancha de vino y un poco de sangre –que no supiste si es tuya o de alguien más–. A tu lado está alguien que no conoces y que está acostado junto a un charco de tu vómito (o el de él) y por más que intentas recordar qué pasó después de las dos de la mañana no puedes ni pensar por el dolor de cabeza.

Todo fue culpa de «ese trago».

«Ese trago» traicionero que sabes que tenías que evitar porque era el que marcaba el límite entre «estar bien» y «estar muy ebrio». Ése que debiste ignorar para irte a tu casa. Ése que hace que se te olvide lo que dijiste. El que te transforma de simpático a completamente descontrolado. El que te impulsa a hacer idioteces de las que te arrepentirás al día siguiente.

Debiste haberte ido a tu casa. No puedes decir que nadie te lo advirtió.

Las señales estaban ahí. Tus amigos trataron de decirte pero no escuchaste. Todo a tu alrededor indicaba que debías marcharte antes de tomarte esa bebida; así que... si no quieres que vuelva a pasar, mejor revisa esta lista y si identificas más de dos, huye. Retírate antes de que te avergüences por completo y te arrepientas de haberte quedado cuando, claramente, tenías que irte a tu casa.



Si el baño está horrendo.

Si la gente a tu alrededor parece salida de un centro para vagabundos.

Si la persona que querías conquistar ya se está besando con alguien más.

Si tu mejor amigo está vomitando en el baño y está a punto de quedar inconsciente.

Si el alcohol se terminó y están pensando en comprar mezcal.

Si crees que el siguiente episodio de la serie que estás viendo es mejor que estar parado en ese lugar.

Si la gente a tu alrededor está mucho más ebria que tú (a menos que logres igualarlos).

Si llevas más de tres canciones de José José y tu garganta comienza a cerrarse.

Si lloraste.

Si gente que no conoces comienza a destruir el lugar de la fiesta.

Si hiciste un comentario grosero sobre el anfitrión y te escuchó.

Si eres metalero y quieres poner tu música.

Si algún fanático del reggaeton huele a tíner.

Si Justin Bieber es lo que más suena.

Si ya estás viendo borroso.

Si derramaste tres tragos y dijiste «es sólo un accidente».

Si mezclaste vodka con otro alcohol fuerte porque te sentiste en El Mundo de Beakman.

Si ya rompiste una caguama.

Si consideras que el LSD no es una droga dura.

Si ya intentaste ligar a tres personas y vas por la cuarta.

Si crees que después del whisky es bueno beber brandy.

Si escuchaste que alguien comenzó una conversación sobre postmodernismo.

Si el anfitrión te está viendo con cara de odio (porque vomitaste su baño, afuera del retrete).

Si eres un acosador que no puede pasar ni 5 minutos sin molestar a las personas de la fiesta.

Si no te puedes ni ver al espejo porque no quieres lidiar con tu estado de ebriedad.

Si estás convencido de que eres la persona más atractiva de la fiesta.

Si estás ebrio y crees que es el momento apropiado para decirle tus verdaderos sentimientos a la persona que te gusta.

Si estás usando la sala de tu amigo como un cuarto de hotel y set de película porno.

Si crees que estas bailando como Michael Jackson, pero te ves más como Obedece a la Morsa.

Si crees que las bebidas energéticas son una excelente adición para el alcohol.


Aunque es inevitable someterse a la eterna diversión de una fiesta salvaje e intensa, el día siguiente suele estar lleno de arrepentimientos. «Lo que es fácil en la noche, es siempre una joda a la luz de la mañana», dijo alguna vez Ida Maria, y tiene razón. Por más que nos guste beber hasta el cansancio y bailar como si no hubiese nadie a nuestro alrededor, siempre existe el riesgo de avergonzarnos, arruinar relaciones, destruir casas y recordar esa noche como aquélla que nunca debió de suceder.


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