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Incompetencia comercial o deficiencia en la socialización?

Notaron como gradualmente el cliente ha pasado de “tener la razón” a ser prácticamente una molestia? Jugueterías en la que somos un fastidio, cotillones que brindan atención “caracúlica”, ferreterías en las que nuestra compra les incomoda, papeleras que si no compramos lo que ellos quieren se ofenden, inmobiliarias que no cumplen los contratos, autopartes que nos venden un repuesto al doble de su precio, panaderías que arriesgan nuestra salud con mercadería descompuesta y antihigiénica… Un desastre.



Dónde quedó aquél comerciante que atento nos decía “no lo tengo señora, pero pase la semana que viene porque lo mando a pedir”? Qué pasó con quien nos ofrecía cambiar el pantalón que no anduvo aunque fuera sábado? Cuál fue la suerte de aquellos verduleros que nos daban a probar un quinotito para ver si lo queríamos comprar?


Tristemente esto habla de nuestras fallas como sociedad, de nuestra incapacidad de ver más allá de nuestras propias narices y empatizar con las necesidades de los demás. Parece regir el principio de: “no importa, igual van a volver porque no les queda otra”. Circunscripta en nuestro colapsado presente social en donde los desacuerdos son cada vez más violentos la agresividad humana como origen de los conflictos está a la orden del día.

Por otro lado, también denota la profunda ignorancia de las habilidades comerciales en ciertos locales de nuestra ciudad, ya que cualquier persona que conozca y le interese un mínimo de la actividad sabe que al cliente hay que atraerlo, satisfacerlo, conquistarlo; y no por el contrario hacerle notar que es una molestia, que su compra es ridícula, sus requerimientos pretenciosos y que desean que pronto se retire y que no vuelva. Ni hablar de mercadería dañada o de mala calidad, o los ridículos sobreprecios.

Estas actitudes de desprecio hacia quienes vamos a comprar, solo hace que decidamos ir a otro lugar, y cuando no quedan más comercios en los que no nos consideremos destratados, estafados o subestimados, quienes tienen la posibilidad recorrerán algunos kilómetros para realizar cuando puedan las compras en ciudades que manejen mejor el arte de tratar con clientes. Es así como luego aparecen artículos en los diarios y estadísticas lamentándose el éxodo del consumidor al momento de adquirir materiales de construcción, calzado, ropa o útiles escolares.

Por esto, revaloricemos aquellos comercios en donde la atención es agradable, predispuesta, generosa; donde nos asesoran si tenemos dudas, escuchan con atención lo que explicamos, nos regalan una sonrisa, un “buen día” y un “hasta luego”; donde nos dan 5cm más de puntilla o nos cambian el cartucho de tinta que compramos equivocado. Impulsemos el potencial de nuestra ciudad que lo tiene y mucho, a través del reconocimiento a aquellas personas que se esfuerzan por tratar a sus semejantes con respeto y educación, y así hacer de nuestra comunidad un mejor lugar donde vivir.

Viviana Vitulich
Psicóloga Social
Op. Salud Mental (MP 9429 RN)
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