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La Ideología

Sobre el concepto de "ideología":
La "ideología" ha sido un aspecto del "sensismo", o sea, del materialismo francés del siglo XVIII. Su significación originaria era "ciencia de las ideas", y como el único medio reconocido y aplicado en la ciencia era el análisis, la expresión significaba "análisis de las ideas", o sea, "búsqueda del origen de las ideas". Las ideas tenían que descomponerse en sus "elementos" originarios y éstos no podían ser sino "sensaciones": las ideas se derivan de las sensaciones. Pero el sensismo podía asociarse sin demasiadas dificultades con la fe religiosa, con las creencias más extremadas en la "potencia del Espíritu" y en sus "destinos inmortales"; así ocurrió, por ejemplo, que Manzoni mantuvo su adhesión general al sensismo incluso después de su conversión o retorno al catolicismo, incluso al escribir los Inni Sacri, y hasta que conoció la filosofía de Rosmini
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* El propagador literario más eficaz de la ideología fue Destutt de Tracy (1754-1836), por la facilidad y la popularidad de su exposición; otro fue el doctor Cabanis, con su Rapport du Physique au Moral (Condillac, Helvetius, etc., son más estrictamente filósofos). Lazo entre catolicismo e ideología: Manzoni, Cabanis, Bourget, Taine (Taine es maestro para Maurras y para otros de tendencia católica) --"novela sicológica"-- (Stendhal fue alumno de Tracy, etc.). De Destutt de Tracy: la obra principal es Eléments d'Ideologie (Paris, 1817-1818), más completos en la traducción italiana, Elementi di Ideologia del conte Destutt de Tracy, traducidos por G. Compagnoni, Milano, Stamperia di Giambattista Sonzogno, 1819 (en el texto francés falta toda una sección, creo que la referente al Amor, conocida y utilizada por Stendhal por la traducción italiana) (ibíd.).

Hay que examinar históricamente --porque lógicamente el proceso es fácil de captar y de comprender-- cómo el concepto de Ideología pasó de significar "ciencia de las ideas", "análisis del origen de las ideas", a significar un determinado "sistema de ideas".

Puede afirmarse que Freud es el último de los ideólogos, y que De Man es un "ideólogo", cosa que da todavía más extrañeza al "entusiasmo" de Croce y los crocianos por De Man. Lo que pasa es que hay una justificación "práctica" de ese entusiasmo. Hay que examinar el modo cómo el autor del Ensayo popular [136 Bujarin] ha quedado preso en la Ideología, cuando la filosofía de la práctica representa una superación clara y se contrapone históricamente a la Ideología. La misma significación que el término "ideología" ha tomado en la filosofía de la práctica contiene implícitamente un juicio de desvalor y excluye que para sus fundadores hubiera que buscar el origen de las ideas en las sensaciones y, por tanto, en la fisiología en último análisis: esta misma "ideología" tiene que analizarse históricamente, según la filosofía de la práctica, como una superestructura.

Me parece que un elemento de error en la consideración del valor de las ideologías se debe al hecho (nada casual, por lo demás) de que se da el nombre de ideología tanto a la superestructura necesaria de una determinada estructura cuanto a las elucubraciones arbitrarias de determinados individuos. El sentido peyorativo de la palabra se ha hecho extensivo, y eso ha modificado y desnaturalizado el análisis teórico del concepto de ideología. El proceso de ese error puede reconstruirse fácilmente: 1) se identifica la ideología como distinta de la estructura y se afirma que no son las ideologías las que cambian las estructuras, sino a la inversa; 2) se afirma que una cierta solución política es "ideológica", o sea, insuficiente para cambiar la estructura, aunque ella crea poderla cambiar; se afirma que es inútil, estúpida, etc.; 3) se pasa a afirmar que toda ideología es "pura" apariencia, inútil, estúpida, etc.

