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Kobukson, el primer barco acorazado





El reinado de Silla, el más pequeño de los tres de la antigua Corea, previo a su unificación, estaba localizado exactamente en la punta de la península. Una ubicación geográfica tan estratégica, con kilómetros de costa a su alrededor, era un privilegio tanto para la pesca como para el comercio. Sin embargo, implicaba también un gran peligro: el de los permanentes ataques de la piratería japonesa.
Defenderse de los ataques recurrentes requería de una embarcación que no sólo tuviera velocidad, maniobrabilidad y un notable poder de fuego, sino también que fuera resistente a lo cañones, los morteros y las flechas incendiarias del enemigo. Lo que hoy llamaríamos un acorazado; lo que, en sus tiempos, fue el Kobukson, término cuya traducción literal del coreano sería “barco tortuga”, la primera embarcación en contar con un “escudo” que la cubría íntegramente por sobre la cubierta, como si se tratara de la caparazón de uno de estos animales.
Si bien los antecedentes más remotos de este diseño de buques datan de alrededor de 1415, de la dinastía Joseon, se atribuye su diseño definitivo al Almirante Yi Sun-Sin, que mandaría construir su primer kobukson en 1591 y sería protagonista, junto con otras cuatro naves de iguales características, de la defensa coreana en los fallidos intentos de invasión por parte de los japoneses entre 1592 y 1598. Estos barcos tenían la cubierta protegida por una estructura construida con placas de madera y de acero -lo que lo convertiría en el primer buque del mundo en involucrar este material en su construcción-, que lo protegían de ataques con morteros y flechas incendiarias. Además, la caparazón estaba plagada de afiladas púas que asomaban, pensadas para desalentar el abordaje, principal técnica de ataque naval de los marinos japoneses, quienes trepaban a las embarcaciones enemigas utilizando cuerdas y guinches, para luego enzarzarse en el combate cuerpo a cuerpo con la tripulación enemiga.




Propulsión, maniobra y artillería

Equipados con dos mástiles de una sola vela cada uno y diez remos, los kobukson medían entre 30 y 37 metros de eslora y no sólo tenía una capacidad notable para su tiempo de acelerar repentinamente, combinando velas y remos, sino que también podía girar prácticamente sobre su propio centro, maniobra que les daba una ventaja estratégica por sobre sus pares japoneses, más grandes y poderosos a nivel armamento, pero mucho más difíciles de manipular.
El casco en forma de “U”, si bien restaba velocidad de crucero, convertía al kobukson en una plataforma muy estable para disparar artillería pesada. Con capacidad para 11 cañones por banda, dos cañones a popa y uno a proa, tenía la capacidad de abrir fuego prácticamente en cualquier dirección. Se utilizaban, en general, entre 24 y 36 cañones, de cinco tipos diferentes, con alcances de entre 200 y 600 metros, que disparaban balas, excepto por los cañones de mediano alcance, utilizados generalmente para disparar flechas incendiarias.
Operar una de estas embarcaciones en situación de combate requería de una tripulación de alrededor de 50 guerreros y unos 70 remeros, además del capitán.
Pero quizás la mayor innovación fuera la curiosa proa del Kobukson. En la parte alta, el mascarón de proa tenía la forma de una cabeza de dragón. Más allá del efecto psicológico de tan intimidatoria figura, la cabeza del dragón podía no sólo ser equipada con un cañón, sino que también era utilizada para lanzar una mezcla de sulfuro y brea que, preparada dentro del buque, generaba un humo espeso -y algo tóxico- que anulaba la visibilidad del enemigo en ataques a corta distancia.
Por sobre el ancla, además, que estaba colocada a proa, como en muchas embarcaciones de placer modernas, había una saliente importante que se utilizaba para colisionar contra naves enemigas y dañarlas.
Imaginarse un ataque de un Kobukson no puede resultar menos que espeluznante.
La cabeza del dragón humea sulfuro, mientras la nave, con el poder de sus 70 remeros y sus dos velas, acelera violentamente; se incrusta contra una embarcación enemiga, quiebra las filas de la flota e, instalada en medio de las naves japonesas, dispara repentinamente, por ambas bandas al mismo tiempo, su lluvia de balas de cañón y flechas incendiarias, sin que ningún contraataque que el enemigo pueda intentar le cause más que daños leves.




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