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Hawking, Dios y algunos científicos cristianos del montón.



La reciente visita del físico Stephen Hawking a España y sus “polémicas”, aunque totalmente previsibles, declaraciones acerca de la religión han despertado una tormenta dentro de los medios de comunicación españoles siempre condescendientes, cuando no directamente apologistas en materia religiosa. Hasta tal punto han tenido eco las lógicas declaraciones del famoso científico que el pasado domingo 21 de septiembre el periódico El Mundo, uno de los de mayor tirada del país y referente de la derecha (nacionalcatólica no lo olvidemos) patria, ocupaba de manera totalmente inusual prácticamente toda su portada con una entrevista al brillante investigador bajo el impactante título de “El milagro no es compatible con la ciencia”.



Y por supuesto, esta y el resto de racionales afirmaciones (que deberían haber sido asumidas por el género húmano hace décadas cuando no siglos) del prestigioso físico sobre el tema han intentado ser rebatidas rápidamente por toda una serie de ideológos, tertulianos, comentaristas y creadores de opinión afines al catolicismo patrio con los mismos (y por qué no decirlo, gastados y erróneos) argumentos una y otra vez repetidos hasta la saciedad por los pensadores cristianos de toda época y condición. Pero de entre todos ellos me ha sorprendido el artículo que en la web NAUKAS, una plataforma online de divulgación científica en español, ha escrito el Dr. Ignacio López-Goñi, catedrático de Microbiología de la Universidad (del Opus Dei) de Navarra en respuesta a las declaraciones de Hawking en particular y sobre las relaciones entre ciencia y religión (cristiana y católica para más señas se sobreentiende, aunque el autor se cuida muy mucho de nombrarla) en particular. En el mencionado artículo que lleva por título “Queridos Hawking y Dawkins” el Dr. López-Goñi tras una introducción en la que enumera algunas características diferenciales entre ciencia y religión pasa a continuación a preguntarse

Según esto, ¿tiene sentido ser creyente hoy en día para un hombre de ciencia?, ¿la ciencia y la fe son incompatibles, hay confrontación entre ciencia y fe, o son totalmente independientes?, ¿puede haber diálogo real entre ciencia y fe?, ¿supone la fe o las creencias religiosas un estorbo para la ciencia?

Y continúa

Forzarnos a elegir entre estos dos extremos, entre el despotismo de la ciencia o el de la fe, es en el fondo tener que optar entre dos tipos de fundamentalismo.

Mal empezamos si hablamos de despotismo y de fundamentalismo de la ciencia. Como bien debería saber el Dr. López-Goñi por su larga trayectoria investigadora, la ciencia plantea hipótesis que luego valida o rechaza en base a las pruebas existentes, pero es del todo absurdo hablar de despotismo si por ejemplo aseguramos en base a numerosos datos que el Universo tiene unos 14.000 millones de años y no los 6.000 escasos que le asigna la mitología judeo-cristiana. Y no es fundamentalista decir que toda la vida en la Tierra (incluido el supuesto culmen de la creación que somos los primates bípedos) está inextricablemente unida a una simples bacterias de hace 4.000 millones de años por una larguísima y azarosa cadena evolutiva ya que existen pruebas abrumadoras de tal hecho. Eso sí, como estas y otras muchas afirmaciones científicas desafían la “verdad” revelada a unos pastores de cabras de Judea que vivieron en la Edad del Bronce, individuos que muy probablemente se encontraban bajo los efectos de psicotrópicos naturales o que presentaban evidentes trastornos mentales, pues se etiquetan de despotismo y fundamentalismo por parte de un científico cristiano y asunto zanjado. ¡Viva la equidistancia!

Pero continuemos con los argumentos del catedrático:


Si no son rivales, otra posibilidad es que sean independientes: no tienen relación entre sí, no hay rivalidad, porque no hay diálogo posible entre ciencia y fe. Se trata de un planteamiento muy reconciliador, y quizá frecuente en algunos ambientes religiosos. En mi opinión, a esta idea le falta dar el siguiente paso: la ciencia y la fe son independientes en sus métodos, en sus campos y alcance, pero que se complementan en su fin último, que es el conocimiento de la verdad del mundo y del hombre.

