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La Asesina Mas Letal Del Mundo



Conocida como el "Angel de Auschwitz", Irma Grese fue la mas cruel supervisora de prisioneros de la SS alemana en dicho campo de concentración. Fue una de las mas notorias criminales nazis, siendo juzgada durante los juicios de Nüremberg y sentenciada a muerte.


link: https://www.youtube.com/watch?v=liI5I3Z1E4s

Nació en 1932. Quería ser enfermera, pero pronto se vio fascinada por la oratoria de Hitler. Se unió a las Juventudes Hitlerianas y abrazó la ideología nacionalsocialista. Hija de un lechero afiliado al Partido de los Trabajadores Alemanes Nacional-Socialistas desde 1937 y de una madre suicida, Irma dejó la escuela a los quince años de edad, debido al poco empeño a los estudios y a sus intereses fanáticos en participar de la Bund Deutscher Mädel (Liga de la Juventud Femenina Alemana), que su padre no aprobaba. Entre otras actividades, trabajó dos años en un sanatorio de las SS e intentó, sin éxito, graduarse como enfermera.

En 1942, con 18 años, se presentó como voluntaria para entrenamiento en el campo de Ravensbruck, lo que provocó la furia de su padre, contrario a este trabajo, quien finalmente la expulsó de su casa.
A los 19 años ya se encontraba como supervisora en el campo de concentración de Revensbruck. Y en 1943 fue transferida a Auschwich, donde fue llamada irónicamente “el ángel de Auschwitz” por su crueldad. Tenía a su cargo a 30.000 prisioneras judías, en su mayoría polacas y húngaras.



Al finalizar la guerra, en 1945, fue arrestada y se la acusó de asesinato y tratamiento enfermizo hacía las prisioneras. Se declaró inocente de sus cargos, pero muchos testigos declararon acerca de los golpes, malos tratos y tortura que sufrieron. Además de los disparos arbitrarios y a sangre fría que realizaba entre las reclusas. La selección de prisioneras al azar para las cámaras de gas, y también destacaron el placer que sentía ante tales actos de crueldad.

Y es que al hambre, el frío, el trabajo agotador, el hacinamiento, la suciedad extrema, y las enfermedades, se unía el sadismo emanado de miembros de las SS y de sus subalternos. El recluso podía ser utilizado como conejillo de Indias en experimentos médicos, ser objetos de castigos corporales como la flagelación, resultar asesinado sin motivo aparente o verse sometido a excesos de tipo sexual.

Crímenes
En 1943, ingresó en Auschwitz, como guardia femenina, y para fin de ese mismo año fue ascendida a Supervisora, la segunda mujer de más alto rango en el campamento, a cargo de alrededor de 30.000 reclusas de origen judío.

Después de Auschwitz su sadismo continuó en Ravensbruck y Bergen-Belsen, tres campos de exterminio nazis, siendo presa el 15 de abril de 1945 por los británicos en el último de esos, junto a otros integrantes de las SS.

Irma fue una de las principales reos en el juicio a los criminales de guerra de Belsen, realizado entre septiembre y diciembre de 1945. Los sobrevivientes de los campos que testimoniaron, la acusaron de asesinatos y torturas. Siempre usando pesadas botas, látigo y pistola, entre otros actos Irma era conocida por lanzar furiosos perros hambrientos encima de los presos para devorarlos, asesinar internos a tiros a sangre fría, torturas a niños, abusos sexuales y palizas sádicas con látigo trenzado hasta provocar la muerte de las víctimas.

En su alojamiento después de la captura del campo, fueron encontrados abajures con las cúpulas hechas de piel humana, de tres prisioneros judíos asesinados y despellejados por ella misma.

Irma Grese, esta joven guardia de Auschwitz, solía buscar mujeres judías de buena figura con la intención de destrozarles los pechos a latigazos. Después, las víctimas eran llevadas a una reclusa doctora para ser objeto de una dolorosa operación, episodio que era contemplado por Irma Grese considerablemente excitada.

Pese a la crueldad de los hechos, la administración de Auschwitz jamás interfirió en las actividades de Grese y tal pasividad fue general en las SS ante acciones similares. Solo de manera excepcional se produjo el traslado de algunos guardianes pero en estas decisiones no primaron criterios de humanidad sino de utilitarismo económico.



