About Taringa!

Popular channels

La invención de lo cotidiano I. Artes de hacer..!


La invención de lo cotidiano I. Artes de hacer
Por: Michel de Certeau / 1996




Un lugar común: el lenguaje ordinario


El hombre sin atributos anunciaba esta erosión e irrisión de 10singular o de lo extraordinario: "Tal vez sea precisamente el pequeño burgués quien apresura la aurora del nuevo heroísmo, enorme y colectivo, al estilo de las hormigas".' A decir verdad, la llegada de esta sociedad de hormigas [las comenzado con las masas, las primeras sometidas a la cuadrícula de las racionalidades niveladoras. El flujo ha crecido. Ha alcanzado en seguida a los profesionales dueños del aparato, profesionales y técnicos absorbidos por el sistema que administran; ha invadido incluso las profesiones liberales que se creían a salvo de él, y también las bellas almas literarias y artísticas. En estas aguas, gobierna y dispersa las obras, antes insulares, transformadas ahora en gotas de agua en el mar, o en metáforas de una diseminación lingüística que ya no tiene autor sino que se convierte en el discurso o la cita indefinida del otro.

"Todos" y "Ninguno"


Efectivamente, hay antecedentes, pero organizados por medio de una comunidad en la locura y la muerte "comunes", y todavía no mediante la nivelación de la racionalidad técnica Así, en el alba de la modernidad, en el siglo XVI, el hombre ordinario aparecía con las insignias de una infelicidad general que transforma en irrisión. Tal y como representa la literatura irónica, por otra parte propia de los países del norte y de una inspiración que ya es democrática, se "embarca" en la estrecha nave humana de los locos y de los mortales, inversión del arca de Noé, pues conduce al extravío y la pérdida. Está acorralado en la suerte de la mayoría. Llamado Todos (un nombre que traiciona la ausencia del nombre), este antihéroe es pues también Nadie, Nema, igual que el Everyman inglés se vuelve el Nobody, o el edermann alemán el Niemand Siempre es el otro, privado de responsabilidades propias ("no es mi culpa; es del otro: el destino" y de propiedades particulares que limitan la casa propia (la muerte borra todas las diferencias). Sin embargo, en el teatro humanístico, ríe todavía. En este aspecto es cuerdo y loco, lúcido e irrisorio, en el destino que se impone a todos y reduce a nada la exención a la que todos aspiran.

En realidad, mediante el anónimo reidor que produce, una literatura expresa su propia condición: porque sólo es un simulacro; es la verdad de un mundo de prestigios condenados a muerte. El “quien sea" o el "todo el mundo" es un lugar común, un topos filosófico. Este personaje general (todos y nadie) tiene como papel expresar una relación universal de las producciones escriturarias ilusorias y demenciales con la muerte, ley del otro. Se lleva a la escena la definición misma de la literatura como mundo y del mundo como literatura. Y si no está representado ahí, el hombre ordinario ofrece en representación el texto mismo, en el texto y por medio del texto, y acredita además el carácter universal del lugar particular donde se contiene el discurso demencial de una sensatez sabía. Es al mismo tiempo la pesadilla o el sueño filosófico de la ironía humanística y la referencia aparente (una historia común) que vuelve creíble una escritura capaz de hacer a "todo el mundo" contar su infelicidad irrisoria. Pero cuando la escritura elitista utiliza al locutor "vulgar" como disfraz de un metalenguaje sobre sí misma, deja surgir igualmente lo que la despoja de su privilegio y la absorbe furiosamente: el Otro que ya no es Dios ni la Musa, sino anónimo. El extravío de la escritura fuera de su propio lugar está trazado por este hombre ordinario, metáfora y desviación de la duda que la atormenta, verdadero fantasma de su "vanidad", figura enigmática de la relación que mantiene con todo el mundo, con la pérdida de su exención y con su muerte.

3Comments