¿Cómo? ¿son independientes los campos de la fe y de la ciencia cuando la religión asegura conocer el origen del universo, de la vida o del hombre y esas afirmaciones contradicen siglos de experimentación realizada por parte de miles de investigadores de todo el mundo? ¿La religión da información verificable alguna sobre la realidad del mundo o del hombre? Y si ese fuera el caso ¿qué tipo de información y de qué calidad? ¿La recogida en los mitos de los indios navajo, en las sagas nórdicas o en la cosmogonía de los aborígenes de Australia o de Groenlandia? ¿O será quizás la revelada en el Corán, la Biblia o en los sagrados Vedas? ¿Es verdad el mito hindú que dice que el mundo descansa sobre el lomo de cuatro elefantes asentados a su vez encima del caparazón de una tortuga cósmica? ¿O debemos hacer caso a la Biblia cuando asegura que el Sol orbita alrededor de la Tierra tal y como siguen afirmando a día de hoy algunos “científicos” cristianos?



Pero prosigamos con los comentarios del Dr. López-Goñi

La ciencia nos va a interrogar y nos va a dar respuesta sobre cómo son las cosas que se nos presentan experimentalmente: cómo es la evolución del hombre, cómo es el universo, cómo se originó.

Pero ¿no está meridianamente claro desde hace milenios que todas las religiones saben fehacientemente cómo es el universo y cómo se originó? Entonces ¿a qué perder el tiempo en tediosos experimentos y complejísimos análisis? Y por supuesto, todas las religiones saben también sin sombra de duda alguna cómo y porqué surgió el hombre. Otra cosa es que, entre la miríada de ellas que han surgido a lo largo de nuestra dilatada historia, no se pongan de acuerdo en dichas explicaciones; es lo que tiene que existan infinidad de dioses únicos y verdaderos.

Y después el microbiólogo nos explica el tipo de conocimiento que nos ofrece la religión


Y la fe lo que nos dará es la razón, el por qué de las cosas materiales y acaso, si las hay, de las inmateriales: ¿por qué surge el universo?, ¿cuál es la razón de ser del hombre?

¿Y eso no entra en total contradicción con lo que nos explica la ciencia? Porque hasta donde llegan mis conocimientos sobre evolución, la especie humana no tiene ninguna razón de ser, simplemente apareció como una más de entre las decenas y decenas de millones que pueblan en la actualidad el planeta, gracias a una mezcla de azar y de la acción de la selección natural. Porque ¿estaríamos ahora hablando de “la razón del ser humano” si el meteorito de Chicxulub hubiera pasado de largo hace 65 millones de años o si el clima del este de África no se hubiera alterado por la formación del Valle del Rift?

Después nuestro investigador pasa a preguntarse

¿Y si surge algún tipo de contradicción entre lo que me dice la ciencia y lo que me dice la fe?

a lo que él mismo se responde

Lo que estoy argumentando es que pueden ser complementarias, pero también es verdad que a veces puede haber una aparente y ocasional contradicción. ¿Qué pasa y qué hacer en esos casos? Pues yo creo que esto es un estímulo para ambos, para el científico y para el creyente. Para el científico, para que siga estudiando más, investigando más. Porque hay una verdad, hay una realidad y yo tengo que llegar a ella; y por tanto si hay una contradicción, aunque venga de otra fuente, es que algo parece fallar. Tengo que estudiar e investigar más, pensarlo mejor. Eso es lo que debería hacer como científico. Pero es un estímulo para ambos, porque el fallo que provoca la contradicción no tiene por qué estar siempre del lado de la ciencia.

Anonadado quedo: “aparente y ocasional contradicción“, aunque menos mal que el Dr. López-Goñi no ha abjurado del todo de su bagaje científico al asegurar que cuando existe contradicción entre ciencia y religión “el fallo que provoca no tiene por qué estar siempre del lado de la ciencia”. ¡Menos mal que la ciencia acierta de vez en cuando! Bueno, dejando la ironía aparte yo quisiera que el Dr. López-Goñi explicara detalladamente esa supuesta mayoría de veces en donde la ciencia se ha equivocado frente a la religión, porque tras repasar mis conocimientos no encuentro ningún caso, pero eso será muy probablemente debido a mi limitada y sesgada mente atea.

