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La ciencia de los besos.





Después de una semana de obligado “descanso” de blog (gracias a un examen…) toca volver a escribir alguna curiosidad. Esta vez será la filematología, o ciencia de los besos.
Aparte de ser una muestra de amor y cariño a nuestra pareja (o nuestro lio de esa noche), resulta que los besos también tienen una función fisiología bastante importante para nuestra supervivencia y evolución, los dos pilares primarios en los que se basa nuestra existencia, primero sobrevivir y a partir de ahí evolucionar gracias a la reproducción.


Según la neurocientífica Wendy Hill durante una reunión de la Asociación Americana para el Avance de la ciencia (AAAS), la saliva contiene sustancias que nos ayudan a examinar a una posible pareja para decidir si esta es la correcta. Además, los besos reducen los niveles de cortisol, la hormona del estrés (ahora entiendo porque me salía siempre alto en los análisis… tanto estudiar…). Y, por otra parte, aumenta los niveles de oxitocina u hormona del amor, de la que ya os hablé, siempre y cuando nos besemos con la persona idónea.


Helen Fisher, profesora de antropología de la Universidad de Rutger y experta en la biología del amor también asegura que “besar es un poderoso mecanismo de adaptación”, presente en casi todas las sociedades humanas y también en animales como chimpancés, bonobos, zorros que se lamen el hocico mutuamente, aves que se picotean (esto último tuve la oportunidad de verlo hace un par de días en la ventana de la consulta del médico donde hago practicas) e incluso elefantes que ponen sus trompas en las bocas de los otros miembros de la manada.


En los humanos, el beso es pura química, según Fisher. La saliva masculina contiene testosterona, por eso los hombres prefieren los besos húmedos. Inconscientemente intentamos transferir esta hormona para provocar el apetito sexual en las mujeres, según la experta. Además, también nos explica que este tipo de besos podría ayudar a los hombres a medir los niveles de estrógenos femeninos de su pareja, teniendo así una idea de su grado de fertilidad. En las mujeres, el beso sirve para detectar como esta el sistema inmune de su posible pareja, es decir, “cuánto se cuida”.


Por último, Fisher afirma que tenemos tres sistemas cerebrales que evolucionaron en el Homo sapiens para permitir el emparejamiento y la reproducción:


  • El deseo sexual, alimentado por la testosterona, tanto en hombres como en mujeres.
  • El amor pasional o obsesivo, vinculado a la actividad elevada de la dopamina, un estimulante natural.
  • La oxitocina, que controla el apego y permite a una pareja permanecer unida suficiente tiempo para criar hijos.


En conclusión, un beso, probablemente, permite estimular estos tres sistemas según la antropóloga. Puede que después de leer esto, ya no veáis el simple hecho de daros un beso con vuestra pareja o lio ocasional como algo tan espontaneo, pues estimula muchísimas más cosas en el cuerpo humano de las que creemos.


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