La Muerte del Planeta Tierra y del Sistema Solar

La Muerte del Planeta Tierra




¿Tiene fin nuestro planeta, la Tierra? Podemos contestar con toda seguridad que si, Nuestra estrella el sol tiene una vida de 10000 millones de años, actualmente tiene 4600 millones de años por lo que aun no hay que preocuparnos pero ¿Que pasara cuando el sol comience a morir?

Durante los próximos 500 millones de años, más o menos, el Sol, de forma gradual aumentará su temperatura entre el 10% y el 15%, a medida que su combustión interna continúa quemando el combustible de Hidrógeno. De hecho, actualmente es cerca de un 30% más brillante que cuando se formó inicialmente.

Cuando la temperatura del sol aumente un 10% la temperatura en la superficie de la tierra alcanzara los 70º c e ira aumentando, para entonces la vida vegetal habrá muerto y la cantidad de oxigeno en la atmósfera caerá al 1%, Aunque existe la posibilidad de que parte de los océanos se evaporen y formen espesas nubes refrescando la superficie.

En cualquier caso cuando pasen otros millones de años la temperatura de la tierra de la tierra excederá el punto de ebullición del agua y el planeta sera un infierno.



Cuando hayan transcurrido cinco mil millones años a partir de ahora, nuestro sol se convertirá en una Supergigante Roja, aumentará todavía más su volumen, y conseguirá tragar a Mercurio,Venus y la Tierra.


La Tierra apunto de ser tragada por el sol.


Por el contrario, Marte alcanzará una temperatura muy elevada, pero sobrevivirá. Júpiter y Saturno también se calentarán mucho, Urano y Neptuno estarán rociados por una radiación peligrosa. Si los seres humanos todavía están presentes cuando nuestro Sol se infle como una Gigante Roja, será preciso trasladar nuestra civilización más allá de Neptuno a otro planeta exterior, quizá Plutón, si esperamos sobrevivir en este Sistema Solar.

Júpiter y todos sus satélites también quedarán demasiado cerca de nuestra estrella Gigante Roja para poder vivir confortablemente. Júpiter, por supuesto, es un planeta gigante, compuesto principalmente de gas y sin una superficie sólida. Sin embargo, tiene unos 63 satélites y todos son rocosos, algunos con grandes cantidades de hielo, como Ganímedes y Europa, por ejemplo, que son lunas bastante grandes, y que contienen agua en cantidad. Son lo bastante grandes para sostener sobre ellos una atmósfera fina que podría mantener la vida. Desgraciadamente, se espera que nuestra estrella gigante roja haga incluso el sistema Joviano (de Júpiter) demasiado caliente. Si los seres humanos vivieran en una luna de Júpiter, tendrían, otra vez, que abandonar su hogar una vez que nuestro sol se convierta en una Gigante Roja.


Júpiter abrazado por el calor de el sol en su fase de gigante roja


Júpiter y todas sus lunas estarán inmersas en el calor y la radiación electromagnética, demasiado severa e intensa como para que cualquier vida pueda sobrevivir. Incluso las rocosas y heladas lunas de Saturno y Urano puede recibir demasiada radiación para sostener vida con seguridad en un largo plazo. De acuerdo con nuestras estimaciones más recientes, la humanidad tendrá que viajar a las lunas de Neptuno, o quizás, a nuestro planeta exterior, Plutón, para sobrevivir a la energía feroz que producirá este terrible gigante rojo.

Nuestro hogar temporal podría ser pluton pero solo lo seria por unos 100 millones de años, Que es lo que durara el sol en la fase de gigante roja para después convertirse en una densa enana blanca.




Plutón algún día podría ser un nuevo hogar para la humanidad.


