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La historia de la Espada de Damocles

... o el peligro inminente que pende sobre nuestras cabezas.



Esta es una historia a la que siempre nos referimos cuando nos encontramos en una situación donde el peligro nos puede asaltar en cualquier momento.
Fue contada en el siglo IV antes de Cristo, y se desarrolló en la ciudad de Siracusa, de la isla de Sicilia.
En el año 316 A.C, la ciudad estaba gobernada por un sanguinario rey llamado Dionisio “El Viejo”, también conocido por “El Tirano”, era realmente muy malvado. Tanto fueras de la nobleza o del último escalafón en la escala social, él impartía sus órdenes con mano dura.
Todos sus criados estaban siempre pendiente de lo que deseaba el señor, le tenían miedo. Dionisio era muy rico, poseía una riqueza inmensa y por ello un grandísimo poder.
Democles, era uno de sus cortesanos, lo adulaba todo el día, diciéndole lo afortunado que era Dionisio por poseer tanta riqueza y aseguraba que era el hombre más feliz del mundo entero. Esas adulaciones en realidad era la gran envidia que sentía por el rey.
Dionisio se cansó de tantas lisonjas y exaltaciones, y lo invitó a que por un día Democles, iba a ocupar el trono, ese día iba a gozar de toda su riqueza y poder.
Democles, aceptó inmediatamente, se sintió dichoso y afortunado.
AL día siguiente, vinieron los sirvientes con las mejores ropas y lo vistieron, le pusieron la corona de oro engarzada en piedras preciosas. Por fin se sentó en el trono.
Al cabo de un buen rato, ya le comenzó a doler la cabeza por el peso de la corona. Luego otros contratiempos le hicieron perder la paciencia, pero en un momento dado, miró encima de su cabeza y vio una enorme espada que pendía de una crin de caballo, que parecía que pronto se iba a romper.
Se paralizó del terror, ya no se reía, ni quería comer, ni beber. Dionisio “El Viejo”, entonces, le explicó que así es como se siente todos los días de su vida, siempre hay sobre mi cabeza una enorme y afilada espada que puede caer y matarme. Siempre corro el riesgo de que me traicionen y me asesinen. Alguien puede envenenar mi comida o puedo tomar malas decisiones, o puedo poner a la gente en mi contra o incluso cualquiera de mis allegados puede propagar mentiras sobre mí.
Dionisio lo obligó a permanecer todo el día con la espada colgando sobre su cabeza y le dijo “si quiere ser Monarca, debes estar dispuesto a aceptar estos riesgos, pues forman parte del poder “
Cuando llegó la noche y por fin se pudo ir del trono, entendió que el tirano no era nada feliz en su vida, y nunca más le fue con lisonjas ni exaltaciones inapropiadas. Aprendió la lección.
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