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La enfermedad que mató a Baruch Spinoza








Según contó hace algunos años Jorge Luis Borges en esta conferencia, para Bertrand Russell,[/font] el filósofo Baruch Spinoza (1632-1677) no es el más riguroso de los pensadores de la historia de la filosofía, pero sí the most lovely, el más querido. Y es más importante ser querido que admirado, en palabras de Borges. 

Lo cierto es que la vida y obra de Bento (portugués)/Baruch (hebreo)/Benedictus (latín) Spinoza es una constante que aparece con bastante frecuencia entre las lecturas de los que somos aficionadillos a la ciencia y su divugación. Quizá la cita más destacada y conocida de Bento es la que hacía Albert Einstein cuando le preguntaban por sus creencias religiosas: «Creo en el Dios de Spinoza que se revela en la ordenada armonía de lo que existe, no en un Dios que se preocupa por el destino y las acciones de los seres humanos».

Spinoza no tuvo la oportunidad de vivir de su pensamiento y se ganaba la vida como pulidor de lentes. La calidad de su trabajo fue elogiada por el astrónomo Christiaan Huygens, que además era buen amigo de Spinoza. Las condiciones de trabajo del taller donde Bento pulía las lentes imagino que no eran las más salubres, con una mala ventilación debido al frío y sin medio alguno de protección respiratoria personal... Era el siglo XVII y las preocupaciones eran otras bien distintas de las de la seguridad y salud en el trabajo o la vida cotidiana.

Algunos autores y en concreto el conocido neurólogo António Damásio (citando a Margaret Gullan-Whur) afirman que la enfermedad que mató a Bento fue la silicosis, y así lo cuenta este último en su muy recomendable libro En busca de Spinoza. Otros autores apuntan a que la causa de la muerte pudo ser una tuberculosis complicada por el hábito del tabaquismo, ya que Spinoza fumaba bastante en pipa, una costumbre frecuente en su época. No se sabe con total exactitud, o al menos yo no la he encontrado, pero la hipótesis de la muerte por silicosis es coherente con la actividad del pulido de lentes y el fin de Spinoza. El polvo que se desprendía en la operación de pulido y que respiró durante largos años Spinoza contenía sílice libre cristalina, y la sílice puede provocar una terrible enfermedad: la silicosis.



Polvo de arena (1000 aumentos). Las partículas más pequeñas
pueden penetrar en el alvéolo pulmonar.




La silicosis es una de las enfermedades reconocidas como de origen laboral más antigua conocida. Fue descrita por primera vez en 1556 por Georgius Agricola, aunque los nocivos efectos para la salud del polvo mineral desprendido en actividades de extracción o minería], se conocían ya por los antiguos griegos y romanos. Se considera que sigue siendo una de las enfermedades laborales más frecuentes en todo el mundo, especialmente en las actividades de minería tanto exterior como interior. Últimamente están apareciendo bastantes casos asociados a la industria de la transformación de aglomerados de cuarzo, que contienen un porcentaje muy elevado de sílice.




La sílice cristalina es un componente esencial de muchos materiales y tiene un gran número de usos y aplicaciones en la industria. El óxido de silicio (IV) o dióxido de silicio (SiO2), comúnmente conocido como sílice, está compuesto por silicio y oxígeno (dos de los componentes más abundantes en la corteza terrestre). La sílice es uno de los componentes de la arena y una de las formas en las que aparece naturalmente es como cuarzo.




Morfología 



El dióxido de silicio ordenado espacialmente en una red tridimensional (cristalizado) forma el cuarzo y todas sus variedades. Si se encuentra en estado amorfo constituye el ópalo, que suele incluir un porcentaje elevado de agua, y el sílex terrestre. Por lo general, la sílice se encuentra en estado cristalino, aunque podemos encontrarla también en estado no cristalino (amorfa). La exposición a la fracción respirable es la fase crítica de riesgo en su exposición.

La silicosis es una enfermedad que produce una fibrosis nodular de los pulmones, y la consiguiente dificultad para respirar causadas por una inhalación, prolongada en el tiempo y derivada de una actividad profesional, de compuestos químicos que contienen sílice cristalina libre. La sílice cristalina fue incluida en 1997 en el Grupo 1 (carcinógenos en humanos) por la IARC (Internacional Agency for Research of Cancer). Existen tres tipos de silicosis:


- Silicosis crónica: Por lo general se presenta después de 10 años de contacto con niveles bajos de sílice cristalina. Éste es el tipo más común de silicosis.

- Silicosis acelerada: Resulta del contacto con niveles más altos de sílice cristalina y se presenta 5 a 15 años después del contacto.

- Silicosis aguda: Puede presentarse después de unas semanas o meses de estar en contacto con niveles muy altos de sílice cristalina. Los pulmones se inflaman bastante y se pueden llenar de líquido provocando una dificultad respiratoria grave y una disminución de los niveles de oxígeno en la sangre.





La silicosis tiene una evolución lenta, sobre todo al cesar la exposición. A nivel de pronóstico médico, la silicosis es muy difícil de establecer hasta pasado un tiempo después de que la exposición haya cesado. La relación exposición efecto depende de tres factores: la concentración de polvo en aire, la dosis de exposición acumulada y la cantidad de tiempo que ha permanecido el polvo de sílice en los pulmones.

De esta manera se admite la correlación de que una exposición a concentraciones bajas durante un periodo prolongado causa, al parecer, una enfermedad de menor gravedad que una exposición a altas concentraciones durante un periodo corto. Este último supuesto pudo ser el caso de 
nuestro protagonista.
Bento Spinoza murió prematuramente a la edad de 44 años la tarde del domingo 21 de febrero de 1677 en su casa de La Haya. Si aceptamos la hipótesis de la muerte por silicosis, hay una paradoja aplicable a la exposición a sílice y en general al mundo de la seguridad y salud en el trabajo...




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