Juicio
Después de la Segunda Guerra Mundial, los aliados triunfantes llevaron a numerosos criminales de guerra nazis ante el célebre Tribunal de Nüremberg y en otras instancias judiciales. Casi todos eran hombres. Una de las pocas mujeres enjuiciadas y condenadas por crímenes contra la humanidad fue Irma Grese, quien cometió múltiples y atroces delitos durante el tiempo en que se desempeñó como supervisora en los campos de concentración de Birkenau, en Auschwitz, así como en Bergen-Belsen y Ravensbrück.

Durante el juicio, realizado al término de la guerra en Nüremberg, dio pormenores de su vida antes de trabajar en los campos de concentración: nació el 17 de octubre de 1923 y terminó la escuela elemental en 1938, dos años después del fallecimiento de su madre, quien dejó en la orfandad a dos pequeñas (Irma era una de ellas) y dos niños. Después de la escuela, la joven desempeñó pequeños y efímeros trabajos en una granja, en un hospital y en una lechería. Eran ya los tiempos de la guerra. En Alemania, como en todos los países involucrados en el conflicto, los brazos masculinos escaseaban porque se encontraban, en su mayoría, en los frentes de batalla. En 1942, la Oficina del Trabajo del Tercer Reich envió a Irma a trabajar en el campo de concentración de Ravensbrück, en donde empezó con tareas administrativas elementales.

Allí, la muchacha experimentó una transformación significativa. Años después, durante su juicio, su hermana Helena relató que, mientras Irma trabajó en Ravensbrück, la vio sólo en una ocasión, cuando fue a visitar la casa familiar en disfrute de un permiso. El padre de ambas se disgustó al ver cómo su hija se pavoneaba en uniforme de las S.S. Aquella joven se había adherido con fervor a la causa nazi.

Tras un periodo de aprendizaje, en marzo de 1943, Irma fue enviada al tristemente célebre campo de Auschwitz, en donde comenzó realizando labores de control de provisiones y manejo de correo. Poco después fue nombrada supervisora (SS Oberaufseherin). Aunque todavía no cumplía veinte años, su “carrera” iba en ascenso.

Las nuevas responsabilidades de Irma incluían el control directo de las prisioneras así como la selección de las condenadas a la cámara de gas. Durante su juicio, Irma negó enfáticamente este hecho y dijo que sólo indirectamente, por boca de las propias prisioneras, había tenido noticia de las ejecuciones en masa.

Pero los testimonios de las supervivientes del Holocausto indican otra cosa: acompañada de un perro de ataque, Irma golpeaba brutalmente a las reclusas con su fuete “ligero”, hecho de celofán. El más mínimo pretexto era suficiente para desencadenar el castigo, que las más de las veces conducía a la muerte.

Fue imposible determinar la responsabilidad de Irma en un número concreto de asesinatos. Se dice que los cometía a un ritmo promedio de treinta al día. El galpón C del campo Birkenau de Auschwitz, en donde ella “trabajaba”, tenía capacidad para 30 mil prisioneras. El número total de víctimas en los tres campos que se ubicaban en el pueblo de Oswiecim, rebautizado como Auschwitz, se estima entre 1 millón y 1.5 millones de personas, que en su mayoría murieron en las cámaras de gas.



Durante un breve lapso, Irma regresó a Ravensbrück, a 90 kilómetros al norte de Berlín, y luego fue enviada a Bergen-Belsen, cerca de Hannover, Alemania. Luego, permaneció en Birkenau hasta el final de la guerra.

Fue arrestada por los ingleses y juzgada en septiembre de 1945, junto con el comandante de Bergen-Belsen, Josef Kramer y otros cuarenta oficiales; fue condenada y colgada el viernes 13 de diciembre de ese mismo año por el verdugo británco Albert Perrepoint, junto con otras dos mujeres alemanas, las enfermeras Elisabeth Volkenrath y Juana Bormann. Irma Grese tenía 21 años.

Ciertamente, durante su juicio, ella negó todos los cargos de asesinato pero, aún condenada, no renegó de la ideología nazi y, en su celda, la víspera de su ejecución, entonaba los cantos marciales de las temibles SS.

Se ha afirmado que la criminal mantuvo relaciones amorosas con el doctor Joseph Mengele, “El Angel de la Muerte”, responsable de vivisecciones y experimentos con enfermedades en los judíos del campo. Sin embargo no hay pruebas directas de esta relación. De lo que sí quedan testimonios ciertos es de la belleza de sus facciones, endurecidas por un gesto de ferocidad y desafío. La prensa la bautizó como “El ángel rubio de Auschwitz”.

