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La Dinastía Manchú o Qing (1664-1911)





La Dinastía Qing se desarrolló entre el año 1664 y 1911. Desde su fundador, Nuerhachi, hasta el último emperador de China, Fuyi, pasaron por el trono un total de 12 emperadores. De ellos, 10 establecieron la sede del gobierno en Beijing, capital del Imperio Qing durante 228 años.

Durante el apogeo de su poderío, el territorio del imperio Qing abarcó 120 millones de kilómetros cuadrados. Nuerhachi fundó el reino Jin Posterior en 1616. Unos 20 años después, Huangtaiji cambió el nombre del Estado por Qing, cuyas tropas derrotaron en 1644 a los campesinos rebeldes, encabezados por Li Zicheng, que llevaron al suicidio al último emperador de la Dinastía Ming. Después de establecer la capital en Beijing, ese mismo año, el gobierno unificó el país poco a poco reprimiendo todas las insurrecciones campesinas y remanentes de las fuerzas armadas de la dinastía anterior.

El gobierno central aplicaba una política de estimular el cultivo de terrenos vírgenes y reducir o eximir las contribuciones. Gracias a ello, la economía y la sociedad lograron considerables progresos tanto en el interior del país como en las zonas fronterizas. Hasta mediados del siglo XVIII, la economía feudal de China experimentó un nuevo período de auge, denominado por los historiadores como “Prosperidad de las gobernaciones de Kangxi, Yongzheng y Qianlong (los tres emperadores sucesivos de la dinastía)”. Con el régimen del poder centralizado más consolidado que nunca, la Dinastía Qing gozaba de un gran poderío y una sociedad relativamente estable, y la población creció a 300 millones de habitantes a los finales del siglo XVIII.

En 1661, la flota dirigida por el general Zheng Chenggong cruzó el estrecho Taiwán y derrotó a los colonialistas holandeses que habían ocupado la isla durante 38 años. Al año siguiente, los holandeses se entregaron y Taiwán volvió al seno de la patria.

A finales del siglo XVI, Rusia expandía su territorio hacia el este. Cuando las tropas de Qing marchaban hacia el sur cruzando la Gran Muralla, los rusos aprovecharon el vacío que dejaban a sus espaldas y se apoderaron de algunas ciudades septentrionales de China, como Yaksa y Nibuchu. Después de varios reclamos sin éxito, el emperador Kangxi ordenó en 1685 y 1686 dos acciones militares contra las guarniciones rusas en Yaksa, las que obligaron a los rusos a acordar resolver el conflicto fronterizo por medio de negociaciones. Los representantes de ambas partes firmaron en 1689, en Nibuchu, el primer acuerdo sobre los asuntos fronterizos entre China y Rusia: el Tratado de Nibuchu.

El emperador Qianlong reprimió las rebeliones de los separatistas de la tribu Zhungeer, encabezados por su jefe Geerdan, y de algunas tribus musulmanas. Así regresó la región Xinjiang al país y luego se aplicó una serie de políticas para desarrollar la economía, la cultura y las comunicaciones de la región.

La Dinastía Qing cosechaba grandes logros culturales, sobre todo antes del reinado del emperador Daoguang. Wang Fuzhi, Huang Zongxi, Gu Yanwu y Dai Zhen eran destacados pensadores de esta época, mientras en el terreno artístico y literario, Cao Xueqin, Wu Jingzi, Kong Shangren y Shi Tao eran los más célebres. La ciencia de la historia prosperó con la labor demuchos eruditos exitosos. El gobierno organizó las ediciones de algunas grandes colecciones de libros, como La Enciclopedia Sínica. Los progresos alcanzados en la ciencia natural y la tecnología también eran muy valiosos, sobre todo en la arquitectura.

El gobierno de Qing priorizó la agricultura como base de la economía. La ética feudal era el meollo de la ideología oficial. Las encarcelaciones o ejecuciones de aquellos que escribían algo considerado ofensivo para la corte imperial eran muy frecuentes. El imperio Qing practicó durante mucho tiempo una política de autarquía, aislándose así del resto del mundo. La arrogancia ciega reinaba tanto entre los funcionarios como entre la gente común y corriente.

Con la agudización de las contradicciones sociales y los constantes levantamientos armados - entre ellos la “Rebelión de la Secta del Loto Blanco”, el Imperio Qing dio paso a la decadencia a mediados de su gobernación.

Tras ser derrotado en la Guerra del Opio (1840) y siguientes guerras por los invasores imperialistas, el gobierno se vio obligado a firmar una serie de tratados desiguales, cediendo territorios, pagando indemnizaciones, abriendo puertos comerciales. Así, China se convertía paso a paso en una sociedad semifeudal y semicolonial. Las invasiones y un gobierno corrupto, reaccionario, débil y que se despreciaba a sí mismo, desencadenaron varios movimientos antiimperialistas y antifeudales, como el “Taiping Tianguo (Paraíso en Paz)” y el levantamiento del Ejécito Nian. Con el fin de salvarse de la ruina, la corte intentó varias veces buscar la independencia y la prosperidad. Pero todo fracasó, sin importar si era el Movimiento de la Occidentalización o la Reforma de la Monarquía Constitucional. Muchas personalidades con nobles ideales lucharon por la supervivencia de la nación sin escatimar siquiera sus vidas. El patriotismo llegó a un nivel sin precedentes en la historia moderna de China. La Revolución de 1911 derrocó la Dinastía Qing y puso fin al régimen imperial feudal, que había dominado China por más de 2000 años. La historia china entró en una etapa totalmente nueva.
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