Por tanto, hay que distinguir entre ideologías históricamente orgánicas, que son necesarias para una cierta estructura, e ideologías arbitrarias, racionalistas, "queridas". En cuanto históricamente necesarias, tienen una validez que es validez "sicológica": organizan las masas humanas, forman el terreno en el cual los hombres se mueven, adquieren conciencia de su posición, luchan, etc. En cuanto "arbitrarias", no crean más que "movimientos" individuales, polémicas, etc. (tampoco éstas son completamente inútiles, porque son como el error que se contrapone a la verdad y la consolida). (C. XVIII; I.M. S. 47-49.)

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Conviene destruir el muy difundido prejuicio de que la filosofía es una cosa muy difícil por el hecho de ser actividad intelectual propia de una determinada categoría de científicos especializados o de filósofos profesionales y sistemáticos. Conviene, por tanto, demostrar preliminarmente que todos los hombres son "filósofos", definiendo los límites y los caracteres de esta "filosofía espontánea" propia de "todo el mundo", o sea, de la filosofía contenida: 1) en el mismo lenguaje, que es un conjunto de nociones y de conceptos determinados, y no ya sólo de palabras gramaticales vacías de contenido; 2) en el sentido común y en el buen sentido; 3) en la religión popular y también, por tanto, en todo el sistema de creencias, supersticiones, opiniones, modos de ver y de obrar que desembocan en lo que generalmente se llama "folklore".

Una vez demostrado que todos los hombres son filósofos, aunque sea a su manera, inconscientemente, porque ya en la más pequeña manifestación de cualquier actividad intelectual, el "lenguaje", está contenida una determinada concepción del mundo, se pasa al segundo momento, al momento de la crítica y de la conciencia, o sea, a la cuestión ¿es preferible "pensar" sin tener conciencia crítica de ello, de un modo disgregado y ocasional, o sea, "participar" de una concepción del mundo "impuesta" mecánicamente por el ambiente externo, esto es, por uno de los tantos grupos sociales en los que cada cual se encuentra inserto automáticamente desde que entra en el mundo consciente (y que puede ser la aldea o la provincia, puede tener su origen en la parroquia, en la "actividad intelectual" del cura o del viejarrón patriarcal cuya sabiduría es ley, o en la mujeruca que ha heredado el saber de las brujas, o en el pequeño intelectual amargado en su propia estupidez y en su impotencia para actuar), o es preferible elaborar uno su propia concepción del mundo consciente y críticamente, ya, por tanto, escoger la propia esfera de actividad en conexión con ese esfuerzo, del cerebro propio, participar activamente en la producción de la historia del mundo, ser guía de sí mismo en vez de aceptar pasivamente y supinamente la impronta puesta desde fuera a la personalidad?

Nota I. Por causa de la concepción del mundo se pertenece siempre a una determinada agrupación, y precisamente a la de todos los elementos sociales que comparten ese mismo modo de pensar y de obrar. Se es conformista de algún conformismo, siempre se es hombre-masa u hombre-colectivo. La cuestión es ésta: ¿de qué tipo histórico es el conformismo, el hombre-masa del que se es parte? Cuando la concepción del mundo no es crítica y coherente, sino ocasional y disgregada, se pertenece simultáneamente a una multiplicidad de hombres-masa, la personalidad es un algo abigarradamente compuesto: hay en ella elementos del hombre de las cavernas y principios de la ciencia más moderna y avanzada, prejuicios de todas las fases históricas pasadas, groseramente localistas, e intuiciones de una filosofía futura que será propia del género humano unificado mundialmente. Criticar la concepción propia del mundo significa, pues, hacerla unitaria y coherente y elevarla hasta el punto al cual ha llegado el pensamiento mundial más adelantado. Significa, por tanto, también criticar toda la filosofía habida hasta ahora, en cuanto ha dejado estratificaciones consolidadas en la filosofía popular. El comienzo de la elaboración crítica es la conciencia de lo que realmente se es, o sea, un "conócete a ti mismo" como producto del proceso histórico desarrollado hasta ahora, el cual ha dejado en ti mismo una infinidad de huellas recibidas sin beneficio de inventario. Hay que empezar por hacer ese inventario.