Condenada a la horca a los 22 años -la más joven condenada a muerte sobre leyes británicas en el siglo XX- fue ejecutada en la prisión de Hamelín, Alemania, el 13 de diciembre de 1945. Sus últimas palabras a su verdugo fueron: "Schnell!" (¡Rápido!).



Testimonios
La prisionera rusa Luba Triszinska declaró que “Cuando las mujeres caían, rendidas por el trabajo, Grese solía lanzarles los perros. Muchas no sobrevivían a estos ataques”.
Gisella Pearl, médico de los prisioneros observó que “Grese gustaba de azotar con su fusta en los senos a jóvenes bien dotadas, con el objeto de que las heridas se infectaran. Cuando esto ocurría, yo tenía que ordenar la amputación del pecho, que se realizaba sin anestesia. Entonces ella se excitaba sexualmente con el sufrimiento de la mujer”

Isabella Leittner y Olga Lengyel informaron de que “Irma Grese tenía aventuras bisexuales y que en los últimos tiempos había mantenido romances homosexuales con algunas internadas.
Helene Klein explicó que “Grese “hacía deporte” con los internos, obligándolos a hecer flexiones durante horas. Si alguien paraba, Grese le golpeaba con una fusta de equitación que siempre llevaba consigo”

Gitla Dunkleman y Dora Szafran testimoniaron “haber visto a Grese pegando a los internos”
Klara Lebowitz declaró que “Grese obligaba a los internos a permanecer en formación, durante horas, sosteniendo grandes piedras sobre sus cabezas”

Gertrude Diament e Ilona Stein sostuvieron que “Grese era también responsable de la selección para las cámaras de gas en Auschwitz”.
Helene Kopper contó que, durante su estancia en el comando de castigo, “Grese había sido responsable de, al menos, 30 muertes diarias”

"Por aquel entonces, las "selecciones" eran llevadas a cabo por las más altas jerarquías femeninas del campo, Hasse e Irma Griese. Los lunes, miércoles y sábados, duraban las revistas desde el amanecer hasta que expiraba la tarde, hora en que tenían ya completa su cuota de víctimas.

Cuando aquellas dos mujeres se presentaban a la entrada del campo, las internadas, quienes ya sabían lo que les esperaba, se echaban a temblar.
Irma Griese se adelantaba hacia las prisioneras con su andar ondulante y sus caderas en movimiento. Los ojos de las cuarenta mil desventuradas mujeres, mudas e inmóviles, se clavaban en ella. Era de estatura mediana, estaba elegantemente ataviada y tenía el cabello impecablemente arreglado.

El terror mortal inspirado por su presencia la complacía indudablemente y la deleitaba. Porque aquella muchacha de veintidós años carecía en absoluto de entrañas. Con mano segura escogía a sus víctimas, no sólo de entre las sanas, sino de entre las enfermas, débiles e incapacitadas. Las que, a pesar de su hambre y penalidades, seguían manifestando un poco de su belleza física anterior eran las primeras en ser seleccionadas. Constituían los blancos especiales de la atención de Irma Griese.

Durante las "selecciones", el "ángel rubio de Belsen", como más adelante había de llamarla la prensa, manejaba con liberalidad su látigo. Sacudía fustazos adonde se le antojaba, y a nosotras no nos tocaba más que aguantar lo mejor que pudiésemos. Nuestras contorsiones de dolor y la sangre que derramábamos la hacían sonreír. ¡Qué dentadura más impecable tenía! ¡Sus dientes parecían perlas!

Cierto día de junio del año 1944, eran empujadas a los lavabos 315 mujeres "seleccionadas". Ya las pobres desventuradas habían sido molidas a puntapiés y latigazos en el gran vestíbulo. Luego Irma Griese mandó a los guardianes de las S.S. que claveteasen la puerta. Así fue de sencillo.

Antes de ser enviadas a la cámara de gas, debían pasar revista ante el doctor Klein. Pero él las hizo esperar tres días. Durante aquel tiempo, las mujeres condenadas tuvieron que vivir apretujadas y tiradas sobre el pavimento de cemento sin comida ni bebida ni excusados. Eran seres humanos, ¿pero a quién le importaban?"





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