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Gueto. Homosexualismo como dispositivo de poder

por Leo Castillo

Analicemos la situación sin animosidad alguna en la medida de nuestra capacidad de penetración y la amplitud o estrechez del marco de nuestra formación general. La marcha de este miércoles ha sido contundente, arrolladora, demoledora. Ok. Pero, ¿qué lección o mensaje nos envía? No pretendió, me parece, movilizar la intolerancia ni homofobia de madres, padres, monjas, sacerdotes, profesores, estudiantes, amas de casa, obreros, etc., etc. Fue convocada contra unas medidas bien específicas del Ministerio de Educación a implementarse en las escuelas, no contra el carnaval gay ni contra la comunidad homosexual. No debe, me parece, englobarse esta marcha pacífica dentro de una lucha de géneros. Hay gais que han manifestado su desacuerdo con las medidas de la Ministra Gina Parody. Ahora bien, ¿es cierto o no lo de las cartillas? A mí, personalmente, no me consta, bien que he conocido un par de testimonios difundidos, por demás, por los grandes medios capitalinos. Hallo incongruente, universalmente considerado, el hecho de que se imponga vestimenta femenina a los niños varones y viceversa, pero que, al tiempo, Occidente prohíba a las niñas musulmanas llevar la burka. No veo doble moral en el hecho que quienes asistieron a esta marcha vayan al carnaval gay ni que, como adultos, decidan disfrazarse del género opuesto. Por un lado, porque una cosa es carnavalización, trastrocamiento del orden cotidiano y de sus valores en una fiesta de disfraces, y otra cosa es el trastrocamiento de la familia en sus valores más tradicionales para siempre. Ser homosexual podría depender de la formación (“el gay no nace: se hace”) o, por el contario, venir de nacimiento con este imperativo. A este respecto los mismos homosexuales no se ponen de acuerdo. Así hay quienes creen lo primero, los otros esto último. De lo que sí puedo dar personalmente fe, es que yo nací hombre y mis hermanas, mujeres. Mi madre nació mujer, hombre mi padre. Creo que ninguna educación ni ciencia puede cambiar esto. Usted puede nacer mujer y ser lesbiana, pero no puede nacer mujer y pasarse a hombre. Cada célula de su cuerpo es genéticamente masculina. Mi barba no la tienen ni mi madre ni mis hermanas. Naturalmente, usted puede inyectarse hormonas para alterar órganos de su naturaleza. Pero la única manera en que usted, mujer, deje de serlo, es muriendo o haciéndose un trasplante de hombre, pero esto es sencillamente imposible. Tendría usted que buscar un hombre completico y ponerlo en su lugar, con todas las células masculinas de él, los huesos masculinos de él, el vello en las piernas masculinas de él, los pulmones de él, las gónadas de él, la voz de él, la transfusión no sólo de sangre, sino de médula de él: usted necesitaría toda la ingeniería genética de Dios o de la Naturaleza que está en un hombre para dejar de ser mujer.
La cuestión que ha generado la marcha y con ello este apunte de ninguna manera se limita a incidir desde una facción en una única estructura profunda de la sociedad (escuela & sexo.) No nos digamos huevonadas: por instinto, por olfato de perro, cuando los hombres se alían en gueto activan inmediatamente un dispositivo de poder, ya para mantener este gueto, para incrementarlo o posicionarlo en la estructura social con alguna capacidad de apropiación territorial, económica, política, cultural. Guetos han sido familias de faraones, las de la tradición monárquica, el judaísmo, el nazismo, la ultraderecha, los gestores, las logias masónicas, los clubes de ricos. Colombia pudiera estar corriendo el riesgo de caer en lo que en callejero se denomina "maricocracia" (una factible rosca de poder enquistada en todos los entes públicos con poder económico, en capacidad de apropiarse el mando de una sociedad, conducirla según su conveniencia y excluir a quienes no sean afines sexualmente a su tendencia de toda posibilidad de decisión en los destinos del país, la escuela, las artes, la educación superior, los deportes, la familia, el Ejército, la Policía, etc.)
Éste sería el riesgo. Si la Biblia entraña alguna honestidad histórica, esto es lo que habría sucedido en los reinos de Sodoma y Gomorra: reinos en poder del gueto homosexual. No nos llamemos a engaño: se trata de pretensión de poder. Nada más, nada menos.
Reflexionar acerca del poder y alertar al pueblo no puede ser estigmatizado con la letra escarlata de la homofobia. Es así como la ultraderecha, por ejemplo, llama guerrilleros a todo el que ose denunciar su aparato de dominio omnímodo, dictatorial y discriminatorio. La extrema izquierda, sus regímenes, pueden igual estigmatizar al pensador libre. En Colombia no se concibe un pensamiento no comprometido que no sea señalado por alguna facción, por el gueto, en este caso muy probablemente, de homofóbico. Bueno, qué lástima, en verdad, pero pues venga.
En este sentido, nada más saludable que estas marchas sacando a flote un probable cáncer amenazando con devorar el Estado, no sólo maquillar a los niños varones, meterlos en tacones, falda y liguero.
Si no hace nada, sino que queda mano sobre mano de simplón espectador, con tiempo luego el pueblo deberá, supongo, tomar las armas con el agravante de poder desviarse al terrorismo para combatir el gueto de turno enquistado en el poder. Prevenir antes que curar.
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