Noto II. No se puede separar la filosofía de la historia de la filosofía, ni la cultura de la historia de la cultura. No se puede ser filósofos en el sentido más inmediato y literal, o sea, tener una concepción del mundo críticamente coherente, sin la conciencia de la historicidad de la fase de desarrollo que representa y del hecho de que se encuentra en contradicción con otras concepciones o con elementos de otras concepciones. La concepción del mundo que uno tiene responde a determinados problemas planteados por la realidad, los cuales están bien determinados y son "originales" en su actualidad. ¿Cómo es posible pensar el presente, y un presente precisamente determinado, con un pensamiento elaborado para problemas de un pasado a menudo muy remoto y sobrepasado? Si eso ocurre, es que se es "anacrónico" en su propia época, que se es un fósil, y no un ser que vive modernamente. O, por lo menos, que uno está abigarradamente "compuesto". Y efectivamente ocurre que grupos sociales que en ciertos aspectos expresan la modernidad más desarrollada están en otros aspectos retrasados respecto de su posición social y, por tanto, son incapaces de tener completa autonomía histórica.

Nota III. Si es verdad que todo lenguaje contiene los elementos de una concepción del mundo y de una cultura, será también verdad que por el lenguaje de cada cual se puede juzgar la mayor o menor complejidad de su concepción del mundo. El que no habla más que su dialecto o comprende sólo parcialmente la lengua nacional participa por fuerza de una concepción del mundo más o menos estrecha y provincial, fosilizada, anacrónica en comparación con las grandes corrientes de pensamiento que dominan la historia mundial. Sus intereses serán restringidos, más o menos corporativos o economicistas, no universales. Si no siempre es posible aprender más lenguas extranjeras para ponerse en contacto con vidas culturales diversas, conviene por lo menos aprender bien la lengua nacional. Una gran cultura puede traducirse a la lengua de otra gran cultura, puede traducir cualquier otra gran cultura, ser una expresión mundial. Pero un dialecto no puede hacer lo mismo.

Nota IV. Crear una nueva cultura no significa sólo hacer individualmente descubrimientos "originales"; significa también, y especialmente, difundir críticamente verdades ya descubiertas, "socializarlas", por así decirlo, y convertirlas, por tanto, en base de acciones vitales, en elemento de coordinación y de orden intelectual y moral. El que una masa de hombres sea llevada a pensar coherentemente y de un modo unitario el presente real es un hecho "filosófico" mucho más importante y "original" que el redescubrimiento, por parte de algún "genio" filosófico, de una nueva verdad que se mantenga dentro del patrimonio de pequeños grupos intelectuales. (C. XVIII; I.M.S. 3-5; son un texto introductorio al estudio de la filosofía y el materialismo histórico y tres notas.)


Una aproximación a Slavoj Zizek: su concepto de ideología.


Nace en 1949 en la Ciudad de Liubliana, Eslovenia, misma en la cual concluyó el bachillerato de letras. Estudia filosofía en la Universidad de Liubliana y se doctora en 1981. Obtiene un segundo doctorado en psicoanálisis en 1985 por parte de la Universidad París VIII, en donde tuvo la tutela del yerno de Jacques Lacan[1]. En tanto filósofo prolífico, ha fungido como profesor visitante en: Princeton, Michigan, New Orleans, Columbia, Georgetown, Minnestota, Buffalo, Tulane y París VIII. Cofundó el Partido Liberal Democrático Esloveno.