Después el autor pasa a preguntarse “¿Tiene límites la ciencia?”, e inmediatamente se responde

Indudablemente sí. Por definición, la ciencia es provisional, nunca está terminada del todo. […] Muchas veces lo que nosotros tenemos son “fotogramas” de la realidad, no la película entera.

Por supuesto que en esto tiene razón pero también hay que entender que cada día que pasa, y siguiendo su símil cinematográfico, la ciencia va rellenando y ensamblando lenta pero inexorablemente secuencias cada vez más largas de esa película llamada realidad. Pero por supuesto, el Dr. López-Goñi para nada habla de las limitaciones (o ya puestos de la irracionalidad) de la religión, no sea que eso le haga caer en desgracia en el virtuoso campus universitario al que pertenece.

Y después pasa a comentar algunas de las limitaciones de la ciencia

También es verdad que hay temas a los que la ciencia no da y no puede dar una respuesta completa: la singularidad y la dignidad del hombre, el amor, el bien, el mal, el anhelo de lo infinito… A veces algo tan sencillo como por ejemplo la dignidad humana.

¿Cómo que la ciencia no explica la “singularidad” humana cuando los antropólogos están definiendo cada vez con mayor detalle la secuencia evolutiva que dio lugar al desarrollo de nuestro cerebro? Antes de dogmatizar sobre los límites del conocimiento científico bien haría nuestro autor en leer los cada vez más numerosos estudios sobre neurociencia, psicología o sobre la conducta de nuestros primos los primates que están desvelando las bases evolutivas de nuestro comportamiento: egoísmo, altruismo, relaciones: de pareja, paternofiliales, de grupo, etc. Si hasta se están explicando científicamente los comportamientos religiosos por excelencia: las posesiones demoniacas.

Y ya para terminar Dr. López-Goñi se despacha con

Para mí, la fe supone una ayuda para la ciencia. La fe es un estímulo para seguir investigando apasionadamente, confiando en la capacidad humana de conocer la realidad. Y también porque cuanto más conozco la realidad, más conozco y más me acerco a Dios. […]Ciencia y fe se complementan: la fe estimula la búsqueda de la verdad y la ciencia contribuye al bien humano y puede acercar a Dios.

¿Desde cuándo la fe, ese “conocimiento” dogmático, preexistente e inmune a todo razonamiento, capaz de bloquear el raciocinio, la capacidad de análisis y que impide hacerse preguntas puesto que ya se conocen de antemano todas las respuestas, sirve de estímulo para conocer la realidad? ¿Y qué es eso de “acercarse” a Dios (por supuesto el católico, que no olvidemos que es catedrático en la Universidad del Opus Dei por excelencia? ¿Por qué ese conocimiento no le acerca a Zeus, a Viracocha o a Quetzalcóatl o ya puestos al mundo de los elfos y de las hadas?

Y ya desatado en su proselitismo religioso nuestro protagonista termina su artículo supuestamente esclarecedor de la complementariedad de ciencia y religión (aunque yo no he encontrado por ninguna parte argumento alguno que indique esa supuesta compatibilidad, sólo vaguedades, buenos deseos y mucha sumisión mental) con este


Para el diálogo entre ciencia y fe es muy relevante también el concepto mismo de Dios. Podéis tener a veces una idea de Dios como arquitecto, como mero hacedor. Muchas veces es muy difícil incluso estar de acuerdo en la idea de Dios, porque el mismo concepto de Dios puede ser muy distinto en un creyente y el que puede tener un científico ateo. Porque para muchos de nosotros, que tenemos fe, el concepto de Dios es superior al mecanicista. Para nosotros, Dios es amor.


¿No me digan que si cierran los ojos no parece que quien está escribiendo lleve puesta la sotana en lugar de la bata de laboratorio?

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