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La ciencia confirma lo ¿obvio?: (hombres y mujeres)


"No me avergüenzo de vestir ‘ como una mujer ‘ , porque yo no creo que sea una vergüenza ser una mujer", Iggy Pop.

A Iggy Pop le metieron en la cárcel por alterar el orden público, y por llevar puesto “un vestido de mujer”. Su mánager le preguntó por qué se puso un vestido de chica, e Iggy contestó: “No estoy de acuerdo, este es un vestido de hombre. Es mi ropa. Yo la compré”.

Si desnudamos a la mujer y al hombre (a Iggy mejor le dejamos vestido) de todo lo que son aditivos culturales: vestidos, zapatos de tacón, corbatas y corsés, ¿qué nos diferencia?


Más de 30.000 artículos incorrectos desde el año 2000

Desde el año 2000, las revistas científicas han publicado más de 30.000 artículos sobre diferencias hombre/mujer. Algunas conclusiones son: “Los hombres tienen más interés por la ciencia”. “Las mujeres son más empáticas y leen mejor las emociones en el rostro”. “Los hombres tienen menos miedo a nuevas experiencias”, “Las mujeres son más extrovertidas”…. Lo interesenate es que todos estos estudios, que refuerzan los estereotipos tradicionales sobre diferencias Marte/Venus, se basan en un modelo científicamente incorrecto. ¡Acabáramos!

Mirar dentro del vestido. Eso es lo que hicieron investigadores de Reino Unido. Observaron con lupa 13 de estos estudios (muy difundidos) en busca de esas diferencias significativas hombre y mujer. Y no encontraron nada.


El Big Five (los Cinco Grandes) para definir cómo es una persona

El estudio de Bobbi Carothers, psicólogo social en la Universidad de Rochester (Reino Unido) se publico en el Journal of Personality and Social Psychology. Rochester alertó de que todos esos estudios, que suelen ir acompañados de rimbombantes titulares en la prensa, están basados en las diferencias entre promedios, y que no dicen nada sobre las características representativas de cada género. Si se leen los resultados de una de esas pruebas, ¿se puede saber con alguna certeza si se trata de un hombre o de una mujer? La respuesta es NO.


Catálogo de juguetes de Toys’r’us en Suecia. Después de que la marca fuera acusada de reforzar estereotipos de género.

Hay mujeres hábiles en matemáticas, y hombres extremadamente empáticos. Y lo mismo respecto al interés por nuevas experiencias, o cómo, unas u otros, buscamos pareja.

El trabajo de Carothers también analizó lo que en psicología se llama el “Big Five”, los “Cinco Grandes”. Los cinco rasgos que definen la personalidad de cada uno. Son rasgos universales, y sirven para individuos de cualquier cultura, desde los inuits a los neoyorquinos.

Estos rasgos “Big Five” van por dentro: Neuroticismo/estabilidad emocional; amabilidad; asertividad; extroversión, y apertura a las nuevas experiencias. El análisis de Carothers, sobre pruebas realizadas a 13.301 personas, no reveló diferencias categóricas entre hombres y mujeres. Contrariamente a los estereotipos, las mujeres, como género, no tienen relaciones más íntimas, no son más extrovertidas, y los hombres no están más inclinados a la ciencia o a vivir nuevas experiencias. No son habilidades o actitudes diferentes en hombres y mujeres. Es solo cuestión de grados y, sobre todo, de individualidades.

“El género no define un rasgo del caracter, incluso aunque algunos estudios académicos nos lo quieren hacer creer”, según Bobbi Carothers.



El riesgo del Neurosexismo: “las mujeres no saben lo que quieren”

“Cuando algo va mal en la pareja, la gente a menudo culpa al género de la otra pareja de inmediato”, explica Carothers. La idea de que tenemos cerebros diferentes, que nos hacen diferentes, tiene daños colaterales. De ese neurosexismo salen frases como “las mujeres no saben lo que quieren” o “los hombres no escuchan”. Son estereotipos que a cada uno nos calan de un modo otro, y no ayudan a la hora de entendernos.

“Contar con los estereotipos de género dificulta mirar a la pareja como un individuo”, añade el autor del estudio. “Ser del sexo opuesto no es lo que hace que parezca que tu pareja es de otro planeta. No es tanto el sexo, sino su carácter el que causa dificultades”.

Es verdad que no soy capaz de abrir la cafetera después de que mi chico la cierre por la mañana. Y si sacamos la cinta métrica, saltan las diferencias en altura, la circunferencia del brazo, o el ancho de mis caderas. Físicamente, jugamos en ligas distintas. Pero psicológicamente ambos compartimos vestido.
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