Ha publicado más de una docena de libros; sus escritos más recientes discurren sobre el 11 de septiembre y la guerra entre Irak y E.U.A. Algunas de sus obras destacables son: El sublime objeto de la ideología (1989), ¿Alguien dijo totalitarsimo? Cinco ensayos sobre el (des)uso de la noción (2001), El Absoluto frágil o porqué vale pelear por el legado cristiano (2000), ¡Disfruta tu síntoma! Jacques Lacan en Hollywood y fuera (2000), Todo lo que usted siempre saber acerca de Lacan (pero temió preguntar a Hitchcock) (1992).

Observaciones al concepto de ideología como "falsa conciencia"[2]

Considerado un seguidor fiel de Lacan, Zizek esboza una síntesis entre el marxismo y el psicoanálisis, en tanto lograr refundar el discurso anticapitalista o de izquierda frente al binomio multiculturalismo-neoliberalismo. En el psicoanálisis lacaniano delinea una revisión crítica de la teoría marxista de la ideología. El pensamiento del socialismo, entiende, debe mirar hacia el psicoanálisis[3].

Acorde a la definición clásica marxista, las ideologías son discursos que promueven ideas falsas (o "falsa conciencia"), en temas referentes al régimen político en el cual están. Sin embargo, porque tales ideas son tomadas como verdades, ayudan a la reproducción del status quo existente:

"ideológica" es una realidad social cuya existencia implica el no conocimiento de sus participantes en lo que se refiere a su esencia [...], la efectividad social, cuya misma reproducción implica que los individuos "no sepan lo que están haciendo"[4]

En una crítica a la ideología, de acuerdo a tal postura, es suficiente el desenterrar la o las verdades que las ideologías tienen sobre el conocimiento de los sujetos. Luego, prosigue la teoría, los sujetos se harán conscientes de las deficiencias políticas de los régimenes actuales, y serán capaces y motiviados a mejorarles.

Žižek comenta que tal noción marxista de ideología es objeto de numerosos ataques teoréticos, a saber: primero, el criticar un discurso como ideológico implica el acceder una Verdad respecto a temas políticos, la Verdad así ideologizada –si es falsa–, podría ocultar la verdad misma; hoy se disputa ampliamente en las humanidades si podría haber alguna Única teoría para acceder a la Verdad. Segundo, la noción de ideología es irrelevante para describir la vida sociopolítica contemporánea, en razón de la importancia disminuída de lo que Habermas llama "subsistemas de dirección mediática" (el mercado, las burocracias públicas y privadas), e incluso por el cinismo generalizado de los sujetos de hoy respecto a las autoridades políticas.

Para que las ideologías tengan importancia política, comentan los críticos, los sujetos deberían tener un ápice de fe en las instituciones públicas, idearios y políticos, mismos de los que carecen los sujetos cosmopolitas-liberales actuales. Žižek está de acuerdo con los críticos respecto a tal modelo de ideología de "conciencia falsa". Más aún, insiste en que no vivimos en un mundo postideológico (como lo han indicado figuras de la talla de Tony Blair, Daniel Bell o Richard Rorty). En orden de comprender la política actual, propone el tener una noción diferente de ideología; su posición ante la visión generalizada de la postideología es indicar la previa concepción de una fantasía "archideológica" (del griego arkhi, ser el primero[5]).

Desde que por Marx "ideología" ha tenido para muchos un sentido peyorativo, nadie que haya tomado en tal sentido la ideología ha creído haber sido engañado. Si el término "ideología" tiene algún significado después de todo, las posiciones ideológicas son siempre lo que la gente atribuye a los Otros (para la izquierda actual, por ejemplo, la derecha política son los incautos de una u otra mentira noble respecto a la comunidad natural; para la derecha, la izquierda son los incautos del bien tomado pero utópico igualitarismo obligado a conducir al colapso económico y moral, etc.). Para que los sujetos crean en una ideología, primero se les tiene que introducir de tal forma que le acepten como algo no ideológico –incluso como Verdadero y Correcto–, lo cual llevaría a toda persona sensata a creer. Žižek argumenta que las ideologías siempre se presentan por sus promotores como discursos respecto a Temas muy sagrados para ser profanados por la política secular.
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