Durante unos miles de millones de años a partir de ahora, nuestro Sol Supergigante Rojo irá quemando el helio de su núcleo, y se formarán carbono, oxígeno, neón y algunos otros elementos a partir de él. Eventualmente, sin embargo, también se agotará este combustible de helio. Entonces, la fusión parará otra vez y la gravedad contraerá la masa de la estrella y la comprimirá, aplastándola hacia el núcleo. Éste se contraerá de tamaño. Eso sucederá rápidamente, en cuestión de semanas. Una vez más, las temperaturas se elevarán súbitamente en el interior del núcleo, esta vez hasta unas temperaturas imposibles que se acercarán a centenares de millones de grados.


Nebulosa ojo de gato un ejemplo de una nebulosa planetaria.



Otra vez, las temperaturas aumentarán hasta un nivel tan enorme, que el helio restante que rodea ahora al núcleo caliente será increíblemente comprimido por la gravedad y comenzará a experimentar, de nuevo, la fusión, ahora del carbono. Alrededor, el helio restante comenzará también a fusionarse en un anillo de fusión del helio. Más allá de estas dos fusiones, el hidrógeno restante en la estrella continuará, por su lado, su fusión en otro anillo mucho mayor, externo a los otros dos reactores de fusión. Tendremos, pues, tres diferentes tipos de fusión concurriendo simultáneamente. La estrella volverá a estallar otra vez, con unas energías verdaderamente enormes provocadas por estas fusiones. Esta vez, sin embargo, la gravedad no será suficiente para sostener la estrella en una sola pieza. Las capas enteras del sol gigante rojo se verán impelidas tan lejos que serán lanzadas al espacio, generándose una especie de anillo de las ruinas de la estrella, que se denominará una Nebulosa Planetaria (el nombre no tiene nada que ver con los planetas). El resto de la estrella parará temporalmente la fusión, la gravedad volverá a contraer los restos de la estrella y a comprimirlos otra vez, la fusión se re-encenderá de nuevo en cáscaras alrededor del núcleo, causando otra expansión gigante de gas, y de nuevo otra capa del sol será lanzada al espacio. Así, capa a capa, nuestro sol irá enviando sus pedazos hacia afuera, al espacio; explosionando y contrayéndose, irá enviando sus elementos varias veces, como anillos del humo.

Este acontecimiento señalará el final para la mayor parte de los planetas restantes en nuestra Sistema Solar. Las sucesivas ondas expansivas y el calor de las explosiones, terminarán de arruinar a Marte, Júpiter, Saturno y todos sus satélites. Lo único que resistirá de todos ellos serán algunos de sus núcleos rocosos. Las ondas expansivas y los cascotes lanzados como una metralla a altísima velocidad deformarán y destruirán también, muy probablemente, las atmósferas de Urano y de Neptuno, aunque podrán sobrevivir algunos de los satélites de estos planetas externos, y quizá, también Plutón pueda sobrevivir a las ráfagas iniciales, aunque ninguna colonia humana que hubiese sobre él, podrá soportar el desarrollo de la Nebulosa Planetaria y, finalmente, serán destruidas.

Al final, el Sol perderá tanta masa que los restos de nuestra Sistema Solar, incluyendo a Plutón, no podrán ser retenidos por su atracción gravitatoria, con lo que no podrán mantenerse en sus órbitas alrededor de lo que quedará de nuestro sol, saliendo los planetas al espacio exterior, más allá de sus posiciones actuales, quedando solos en el frío y en la inmensidad del espacio.

La explosión de la fase de Gigante Roja, y la formación de una nebulosa planetaria, conforman la señal del comienzo del final del ciclo de vida de una estrella de la secuencia principal, de un tamaño y con un Sistema Solar similares a nuestro Sol. La mayor parte de las estrellas que podemos ver en el cielo nocturno tendrán este destino.


¿Adónde irán todos estos átomos creados en estas nebulosas cuando son lanzados al espacio? La respuesta es que se combinarán, ya en el espacio, mezclándose con hidrógeno y otros gases presentes en la tenue nebulosa, que existían previamente en el universo. Alguna vez, lejos ya en el futuro, podrán convertirse, de nuevo, en parte de una nube de la nebulosa que sea atraída por la gravedad, en otra protoestrella. Entonces, los átomos que estallaron en la muerte de las estrellas, en los hornos de sus núcleos que estallan podrán, en otro momento, reciclarse y convertirse en nuevas estrellas nuevas, o, incluso, en nuevos planetas.

De hecho, en realidad ya vivimos en un planeta así. Nosotros estamos hechos de esos átomos. Tenemos grandes cantidades de carbono, oxígeno, nitrógeno y calcio en nuestros cuerpos. Los átomos que nos constituyen proceden de la Tierra, y los átomos de la misma fueron creados en el núcleo de las estrellas de una nebulosa planetaria que estallaba y de una supernova hace mucho tiempo, que lanzaron sus restos lejos en el espacio, para ser incorporados posteriormente en la nube de gas de la cual nuestro Sol y nuestro Sistema Solar se formaron. De esta manera, nosotros y toda la vida en la Tierra están en íntima relación. Todos nosotros somos los “hijos” del universo.


Nebulosa del anillo, en su centro se puede observar una enana blanca.


Tras el estallido de una estrella que lanzó su masa al espacio, y algo de su núcleo interno, más denso permaneció, compactándose, tras la explosión en una esfera minúscula de algo más de unos pocos miles de kilómetros de diámetro. Este material muy denso, comprimido en una bola sumamente caliente de materia, se conoce como “Enana Blanca”. Una enana blanca todavía puede ser considerada como una “estrella” porque brilla intensamente para su minúsculo tamaño, y es increíblemente caliente (con cientos de millones de grados) por el calor de su compresión. Sin embargo, sería realmente más apropiado considerarla como una inmensa bola caliente, formada por cenizas. No se están fusionando más elementos; no se está quemando más combustible en su interior. Es sólo una pila muy densa de escombros, aprisionada firmemente en una bola muy caliente que brilla intensamente, quizás con un tamaño similar a la Tierra.

Las estrellas que estallan en una Nebulosa Planetaria dejarán tras ellas, como restos una enana blanca muy caliente. Cuando nuestro Sol estalle en un futuro, dejará también una Enana Blanca.

Las Enanas Blancas son muy, muy calientes, No producen la fusión de elementos, sino que son el resto sumamente denso de explosiones que alcanzaron temperaturas de más de casi mil millones de grados. Están también muy comprimidas, y la compresión produce mucho calor. Incluso en el frío del espacio, su masa tan densa necesitará miles de millones de años para irse apagado. Son tan calientes que su color es blanco lavanda. De hecho, mucha de la luz que emite una Enana Blanca, incluso, no es visible, sino que está irradiando con gran intensidad en la gama Ultravioleta. Si mirásemos a una enana blanca reciente de manera directa, quedaríamos cegados inmediatamente. Es demasiado caliente. También giran con increíble rapidez. La fuerza de la gravedad ejercida sobre tales esferas tan pequeñas, la hace rotar rápidamente sobre su eje debido a una ley de la física, conocida como la Ley de Conservación del Momento Angular. No obstante, con el tiempo, esta velocidad de rotación decrecerá.

Mientras va girando y enfriándose lentamente, el brillo y el color de una Enana Blanca va cambiando. Tras miles de millones de años, se transformará sucesivamente desde un brillo blanco-lavanda, a blanco-azul, a blanco, a amarillo, a naranja, y finalmente un apagado marrón, incluso, finalmente aún se volverá más oscuras todavía. Se enfriará hasta una temperatura por debajo de los -268° C, próxima al cero absoluto, y se convertirá en un “peñasco” negro y frío, muy denso, de escombros estelares vagando por el espacio, con un diámetro de tamaño similar al de la Tierra.


vista hipotetica de una enana negra.


El Sol terminara su vida siendo una enana negra, Los planetas que sobrevivieron a la supernova se perderán para siempre en el espacio y esa sera la muerte del sistema solar, sin embargo si aun estamos como especie para es tiempo es probable que tengamos una tecnología espacial superior que nos permita colonizar otros sistemas estelares un ejemplo seria Gliese 581 con 3 planetas potencialmente habitables.

Fuente 1

Fuente 2